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Exclusivo T! Historia de dos hijos del Carnaval (1ª Parte)

NOTA 1: Esta es la 1ª Parte del último post de los 5 que engendré durante mis vacaciones. Es totalmente, 100% propio, y el que dejé para el final por ser mi favorito. Exclusivo para T! por razones de publicación. Los medios locales o nacionales (de los cuales solo recibí una respuesta), no podían publicarlo completo o en la forma pretendida.
Para los que trabajamos en esto, no es algo atípico, que no se entienda como una crítica, es algo muy común. Lo medios tienen espacios reservados y contados y, a veces, no hay interés para estas cosas. Siendo así, decidí ponerlo en un lugar dónde se publicase de la forma debida.
NOTA 2: REFERENCIAS
Ralato y consideraciones - COLOR VERDE
Juan (Yo) - COLOR NEGRO
Kiam - COLOR ROJO
COMENZAMOS
Corrientes. Un sábado. Salí de casa, sabía con quién me iba a encontrar, lo conocía hace bastante tiempo. No había razón para estar nervioso, sabía lo que iba a pasar y, aún así, no lo podía evitar. Me sorprendía mi comportamiento.
Iba a ver a Kiam (alias el “Turco”, “Ruso” y “Moishe”), como ya dije, lo conozco hace unos años ya, fuimos colegas, aún lo éramos pero hace un tiempo que no lo veía. Lo iba a entrevistar.
Kiam es un tipo delgado, alto y ancho. Se para derecho y siempre tiene la mirada fija. Tiene mi edad, 29 años. Alguna vez nos confundieron como hermanos; aunque yo nunca encontré el parecido en lo físico, sino en lo vivido. No obstante, esa apreciación iba a cambiar hacia el final de la entrevista.
LLEGUÉ A SU CASA
Me saluda, noto que también su actitud hacia mí ha cambiado, igual que la mía hacia él. Su novia me saluda y se va al cuarto. Nos sentamos en el living, ya pasamos los saludos protocolares y nadie ha dicho nada más. Ahora, lo raro y lo nervioso, se mezclan; pero sobreviene la calma con una sola palabra y un tono:
-¿Empezamos?
Y Kiam no supo bien cómo empezar. Pero lo hizo...
-No sé qué querés que te cuente primero, preguntame, mejor...
-Bueno, ¿cómo empezó todo?
- Y sí --hizo una pausa--, bueno. Me acuerdo que estaba en segundo año, en el Pío XI, ¿te acordas? --me pregunta y señala--. Te voy a contar, pero hay cosas que no voy a aclarar, un par de detalles que considero insignificantes.
Una tarde me pelee con mi viejo, fiero me pelee. Nunca le había contestado nada, ni siquiera boludeces. Pero ese día me crucé, me cansé. Pensé que con 16 años ya era grande; le dije que me iba de casa. Me acuerdo bien. Me agarró del cuello de la camisa y, así, medio con los pies colgando, me arrastró hasta afuera y cerró la puerta con llave. Después de un rato, toqué la puerta, agaché la cabeza y pedí disculpas --hace una larga pausa y cruza los brazos--.
Pero no era la idea, cuando se fueron a laburar mis viejos, armé un bolso y me fui a la mierda. Tenía $200 ahorrados para comprar un televisor para mi pieza y mucha rabia.
Me quedo callado, no quiero interrumpir. Trato de imaginar qué hubiese hecho yo en esa situación. Pero me sobrepasa el recuerdo de la mala relación con mis viejos, especialmente mi papá. No sé cuánto tiempo llevamos callados; Kiam comienza a hablar...
-La primera noche me la pasé cagado de miedo, fue larguísima, hacía mucho calor pero ni cuenta me daba. No tenía idea de qué iba a hacer. Pensaba en acudir a algún amigo, pero era obvio lo que iba a pasar ¿no? Iba a terminar de vuelta en casa. Pensaba en mi familia buscándome, llamando a la policía, preocupados. Tenía muchas ganas de llorar; llorar de rabia y angustia.
