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Mi segundo capítulo :D
Bueno, para algunos esperado, para otros no tanto y a algunos ni les interesará xD Bien pues si recuerdan mi novela trata de un tipo psicópata que... esperen. Pueden leerlo en mi primer tema de la comunidad. Bien, quisiera pedirles sugerencias con el título ya que aún no se me ocurre nada
Capítulo 2
Karina
Bueno, si se preguntan quién es, Karina es mi madre. La verdad es que es la persona más amable, servicial y considerada que he conocido jamás. Como madre no era muy buena ya que era muy permisiva. Recuerdo que cuando comencé a tomar, en lugar de regañarme, me decía que no había problema y que podía seguir hasta cuando quisiera.
Eh aquí cuando llega el problema: Se volvió tan permisiva que por su culpa mi hermana se convirtió en lo que fue. Fue por ella que tuve que matar a mi hermana; no le supo poner un límite.
Como persona, era simplemente genial. Se preocupaba especialmente por las personas con cualquier tipo de necesidad: hambrientos, cansados, perturbados… Tenía un “toque” que te hacía sentir cálido, en casa, seguro. Si tenías cualquier tipo de problema, fácilmente podías llegar y contárselo, sin esperar ninguna clase de insulto, regaño ni prejuicios. Era una clase de amiga con la cual tenías toda la compresión, confidencialidad y confianza que te pudiera ofrecer cualquier psicólogo (claro, sin el costo). Nunca tuve ningún problema mayor con ella, ya que yo siempre consideré que su permisión era una cosa buena.
Ella estudió la carrera de medicina, en la rama de cirugía pediátrica. Cuando le preguntaba la razón por la cual había decidido dedicarse el resto de su vida a operar a niños menores, ella me respondía con una sonrisa y me decía: “la mirada agradecida de un niño después de que le has salvado la vida no tiene valor alguno. Es por eso que eh decidido dedicarme a esto, a salvar vidas de infantes.” Esto me daba una mirada y una perspectiva cada vez mejor de ella; me ayudaba a dejar de lado sus defectos. Lástima que no fue suficiente.
Recuerdo que ella jamás me trató de mala manera; siempre se mostraba comprensible con cualquiera de los problemas que tenga, ya sean escolares o personales. Era de las personas a las cuales les pudieras contar todo y siempre te entendería. Era la única amiga que tenía. Claro, Brenda no contaba porque era mi novia.
Bueno, ella tenía una ideología muy abierta. Pensaba que nada era completamente malo si la persona que lo cometía no quería lastimar a alguien más. Con ella tuve mis pláticas acerca de sexualidad ya que mi padre estaba tan ebrio que ya no sabía lo que decía. Esto generó que le tuviera una confianza inmensa, cosa que me ayudó a no sentirme tan solo por las noches.
Los problemas con mi madre comenzaron cuando me di cuenta de que no nos corregía acerca de ningún problema. Lo noté el día en el que me expulsaron de la escuela por haber metido cohetes en la oficina del director y los exploté. El director casi muere, así que también estuve a punto de terminar en la cárcel por homicidio. De hecho, estuve encerrado durante 72 horas en lo que se probaba que yo no quería asesinarlo, sino que quería jugarle una broma. Estas fueron de las 72 horas más aterrorizantes de mi vida. Esto sucedió gracias a que me creyeron un asesino, por lo tanto me torturaron hasta casi matarme.
Recuerdo los primeros castigos… simplemente horripilantes. Recuerdo como me metieron ganchos por las orejas y luego me jalaron de ellos. Fue completamente doloroso. Acto seguido, me dislocaron las extremidades, para que de esta manera no me pudiera defender. Me golpearon con tubos que sacaron de sus camas y acto seguido me golpearon en todas las partes del cuerpo. Después de eso, me violaron. Es lo peor que te puede pasar y el dolor es absolutamente inimaginable. Después de eso, solo recuerdo el haberme desmayado. Solo ellos saben las brutalidades que esos monstros me hicieron ya que cuando desperté había orificios hasta en el último rincón inimaginable de mi cuerpo. Tenía la pierna rota y uno de mis brazos. Desde entonces tengo aún más miedo a las personas, en especial a las que tienen tatuajes.
