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Sombras (cuento propio: primera parte)






SOMBRAS
-Primera parte-


-I-

Lo último que le dije a mi mujer fue que todo habría de salir bien, y le pedí que conservara la calma. En ese momento no pensé que le estuviera diciendo una mentira. Pero entonces nadie sabía “qué era lo que estaba ocurriendo”, “por qué” o “cuánto tiempo más habría de durar esta pesadilla”. Ahora todo eso es lo de menos.

Como suele suceder, todo empezó de improviso y sin llamar la atención. Simplemente parecía que había más anuncios de personas desaparecidas que de costumbre. Los postes, semáforos y muros estaban tapizados de fotografías de personas que jamás pensé haber visto antes. Desconocidos que bien podían ser los nietos, hijos, o parejas de cualquiera. Rostros serios, o sonrientes, de mirada fija, que no me decían nada y que al principio ni siquiera me tomé el tiempo de mirar con detalle. Mi desinterés lo excusaba con las prisas y múltiples ocupaciones, aunque en el fondo sabía que no me importaba si los encontraban o no. Simplemente no eran nadie para mí, y pasaba por alto que ellos podrían serlo todo para la persona que hubiera puesto el anuncio en la pared.

Tomarme un minuto para ver sus rostros e intentar buscarlos en mi memoria, no habría sido demasiado, pero sabía que sería inútil. Pues tampoco era de los que prestaba mucha atención a las facciones de las personas que pudieran estar sentadas a mi lado, en el subterráneo, o haciendo fila en la parada del camión. Jamás pensé que algún día la foto de mi hijo se uniría al mosaico de rostros desconocidos que tapizaban las calles y estaciones del metro.

-II-

Mi pequeño Omar, de sólo siete años, desapareció un domingo mientras jugaba en su habitación. A él le gustaba sacar su pequeño ejército de muñecos y jugar con Isabel, su madre. Ella era historiadora, daba clases en la Universidad, y a través de sus juegos continuamente repasaba algunos pasajes históricos con nuestro hijo. Él acostumbraba formar a sus pequeños guerreros, y ella les ponía nombre y trama al conflicto. A mí me gustaba verlos e incluso les tomaba película, porque me parecía muy curioso que mis dos amores se entretuvieran tanto recreando las campañas de Alejandro Magno o Atila. A Isabel le gustaba Morelos, pero Omar prefería a Gengis Kan.

Ese domingo, Omar había estado jugando con su madre toda la mañana. Recreaban una de las grandes victorias del rey mongol. Isabel estaba tan entretenida que cuando vio que casi era la hora de comer, con tal de no dejar el juego me pidió que fuera por una pizza.

– ¡Que no sea Hawaiana! –alcanzó a gritar Omar, sin soltar a su valeroso muñeco.

En ese momento, se me pudieron haber cruzado mil cosas por la cabeza, salvo que sería la última vez que lo volvería a ver.

Cuando regresé a casa, encontré a mi esposa removiendo los muebles y buscando a Omar por todos lados.

– ¿Qué pasó, a poco están jugando a las escondidillas? –le dije, sin saber lo que decía.

Ella me volteó a ver y desesperada, como nunca antes la había visto, dijo que no podía encontrar a nuestro hijo por ningún lado.

–Estábamos jugando y salí por un instante al baño, desde donde podía seguir escuchando cómo transcurría la batalla, cuando de repente dejé de oírlo. No pensé nada en ese momento, hasta que salí y no lo vi en la recámara. Entonces creí que me estaba gastando una broma y lo empecé a buscar desesperadamente. Me asusté y hasta me molesté con él, le dije que si no salía de su escondite en ese instante recogería todos sus muñecos y jamás volvería a jugar con él. Pero no salió –dijo, y se echó a llorar.

Las puertas y ventanas estaban cerradas, pero aunque lo veíamos improbable no podíamos darnos el lujo de descartar un posible secuestro.

Llamamos a la policía, quienes no tardaron en llegar a nuestro domicilio, pero se demoraron aún menos en desmoronar nuestras esperanzas. Nos dijeron lo que ya sabíamos, pero que no pensamos que terminaría afectándonos tanto: “Había demasiados desaparecidos en la ciudad, y su capacidad operativa estaba rebasada”. Por lo que salvo que los posibles secuestradores se pusieran en contacto con nosotros, no nos daban ninguna garantía de hallarlo.

-III-

Ante la confesión policiaca, con un grupo de vecinos formamos una pequeña brigada para encontrar a nuestro hijo, sólo entonces nos dimos cuenta de los ciegos que estábamos respecto al problema. Pues no había familia en el edificio que no hubiera experimentado un caso parecido; desde jóvenes que no volvían de la escuela, o de alguna reunión con sus amigos, hasta personas adultas que desaparecían sin dejar rastro.

