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Cuento Propio: Hoy todo el hielo en la ciudad

Este cuento fue hecho en varios lapsos, y se me vino a la cabeza la idea cuando atravesaba un puente en la estación de Temperley Ni bien llegué a mi casa empecé a redactarlo, apuntando a escribir un texto medianamente
largo. El título del cuento se me ocurrió cuando tipeaba la última oración en la computadora, días después de haberlo terminado y la verdad es que me encanta.

Cuento Propio: Hoy todo el hielo en la ciudad

Ya sabrán que lo elegí por el tema de Almendra:




Cuento Propio: Hoy todo el hielo en la ciudad


Hoy todo el hielo en la ciudad



I
‘’Desamparo a mi paso’’



Por un lado me acompaña la soledad, mientras que por el otro una calle adoquinada. El entorno no da mucho de que hablar, veredas cubiertas de residuos, algunos (pocos) árboles que se las ingenian para sobrevivir en un ambiente que los desafía, capas y capas de smog que dificultan la posibilidad de visualizar un cielo pintado de extremo a extremo por brillantes puntos y una Luna que apenas nos puede iluminar pese a su inmensidad.
Pareciera no haber algún signo de vida. Todos esos incomparables pares míos se resguardan de lo que habitualmente ocurre en las afueras escondiéndose cobardemente en sus heterogéneas moradas. No logro comprender, si pudieran solo darse cuenta de cuanta belleza se puede desplegar en una ciudad que no la amerita.
El leve movimiento en la ciudad en estar tardías horas no puede justificar sus conductas ignorantes, un apacible panorama se alza a sus espaldas para pasar desapercibido y no ser tomado en cuenta por ninguno de ellos. A veces reflexiono y concluyo siempre igual, cada día que pase los entiendo menos.
Exceptuando vagabundos y sus usuales pedidos de limosnas y algún animal doméstico que irrumpe de manera sorpresiva en el calmo trayecto, soy el único que recorre cuadras y cuadras.
Debo admitir que mi casa no se sitúa en el mejor lugar, dichosa mi suerte que al menos recibo de un techo el cuál me corteje para que me pueda perder tranquilamente en mis fantasiosos sueños lúcidos.
La casa se encuentra a poco menos de un kilómetro de la plaza principal. Puesto que ya puedo ver a las hamacas, una arboleda prodigiosa y una iluminación excepcional, deduzco que no debo estar lejos de la plaza, y por ende, de mi hogar.
Lo bello de caminar es que es una mera excusa para ser turista por unos minutos. Cada recorrido que mis pies bien entrenados hacen, es una oportunidad para dejarme llevar por un instante por las múltiples sensaciones que se me presentan en el transcurso de este.


II
‘’Despertar de la Conciencia’’



Y me encuentro transitando otro de mis tantos recorridos. Esta vez el trayecto comprende las cuadras desde la facultad hasta mi casa. Este día fue demandante, por lo que ansío llegar cuanto antes.
Doy grandes zancadas con cada paso que hago a un ritmo que delata cierto apuro. Debo observar minuciosamente la vereda. Baldosas sueltas, destrozadas contrastan con mosaicos uniformes que dibujan en el suelo inmensidades de ilustraciones llamativas. De vez en cuanto invierto segundos para observar los peculiares diseños que predominan en las casas. Las hay de todo tipo, vanguardistas, inglesas, con una tendencia arquitectónica poligonal, incluso distinguí una gran cantidad que simulan ser acogedoras cabañas. Quedan pocos ejemplares de casas que presidían en los inicios de la ciudad. Por ese entonces, reinaba en ella una abundante paz y una sociedad integrada por doquier de dotados, innovadores y emprendedores. Lamento percibir que difiere demasiado con la actual. Es entonces cuando me pregunto cómo llegamos a ser lo que hoy en día somos.
Locales…, aglomerados en cada cuadra. Fiel representación de las mentes tacañas y codiciosas que habitan acá, y de las otras las cuáles responden aún mas deseosas de adquirir productos aleatorios, en su mayoría inútiles, con tal de satisfacer sus necesidades que no son más que placebos impuestos con el fin de lucrar.
Mas allá de eso no parece existir en el vecindario. Ajeno a nuestras creencias se encuentran aquellos necesitados, que penosamente, pueden siquiera sobrevivir a este perverso sistema capitalista que tanto los amenaza. Escondidos, injustamente erradicados, habitan en miserables rincones. Aún más miserables somos nosotros que nos mostramos indiferentes frente a esta realidad.
Al analizar el entorno detalladamente se me viene a la cabeza, involuntario a mi deseo, recreaciones de momentos nostálgicos que rememoro. Me imagino a cada lugar años antes, diez para ser exactos. El Cine Palko a mi izquierda, el almacén de Don Esteban, metros detrás de mí, la cancha de fútbol, bah, el potrero, todos hoy esfumados, sólo unas torres inmensas que aparentan no tener fin se topan en esos terrenos. Lo único que perduró en la ciudad fueron mis escasos recuerdos, guardados vagamente en mi conciencia.
Hago un arduo esfuerzo para retirar de mi mente tales críticas. Deambular con la mente en blanco y disfrutar del breve camino que me depara tiene que ser el motivo de cada caminata, no amargarme en vano.