El punto es que cuando me sacaron de prisión al mostrar que no perpetré un intento de asesinato, a mi madre no le importo. Por lo contrario, me atendió como nunca en su vida. Hasta parecía que se preocupaba por mis heridas. La verdad es que me dijo que era algo que no debió haber pasado, pero que lo comprende ya que eso pasa con los homicidas. La verdad es que yo no lo entendía, ya que no era ni había sido un homicida jamás.
Desde ese momento, sentí que me pasaba todas las cosas malas que hacía. Después de eso, comencé a… probar sus límites. Trataba de hacerla enfadar lo más posible y medir la escala a la cual me gritaba, regañaba o castigaba. Sorprendentemente, en la mayoría de las ocasiones no me decía absolutamente nada. Pero menos que nada. No me daba apoyo, no me regañaba ni me daba lecciones. Sólo se quedaba callada sin decir una sola palabra. Su mirada parecía decepcionada, pero yo se que ella simplemente me estaba pasando todo.
Creo que se drogaba, ya que siempre tenía la misma expresión caída y sin ánimos. Esto provocó que mi hermana viera una oportunidad. Un punto débil en ella y lo aprovechó para salirse de control. Mi madre solo la veía como siempre: sin emociones, con una mirada tan apagada que parecería como si estuvieras viendo el vacío de un corazón sin sentimientos. Yo sabía que esto llegaría, a largo plazo, a ser un gran problema debido a que mi hermana aún no era consciente de las consecuencias que sus actos podrían conllevar.
Su problema se empeoró cuando la mirada de sus ojos no reflejaba absolutamente nada. Y con nada me refiero a, literalmente, nada. Ni emociones, ni sorpresa, ni vacío… ni siquiera vida. La verdad es que esto lo explicaron los doctores como “falta de ganas de vivir”. En lo personal no les creí nada, ya que no creo que tanta ternura y afecto maternal haya podido ser “succionado” por tres personas: mi hermana, mi papá y yo. Creo que la verdad es que se estaba haciendo tonta para no tener que escarmentarnos, para dejar pasar todo lo que hagamos.
Su expresión no cambiaba, pase lo que pase, hiciera lo que hiciera. Hubo varias veces en las que intenté matarla, sólo para terminar con su vida tan miserable y carente de emociones. La verdad es que no pude, ya que cada vez que estaba a punto de terminar con su vida recordaba a aquella cálida madre a la cual me sentía tan apegado.
Primero, intenté rodarla por las escaleras. Sería la manera perfecta de asesinarla, ya que usa una silla de ruedas desde que su expresión no regresó, desde que su mirada parecía la penumbra más oscura que se pueda imaginar. Fácilmente pude haberlo hecho parecer un accidente inocente, pero cuando la vi en frente de las escaleras, simplemente no pude hacerlo. Me arrepentí y la bajé como si nada.
Cuando fallé en tirarla por las escaleras, intenté envenenar su comida. Saben, la verdad es que no me retracté por acordarme de la dulce mujer que un día llegó hacer. Lo hice porque quería sentir la satisfacción de matarla con mis propias manos. Con mis enfermas y retorcidas manos. El perro se comió la comida envenenada, por lo cual tuvo una muerte completamente instantánea. Afortunadamente, mi madre no se enteró hasta después de haber asesinado a Diego, aunque no creo que haya reaccionado de ninguna manera en especial.
Aunque dicen que la tercera es la vencida, este no fue el caso. Intenté ahogarla en la bañera, cuando nadie pudo haber oído sus gritos desesperados por salvarse. La verdad es que no pude hacerlo simplemente porque se me hacía que llevaba mucho tiempo. Lo que yo quería es que no sufriera, así que rechacé esa idea.
