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► Ganador del 5to Concurso Mensual

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El que no ha amado, no puede comprender muchos matices de la vida, de la naturaleza, del arte. El amor es un tercer órgano de la visión, un sexto sentido.




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CIHUATETEO (Cuento propio).



Él la había visto durante tres semanas ya, desplazándose silenciosa y eficientemente en la oficina. Nadie mas parecía verla, o no por demasiado tiempo. Apenas le concedían un saludo, un “con permiso”, una sonrisa un poco forzada si es que el encuentro visual era inevitable. Y era bonita, pensó el Contador, a sus 18 o 19 años: piel morena clara, el cabello castaño de largo le llegaba a la mitad de la espalda, aunque peinado casi siempre en cola de caballo; el cuerpo menudo pero fuerte, tal vez faltándole un poco de cintura, pero compensado todo por un par de ojos color avellana, brillantes y concentrados mientras rociaba con spray los cristales de su oficina para limpiarlos desde el pasillo. Si ella sorprendía la mirada de él, lo recompensaba con una sonrisa y le dibujaba una simplificada carita sonriente entre la espuma que bañaba el vidrio que rodeaba su cubículo, y que rápidamente era borrada por un jalador de hule, dejando el cristal impecable hasta su próxima visita.

En esas tres semanas jamás pudo dirigirle la palabra, por una u otra eventualidad. Divorciado, y habiendo perdido a su única hija cuando ella tenía 11 años, no sabía muy bien cómo iniciar una amistad con alguien que podría con facilidad ser ésa hija suya; forzando sádicamente la situación, incluso podría haber sido su nieta.

Esa mañana apartó por un momento la vista del monitor, donde se desplegaba información acerca de una nueva disposición fiscal, cuando al estirar la mano para sujetar la taza de café caliente y sin azúcar, la miró de reojo al cruzar hacia el pasillo de las gerencias. Fue un instante en que la miró de perfil, pero fue suficiente. Estaba embarazada la chica. ¿Qué pensar, qué sentir en esa confusión que lo invadió? ¿Celos, impensables en esa situación? ¿Mera indiferencia? ¿Alegría por esa nueva vida que venía? Para cuando asimiló parcialmente la nueva situación y asió la taza, el café comenzaba a enfriarse.

Así pasó un mes más, durante el cual nadie más en la oficina pareció enterase. Ella seguía trabajando rápida y silenciosa, dibujándole efímeras caritas en el vidrio, cada vez que le aseaba su jaula de cristal. Pero a veces la veía descansar por un momento, quedarse absorta contemplando el Ajusco cercano, que en las mañanas y en las tardes lanzaba bocanadas de aire frío a toda la fachada sur del edificio.

Pero un miércoles dejó de verla. Inútilmente esperó a que se presentara a enjabonar con aromas de limpieza sus muros de vidrio. Y así pasó toda la semana, hasta que llegó el viernes. A sus veladas preguntas acerca de bajas o altas de personal, su secretaria le contestaba alzando desinteresadamente los hombros, y negando con la cabeza.

Ese viernes fue, como era habitual, a comer a una cantina con otro contador y un ingeniero de una empresa vecina, amigos suyos desde hacía un par de años. Bebieron un par de tragos y jugaron cuatro partidas de dominó entre la estridencia de la música de banda sinaloense, y él siempre tuvo la imagen de la chica en la periferia de su pensamiento.

Regresó a trabajar una hora antes de la hora de salida. Repasó algunos documentos pendientes y adelantó en las declaraciones que tenía que presentar el próximo martes. Abstraído en números, dijo adiós mecánicamente a su secretaria, cuando ella entró para dejarle el último café de ese viernes, y se marchó, envuelta en perfume y taconeando cansinamente en los pasillos que se vaciaban con rapidez de empleados jóvenes.

Avanzó de firme en su trabajo, haciendo cálculos y obteniendo con celeridad cifras que afortunadamente cuadraban sin problemas. Estaba dejando la taza sobre el escritorio después de beber el tercer sorbo de café sin azúcar, cuando la volvió a ver.

Sí era ella, pero no era la misma. Se acercaba, cruzando los pasillos que ya tenían algunas de las lámparas apagadas. Él podía ver todo el cuerpo de ella, pero por alguna razón sólo miraba el rostro, ahora enmarcado por los cabellos rizados, de un negro color de tinta china, y los ojos avellana que chispeaban como plagados de fuegos fatuos.

Por fin llegó hasta la puerta de la oficina y la abrió, apenas empujando levemente el cristal esmerilado. Entró en silencio, sonriendo apenas, levemente, y se detuvo a un lado de su asiento, y sin dejar de mirarlo bajó lentamente su rostro hasta ponerlo a unos centímetros de su cara. Él respiró el aroma que la envolvía como una nube invisible, un olor a dulce de tejocote, a bosque de pinos recién llovido y cubierto de hojarasca, a una vaga reminiscencia del copal que su madre quemaba en el altar de Día de Muertos. Cerró los ojos, inmerso en la evocación y la inundación de las sensaciones placenteras de su cercanía cálida.

