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Espejito, espejito. (Parte 1) (Blancanieves)

Blancanieves


Blancanieves corría con el Lhoren abrazado. El felino no entendía nada de lo que pasaba, asi que se limitaba a maullar y ronronear feliz de estar moviéndose con su dueña. Pero la joven no estaba tan tranquila. Si no corría lo suficientemente rápido su pobre gato seria la cena de La Madrastra.
Blancanieves se negaba a obedecer a esa bruja, así que decidió huir lo mas rápido posible luego de un rato. Pero no le fue tan bien, ya que La Madrastra había trabado todos lugares donde ella podría esconderse (La sala de calefacción, los hornos y su cuarto). Por lo que a la muchacha no le quedo más opción que correr.
Intentaba abrir cada una de las puertas de los pasillos por donde transitaba pero ninguna se abría. Subía y bajaba las escaleras de caracol, golpeaba las maderas, se chocaba con las columnas pero parecía que todo el castillo se había desvanecido.
Al llegar a un corredor sin salida se paró en seco a pensar que hacer. Estaba agitada. Su pecho subía y bajaba y le faltaba el aire. Empezó a pensar.
“No puedo ir a mi cuarto ni a ningún otro lado porque esta puta cerro todos esos sitios… Bien… Solo me queda ir a las habitaciones. Quizás en la habitación de papa me pueda ocultar.”
Lohren maulló.
-No Lhori, vamos, vamos.
Y comenzó a correr de vuelta. Termino ese corredor y subió la escalera de caracol de la Torre Norte. Subía. Subía. Subía. Hasta que llego. Un enorme hall, con piso aterciopelado y con grandes cortinas rojas, le daba la bienvenida. Se dirigió hacia una puerta pero noto algo extraño.
Dos.
-¿Dos puertas?
Eso era extraño. El cuarto de su padre siempre había tenido un enorme pórtico negro, con un llamador de oro. Pero estas dos eran muy diferentes a las que había visto hacia no muchos años.
-Vamos con la de la derecha Lhori.
El gato maulló en señal de aprobación.
Al entrar supo, casi instantáneamente, que esa no era la habitación de su padre. De hecho nunca había sido la habitación de su progenitor. El lugar era enorme, más grande de lo que ella se lo había imaginado. Todas las paredes estaban cubiertas por enormes frescos oscuros, con cuervos, esqueletos y maléficos conjuros. El piso era una alfombra muy mullida, o por lo menos eso pensaba Blancanieves hasta que bajo la vista y vio cientos de pieles de animales en el piso. La cama abocelada se alzaba justo enfrente de ella. Al lado había una ventana que daba al exterior y bajo ella un escritorio. Camino intrigada mientras observaba, sorprendida, todas las cosas extrañas que pasaban por ahí. Había un estante lleno de frascos, al costado había un pequeño boticario color crema. Al lado del mueble estaba un espejo, y al costado de este un pequeño escritorio.
Camino alrededor de la habitación y miro la cama. Sintió una voz a sus espaldas.
-¿Blancanieves?
Lhoren se asusto tanto que salió corriendo de la habitación dando maullidos estridentes.
La chica temblaba.
-S-Si…
-Oh ¿Eres tú? Date la vuelta… Quiero verte… Quiero verte…
La chica titubeo.
-Vamos, no te hare daño, descuida.
Lentamente la joven giro y El Espejo la observo.
-S-sos un espejo…
-¡Exacto! Y tú eres Blancanieves. La más hermosa de todo Lhor.
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1 comentario

@sol35881 Hace más de 9 meses
Que encuentro!! podra esto cambiar algo?? me quedo con la duda
Mu bueno. +1+R
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