Sé que dirán que parezco grabadora, pero la cuarta no me fue muy bien tampoco. Pensé en dispararle, incluso compré un arma; sin embargo, no pude hacerlo debido a que recordé que habría que hacer una averiguación policiaca, lo cual demostraría que soy culpable y me mandarían de regreso a prisión. No quiero regresar a ese infierno en el cual 72 horas fueron suficientes para traumarme casi de por vida. No soportaría los 35 años a los cuales estaré condenado por asesinato. Por esto es que me retracté de asesinar a mi madre con un arma de fuego.
Después de ver demasiadas series de tv y leer libros de suspenso, decidí que matarla sola sería una idea algo descabellada. Lo más lógico y accesible sería matarla junto con alguien. Es por eso que la decidí matar junto con Raymundo.
Planee el asesinato por meses, tal vez un año. Estaba más que convencido de que sería el asesinato perfecto, el cual en el que no me atraparían hasta dentro de 3 o 4 años. Sólo había un problema: ¿estaría preparado para hacer lo que fuera necesario cuando el momento se presente?
Esta pregunta me tuvo dando vuelas por la cabeza, lo cual hizo que se retrasara la planeación de mi siniestro plan. Siempre que creía que estaba a punto de hacerlo y preparado, me venían a la mente imágenes de ella cuando estaba viva, cuando tenía una mirada comprensiva y cálida. Esto me comenzó a molestar bastante, razón por la cual decidí apartarme de ella un tiempo.
Durante el tiempo que me alejé de ella, me pude dar cuenta de que, en cierto modo, yo dependía muchísimo de ella. No tenía casa propia, no presentaba un ingreso considerable debido a que no trabajaba, solo vendía cosas por internet, mi madre me cocinaba… Fue entonces que decidí comprar el apartamento. Este pequeño pero seguro apartamento, simplemente es perfecto para mis necesidades. Llegué a la conclusión de que, si me iba a dedicar a castigar y eliminar a las personas, tendría que buscar algo que sea seguro y discreto, así como mi apartamento.
De la misma manera, poco a poco fui aprendiendo a cocinar en la parrilla eléctrica que tuve que comprar para mantenerme a base de hamburguesas, carne asada y, en veces, pollo. Nunca pensé que sería capaz de hacerlo, pero lo hice. Brenda me apoyó con muchas cosas; entre ellas, la limpieza. Nunca eh sido alguien limpio, mi cuarto siempre esta desordenado.
La verdad es que esto me ayudo mucho a independizarme, llevar mis cuentas, conseguir un trabajo… en fin, me ayudo a ser más responsable con mis cosas ya que siempre había dependido de mi mamá.
Hablando de conseguir trabajo, conseguí uno… pues no muy bueno pero que me pagaba lo suficiente como para subsistir. Mi trabajo consistía nada más y nada menos que en entregar correspondencia.
Elegí este trabajo porque no se necesitaba nada de experiencia, sólo conocer las calles; dos requisitos que cumplía con creses. Ganaba alrededor de $4,500 al mes. Tal vez no sea demasiado, pero con ese dinero era capaz de pagar la comida ($1,000 al mes) la renta ($2,000 al mes porque no tenía ventanas y era muy pequeño) y el primer mes use los $1,500 restantes para comprar mi parrilla eléctrica. El resto de los meses, guardaba esos $1,500 y posteriormente los usaría para reforzar la seguridad del apartamento y comprar los instrumentos de castigo.
La verdad es que casi todos los objetos con los que perpetré mis crímenes eran cosas sencillas: un cuchillo de cocina o mis propias manos. Sin embargo, para asesinatos más sofisticados iba con un proveedor de artículos militares en donde compré el cuchillo de caza con el cual maté a mi padre. El encargado de la tienda no tenía la menor idea de lo que yo hacía con las cosas que compraba, sólo me las vendía.