Me refugié en el centro --centro de la ciudad--, porque pensé que iba a ser más seguro que la periferia. Caminé mucho hasta que me refugié en el mirador de Punta San Sebastián --en la costanera de la ciudad--. Estaba cagado hasta el cuello, no sabía qué hacer si aparecía alguien ahí. No dormí nada.
Cuando amaneció, caminé hasta el Puerto y me tomé el cole a Resistencia.
Por primera vez, puedo preguntar...
¿Por qué Resistencia?
-Imaginate esto, estas solo, no tenés idea de qué va a ser de tu vida. Cualquier idea parece lógica. Me fui a buscar laburo y, por supuesto, no tuve suerte. Un pibe de 15 años con bolso al hombro era sospechoso. Busqué trabajo en hoteles, restaurantes, negocios, estaciones de servicio, de sereno, kiosquero, cuidador, lo que venga era. Hasta gratis me ofrecía, solo comida y techo. Pero nada.
A la tarde, ya cansado de caminar, pensé el próximo paso. No iba a volver a mi casa y tampoco a Corrientes, me fui a la Terminal y tomé un colectivo a Formosa. Ahí busqué laburo en un par de hoteles, que eran mi chance de techo y comida, pero me iba dando cuenta que era imposible en mi situación y menos a esa hora. Un señor grande, que atendía un hotelcito, me dijo que si no tenía casa, fuera a la casa Salesiana para chicos de la calle. Y ahí fui, tenía hambre, sueño y no quería seguir gastando plata --fumaba lento, por momentos dejaba que el tiempo consuma el cigarrillo, prendía uno tras otro--.
No pude evitar pensar en el espiral de malas decisiones, una detrás de otra. La entrevista iba perdiendo su caracter de a poco.
¿Y ahí? ¿Qué onda?
-Eran las 11 o 12 de la noche cuando llegué, me presenté como mochilero y ex alumno Salesiano, después de todo, en cierta forma, lo era. Me dieron de comer y me preguntaban cosas. Los curas no me dejaban en paz. En una cocina enorme, comía casi parado y todos mirándome y preguntando. Me hicieron dormir solo, en una pieza llena de humedad. Me acuerdo que me dormí abrazado al bolso.
Me despertaron para desayunar; otra vez solo, en la cocina, pero sin tantas preguntas. Cuando terminé, le pedí al Padre Director para hablar, me hizo confesar, primero; después me preguntó de qué quería hablar. Me ofrecí para quedarme un tiempo, "ayudando en la casa", dando una mano con los chicos y esas cosas. Me dijo que siempre se busca ayuda y que lo iba a pensar.
Cuando volví a la pieza para bañarme, lo encuentro a uno revisando mis cosas. No me estaba robando, pero eso pensé al principio. Estaba mirando mi documento, para llamar a mis viejos, me dijo. Claro, si era obvio, lo pensé, no sería la primera vez que se les presenta un caso así. Agarré todas mis cosas y me fui a la mierda. A Corrientes de nuevo.
Ahora estaba donde había empezado y con la mitad de la guita.
EL ORGULLO
Puedo notar la angustia que causan estos recuerdos, puedo ver cómo construye todo con voz temblorosa, pero no vergüenza.
-¿No pensaste en volver?
- Claro, mas vale --sonríe nervioso--. Pero no quería volver con la cabeza abajo, me dolía; mejor dicho: Me mo-les-ta-ba. Estaba harto de que mi viejo me controle todo, que no me deje hacer nada --aquí, Kiam, aclara que no va a dar detalles--, no le iba a dar el gusto. Pero sí, quería volver.
Sus palabras me recordaban los sentimientos que tuve cuando adolescente. La rabia que sentía cada vez que hablaba con mi viejo. Las veces que quise gritarle, las veces que quise pegarle. Todo se metía, todo. Recordé cuando tenía 15 años, la última vez que me pego, la primera vez que no le di vuelta la cara a un golpe.
-¿Y qué hiciste ahí?
