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Inolvidable Ayrton Senna (Segunda parte)

Ayrton estaba bien preparado para el Gran Premio de San Marino de 1994. Había calificado en primera posición. Entonces se supo la terrible noticia del accidente de Ratzenberger. Hasta entonces, mi amigo nunca había encarado la muerte en la pista. En 12 años nadie había perdido la vida en una carrera de Fórmula Uno.
La muerte del austriaco consternó a Senna, que se echó a llorar en mi hombro. Llevábamos ya muchos años cultivando la amistad. Íbamos de pesca juntos y convivíamos con nuestras familias. Habíamos charlado sobre todos los temas que nos interesaban, tanto de nuestra profesión como de la vida.
- Ayrton –le dije- ¿Por qué no te retiras de la carrera mañana? Es más, ¿Por qué no te retiras del automovilismo? ¿Qué más quieres probar? Has sido campeón mundial tres veces. Eres el piloto más veloz. Retírate y ven conmigo a pescar.
Se quedó callado unos instantes; luego me miró a los ojos y dijo:
- Sid, no puedo abandonar esto. Tengo que seguir corriendo.


La charla antes de la ultima carrera
Mal presagio
Al otro día, antes de la carrera, recorrí el circuito para cerciorarme de que las ambulancias estuvieran en su sitio y acudí al pabellón médico a verificar que el personal se mantuviera alerta y preparado.
Era un hermosos día. Los pilotos dieron la vuelta de prueba. Senna iba a la cabeza. En eso se encendió la luz verde y arrancaron. Segundos después aparecieron las banderas amarillas: había habido una colisión en el arranque.
Los pilotos que chocaron salieron ilesos de sus autos, y los demás siguieron corriendo, pero como la zona de arranque había quedado salpicada de escombros, el vehículo de seguridad se puso al frente de los competidores y los hizo esquivar en lenta procesión los autos accidentados mientras el personal de limpieza despejaba la pista.
Por fin, cuando ésta quedó limpia, el vehículo de seguridad volvió a su sitio y los pilotos arrancaron de nuevo. Senna iba al frente, seguido de cerca por Michael Schumacher. En la segunda vuelta ambos iban como rayos. Entonces tuve un mal presagio. "Va a haber un accidente terrible", pensé.
De pronto surgieron las banderas rojas. Yo sabía que era Senna. Cuando llegue al lugar del accidente, lo encontré sumido en el asiento del auto. Un médico de la primera ambulancia que acudió ya estaba junto a él, sosteniéndole la cabeza.
Desesperados, cortamos la correa del casco para quitárselo. Tenía los ojos cerrados y estaba inconsciente, pero se veía tranquilo.
Le abrí los párpados, y sus pupilas revelaron que había sufrido un daño cerebral considerable. Con mucho cuidado lo sacamos del auto y lo tendimos en el suelo. En eso, lo oí soltar un suspiro. Creo que el alma se le fue en ese instante.

Llegaron más médicos. Le colocamos a mi amigo varias sondas intravenosas. Todavía se le sentía al pulso, así que pedimos que enviaran rápidamente un helicóptero. Se lo llevaron al Hospital Maggiore, pero tan grave era la lesión, que yo sabía que no sobreviviría.
Me pareció inútil acompañarlo; no podía hacer nada más por él. Recogí su casco de la pista y lo llevé a guardar al pabellón médico. La carrera se iba a reanudar en unos cuantos minutos.
El personal de la pista esparció polvo de cemento para absorber el aceite que había derramado el auto de Senna, y así marcaron el sitio en que perdió la vida mi querido amigo. La carrera continuó sin más incidentes. Más tarde se dio el triste anuncio de la muerte de Ayrton.

Desde el accidente, recuerdo con frecuencia a mi amigo. Hay una imagen en especial que siempre me viene a la mente: en marzo de 1993 antes de las prácticas para el Gran Premio de Brasil, Senna me invitó a pescar a su granja, en la cual había un lago lleno de peces.
Esa noche, una tormenta eléctrica nos dejó sin luz ni teléfono. Cuando supo que tenía yo que llamar a casa, Ayrton me hizo subir a su coche y, alegre y veloz, recorrió conmigo 65 kilómetros de caminos inundados hasta un pueblo. Buscamos un teléfono público y, mientras yo trataba de hacer la llamada un grupo de niños apareció. Al final fuimos al taller de un mecánico quien reconoció a Senna y me dejó usar su teléfono.
Cuando terminé de hacer la llamada y volví con mi amigo, vi que el grupo de niños se había hecho enorme. Siempre recordaré a Ayrton como lo vi esa noche: rodeado de niños ansiosos, firmando pacientemente autógrafo tras autógrafo a la luz de un solitario farol.

VeryBadGirl dijo:
(No pude evitar que se me pintara un lagrimón)
Hasta la próxima!!

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9 respuestas
Tremendo artículo, realmente conmovedor. Muchas gracias por compartir, +1.
No lei nada, pero gracias a mi viejo soy FANTICO de Ayrton, y la verdad no he visto nada igual...
Gracias por pasar!

Que genio por Dios!!! Ayrton es un grande, un cabellero de primera, muy atento, lamento mucho su pérdida, se lo extraña mucho. Un abrazo. Saludos.
Tal cual!
Ya sabemos que murio hace 17 años pero lee esto te hace vivirlo como si fue la semana pasada.
Siempre es triste..
Nunca había leído este articulo. Es realmente muy fuerte como relato de quien fuera "él" piloto.
Creó que jamás volveremos a ver a alguien así en las pistas, jamás. Total admiración.
Asi es. Quien mejor para retratar a un gran piloto que alguien que conoció a fondo tanto a Ayrton como a la F1 en general.