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El Hombre Malo y La Chica Real

El Hombre Malo y La Chica Real

Por Typhonblue


Pinocho era una marioneta, un ser imaginario en el escenario de otra persona. Cuando le cortaron sus cuerdas, él sintió su propio peso y le dolió. Tal vez el maldijo a la persona que le cortó sus cuerdas.

Pero él quería ser un niño de verdad y ser real no se le podía conceder. El tenía que ser malo y después elegir ser bueno para ser real.
El alma no es una cosa que se concede; es una opción que se toma.



El hombre malo tiene magia. En su dolor, su ira y su frustración está la semilla de algo nuevo.

La mujer, durante toda su vida ha sido vista en función de las necesidades de los hombres. Porque Ella está hecha en la forma de las necesidades de los hombres, Ella tiene poder sobre ellos. Pero Ella también está atrapada en las cadenas de la necesidad.

El Único Hombre Bueno ve en Ella sólo bondad, lo que a él le falta y lo que busca en la aprobación de Ella. El Hombre Hambriento la ve como carne, para saciar su hambre. El Hombre Hambriento y El Único Hombre Bueno son el mismo hombre: en el cuerpo de la Mujer, ven sólo sus necesidades. De modo que ya no voy a hablar del Hombre Hambriento.

El Hombre Malo no ve en Ella la forma de sus necesidades; Él la ve en términos de las elecciones que ella ha tomado, elecciones que le han perforado el corazón y lo han hecho sangrar.

Él dice.
“Tú me has lastimado. Tú no eres Buena. Tú no eres necesaria.”



Y las palabras de El Hombre Malo aflojan las cadenas de la Mujer.

La Mujer ha sido atrapada en la forma de las necesidades de El Único Hombre Bueno por demasiado tiempo – sus músculos delgados y sus huesos no la pueden sostener. Ella grita en agonía al momento en el que se la fuerza a Ella a cargar su propio peso. Por primera vez en su vida Ella siente que no tiene poder. Ella llama a El Único Hombre Bueno.

“¡El dolor! ¡La presión! ¡Sálvame!”


El Único Hombre Bueno llega a rescatarla, cumpliendo su deber alegremente. Él es necesitado y Ella lo ha aprobado a cambio de que él sirva a su necesidad.

“El Hombre Malo se equivoca. Tú eres débil e impotente y buena, sólo eres buena, en tu impotencia y tu debilidad. Eso es todo lo que tú eres. Eso es todo lo que tú serás. Él sólo quiere lastimarte con sus mentiras.”


El Único Hombre Bueno tira de las cadenas –las cadenas que él le puso a Ella- tira más y más y eso le quita el peso de los pies de Ella, esos pies están rotos por nunca haber corrido.

“Gracias.” Dice ella con alivio. “Eres bueno. Tú eres El Único Hombre Bueno”

Pocas mujeres, muy pocas, tal vez más jóvenes y mucho más llenas de vida, tal vez menos acostumbradas a ser sostenidas por cadenas, logran aferrarse a pesar del dolor en las palabras de El Hombre Malo. Con movimientos pequeños sienten una libertad que nunca han experimentado.

Una de esas mujeres grita:
“Hombre Malo. Dime más.”



Él les dice más y cada palabra afloja sus cadenas, poniendo el peso en un cuerpo que nunca ha estado acostumbrado a cargar un alma. Otra vez ella se desvanece: ella confunde las palabras de El Hombre Malo con la fuente de su dolor y llama a El Único Hombre Bueno para que la salve.

Tal vez ella regresa a escuchar a El Hombre Malo o tal vez ella no lo hace. Pero si lo hace es porque ella sabe – en contra de toda lógica, a través de cierto instinto primitivo o intuición – que no son las palabras de El Hombre Malo la fuente de su dolor. Es algo más, algo que se le escapa a su conocimiento.

Ella escucha otra vez, a veces con mucha atención, a veces con negaciones cuando la presión se vuelve demasiado grande. Pero ella sigue escuchando y su cuerpo se vuelve más fuerte. El dolor se alivia pero nunca se vuelve ausente. Así es la libertad.

La Mujer, ahora, solo una mujer dice: “Mis manos son reales, porque han lastimado a El Hombre Malo. Mis palabras son reales, porque han perforado y han herido. Mis elecciones son reales, porque causan dolor. Si yo actúo, no puedo ser carne. Si soy una villana, no puedo ser una víctima. Si puedo lastimar, no puedo ser débil. Pero incluso si he sido mala, yo puedo ser buena.”

Ella se da la vuelta – porque ahora es capaz de darse la vuelta- y ve la prisión que El Único Hombre Bueno hizo para ella. Ella lo ve por lo que es.

“El Único Hombre Bueno sacrificó mi alma para que mi cuerpo pueda servir a sus necesidades.”



Ella se regresa con El Hombre Malo y caminan juntos por la noche.

La magia de él le concede a ella una elección y ella elige ser real.



http://www.avoiceformen.com/2011/03/21/the-bad-man-and-the-real-girl/

Comentario de Daniel Martínez: Si ayudas a que una mariposa salga de su capullo, va a morir. La razón de esto es que necesita trepar fuera de su capullo con sus propias fuerzas hacia la rama donde estaba el capullo. El acto de trepar la rama bombea sangre a las alas de modo que pueda volar.
La adversidad o la lucha de liberarse del capullo es la lucha que perpetúa la vida.
Quien que no se pueda ayudar a sí mismo en la lucha está muerto.
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