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William Carey

William Carey Visionario de su época y Padre de las Misiones Modernas.


William Carey


Guillermo Carey es considerado el Padre de las Misiones Modernas. Nació en Inglaterra en 1762, hijo de anglicanos y criado en la Iglesia. Desde muy joven comprobaba tener una inteligencia cuya sed de saber no parecía saciarse nunca. Especialmente le fascinaban los idiomas. Trabajando de zapatero desde los 16 años, siempre tenía algún libro de estudio al lado de los zapatos.

William Carey (17 de agosto de 1761 – 9 de junio de 1834) fue un misionero protestante inglés y ministro bautista, conocido como el padre de las misiones modernas. Carey fue uno de los fundadores de la Sociedad Misionera Bautista. Como misionero en la colonia danesa Serampore en India, tradujo la Biblia al Bengali, al Sánscrito, y a otras lenguas y dialectos. Existen al menos cuatro instituciones académicas con su nombre, William Carey International University en Pasadena, California, Carey Theological College, en Vancouver, Columbia Británica, Carey Baptist College, y William Carey University, Hattiesburg, Mississippi.

Carey sirvió durante cuarenta años evangelizando, fundando escuelas y traduciendo la Biblia a diferentes lenguas del país. Se le considera como uno de los grandes del evangelismo y misiones modernas. Desarrolló un plan de misiones y animó a muchos a integrarse a dicho trabajo.

Antes de salir de Inglaterra fue pastor bautista. Dedicó mucho tiempo a la lectura y a los idiomas. A los 21 años de edad ya dominaba el latín, el griego, el hebreo y el italiano, e iniciaba con el danés y el francés.

Un día, en un momento de quietud en su trabajo (vendiendo zapatos), escuchó el llamado de Dios. Escuchó: “si el deber de todo hombre es escuchar el evangelio… entonces, es el deber de aquellos a los que se les ha encomendado con el evangelio es aspirar a llevarlo a todas las naciones” y él susurró: “Heme aquí, envíame a mí” .

En ese tiempo no habían agencias misioneras, ni siquiera interés en el tema de misiones. Sin embargo, persistió en que “debíamos ir”. Leyendo y buscando, entendió la necesidad de muchos de conocer de Cristo y la distancia y la hostilidad de la India contra los misioneros no lo detuvo.

En 1793, él y su familia (su esposa Dorothy y dos hijos en ese momento) fueron a la India. Luego de un viaje de cinco meses en barco llegaron al país.

Durante este viaje Guillermo Carey aprendió suficiente bien el bengalí como para entenderse con el pueblo. Poco después de desembarcar comenzó a predicar, y los oyentes venían a escucharlo en número siempre creciente. Carey percibió la necesidad imperiosa de que el pueblo tuviese una Biblia en su propia lengua y, sin demora, se entregó a la tarea de traducirla. La rapidez con que aprendió las lenguas de la India, es motivo de admiración para los mejores lingüistas.

Nadie sabe cuántas veces nuestro héroe experimentó grandes desánimos en la India. Su esposa no tenía ningún interés en los esfuerzos de su marido y enloqueció. La mayor parte de los ingleses con quienes Carey tuvo contacto, lo creían loco; durante casi dos años no le llegó ninguna carta de Inglaterra. Muchas veces Carey y su familia carecieron de dinero y de alimentos. Para sustentar a su familia, el misionero se volvió labrador, y trabajó como obrero en una fábrica de añil.

Al llegar a la India, Carey continuó los estudios que había comenzado cuando era niño. No solamente fundó la sociedad de agricultura y Horticultura, sino que también creó uno de los mejores jardines botánicos; escribió y publicó el Hortus Bengalensis. El libro Flora Indica, otra de sus obras, fue considerada una obra maestra por muchos años.

No se debe pensar, sin embargo, que para Guillermo Carey la horticultura era sólo una distracción. Pasó también mucho tiempo enseñando en las escuelas de niños pobres. Pero, sobre todo, siempre ardía en su corazón el deseo de llevar adelante la obra de ganar almas.

Su inicio no fue fácil, comenzando por el viaje, mismo en el cual vivió una tormenta muy fuerte, y luego enfermedades y hambrunas. Su ministerio no fue fácil. Sin embargo, sabía que Dios le había llamado y fue persistente en la evangelización en medio de la idolatría y de la indeferencia. Pasó años de trabajar sin ver fruto (ni un convertido hindú en siete años), deudas, deterioro mental de su esposas, muerte; solo por la gracia de Dios, Carey persistía en el llamado de Cristo. Fue quien dijo la famosa frase: “Espera grandes cosas de Dios e intenta grandes cosas para Dios”.