La verdad es que mi madre fue de las primeras personas en pensar que yo llegué a estar enfermo, que tenía paranoia. Esta fue otra de las razones por la cual decidí matarla, aunque no estaba seguro aún de si podría hacerlo.
Pensé que el independizarme un poco me ayudaría a no sentir ese lazo que veía cada vez que intentaba asesinarla, ese odioso lazo que no me dejaba concluir lo que yo creí que Destino me había preparado; mas no fue así. Por el contrario, cada vez que me acordaba de ella, sentía que ese lazo imaginario me estrangulaba hasta dejarme completamente sin aliento.
La gran noche en la cual decidí asesinar a ambos de mis padres, iba decidido a hacer lo que fuera necesario para poder completar mi misión. Estaba seguro de que podría hacer lo que tuviera que hacer al momento en el que se presentara, que nada me detendría para terminar con la vida de mi madre. Ignoraría por completo el lazo invisible que me unía a ella para poder completar lo que había iniciado hace tiempo: liberar su alma cálida y servicial de ese cuerpo sin emociones.
Cuando acabé con mi padre, me dirigí hacia donde se encontraba acorralada Karina. Ella sollozaba, desconsolada porque, aunque Raymundo haya sido un alcohólico, ella lo amaba. Fue entonces que sucedió. Cuando la vi, recordé su cara amable y comprensiva, así que no la pude matar. Ella despertó de su trauma. Llena de ira, comenzó a gritar “¡A caso no piensas matarme! ¡Termina tu tarea! ¡No me dejes sufriendo sola!” Despertó. Se dio cuenta de que había dejado de vivir un tiempo y se puso de pié. Al ver que no la mataría, juró venganza.
Ahora que escucho sus gritos afuera de mi puerta, recuerdo esos horribles momentos. Cada vez se escuchan más fuertes, supongo que están cerca de poder desmantelar mi puerta…
Karina
Bueno, si se preguntan quién es, Karina es mi madre. La verdad es que es la persona más amable, servicial y considerada que he conocido jamás. Como madre no era muy buena ya que era muy permisiva. Recuerdo que cuando comencé a tomar, en lugar de regañarme, me decía que no había problema y que podía seguir hasta cuando quisiera.
Eh aquí cuando llega el problema: Se volvió tan permisiva que por su culpa mi hermana se convirtió en lo que fue. Fue por ella que tuve que matar a mi hermana; no le supo poner un límite.
Como persona, era simplemente genial. Se preocupaba especialmente por las personas con cualquier tipo de necesidad: hambrientos, cansados, perturbados… Tenía un “toque” que te hacía sentir cálido, en casa, seguro. Si tenías cualquier tipo de problema, fácilmente podías llegar y contárselo, sin esperar ninguna clase de insulto, regaño ni prejuicios. Era una clase de amiga con la cual tenías toda la compresión, confidencialidad y confianza que te pudiera ofrecer cualquier psicólogo (claro, sin el costo). Nunca tuve ningún problema mayor con ella, ya que yo siempre consideré que su permisión era una cosa buena.
Ella estudió la carrera de medicina, en la rama de cirugía pediátrica. Cuando le preguntaba la razón por la cual había decidido dedicarse el resto de su vida a operar a niños menores, ella me respondía con una sonrisa y me decía: “la mirada agradecida de un niño después de que le has salvado la vida no tiene valor alguno. Es por eso que eh decidido dedicarme a esto, a salvar vidas de infantes.” Esto me daba una mirada y una perspectiva cada vez mejor de ella; me ayudaba a dejar de lado sus defectos. Lástima que no fue suficiente.
Recuerdo que ella jamás me trató de mala manera; siempre se mostraba comprensible con cualquiera de los problemas que tenga, ya sean escolares o personales. Era de las personas a las cuales les pudieras contar todo y siempre te entendería. Era la única amiga que tenía. Claro, Brenda no contaba porque era mi novia.
