Bienvenidos a la comunidad donde los católicos en T! pueden participar, compartir y opinar acerca de la actualidad. Siempre con amor y respeto, un punto de encuentro fraternal, donde podemos compartir oraciones, noticias, peticiones y aportes

Ver más
  • 3,445 Miembros
  • 9,894 Temas
  • 1,341 Seguidores
  • 0

[I] Jesús se revela revelándole al hombre su propia verdad

Si tienen tiempo o cuando lo tengan, me parece que es un tema que deben leer. Esto nos va a ayudar a comprender porque el Concilio del Vaticano II admite la salvación de las persona que tienen otra religión.


Jesús se revela revelándole al hombre su propia verdad.



En su manera de hablar y de vivir, Jesús no sólo se comporta como un verdadero hombre, sino también como un hombre verdadero, es decir, como alguien que realiza a la perfección la vocación del hombre. Si se ahonda aún más en el alcance de su comportamiento, se puede decir que Jesús es la verdad de hombre. Porque nos revela a todos y cada uno lo que somos y lo que debemos ser.



La vida terrena de Jesús tiene sin duda por finalidad revelar el misterio de Dios. Pero lo hace empezando por revelar el misterio del hombre. Lo primero que los evangelios nos invitan a verificar es si podemos adherirnos a un testimonio que nos revela toda la profundidad del hombre. Jesús no podía revelarnos el misterio divino de manera inmediata y directa. Tal anuncio no sólo habría sido incomprensible, sino que además no habría tenido nada que ver con nosotros. No pasemos por alto pues una etapa esencial, querida por Jesús en virtud de su misma encarnación. Él se presentó a nosotros como un hombre. Y como hombre debemos empezar por acogerlo, como hombre cuya palabra y cuyo comportamiento nos afectan en lo mejor de nosotros mismos y nos permiten comprendernos mejor.



Es lo que el Vaticano II subraya diciendo en primer lugar y de manera general: “En realidad, el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado. Cristo, el nuevo Adán, en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocación” (GS 22).



Luego el concilio subraya la manera en que Jesús quiso compartir las situaciones normales de la vida en la convivencia con los hombres. Asumió la condición humana: “El propio verbo encarnado quiso participar de la vida social humana. Asistió a las boda de Caná, bajo a la casa de Zaqueo, comió con los publicanos y pecadores. Reveló el amor del Padre y la excelsa vocación del hombre evocando las relaciones más comunes de la vida social y sirviéndose del lenguaje y de las imágenes de la vida diaria corriente. Sometiéndose voluntariamente a las leyes de su patria, santificó los vínculos humanos, sobre todo los de la familia, fuente de la vida social. Eligió la vida propia de un trabajador de su tiempo y de su tierra (GS 32).



¿En qué consiste esta verdad del hombre que Jesús nos revela? Puede resumirse en el término “para” (H. Schürmann). Jesús vive para los demás, para sus hermanos los hombres. Vive para Dios, su Padre, de tal modo que no se pueden separar estas dos orientaciones. Toda su vida está vuelta hacia estos dos horizontes, que en realidad no son más que uno. Está totalmente disponible a las necesidades de sus hermanos. No hay en Él ningún conflicto entre el servicio a los demás y el servicio a su Padre. La exigencia de la oración, que ocupa un lugar muy importante en su vida, nunca se convierte en una excusa para negar un servicio urgente. Esta doble orientación no es sino cumplimiento de los dos mandamientos principales de la Ley, que Jesús asume sin titubear. Al letrado que le pregunta: “Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?”, Jesús le contesta: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente”. Este es el principal y primer mandamiento. El segundo es semejante a este: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. En estos dos mandamientos se resume toda la Ley y los profetas” (Mt 22,37-39).



Pero con el mismo movimiento Jesús nos revela en su persona algo que es más que hombre. Él es más que Jonás y más que Salomón (Mt 12,41-42). El término “más” puede parecer insuficiente; es sin embargo el que usa el evangelio. Ese “más” invita a ir más allá para descubrir lo que encierra, vivir a este nivel de cumplimiento es al mismo tiempo profundamente humano –nos revela nuestra propia vocación- y más que humano –se acerca a lo divino-. El mismo comportamiento revela pues a la vez al hombre lo que es ser hombre y lo que es ser el enviado filial de Dios.



La presencia de Jesús, su palabra única, su afecto por los pecadores, sus gestos de curación con los enfermos, su benevolencia con todos, su sentido de Dios y u sentido de los hombres, ofrecen una respuesta concreta a nuestros interrogantes más profundos acerca de nuestra vida y nuestro destino, nuestro presente y nuestro futuro.



Estas conclusiones sobre el valor revelador de la existencia de Jesús siguen siendo provisionales, dado que se detienen en el umbral de la pasión de Jesús. Pero la cuestión misma de su identidad se agudiza entonces. ¿Cómo se comportará en la adversidad? ¿Qué será de sus proclamaciones del Reino cuando él miso tenga que afrontar personalmente sus consecuencias? ¿Tendrá miedo y rehuirá el peligro? ¿Buscará algún compromiso para “salvar el tipo”? En definitiva, ¿se desviará de su misión? ¿O, por el contrario, seguirá su camino al mismo para y en la misma dirección?.



De momento, recojamos el testimonio de un estudiante de teología sobre Jesús, hombre “limpio”: “No un hombre que se ha hecho trasparente, sino un hombre transparente; no un hombre que ha renunciado a sí mismo, sino un hombre vacío de sí mismo; no un hombre a quien el amor ha ocupado por completo, sino en quien el amor lo es todo, de manera natural; sin que se pueda percibir en él la menor tensión, el menor conflicto entre sus deseos y sus actos: alguien –el único- que tiene la fuente y el impulso de su ser en sí mismo”.


ACLARACIÓN: No tiene imagenes por el hecho de que el texto fue extraído del libro: "Creer. Invitación a la fe católica para las mujeres y los hombres del siglo XXI". Por ello quiero ser lo mas fiel posible al redactor y respetar su obra.

Fuente: Libro: Creer. Invitación a la fe católica para las mujeres y los hombres del siglo XXI.
Autor: Bernard Sesboüé.
Editoral: San Pablo.



Muchas gracias por pasarte por mi tema!!!.

Que Dios los Bendiga y La Virgen María los proteja!!!.
  • 0
  • 0Calificación
  • 0Seguidores
  • 266Visitas
  • 0Favoritos

0 comentarios

Tienes que ser miembro para responder en este tema