Entre las cosas que vivió y enfrentó fue la división por castas. Esta división social tan marcada le dolía en el corazón y la consideraba inútil ante los ojos de Dios. Expresaba en sus cartas su dolor y su opinión al respecto.

Otra cosa que le molestaba, y por la que se pronunció con fuerza, era la tradición de quemar vivas a las viudas en el entierro del esposo. Conmovido por esto, le imploró al Gobernador inglés que prohibiera esa horrible acción. Por alguna razón, la costumbre no se canceló, sino hasta 1828, cuando William Bentinck fue constituido Gobernador General. Uno de sus primeras acciones fue detener eeste cruel acto. En diciembre de 1829 se firmó el edicto y Carey tuvo el privilegio de traducirlo al bengalí.

La idolatría en la India: en sus cartas hablaba de los muchos dioses y ritos que vio. En las calles hacían altares grandes, con sus ídolos y llevaban sus ofrendas de comida y flores, junto a música que él catalogaba como "horrible". Estos ritos se prestaban para enriquecer más a los ricos (que eran los que ponían el altar) y los pobres eran los que llevaban las ofrendas.

Afirma que abiertamente "les hablaba de lo malo de los ídolos, y de la insensatez de adorarlos, de la verdadera naturaleza de Dios, y del camino de salvación por Cristo". En una ocasión tuvo la oportunidad de ver a un hombre de la casta alta muy interesado y persuadido. La multitud le gritaba a este hombre que callara a Carey (porque por posición social debía hacerlo), pero no pudo. Se quedó callado y perplejo.

Otro ritual que presenció muchas veces, y del que hablaba en contra era el ritual de arrogar a niños pequeños al río como sacrificio a los dioses.

Predicó por muchos lugares de la India. Fue a zonas aisladas, llenas de animales salvajes. Comentaba que a veces caminaba por kilómetros, y al llegar, debía hacer a un lado el cansancio para compartir de Cristo. En medio de serpientes, a veces tigres (a los que sí temía) y chacales, sus pies recorrieron muchos lugares y por años, no vio ni un convertido.

Durante más de treinta años Carey fue profesor de lenguas orientales en el Colegio de Fort Williams. Fundó también el Colegio Serampore para enseñar a los obreros. Bajo su dirección el colegio prosperó, y desempeñó un gran papel en la evangelización del país.

1800 fue un año de cambio para Carey. Un año de cosecha: se bautizó el primer convertido hindú y se logró imprimir el Nuevo Testamento a Bengalí. El primer ejemplar lo pusieron en la mesa principal de la iglesia (donde se ponía la Santa Cena) y se realizó un culto de acción de gracias por haber concluido esta obra.

Finalmente, el 9 de Junio de 1834, a la edad de 73 años, Guillermo Carey durmió en Cristo.

La humildad fue una de las características más destacadas de su vida, Se cuenta que, estando en el pináculo de su fama, oyó a cierto oficial inglés preguntar cínicamente: “¿El gran doctor Carey no era zapatero?” Carey al oír casualmente la pregunta respondió:“No, mi amigo, era apenas un remendón.”

Cuando Guillermo Carey llegó a la India, los ingleses le negaron el permiso para desembarcar. Al morir, sin embargo, el gobierno ordenó que se izasen las banderas a media asta, para honrar la memoria de un héroe que había hecho más por la India que todos los generales británicos.

Se calcula que Carey tradujo la Biblia para la tercera parte de los habitantes del mundo. Así escribió uno de sus sucesores, el misionero Wenger: “No sé cómo Carey logró hacer ni siquiera una cuarta parte de sus traducciones. Hace como veinte años
(En 1855) que algunos misioneros, al presentar el evangelio en Afganistán (país del Asia Central), encontraron que la única versión que ese pueblo entendía, era la Pushtoo hecha en Sarampore por Carey.”

La traducción de la Biblia destacaba en la obra de Carey, y cuando moría en 1834 a la edad de 73 años, la Biblia entera, o partes de ella, habían sido traducidas e impresas en nada menos que 44 idiomas y dialectos. Su ejemplo de vida y obra fue el instrumento en la mano de Dios para ‘desencadenar’ movimientos misioneros en Inglaterra y en varios otros países. En los siguientes dos siglos estos habían de llegar con el evangelio a incontables rincones del mundo.

Con el nuevo testamento hecho, el siguiente paso sería enseñarle a la gente a leerlo y en poco tiempo, él y el equipo misionero que había logrado establecer, tenían aproximadamente cien escuelas en Bengalí. Como misionero, demostró un gran amor por la gente y perseverancia en la predicación del evangelio. Murió siendo muy pobre, a pesar de grandes donaciones que recibió, pero no se las gastó para él. Siempre invirtió esos dineros en la obra misionera.
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1 comentario

@qwerklp Hace más de 2 años
Realmente imrpesionante el esfuerzo .
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