Bueno, ella tenía una ideología muy abierta. Pensaba que nada era completamente malo si la persona que lo cometía no quería lastimar a alguien más. Con ella tuve mis pláticas acerca de sexualidad ya que mi padre estaba tan ebrio que ya no sabía lo que decía. Esto generó que le tuviera una confianza inmensa, cosa que me ayudó a no sentirme tan solo por las noches.
Los problemas con mi madre comenzaron cuando me di cuenta de que no nos corregía acerca de ningún problema. Lo noté el día en el que me expulsaron de la escuela por haber metido cohetes en la oficina del director y los exploté. El director casi muere, así que también estuve a punto de terminar en la cárcel por homicidio. De hecho, estuve encerrado durante 72 horas en lo que se probaba que yo no quería asesinarlo, sino que quería jugarle una broma. Estas fueron de las 72 horas más aterrorizantes de mi vida. Esto sucedió gracias a que me creyeron un asesino, por lo tanto me torturaron hasta casi matarme.
Recuerdo los primeros castigos… simplemente horripilantes. Recuerdo como me metieron ganchos por las orejas y luego me jalaron de ellos. Fue completamente doloroso. Acto seguido, me dislocaron las extremidades, para que de esta manera no me pudiera defender. Me golpearon con tubos que sacaron de sus camas y acto seguido me golpearon en todas las partes del cuerpo. Después de eso, me violaron. Es lo peor que te puede pasar y el dolor es absolutamente inimaginable. Después de eso, solo recuerdo el haberme desmayado. Solo ellos saben las brutalidades que esos monstros me hicieron ya que cuando desperté había orificios hasta en el último rincón inimaginable de mi cuerpo. Tenía la pierna rota y uno de mis brazos. Desde entonces tengo aún más miedo a las personas, en especial a las que tienen tatuajes.
El punto es que cuando me sacaron de prisión al mostrar que no perpetré un intento de asesinato, a mi madre no le importo. Por lo contrario, me atendió como nunca en su vida. Hasta parecía que se preocupaba por mis heridas. La verdad es que me dijo que era algo que no debió haber pasado, pero que lo comprende ya que eso pasa con los homicidas. La verdad es que yo no lo entendía, ya que no era ni había sido un homicida jamás.
Desde ese momento, sentí que me pasaba todas las cosas malas que hacía. Después de eso, comencé a… probar sus límites. Trataba de hacerla enfadar lo más posible y medir la escala a la cual me gritaba, regañaba o castigaba. Sorprendentemente, en la mayoría de las ocasiones no me decía absolutamente nada. Pero menos que nada. No me daba apoyo, no me regañaba ni me daba lecciones. Sólo se quedaba callada sin decir una sola palabra. Su mirada parecía decepcionada, pero yo se que ella simplemente me estaba pasando todo.
Creo que se drogaba, ya que siempre tenía la misma expresión caída y sin ánimos. Esto provocó que mi hermana viera una oportunidad. Un punto débil en ella y lo aprovechó para salirse de control. Mi madre solo la veía como siempre: sin emociones, con una mirada tan apagada que parecería como si estuvieras viendo el vacío de un corazón sin sentimientos. Yo sabía que esto llegaría, a largo plazo, a ser un gran problema debido a que mi hermana aún no era consciente de las consecuencias que sus actos podrían conllevar.
Su problema se empeoró cuando la mirada de sus ojos no reflejaba absolutamente nada. Y con nada me refiero a, literalmente, nada. Ni emociones, ni sorpresa, ni vacío… ni siquiera vida. La verdad es que esto lo explicaron los doctores como “falta de ganas de vivir”. En lo personal no les creí nada, ya que no creo que tanta ternura y afecto maternal haya podido ser “succionado” por tres personas: mi hermana, mi papá y yo. Creo que la verdad es que se estaba haciendo tonta para no tener que escarmentarnos, para dejar pasar todo lo que hagamos.
