Josh McDaniels y su exclente actuación en Denver Broncos
La verdadera personalidad de Josh McDaniels ha quedado expuesta. "Capucha Jr." se quitó la careta.
¿Vieron a McDaniels después de que los Denver Broncos --los Broncos invictos y líderes de la AFC Oeste-- ganaran otro juego eléctrico, esta vez en tiempo suplementario ante su mentor Bill Belichick y los New England Patriots? McDaniels no dio una, sino múltiples dobles batidas de puño. Y luego casi aplasta la caja torácica del receptor abierto Eddie Royal con un abrazo.
"Muchos abrazos, y gritos y festejos", dijo Royal.
¿Cómo? ¿Desde cuándo los graduados de la Belichick University son tan sonoros? ¿Y eso de batir los puños? McDaniels se salió del librito de Belichick ahí.
"A veces puedes darte el lujo de divertirte", dijo McDaniels. "Eso era lo que yo estaba haciendo".
Éste no fue un triunfo cualquiera. Fue una victoria extraordinaria, ante un entrenador y un mariscal de campo extraordinarios, quienes en parte, o en gran parte, son los responsables de que McDaniels haya conseguido su cargo con los Broncos.
McDaniels tuvo ocho años de formación en la organización de los Patriots. Belichick fue su maestro. Tom Brady se terminó convirtiendo en su socio de fútbol americano. Y sin embargo, McDaniels había insistido en que el partido del domingo ante Belickick, ante Brady, y ante el equipo que lo había iniciado en la NFL, sería como cualquier otro.
"No vamos a hacer de este partido más de lo que es. Es el quinto partido del año", había dicho en la semana.
Pero después de la victoria por 20-17, algunas batidas de puños y una marca de 5-0 a su favor, McDaniels finalmente reconoció lo que era obvio desde el principio.
"Mentí", admitió.
Claro que mintió. El hombre llevaba una sudadera gris con capucha como las que suele usar Belichick (aunque Belichick tenía un abrigo azul el domingo), y habla efusivamente de Brady cada vez que tiene la oportunidad.
Si no le hubiera importado tanto, McDaniels nunca se habría ido directo a los autobuses de los Patriots al terminar su conferencia de prensa posterior al partido. Allí fue donde encontró a Brady. Y si éste hubiera sido solo un partido más, Belichick nunca habría pasado por la oficina de McDaniels para felicitarlo por la victoria.
"Es un gran desafío dirigir en contra de Bill y sus colaboradores", dijo McDaniels. "Y jugar en contra de un equipo con tantos buenos jugadores. Es por eso que fue tan especial. No solamente porque estuve en New England".
A diferencia del famoso menosprecio entre Eric Mangini y Belichick, parece que los Patriots (y Belichick) tienen una debilidad por McDaniels. Y si no es así, se merecen un premio de actuación, por la forma en la que lo saludaron en los autobuses del equipo.
Mike Reiss, quien cubre a los Patriots para ESPNBoston.com, no estaba equivocado cuando dijo que la actitud de Belichick después del partido fue algo así como: "Esto apesta, pero si voy a perder, al menos que sea contra este tipo".
"Este tipo" lleva una marca de 5-0.
Este tipo ha sobrevivido la bomba atómica de Jay Cutler-Kyle Orton, el desacuerdo con el receptor abierto Brandon Marshall y una base de aficionados que no sabía qué pensar del Coach McKid.
Ahora lo adoran. Y él los adora a ellos. Y el hecho de que el triunfo Nº 5 haya llegado ante Belichick sólo mejora las cosas.
"Estaba realmente contento", dijo McDaniels. "Belichick habría estado muy contento si ellos hubieran ganado. Me enseñó mucho. Le debo una gran parte de mi éxito, y siempre estaré en deuda con él. Un gran amigo. Un gran maestro. Lo admiro mucho. Y creo que él no habría esperado nada menos de mí".
Absolutamente nadie esperaba que los Broncos siguieran invictos el 12 de octubre.
¿Recuerdan cuál era el panorama? Cutler había sido intercambiado a los Chicago Bears. Marshall quería salir. Orton se había lastimado un dedo.
Pero luego llegó la milagrosa victoria ante los Cincinnati Bengals, seguida por dos triunfos ante los monumentalmente horribles Cleveland Browns y Oakland Raiders, seguida por una odisea defensiva de último segundo para derrotar a los Dallas Cowboys, seguida por una gran remontada para superar a New England.
"¡Gracias, Jesús!", gritó el apoyador Mario Haggan de los Broncos mientras entraba medio bailando a los vestidores de Denver. "¡Se suponía que no ganaríamos ni cuatro partidos en todo el año!"
Los Broncos conocían la historia de Belichick-McDaniels. Y aunque McDaniels intentó minimizar el ángulo del reencuentro, los jugadores no se dejaron engañar.
"En el fondo, lo sabíamos", dijo Royal.
"Estoy bastante seguro de que significó mucho para él", declaró Brian Dawkins, profundo de los Broncos. "Saber que vino de allí, que muchos de sus amigos siguen allí, al igual que muchas de las personas con quienes trabajó. Sé que esto es enorme para él. Teníamos que ganar este partido para nosotros mismos antes que nada, pero claro que queríamos darle una victoria".
McDaniels no puede hacerse el estoico tan bien como Belichick. Lo intentó, pero no pudo contenerse. El ala defensiva de Denver, Vonnie Holliday, dijo que McDaniels "estaba corriendo por todos lados en los vestidores.
"Ésta es una nueva raza de entrenadores", dijo Holliday. "Es una evolución en el mundo de los coaches. Estos tipos son más jóvenes, apasionados y muestran sus emociones. Ya no tienen esa mentalidad de la vieja escuela".
¿Vieja escuela? Belichick tiene silbatos más viejos que McDaniels. Pero si la imitación es la forma más sincera del halago, entonces podemos decir que McDaniels es un copión.
"Cinco triunfos no nos darán nada", dijo McDaniels.
Pero hay algo que sí les han dado: la atención de todo el mundo, incluida la de Belichick.
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