"Debemos cuestionar la lógica del argumento de tener un dios omnisciente y todopoderoso que crea humanos defectuosos y luego los culpa por sus propios errores." - Gene Roddenberry

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¿Homeopatía? No, gracias.



La mayoría de la gente de a pie, que no se dedique a campos cercanos a la salud o al escepticismo activo, no sabe lo que es la homeopatía. Yo misma no lo sabía hasta hace relativamente pocos años, cuando comenzaron a interesarme este tipo de cosas. Hasta aquel momento a mí me sonaba a alguna manera particular de tratar dolencias o preparar medicamentos, quizá asociando la palabra de algún modo con la medicina natural. Y sé que es eso lo que a mucha gente le viene a la cabeza cuando oyen la palabra homeopatía, o medicina homeopática. “Es algo así como medicina natural, ¿no?” Llevamos tiempo luchando contra ella (ahora veréis por qué) y sigo encontrándome con gente que me dice cosas así, o “pues mi homeópata es muy bueno”, “¡pero si esto lo he comprado en la farmacia!”,o “no tiene efecto secundario alguno”, o el clásico “a mí (o a mi vecina del quinto) me/le funciona”. Este artículo está destinado principalmente a aquellos que aún no saben lo que es la homeopatía y que todavía les suena a alguna variedad de medicina natural válida.

¿Que qué es la homeopatía? Pues una pseudociencia, una magufada, un timo como un trolebús, una estafa en toda regla, un abuso del desconocimiento de la gente para sacarles dinero y un insulto a la ciencia y a la medicina de verdad.Pero vayamos por partes.

La homeopatía fue inventada a finales del S XVIII por un señor llamado Christian Friedrich Samuel Hahnemann, un médico alemán con buenas intenciones y poco tino. La medicina de aquel entonces era más un arte que una ciencia. Los conocimientos de anatomía, fisiología o patología de aquella época eran muy escasos, comparados con los actuales. Las prácticas médicas que a menudo se llevaban a cabo, hoy nos parecen a todas luces auténticas barbaridades, y no era extraño que los pacientes murieran antes por los tratamientos administrados que por las enfermedades en sí. En aquellos días no estaba muy claro qué provocaba las enfermedades. Poco se sabía sobre microbios, tóxicos, alergenos o predisposiciones genéticas. La medicina no trataba tanto los orígenes de las enfermedades como los síntomas, que no se consideraban consecuencia de una enfermedad, sino más bien la enfermedad misma. El mismo Hahnemann pensaba que las enfermedades en realidad eran desequilibrios de la fuerza vital. Una fuerza vital imaginaria que había que re-equilibrar para sanar. Algunos de los tratamientos del momento eran auténticos sinsentidos a ojos de la medicina actual. Eran comunes las sangrías, purgas, lavativas, trepanaciones, tratamientos con cianuro, mercurio… Hahnemann efectivamente veía todo esto horrorizado y decidió que debía haber un método mejor de curar las enfermedades (para él los síntomas) sin esos desastrosos efectos secundarios, a menudo fatales. ¡Y se le ocurrió una idea! Se le ocurrió que se podían tratar las enfermedades andministrando a los pacientes sustancias que provocan los mismos síntomas en una persona sana, que la enfermedad que se intenta curar. Sí, habéis leído bien: trataría las enfermedades con sustancias que provocaban los mismos síntomas (similia similibus curantur es decir, lo similar se cura por lo similar).No hace falta ser médico para ver la falta de lógica en esta idea. ¿Pero por qué? Pues porque Hahnemann se daba cuenta, astuto él, de que cuanto más diluida estaba la sustancia administrada menores eran los efectos que esta producía (obviamente). Por lo tanto, si diluía mucho mucho mucho dicha sustancia desaparecerían por completo los efectos y por lo tanto, al loro, la enfermedad. Lo que le llevó a la peregrina conclusión de que cuanto más diluida estuviera una sustancia mayores eran sus poderes curativos ante enfermedades que causaran en los pacientes síntomas parecidos. Y no es que diluyera muchísimo una sustancia. Es que las diluciones que preparaba estaban tan tan diluidas que ya no había si quiera una sola molécula de la sustancia original en el agua del preparado.

¿Homeopatía? No, gracias.