Su expresión no cambiaba, pase lo que pase, hiciera lo que hiciera. Hubo varias veces en las que intenté matarla, sólo para terminar con su vida tan miserable y carente de emociones. La verdad es que no pude, ya que cada vez que estaba a punto de terminar con su vida recordaba a aquella cálida madre a la cual me sentía tan apegado.
Primero, intenté rodarla por las escaleras. Sería la manera perfecta de asesinarla, ya que usa una silla de ruedas desde que su expresión no regresó, desde que su mirada parecía la penumbra más oscura que se pueda imaginar. Fácilmente pude haberlo hecho parecer un accidente inocente, pero cuando la vi en frente de las escaleras, simplemente no pude hacerlo. Me arrepentí y la bajé como si nada.
Cuando fallé en tirarla por las escaleras, intenté envenenar su comida. Saben, la verdad es que no me retracté por acordarme de la dulce mujer que un día llegó hacer. Lo hice porque quería sentir la satisfacción de matarla con mis propias manos. Con mis enfermas y retorcidas manos. El perro se comió la comida envenenada, por lo cual tuvo una muerte completamente instantánea. Afortunadamente, mi madre no se enteró hasta después de haber asesinado a Diego, aunque no creo que haya reaccionado de ninguna manera en especial.
Aunque dicen que la tercera es la vencida, este no fue el caso. Intenté ahogarla en la bañera, cuando nadie pudo haber oído sus gritos desesperados por salvarse. La verdad es que no pude hacerlo simplemente porque se me hacía que llevaba mucho tiempo. Lo que yo quería es que no sufriera, así que rechacé esa idea.
Sé que dirán que parezco grabadora, pero la cuarta no me fue muy bien tampoco. Pensé en dispararle, incluso compré un arma; sin embargo, no pude hacerlo debido a que recordé que habría que hacer una averiguación policiaca, lo cual demostraría que soy culpable y me mandarían de regreso a prisión. No quiero regresar a ese infierno en el cual 72 horas fueron suficientes para traumarme casi de por vida. No soportaría los 35 años a los cuales estaré condenado por asesinato. Por esto es que me retracté de asesinar a mi madre con un arma de fuego.
Después de ver demasiadas series de tv y leer libros de suspenso, decidí que matarla sola sería una idea algo descabellada. Lo más lógico y accesible sería matarla junto con alguien. Es por eso que la decidí matar junto con Raymundo.
Planee el asesinato por meses, tal vez un año. Estaba más que convencido de que sería el asesinato perfecto, el cual en el que no me atraparían hasta dentro de 3 o 4 años. Sólo había un problema: ¿estaría preparado para hacer lo que fuera necesario cuando el momento se presente?
Esta pregunta me tuvo dando vuelas por la cabeza, lo cual hizo que se retrasara la planeación de mi siniestro plan. Siempre que creía que estaba a punto de hacerlo y preparado, me venían a la mente imágenes de ella cuando estaba viva, cuando tenía una mirada comprensiva y cálida. Esto me comenzó a molestar bastante, razón por la cual decidí apartarme de ella un tiempo.
Durante el tiempo que me alejé de ella, me pude dar cuenta de que, en cierto modo, yo dependía muchísimo de ella. No tenía casa propia, no presentaba un ingreso considerable debido a que no trabajaba, solo vendía cosas por internet, mi madre me cocinaba… Fue entonces que decidí comprar el apartamento. Este pequeño pero seguro apartamento, simplemente es perfecto para mis necesidades. Llegué a la conclusión de que, si me iba a dedicar a castigar y eliminar a las personas, tendría que buscar algo que sea seguro y discreto, así como mi apartamento.
