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El Tango Amores de Estudiante y su autor, Alejandro Dolina

Hola gente, recien caigo por la comunidad y bueno, se me ocurrio que esto podria interesarles.
Es un cuento del Negro Dolina que salio publicado en la revista Humor alla por el '79, si les gusta, puedo poner mas (por supuesto, sin la expresa autorizacion del mismismo Dolina.
Saludos.

AMORES DE ESTUDIANTE. VALS

Muchas personas inteligentes se niegan a creerme cuando les confieso que soy uno de los autores del vals “Amores de estudiante” . Alegan estas gentes que hay miles de etiquetas de discos que me desmienten y que atestiguan claramente que el tema pertenece a Gardel y Le Pera.
Dicen también que cuando se compuso “Amores de estudiante” yo no había nacido y llaman especialmente la atención sobre la contundencia de este hecho.Estos razonamientos tentadores se me antojan más brillantes que sólidos.
Ocurre que las personas inteligentes suelen encaminar sus pensamientos por caminos demasiado transitados que pueden conducir con rapidez y sin susto hasta los errores más increíbles.
Por eso quiero contarles de una vez cómo colaboré en la composición de esta vieja canción.



Cierta noche soñé que estaba en un café. Hacía frío y los parroquianos hablaban un extraño idioma que, según alcancé a sospechar, era el inglés. Creo que uno no es demasiado perspicaz cuando sueña y algunos detalles se me escapaban. Sé que los hombres usaban sombrero y las mujeres se veían pálidas y sus bocas eran rojas. Cada vez que alguien abría la puerta entraban ráfagas heladas y en esos raptos de vigilia que asuelan los sueños, hube de lamentar la ausencia de mi bolsa de agua caliente. No sin algún esfuerzo, pude conseguir que el mozo me trajera café. No sé cuánto tiempo pasó, porque -como suele ocurrir- otros pedazos de sueños interrumpían el sueño central. De pronto se abrió la puerta y entró un tipo de sobretodo oscuro y sombrero ladeado. Se sentó en la mesa de al lado, sacó un papel arrugado y se puso a estudiarlo. Mientras tanto ensayaba un silbidito de boca abierta. Al escucharlo creí reconocer los primeros compases de “Amores de estudiante”. Sin vacilar un instante, me acerqué al tipo y le pregunté si era argentino.
-Sí -me dijo.
-Hágame el favor -le digo- , no sé bien lo que me pasa. Creo que estoy soñando, pero el hecho es que no sé donde estoy.
-En Nueva York, pibe.
Entonces me di cuenta que el tipo era Gardel.
-Usted es Gardel -grité emocionado- . Esto demuestra que estoy soñando.
Carlitos lo tomó como una halago y me soltó algunas frases amistosas.
-Usted no me entiende, don Carlos... Yo soy un tipo de otra época que no es la suya...
No me atreví a anoticiarlo de su propia muerte. Le expliqué, eso sí, que según mis cálculos aquella sería para él una noche de 1934 en Nueva York y yo me había acostado una punta de años después en Caseros. El morocho no se extrañó demasiado.
-No se aflija, viejo. El que está soñando soy yo. Y me alegro porque hace cuatro noches que no duermo. Tómese algo y dejemé soñar tranquilo.
Me atreví a contradecirlo y le dije que el que estaba soñando era yo y hasta le mostré la cédula de identidad para probar que yo era un tipo de carne y hueso.
-También la cédula puede ser soñada -alegó.
-Vea -le dije- Tengo la impresión de que los dos nos estamos soñando mutuamente.
Gardel pensó un rato y me soltó el siguiente razonamiento:
-Soy yo el que sueña y no la siga porque me pellizco, me despierto y se termina la milonga.
-Bueno, está bien, dejémoslo así... Charlemos un rato, si no le importa. ¿En qué anda?...
-Estoy con una letra que me dio Le Pera... “Amores de estudiante”, se llama. Tengo que ponerle música y apenas si me salió un pedacito -y me canturreó- : “Hoy un juramento, mañana una traición, amores de estudiante, flores de un día son”... No sé cómo seguir.
-Si me permite, yo puedo ayudarlo.
-¿Es usted músico? -sonrió.
-No -le dije- , pero tengo casi todos los discos de Gardel.
-¿Me está cargando?... Este tema todavía ni lo terminé de hacer.
-Deme esa letra -le dije ansiosamente. Y como pude, se lo canté todo.
-Es hermoso -me dijo- , cántelo de nuevo.
Se lo canté dos veces más. Estaba enloquecido. Después lo cantó él en voz muy baja. Yo tenía ganas de pedirle “Mano a mano” o “Una lágrima”, pero me dio vergüenza.
-Hagamos una cosa -dijo el Morocho-, registrémoslo a nombre suyo... Hasta podríamos hacer algunas otras canciones juntos.
-Quédese tranquilo, don Carlos. Usted está soñando. Mañana, cuando se despierte, dígale a Terig Tucci que se lo escriba para piano, y chau. Un solo favor le voy a pedir. Canteló, canteló para mí...
Me desperté apenas empezada la canción. Casi no pude escuchar a Gardel, pero me queda la satisfacción de que me grabó el tema y, según creo, salió estupendo. A Gardel no he vuelto a verlo ni soñarlo.
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3 comentarios

@Bonz Hace más de 3 años
I M P R E S I O N A N T E !
http://www.youtube.com/v/XhGSX6Dl5bw
@Malena Hace más de 3 años
Hola Amigo!!!!!
Tanto tiempo sin cruzarnos!!!!
No podía ser de otra manera, dejando impronta de tu alma tanguera... GRACIAS!
@deBargas Hace más de 3 años
Una belleza, gracias por compartirlo
Un abrazo
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