El método mágico que inventó Hahnemann para la preparación de remedios homeopáticos, que es el mismo que se emplea hoy en los modernos laboratorios homeopáticos, se llama “dinamización”, y consiste en lo siguiente: se toma una parte de la sustancia en cuestión (“tintura madre”), se diluye en 99 partes de agua y se agita enérgicamente (“sucusión”) con una serie de movimientos mecánicos muy concretos que sacuden y golpean la disolución (Hahnemann usaba su biblia nada menos para golpear el recipiente). Se obtiene así una dilución de 1 CH (Centesimal de Hahnemann). A continuación se toma una parte de esa dilución 1 CH y se diluye en 99 partes de agua, sin olvidar el ritual de agitar y golpear con energía, obteniendo una dilución 2 CH. Cada vez que se repite este paso la dilución obtenida está 100 veces más diluida que la anterior. Una dilución 2 CH ya es una solución muy diluida. Pero el proceso sigue y sigue. Se toma una parte de la dilución 2 CH y se diluye en 99 partes de agua para obtener una 3 CH, y así sucesivamente. Un cálculo químico sencillo permite deducir que en una dilución 12 CH ya no queda una sola molécula de la sustancia original. No contentos con eso, el proceso homeopático continúa hasta 30 CH, 60 CH e incluso 100 CH. Y no es que suene absurdo dicho así por mí. Que podéis ir a la página web de la multimillonaria multimacional homeopática Boiron y os lo cuentan igual. ¿Qué es un “medicamento” homeopático? ¡¡Agua!! Nada más.

La explicación que daba Hahnemann es que durante el proceso de sucusión la sustancia activa le pasaba al agua parte de “su espíritu, su esencia curativa inmaterial”, por eso el agua seguía conteniendo las propiedades (aunque a la inversa) de la sustancia original. Los homeópatas actuales hablan de que “el agua tiene memoria”, de que “las vibraciones de las moléculas de la tintura madre pasan a hacer vibrar a las moléculas de agua que las recuerdan” y más cosas de ese tipo, sin fundamento científico demostrado alguno, que no suenan tan a patochada como lo de la biblia y el espíritu, pero que tienen el mismo sentido: ninguno. ¿Por qué triunfó la homeopatía? Pues porque efectivamente las medicinas de Hahnemann, que no eran otra cosa que agua, eran mucho menos agresivas con los pacientes que los métodos tradicionales de la época, no tenían, como es obvio, efecto secundario alguno, y en muchos casos se le permitía al sistema inmunológico del cuerpo del paciente, curar enfermedades que otros médicos trataban a cañonazos. Triunfó como método válido, Hahnemann ganó prestigio y hasta hoy. Pero ninguno de los principios básicos de la homeopatía, el de similitud (lo igual cura lo igual), el de las dosis infinitesimales (cuanto más diluida está una sustancia más potente es su poder de curación), ni el de la memoria del agua, tienen base científica alguna, ni han demostrado nunca tener nada de cierto.

¿Homeopatía? No, gracias.


Si hasta ahora no sabíais lo que es la homeopatía, seguramente a estas alturas ya estaréis sorprendidos. Pues los sinsentidos de la homeopatía no acaban aquí. ¡Aún hay más! Las sustancias que se emplean como (inexistentes) principios activos en los remedios homeopáticos, los de entonces y los de hoy en día, no tienen que provocar la enfermedad o dolencia que se supone que tratan. Ni siquiera tienen que producir exactamente los mismos síntomas. Basta con que se les parezcan un poco, o incluso que tengan cierta similitud alegórica o poética (ya que no estamos curando enfermedades, sino re-equilibrando la fuerza vital, ¿recordáis?). De modo que no sólo podemos encontrar remedios homeopáticos contra el insomnio preparados con cafeína super-hiper-mega-diluida, sino que la lógica con la que los homeópatas preparan sus potingues (es que me niego a llamarlos medicamentos) es increíblemente absurda. Emplean, por ejemplo, el veneno (infinitesimalmente diluido) de una serpiente americana cuya picadura produce pústulas sanguinolentas, contra enfermedades de la sangre. Usan diluciones ridículas de cobre metálico contra los espasmos musculares, porque la intoxicación severa por cobre provoca convulsiones en las personas sanas. Diluyen hasta el infinito unas bayas venenosas de un arbusto asiático, cuya intoxicación provoca una alteración del sistema nervioso central, contra los efectos del estrés, por aquello de los nervios alterados. Emplean sal común (¡sal común!) diluida hasta la inexistencia para tratar la hipotensión o la anemia, porque la sal en grandes dosis deshidrata a las personas sanas, y disuelta en la sangre destruye glóbulos rojos. ¡Pero el absurdo homeopático puede ir mucho más allá! Nunca subestimes la imaginación explosiva de un homeópata a la hora de inventarse mejunjes curativos. ¿Remedio contra el lagrimeo y el moqueo que provocan, por ejemplo, gripes y resfriados? Pues cebolla (recordad, diluidísima agitada y golpeada), ya que al trocearla nos hace llorar. ¿Remedio contra el dolor (de lo que sea, da igual)? Abeja. Sí, abeja, el animal macerado y bien diluido, porque cuando nos pica duele. ¿Remedio contra la colitis o la diarrea? Caca de perro. (No es broma.) ¿Remedio contra la sensación de opresión o ahogo? Muro de Berlín triturado, disuelto y diluidísimo, que pocas cosas hay que opriman más que eso. (Repito, no es broma, son remedios homeopáticos reales de venta en muchas farmacias.) ¿Remedio contra los síntomas de la menstruación y otros problemas típicamente femeninos? Luz del planeta Venus. Insisto, no es broma. Lo que pasa es que, para que no quede tan obviamente ridículo, los homeópatas les ponen nombres extravagantes a sus tinturas madre que suenan como a latín, sin serlo, y así parece que el asunto contiene algo de seriedad científica. Allium cepa (cebolla), Apis mellifica (abeja), Cuprum metallicum (cobre), Natrum muriaticum (sal de mesa), Excrementum caninum (caca de perro) y así sucesivamente. Tú vas a la farmacia y te venden un remedio muy bien envasado de grageas de colores en un bote muy chulo, con su prospecto y todo, de Allium Cepa a 30 CH como remedio antigripal. Pagas 4 euros, y lo que te llevas a casa son unas bolitas de azúcar impregdanas con un agua que difícilmente contendrá ni una molécula de jugo de cebolla común. ¡Tal cual! Altamente recomendable esta charla del gran Fernando Frías en el Amazings Bilbao 2011 sobre este asunto.

