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Política deportiva
—¡Te lo juro Dimitri, yo grité aquel gol como nadie en ese estadio! Imagináte, era la Segunda Guerra Mundial y los nazis, habían tomado esta ciudad; quince días después organizaron el clásico partido: Selección Alemana contra el campeón local, mi cuadrito. ¡Y los alemanes tenían que ganar!, aquello de la raza superior y que sé yo, además ni te digo de qué calabozo sacaron a varios de los jugadores. Con ese uno a cero les metimos el dedo en culo, y no veas que malos se pusieron hubo que aguantar la andanada: pelotas en el palo, el defensa en la línea el golero al corner; pero al final, terminó el primer tiempo y mi dinamo ganaba uno a cero.
(¿Cómo se lo digo a mis colegas?) pensé mientras abría la puerta del vestuario de jueces, con las palabras bien frescas de aquel capitán al frente de la ocupación: ¡Colabore con el régimen… o los fusilamos a todos! No comenté nada con los líneas, no pude, y así doy inicio al segundo tiempo, sospechando que a los jugadores del Dinamo, los habrían amenazado igual que a mí.
—Podes creer Dimitri, que el desgraciado del juez, ni bien comenzó el segundo tiempo, inventa un penal que no existió; pasó hace treinta años o más, pero lo recuerdo clarito, todo el estadio abucheaba y el alemán… la clavó contra el palo; Fue el uno a uno por regalo del juez.
Comienza a nevar; pero el niño no parece notarlo y sigue jugando, solo, con su pelota en la plaza. La toma con ambas manos y la apoya en el suelo, cinco pasos de carrera y remata una suerte de tiro libre. Como el arco está en su imaginación no se si lo metió o lo erró, pero lo cierto es que a pesar del frío, tajeante, se saca la camiseta y la revolea festejando un gol.
(¡Maldición!, me traiciona la costumbre y pito una falta al borde del área en favor del Dinamo; igual si lo mete se lo hago patear de vuelta), pensé mientras observo al jugador colocar con ambas manos la pelota en el suelo, tomar 5 pasos de carrera y rematar el tiro libre. La cuelga de un ángulo. —¡Priiiiiiip! —hice sonar mi silbato. Todo el Dinamo me reclama, el estadio me insulta.
—Y el vendido del juez nos anuló ese golazo; si no lo mataban los Nazis, lo íbamos a matar nosotros y para colmo de males, comenzó a nevar; ¡pero mirá Dimitri!, aquel jugador volvió a tomar la pelota con ambas manos y la colocó de nuevo, en el mismo lugar. La barrera se ubicó a la misma distancia, tomó sus cinco pasos de carrera y volvió a rematar el exacto y mismo tiro libre. Ese jugador, podía meterlo veinte veces más de ser necesario, y el juez no tuvo más remedio que cobrarlo.
—¡Priiiiiip! —soné mi silbato validando, ahora si, el tanto y a pesar del frío, tajeante, el jugador se quita la camiseta y la revolea festejando el gol. En un intento por calmar a los alemanes le muestro la tarjeta roja por festejo indebido. Saco mi libreta y anoto: Dínamo de Kiev 2 / Selección alemana 1; expulsado el nº 7 del Dinamo.
—Y el juez nos dejó con uno menos, pero no importó; ese partido se jugó a muerte y mi cuadrito ganó dos a uno, y ni bien terminó, los nazis pararon a los jugadores del Dínamo en el centro de la cancha; y con todo el estadio mirando, menos yo que me tape los ojos, los fusilaron con las camisetas puestas.
No aguanto más el frío y no me explico como este niño, puede seguir jugando, solo; frente a un monumento de once tipos, y una placa debajo que no sé qué dice en ruso.
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