–No sé cómo decirle esto, pero en el mejor de los casos espero que su pequeño haya sido secuestrado, y sus captores se pongan en contacto con usted lo más rápido posible. Sé que suena horrible y tendría todo el derecho de abofetearme o maldecirme, si así lo cree conveniente –le dijo una vecina a mi esposa.

–No me tome por una loca, o eche en saco roto lo que le voy a decir. Pero es cierto. Yo no sólo he perdido un hijo, sino también a mi esposo. Mi hijo de quince se estaba bañando cuando me pidió que le llevara la toalla que se le había olvidado en el cuarto. No era raro que pasara eso, ya ven, los jóvenes de hoy en día son tan distraídos que a veces me parecía extraño que no se le olvidara dónde vivía. En fin, cuando entré al baño ya con la toalla, la regadera seguía echando agua, su ropa limpia estaba colgada y la sucia sobre el piso mojado, pero a él ya no lo volví a ver. En su momento llamamos a la policía, a su novia y a amigos más cercanos, pero nadie supo darnos razón de su paradero. Mi marido siempre creyó que se había escapado, a pesar de las circunstancias. Aunque también fue él quien sugirió poner los carteles con su retrato por toda la ciudad. En realidad, pienso que él quería creer que nuestro hijo se había marchado por decisión propia. Incluso yo empecé a hacerme a la idea. Pero hace unas semanas, mientras estábamos desayunando, mi marido leía el periódico y yo tomaba café, cuando desapareció. En un parpadeo sólo estaba el diario sobre el plato vacío y sus lentes. Él que estaba más ciego que un gusano, no podría haber salido sin sus anteojos. La puerta estaba cerrada, las llaves en su lugar, y el coche estacionado afuera –agregó, temblándole la voz.

Otro vecino que había escuchado la plática, se acercó un tanto receloso a contarnos su propia experiencia.

–Como casi todas las mañanas, aquel día mi esposa y yo íbamos de prisa. Ella tenía una cita muy importante en su trabajo, y yo había quedado en llevarla en el coche. Pero estaba tan congestionado el tráfico, que no veíamos manera de llegar a tiempo. Ella estaba desesperada viendo su reloj cada medio minuto, y yo estaba a punto de estallar. Entonces prendí la radio para escuchar alguna otra alternativa vial, o cualquier tontería que nos distrajera un poco. Pasamos por un túnel, se perdió la señal, pero al salir noté que eso no era todo lo que había perdido. Mi mujer ya no estaba. Su portafolio yacía en el asiento, el cinturón abrochado y la portezuela con seguro. Detuve el vehículo de inmediato, e importándome muy poco los insultos de los demás conductores, salí para regresar al túnel. Casi me atropellan, pero yo estaba fuera de mí. Desde ese día no he vuelto a saber nada de ella, ni las autoridades han podido ayudarme a encontrarla –concluyó, y echó a llorar desconsolado.

–Se trata del “Rapto”, eso es todo. No tienen de qué preocuparse. El fin del mundo se acerca y Dios ha empezado a raptar a los “elegidos”, para evitarles un mayor sufrimiento –aseguró otra vecina que había escuchado todo.

–A mí me raptaron a mis dos hijos, y dos días después a mi madre. Pero ya no lloro su ausencia. Les extraño, claro está, pero sé que están en un mejor lugar, y pronto habré de reunirme con ellos –dijo, sin dejar de frotar una pequeña cruz que le colgaba del cuello.

Tanto Isabel como yo estábamos más confundidos que confortados. Nada de lo dicho tenía sentido, pero encajaba en parte con lo que habíamos vivido. De cualquier forma, los vecinos nos ayudaron a buscar por todos lados, tanto fuera como dentro de la colonia, pero no dimos con Omar.






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14 comentarios

@DOOCG Hace más de 11 meses
de primera como siempre , saludos
@thedarknes422 Hace más de 11 meses
buen aporte
@mabgia Hace más de 11 meses


Excelente capo, muy buenas tus historias
@yoguickzon Hace más de 11 meses
me dejste sorprendido muy bueno
@Andryvirtual Hace más de 11 meses
¡Excelente! Muy buen inicio.
No te puedo dar el Reco, porque T no me deja hacerlo en las comus.
Pero te al rato de compenso.
@Mishino Hace más de 11 meses
Genial como siempre!

tmhd dijo:

¡Excelente! Muy buen inicio.
No te puedo dar el Reco, porque T no me deja hacerlo en las comus.
Pero te al rato de compenso.


Gracias


Son melosos eh!
@DarkWolf884 Hace más de 10 meses
@Maauurux Hace más de 10 meses
Genial, muy bueno como siempre. Ahora voy a leer el resto de la historia
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