Abrió los ojos nuevamente cuando ella empezó a besar sus labios, a recorrer con su lengua acariciante el borde de su boca. Su cara se movía lentamente, y esto hacía que los cabellos rubios y lacios de ella le rozaran la cara con languidez. Sus ojos, no, su único ojo de cíclope ahora, de tan cercano, seguía concentrado en él, y el verde del iris burbujeaba de estrellas silenciosas. Ella, con la mano izquierda, acarició su nuca y lo acercó más a los labios entreabiertos. La mano derecha desabotonó el pantalón y bajó con destreza el cierre. Él, desconcertado, la tomó de los hombros, pero fue como empujar la roca base de una montaña, como tratar de asir una ola en mar abierto. Sintió que se ahogaba un poco, envuelto en el aroma enervante del escote que se abría frente a sus ojos, en las femeninas manos que quitaban en un instante la corbata y la camisa…

Ella lo manipuló con rapidez y habilidad insospechada. Él sintió que lloraba con los ojos cerrados, sin saber si eran las manos de ella, o su boca, o más bien era toda ella, la que estaba fundiéndose a su cuerpo, succionando golosamente la vida de su cuerpo, y apenas podía entreverla ahora, y si hacía un esfuerzo por abrir los ojos, contemplaba la cabellera pelirroja, los ojos grises insistentemente fijos en él, los labios nacarados que se cerraban apenas entre quejidos suaves, respirando su aliento con olor a sangre tibia, a pira funeraria, un regusto apenas adivinado parecido al acre olor de las velas de sebo que se usan en los velorios de pueblo.

No podía hacer otra cosa, pensó, sólo abrazar y amar ése cuerpo que lo ceñía ahora, cubriéndolo, que brillaba, de tan negra que era la piel; qué hacer sino besar los labios prominentes y carnosos, el cabello rizado y casi pegado al cráneo, de tan corto; amarla como se ama al sol, a las mañanas, a la vida que brotaba de ése par de ojos tan azules como el cielo de su infancia en Cuautla, esa mujer eterna que se agitaba perceptiblemente en espasmos de dicha sobre su cuerpo sorprendido…

Qué más podría hacer, qué otra cosa, se preguntó, si no abrazar al cuerpo desnudo inclinado y tendido sobre el suyo, acariciar los cabellos enmarañados y llenos de grumos de tierra, recorrer con los dedos la espalda fría y huesuda, los hombros descarnados y malolientes, las mejillas óseas; qué otra cosa hacer, con los ojos cerrados, sino presentir la mirada fija de los ojos negros, profundos, donde su vida, como una luciérnaga, se sumergía en la plenitud de la noche eterna, se integraba nuevamente, anónima y gozosa, en la corriente inmutable de la Vida.

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GLOSARIO
Cihuateteo: “mujeres diosas” de la cultura nahua; son mujeres fallecidas en labor de parto, equiparadas a guerreros muertos en la batalla, debido a que habían muerto en el acto de capturar una vida; tiene el carácter de diosas de la vida y de la muerte.
Spray: atomizador para pulverizar líquidos.
Ajusco: Nombre de una sierra, y del cerro más alto de la misma, situada al sur de la Ciudad de México.
Tejocote: Fruto comestible, de color amarillo y pulpa con la consistencia de el durazno, y el tamaño de una cereza.
Copal: Goma resinosa aromática, parecida al incienso, usada en México para el culto tradicional católico y en ceremonias populares.
Cierre: Zíper, cremallera.

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22 comentarios

@Andryvirtual Hace más de 2 años
¡Me gustó mucho! ► Ganador del 5to Concurso Mensual
¡Buena suerte!
@roy_vader Hace más de 2 años
Apenas te iba a preguntar qué era "Cihuateteo" y ya me fijé. Excelente historia mi buen y con mitología mexicana, mejor.
@Mesalina131 Hace más de 2 años
Excelente, +1
@CARANDAGU Hace más de 2 años
excelente historia con cierto aire místico,muy buena,te deseo mucha suerte en el concurso,+1
@tmhd Hace más de 2 años
¡Magnífico! +1
¡Buena suerte en el concurso!
@Meteor_B Hace más de 2 años
Mágicamente narrado, una historia increíblemente seductora. Con ese toque místico que funde a la vida y a la muerte en un solo texto. Me agradó bastante.

Éxitos.
@AxelYinYAng Hace más de 2 años
¡Excelente texto amigo!
Me quede paralizado frente al monitor leyéndolo que me doy cuenta que me llamaron al móvil y no atendí
@DarkCocou Hace más de 2 años
Muy buenoo
@sol35881 Hace más de 2 años
Excelente narracion!! +1
@wikiton Hace más de 2 años
muyybueno exelente
@CAMBERRA2004 Hace más de 2 años
felicitaciones!!! gran trabajo
@sol35881 Hace más de 2 años
¡Felicidades! una gran historia
@Pablord Hace más de 2 años
No lo habia leido... Realmente muy bueno. Me gustó mucho!
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