-Bueno, lo primero fue buscar dónde quedarme. Esos días anduve hecho una bola. Me movía, principalmente, de noche, para no encontrarme con ningún conocido y porque todavía tenía miedo de que alguien me quiera asaltar o algo así.
Me acuerdo que no quería gastar la plata, pero tenía que comer. Al principio, me compraba un pebete y comía eso, nada más. Depués empecé a comprar el pan y algo de fiambre, porque era más barato. Más adelante, ya solo era pan.
Tengo muy presente una noche. Que caminaba por Junín (Peatonal), era tarde, como las cuatro y media. Y me quedé mirando una vidriera de ropa y todos los pensamientos me hicieron desenfocar lo que observaba, y vi mi reflejo. Estaba flaco, muy flaco, sucio y no me había cambiado la ropa en varios días. Hace mucho que no veía mi imagen. Al otro día me compré un jabón de glicerina y me fui a bañar al río. También lave un poco de ropa. Fue terrible.
-¿Qué era lo que más extrañabas?
- Ya sé lo que estas pensando, esperas que te diga que extrañaba la familia, amigos, comodidades, etc --Kiam, tenía razón, eso esperaba--. No, nada de eso extrañaba. Pero no te vas a sorprender con la respuesta, extrañaba comer todos los días y, en segundo lugar, la escuela.
Tenía razón, esperaba otra respuesta, esperaba que echase de menos la vida normal que llevaba antes. Pero no tenía en cuenta que su decisión era definitiva, y las cosas que podía extrañar eran las básicas.
-¿La escuela?
- Sí, boludo, cómo no voy a extrañar la escuela.
- Bueno...no eras el mejor alumno tampoco...
-No, no era, pero pensaba que la escuela iba a ser lo único que me iba a sacar de la calle. Siempre pensaba que tuve que haber esperado a terminar el secundario, por lo menos, antes de irme de casa. Así iba a ser más fácil conseguir trabajo, capaz estudiar algo, aunque sea recibirme en 200 años.
-¿Y por qué no volviste al Pío? Seguro que te dejaban estudiar gratis (esta pregunta provocó una reacción dura)
- No iba a volver al Pío, ya sabés eso, ya te lo respondí. No podía dar la cara a las preguntas, a las burlas, a los profesores, a mi familia. Ya está ese tema.
- Contame más de la vida en la calle
- Qué querés que te diga, es duro, peligroso, triste. Pero lo feo es cuando tenés una rutina, cuando te das cuenta que te acostumbraste, cuando empezás a hacer amigos.
Llevaba unos meses, cuatro creo, cuando empezó a hacer frío. Pensé que iba a aguantar, pero no se puede en la calle, es imposible para un nene como yo, que siempre tuvo estufa, cama y frazada. Me sentía un blando, que me iban a comer vivo. Así estuve varias noches, cagado de frío, hasta que se me ocurrió algo. Empecé a vigilar una casa que parecía abandonada, tres días estuve casi sin moverme del lugar, vigilando. Un domingo, antes de que amanezca, tiré la puerta y me metí. Estaba en el pico más bajo de vergüenza, me sentía un ladrón, teniendo una casa dónde vivir, usurpaba una propiedad. Pero no me importó en ese momento.
Tenía que moverme rápido para entrar y salir. Siempre de noche.
-¿Cuánto tiempo estuviste así?
- Casualmente, en esa casa fue la que más "viví", como 9 meses. Un día cayó el dueño, yo no estaba, había salido bien temprano. Cuando volví había un cana. Le expliqué la situación, vino el dueño y le volví a explicar. Que vivía ahí, que no quería joder, que sacaba mis cosas y no volvía más, que era yo solo. Por suerte, no hizo problema, hasta me dio plata.
-¿Cómo era un día típico en esa época?
- Me iba temprano, si salía, o iba a pedir plata al puerto o lavar la ropa (esto era algo que no podía dejar de hacer, se convirtió casi en una obsesión). No podía andar con la ropa sucia, porque siempre intentaba conseguir laburo, tenía ropa para la calle (como le llamaba yo), y ropa que casi no usaba, solo para buscar trabajo.
