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Nacional Rock: otra escupidera para soldados

Por Leonardo Sai

Algunas naciones de las nuevas Indias (de nada sirve dar nombres, ya no existen; pues hasta la entera abolición de los nombres y el antiguo conocimiento de los lugares, ha llegado la desolación de esta conquista, ejemplo extraordinario e inaudito) ofrecían a sus dioses sangre humana, mas no de cualquier parte sino sacada de la lengua y las orejas, para expiar el pecado de la mentira, tanto oída como proferida.


Michel de Montaigne


No es la radio la que está en crisis sino las maquinarias empresariales y burocráticas que la manipulan hasta estrangular al oído y secar la lengua. No es una cuestión de dinero y política. Es una cuestión de cómo el dinero y la política destruyen el producto, la innovación, la acumulación de micro-conquistas que, en el ámbito etéreo del medio, valen con el peso del reconocimiento, la credibilidad, la escucha. ¿Saben lo difícil que es conquistar una oreja? Algunos soldaditos deben estar contentos: la FM Nacional Rock ha sido destruida.

Nacional Rock: otra escupidera para soldados


¿Cuál fue su pecado original? ¿Poner música en inglés? ¿Respetar la pluralidad de humores y opiniones políticas en un ámbito público? ¿Ser apolítica? Nacional Rock —salvo excepciones duras de domar— era saludablemente apolítica. No bajaba otra línea que el temperamento de sus conductores. Nacional Rock no era apolítica por frívola. Era apolítica por democrática. La propaganda gubernamental estaba. No jodía como no jode una publicidad de empresa cualquiera en cualquier radio del planeta. Tenía su lugar. Acotado. Espacio de publicidad. Hasta diciembre de 2011, Nacional Rock había acumulado trabajo social suficiente (desde las infraestructuras que habían renovado la tecnología de las antenas transmisoras hasta los equipos de trabajo, producción y artística) como para plantearse ser un producto, hecho en Buenos Aires, capaz de combinar la mejor música del país y del mundo con programas sobre cine, televisión, música y política sin chuparle las medias al poder. Era una propuesta imperdonable. No nos bancamos que el estado tenga buenas ideas. Deben durar poco. Otra Supernova más. No soportamos no poder escupir contra el estado. Necesitamos liquidarlo. Hacer hoja en blanco. Borrarlo todo de un saque. Cirugía sin anestesia y que pase el que sigue. Empezar todo de nuevo. Pasan funcionarios, queda la planta permanente.

Dicen que a Marmurek le cortaron las piernas. Demolieron la voluntad de renovar, con creatividad y libertad, ese espacio estatal que ahora será más nacional y popular que nunca. Eso sí: con cero de medición, sin personal, con un relleno insoportable, como un cartel que desploma en la nada de una estación perdida de un pueblo borrado. Ya no hay más Ruso Verea con heavy metal, editoriales, textos nocturnos. Ya no hay más Alfredo Rosso con lo último de la excelencia rockero británica. Ya no hay más Fonzalida con cine, columnistas del ocio y esa compañía de amigo para el domingo maldito donde la angustia seduce con la fuga final. Me tocó formar parte de la producción de uno de los muchos programas de Nacional Rock. Me tocó conocer de cerca a quienes laburan en los controles, en ese mundo de botones, cabinas y cables de noticias. Gente que se quema del agobiante calor, sin aire acondicionado, pese a todo. Ver la diseminación en redes sociales con la virtualidad de los amigos que se bajaban los programas en Mp3 y lo escuchaban en el tren mientras iban a trabajar. Se ganaba poco. Se creía en una idea. Se apoyaba una idea de pertenencia, de que nos ganamos el lugar con esfuerzo y no con militancia probada. Nos estimulaba la torpe ilusión de que se puede disfrutar a Winton Marsalis y a Almafuerte, a Adele y a Dos Minutos, a La Renga y a Lady Gaga, a Corrosion of Conformity y a Intoxicados en una pluralidad urgente que la sociedad nos exige desde que el 2001 destruyó la representación y ésta se ató con alambre. Y así insiste, con sintonía fina y sin avivada: lo único permanente es el 2001 porque el 2001 es la impermanencia como amenaza. Ninguna legitimidad.

No quedó nada. Salvo el dial y el vacío rellenado con flexibilidad laboral, presupuesto diezmado y 24hs de rock en puro castellano. Alimento para el sentimiento…

Y hambre para el corazón, el esfuerzo y el porvenir de nuestra cultura joven.

PRESENTACIÓN
Blog de Leonardo Sai. Sociólogo.

Fuente: http://leonardosai.wordpress.com/
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