III
‘’Inoportuno Encuentro’’



Cinco cuadras restan todavía. El estómago no atrasa ni un segundo para reflejar el apetito por el cuál estoy pasando, emitiendo oscilantes ruidos. Otra razón más por la cuál alegrarme de llegar a casa.
Incrédulo, veo a un hombre caminando opuesto a mi paso. Realmente extrañado parpadeo un par de veces, no es un truco visual que mi cerebro ingeniosamente me hace creer, es un hombre ‘’de carne y hueso’’. Esta es la primera vez que se da un hecho como este, he ahí el motivo a mi exaltación.
El encuentro se vuelve cada vez más cercano. Como si se hubiera dado cuenta de alguna tarea inconclusa o si se le hubiese presentado un ataque de curiosidad, empieza deliberadamente a girar su cabeza para dar un vistazo al área que nos rodea y cesa una vez finalizada la acción.
Alerta, prosigo con mi marcha. Estando ya a centímetros de distancia, me examina de pies a cabeza. Intrigado, le pregunto si hay algo que me concierne saber. Callado, se niega a emitir respuesta alguna.
Distanciándome camino por un costado. A punto de haberlo ya pasado gira rotundamente y me empuja de manera salvaje contra las rejas metálicas de una de las tantas sucursales de deportes, produciendo un atronador y perturbador estruendo.
Con un tono amenazante, me obliga a apartarme de todo elemento de valor, bajo la descarada excusa de que mi vida correrá riesgo en caso de que me rehúse. Atónito, trato de hacerle entender que no cargo con ningún objeto que le pueda ser rentable, llevaba unos cuadernillos con desprolijas hojas sueltas, producto de la extenuante jornada de la facultad.
Dispuesto a no ser engañado, me insiste, pretendiendo persuadirme. Una vez más le repito que no poseo nada útil, útil para él.
Un silencio de un corto plazo muestra su incertidumbre. Nos intercambiamos un par de prejuiciosas miradas. Finalmente, suelta sus brazos de mi cuellos y me libera de toda opresión, decepcionado con la idea de irse con las manos vacías.
Con un ritmo ágil y desenfrenado junto con una situación que aún no puedo razonar, trato de alejarme a la primera oportunidad. Él, descontento, me agarra por el antebrazo y sin siquiera dudarlo, me apuñala estando a espaldas mías.
Inerte y herido caigo rendido y reposo en un comprimido cuadrado cubierto de un pasto verdoso, Yaciendo recapitulo e interrogo el acto cometido. Imposibilitado de levantarme, aprovecha mi posición desfavorable para acertar otra acuchillada propicia, esta vez en el pecho.
La sangre empieza a brotar incontrolablemente, esparciéndose por todo el lugar y filtrándose en el colchón de tierra. Reconozco mis pocos minutos restantes de vida, no sospecho, intuyo que la hemorragia no va a cesar.
Mientras tanto, él, presa del miedo y como gran cobarde, huye hasta camuflarse con la neblina y la oscuridad envolvente, por lo que no pasa mucho para que lo perdiera de vista.


IV
‘’Utópica utopía’’


Con insuficientes minutos disponibles intento, con desvanecidas esperanzas, llamar la atención para que la ayuda acuda a mí respaldo.
Los segundos se avecinan como tormenta, cada milésima es un agudo sufrimiento. Envuelto en una tempestad de emociones y un punzante dolor, dedico unos instantes para una temprana reflexión.
‘’En que mundo habitamos hoy en día, intento pero no puedo reconocerlo. Vivimos en un lugar en el cuál se vota a la injusticia, a la corrupción, en donde se fomenta el surgimiento de villas y demás representaciones fieles de la pobreza, en el que la vida no es más que tiempo para dejar pasar, en dónde se busca la felicidad por los lugares menos indicados, en el cuál los valores éticos son vocablos ya obsoletos para esta ciega sociedad, en donde se disfraza la satisfacción de vivir.
¡Cómo puedo yo aceptar un final como este, un mundo en el cuál se mata por pretextos incomprensibles! ¿Acaso vale la pena vivir en un espacio tan devastado socialmente? ¿Acaso se merece vivir para terminar, injustamente, con un desenlace tan humillante?’’

Sueños, metas a lograr y fantasías que añoraba llevar a cabo se ven frustradas por consecuencia de este horroroso desenlace.
Dando las últimas arcadas e intentos fallidos para sobrellevar esta funesta circunstancia, me las arreglo para ver por última vez la ciudad en la cuál crecí.
Rodeándome están ellos, ocultos en sus casas e indiferentes a mi agonía. Como dije con anterioridad, cada día los entiendo menos…


Cuento Propio: Hoy todo el hielo en la ciudad


Si llegaste hasta acá estoy enteramente agradecido. Me encanta que la gente pueda disfrutar lo que uno humildemente hace. Correcciones, sugerencias/propuestas son aceptadas gratamente.


''No pido nada más que una recomendación para que este post se pueda dar a conocer y para que de una manera, probablemente indirecta, se pueda decir que es una contribución a la Inteligencia Colectiva''


Cuento Propio: Hoy todo el hielo en la ciudad
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4 comentarios

@tmhd Hace más de 1 año
Muy bien. Un texto detallado, íntimo y socialmente crítico. Muy buen aporte. +1
@lacarancha Hace más de 1 año
muy bueno. me encanto... y el video, super +1 y R
@hirimi Hace más de 1 año
muy bueno , y reflexivo en cuanto al mundo de hoy .
@Andryvirtual Hace más de 1 año
¡Excelente! Cuento Propio: Hoy todo el hielo en la ciudad
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