También ,y no hay nada de qué arrepentirme o regocijarme, iba a robar al mercado. Comida o ropa. Sí sentí pena cuando robé cigarrillos. No los devolví, pero no volví a hacerlo. Lo peor era pedir comida en las casas. Tenía que pedir en las casas del centro, porque los barrios detrás de las cuatro avenidas no te daban nada. Tenía miedo de toparme con gente conocida. Pero nunca pasó, aunque el miedo subsistía. Me armaba una ruta, pedía siempre en las mismas casas que me daban algo, pero no todos los días, una vez por semana. Y compartía también, muchas veces llevaba algo a la plaza Cabral, y también me daban algo. Ojo, no se armaba un picnic, siempre compartía con uno o dos nomás. Era una cosa de supervivencia.
-¿El peor momento que tuviste que afrontar?
- ...Todos, todos eran lo peor. Pero sí, hay uno. Cuando estas en una situación así y querés salir adelante, siempre parece que todo mejora y de repente se desmorona. Eso me hizo adquirir otra mirada con respecto de la gente que vive en la calle.
Una vez, que me rajaron de un local abandonado, que había estado inactivo desde que era chico, me fui a la plaza para pasar la noche. Ahí me encontré con "Cune" (uno de los que siempre compartíamos), que era retratista callejero, me dijo para ir a la "Casa de mi hermano". Un lugar para tipos de la calle, te sacaban unos pesos para mantener el lugar, pero tenías una cama y baño, no era mucho gasto, les dabas lo que podías y ya, o llevabas comida.
Ahí estuve un par de meses. Fue lo peor. Tenías que cuidar tus cosas como un perro. Se vivían robando entre todos, y yo también robaba. Había peleas todos los días, era peor que la calle. Y yo pensaba que valía la pena por dormir mejor y poder bañarme con agua caliente. Ahí pensé que podía tener una chance de volver al colegio, empecé a moverme para buscar mis papeles y hacer un curso acelerado y poder terminar. Pero era imposible, no podías dejar tus cosas ahí, y no había cursos acelerados de día; lo que parecía mi salida, era el peor callejón.
Un día, me despierta "Cune" y me dice: "Nos vamos a la mierda". Estaba la policía, una ambulancia y lleno de periodistas. Sacaban a un pendejo.
-¿Y a dónde fuiste?
- Já, pensé que me ibas a preguntar qué había pasado.
Kiam tenía razón, no había notado el hecho. Mi morbo estaba concentrado en él, no en los periféricos trágicos. Reformulé...
-¿Qué le paso al chico?
- Mirá que sos, Juancho, ni cuenta te habías dado. Lo habían fajado, le robaron y, se decía que también lo violaron. Eso último no lo sé. Pero me asustó, no volví más. Me busqué otra casa abandonada y seguí así.
No quiere hablar más de ese tema, dice que no tiene nada más que decir. Tema cerrado. Hace valer la única condición que puso para la entrevista.
Kiam mira su reloj, me dice que tiene cosas que hacer y que "seguimos en la semana". Me parece bien, hay un aura como de duelo entre nosotros. No puedo eludir las similitudes entre nosotros, la mala relación con su padre; el deseo de fugarme de casa y muchas cosas más, aunque cada vez me parecía más abismal la diferencia. El saludo es confuso, yo le paso la mano y el trata de abrazarme. Muchas preguntas quedaron colgadas, pero seguimos en la semana...
NOTA 3: La credibilidad de los hechos relatados en el post tienen la veracidad que el lector quiera suponer o interpretar; ya que, cualquier autobiografía, contiene la verdad que su "EDITOR" permita. Por mi parte, encuentro los acontecimientos como ciertos. Saludos
AVISO IMPORTANTE: Cualquier duda, pueden preguntar por aquí o MP. El post tiene abiertos los comentarios para cualquier tipo de usuario, no obstante, si sos un "Troll" o "Novato" (no sé si existen todavía), podés comentar mandándome un MP, para que suba tu opinión.
FIN DE LA PRIMERA PARTE
Esta noche o mañana pongo la 2ª Parte.
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