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Escribir para mí, es escribir para el resto.

Escribir para mí, es escribir para el resto.


(por Writerman)



Escribir para mí, es escribir para el resto. De lo contrario nunca publicaría mis escritos.

He publicado cosas en Taringa que luego he eliminado, porque me parecían que carecían de la virtud (a mi parecer) que busco al expresarme o, simplemente, porque la idea era complicada y no tenía un contenido demasiado significativo más allá de mi mente. Esto, debido a que eran cosas que rozaban mucho lo real en mi vida. Cosas que son parte de mi experiencia personal y no sólo de mi imaginación.

De tal modo, cuando publiqué el primer texto (La chica del autobús), tuvo buen recibimiento, siendo que era algo totalmente ficcionario, no así el intento infructuoso que hice de seguir esa historia, contando hechos prácticamente reales de mi vida, con alguna que otra modificación, pero demasiados basados en mis experiencias. Lo sorpresivo fue que no contenían la misma esencia que el primer relato, tal vez por ser ciertas las historias (motivo por el cual le di en llamar “Ciclo de historias verdaderas”, encabezado irónicamente por una historia ficticia, que era la Chica del autobús). Así fue que desistí con ese “Ciclo de historias verdaderas”, y la historia de Marla quedó un tanto trunca, como con ganas de más. Por lo menos hasta el día de hoy, aunque confieso que hace poco, en una de mis noches de escritura experimental (como yo las llamo), hice un intento de seguir con Marla, pero desde otra perspectiva, cosa que también quedó inconclusa por falta de ideas atrapantes, según creí en ese momento cuando dejé medio texto sin terminar.

Recomiendo a los que deseen escribir, que hagan ejercicios de escritura libre, o sea, que comiencen a escribir sin ninguna idea previa, digo previa en el sentido de haber estado pensando algo y luego intentar escribirlo, no, eso no, lo que propongo es que se pongan a escribir dejando que las palabras fluyan, cosa que seguramente hará que desechen bastantes de esos escritos antes de conseguir una idea firme y con buena forma. Así surgió, por ejemplo, mi texto: La ciudad de los espejos. No sabía lo que iba a escribir hasta que lo escribí, no tenía idea remota de qué quería escribir. Simplemente comencé a tipear y dejé que una frase siguiera a la otra y, cuando ya iba tomando forma, ahí sí, intenté atar los cabos, y de repente un tropel de ideas referidas a la recién nacida idea general, invadió mi mente y una emoción se apoderó de mí. Motivo que hizo que al querer terminar la historia, por ansioso, no le diera rienda suelta a todas esas ideas y culminé dicho texto de una manera brusca, aunque bella. Y aclaro que la metáfora de la sociedad ideal y de ese aparente “régimen socialista”, surgió casi de la nada, pero fue muy grato cuando lo leí terminado. Me pareció una idea maravillosa y tan utópica como varios libros de ciencia ficción con trama sociológica, como ser: Un mundo feliz (de Adoul Huxley).

Claro que uno, por más libre que desee escribir, siempre está condicionado por ideas latentes, que no son concientes en el momento de tipear pero que de alguna manera es inevitable que florezcan cuando una palabra te lleva a la otra. Lo que en psicoanálisis se llama asociación libre, que de libre no tiene nada en realidad. Y, justamente eso que nos ata, es lo que nos hace únicos, irreproducibles al nivel individuo, o sea, el alma no se puede duplicar, tal vez sí los genes, y todo lo corpóreo, pero el alma es única. Si es que existe el Alma. Pero como son cosas que nuestro intelecto nunca llegará a saber, lo único que nos queda es suponer y adherir o no a esa idea de Alma, yo a veces adhiero, otras no, depende el día que tenga…

Con respecto al hecho de escribir en una red social, creo que eso también influye mucho a la hora de decidir qué tan largo será el escrito, ya que si querés que los cibernautas no huyan despavoridos, es preciso que tenga algo atrapante, que sea conciso lo más que se pueda (dependiendo de lo que se quiera contar), y que esté con una tipografía clara para facilitar la lectura. También es bueno separar los párrafos con un espacio, para que parezca menos aterrador por lo largo y la mente lo registre como más simple, y para que la vista se pierda menos entre párrafo y párrafo.

Lejos de mí está el sentirme o creerme un escritor, digo, a lo que estamos acostumbrados cuando uno piensa en un escritor reconocido, como Borges o Alma Maritano, o Cortázar. Sin embargo soy un escritor, porque escribo, y porque lo intento. Y eso es lo bueno, intentarlo y seguir intentándolo a pesar de los avatares, de las críticas, de los fallos y fracasos.

Nunca se sabe quién puede estar leyendo algo que uno escribió. Tal vez le cause alguna buena emoción, un sentimiento atractivo, un simple momento de placer por haber leído una corta historia, o una humilde reflexión. Si eso logré en alguno de ustedes, lectores anónimos virtuales, entonces, mi misión está cumplida.

He de culminar aquí este escrito reflexivo… para no aterrar a muchos.

Gracias por tus minutos dedicados.
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