De la misma manera, poco a poco fui aprendiendo a cocinar en la parrilla eléctrica que tuve que comprar para mantenerme a base de hamburguesas, carne asada y, en veces, pollo. Nunca pensé que sería capaz de hacerlo, pero lo hice. Brenda me apoyó con muchas cosas; entre ellas, la limpieza. Nunca eh sido alguien limpio, mi cuarto siempre esta desordenado.
La verdad es que esto me ayudo mucho a independizarme, llevar mis cuentas, conseguir un trabajo… en fin, me ayudo a ser más responsable con mis cosas ya que siempre había dependido de mi mamá.
Hablando de conseguir trabajo, conseguí uno… pues no muy bueno pero que me pagaba lo suficiente como para subsistir. Mi trabajo consistía nada más y nada menos que en entregar correspondencia.
Elegí este trabajo porque no se necesitaba nada de experiencia, sólo conocer las calles; dos requisitos que cumplía con creses. Ganaba alrededor de $4,500 al mes. Tal vez no sea demasiado, pero con ese dinero era capaz de pagar la comida ($1,000 al mes) la renta ($2,000 al mes porque no tenía ventanas y era muy pequeño) y el primer mes use los $1,500 restantes para comprar mi parrilla eléctrica. El resto de los meses, guardaba esos $1,500 y posteriormente los usaría para reforzar la seguridad del apartamento y comprar los instrumentos de castigo.
La verdad es que casi todos los objetos con los que perpetré mis crímenes eran cosas sencillas: un cuchillo de cocina o mis propias manos. Sin embargo, para asesinatos más sofisticados iba con un proveedor de artículos militares en donde compré el cuchillo de caza con el cual maté a mi padre. El encargado de la tienda no tenía la menor idea de lo que yo hacía con las cosas que compraba, sólo me las vendía.
La verdad es que mi madre fue de las primeras personas en pensar que yo llegué a estar enfermo, que tenía paranoia. Esta fue otra de las razones por la cual decidí matarla, aunque no estaba seguro aún de si podría hacerlo.
Pensé que el independizarme un poco me ayudaría a no sentir ese lazo que veía cada vez que intentaba asesinarla, ese odioso lazo que no me dejaba concluir lo que yo creí que Destino me había preparado; mas no fue así. Por el contrario, cada vez que me acordaba de ella, sentía que ese lazo imaginario me estrangulaba hasta dejarme completamente sin aliento.
La gran noche en la cual decidí asesinar a ambos de mis padres, iba decidido a hacer lo que fuera necesario para poder completar mi misión. Estaba seguro de que podría hacer lo que tuviera que hacer al momento en el que se presentara, que nada me detendría para terminar con la vida de mi madre. Ignoraría por completo el lazo invisible que me unía a ella para poder completar lo que había iniciado hace tiempo: liberar su alma cálida y servicial de ese cuerpo sin emociones.
Cuando acabé con mi padre, me dirigí hacia donde se encontraba acorralada Karina. Ella sollozaba, desconsolada porque, aunque Raymundo haya sido un alcohólico, ella lo amaba. Fue entonces que sucedió. Cuando la vi, recordé su cara amable y comprensiva, así que no la pude matar. Ella despertó de su trauma. Llena de ira, comenzó a gritar “¡A caso no piensas matarme! ¡Termina tu tarea! ¡No me dejes sufriendo sola!” Despertó. Se dio cuenta de que había dejado de vivir un tiempo y se puso de pié. Al ver que no la mataría, juró venganza.
Ahora que escucho sus gritos afuera de mi puerta, recuerdo esos horribles momentos. Cada vez se escuchan más fuertes, supongo que están cerca de poder desmantelar mi puerta…
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6 comentarios
Cuantos años tenes?¿
lamento responder tan tarde, pero he estado enfermo y he comentado al azar, distanciándome mucho de la comu. Me gusta tu historia y me gustaría seguir leyendo. ¿Que ha pasado que aún no publicaste el resto? Lo espero con ansias! Nos vemos!