¿Homeopatía? No, gracias.


“Pero yo he oído que funciona.” Sí, todos hemos oído eso. De la homeopatía, del reiki, de la acupuntura, de los cristales magnéticos y de la aromaterapia. El amimefuncionismo es la técnica de marketing más empleada por las pseudociencias, las terapias alternativas y demás magufadas. ¿Pero, por qué parecen funcionar? Sencillo. En la mayoría de los casos los remedios homeopáticos están indicados para dolencias comunes contra las que nuestro organismo se basta y se sobra solito para luchar. Dolores ocasionales de cabeza, estrés puntual, resfriados, dolor o inflamación por contusiones leves… El tipo de cosas que nuestro sistema inmunológico suele solucionar en poco tiempo sin problemas. Pero claro, si nos dan un remedio homeopático cuando aparecen los síntomas, y a los pocos días estos síntomas desaparecen, los defensores de la homeopatía no dudaran en exclamar “¿Lo ves? ¡Funciona!”, apropiándose de un mérito que no les pertenece en absoluto. Recordad que correlación no implica causalidad. Aún así hay ocasiones en las que la homeopatía, al igual que las demás pseudo-medicinas alternativas, sí parecen tener un efecto sobre el paciente. ¿Cuál? Lo que provocan los remedios homeopáticos en el paciente a quien parece funcionarle no es más que efecto placebo. Como seguramente sabéis el efecto placebo es el fenómeno por el cual los síntomas de un paciente pueden mejorar mediante un tratamiento inocuo. El tratamiento en sí no tiene ningún efecto sobre la dolencia a tratar, pero el hecho de saberse tratado y la esperanza de curación provocan en el cerebro del paciente una sugestión que alivia los síntomas e incluso propicia la curación natural del mal mediante nuestro eficaz sistema inmunológico. Es un fenómeno natural ampliamente estudiado que sufrimos todos, aunque no todos de la misma manera. De hecho el efecto placebo puede ser tan potente que en los estudios y ensayos clínicos para probar tratamientos o medicamentos nuevos se emplea siempre un grupo de control placebo, es decir, un grupo de pacientes a los que se les administra un placebo (una sustancia sin efecto alguno) en vez del medicamento a estudio, para poder distiguir así qué efectos son atribuibles sólo al medicamento y no al posible efecto placebo que puede producir el saber que se está siendo tratado. Es más, para que un ensayo clínico sea válido de verdad se debe realizar mediante el procedimiento de doble ciego, es decir, ni los pacientes a estudio ni los científicos que dirigen el ensayo y sacan las conclusiones, deben saber en ningún momento durante el mismo qué pacientes están tomando el medicamento verdadero y qué pacientes están tomando placebo. Es la única manera de poder atribuir a una sustancia los efectos reales que produce, y que los resultados o conclusiones no se vean alterados por las expectativas de los investigadores.

Pues bien, dicho esto, es el momento de advertir que ningún medicamento homeopático ha demostrado jamás, mediante ningún estudio serio bien hecho, tener sobre el organismo efecto alguno diferente del efecto placebo.

Algunos defensores de la homeopatía sostienen que no puede ser solo placebo porque también parece funcionar en animales y niños. Falso. Los estudios clínicos que hasta ahora han parecido dar resultados positivos en animales no estaban controlados, ni sus conclusiones eran objetivas. Las supuestas mejoras en los animales eran atestiguadas por los cuidadores, influenciables ante las expectativas de los resultados, y no se pueden considerar válidos. Estudios recientes apuntan a que los ensayos con animales son controvertidos y que sus resultados no son concluyentes. Por otra parte los estudios realizados en niños utilizando productos homeopáticos no han demostrado nunca ser más eficaces que el efecto placebo. Existen algunos estudios, normalmente patrocinados por empresas homeopáticas, que defienden ciertas mejorías. Sin embargo, dichos estudios nunca se realizan usando doble ciego (necesario para evitar el prejuicio del investigador), número de muestras significativas o incluso controles simples con placebos.

¿Homeopatía? No, gracias.


“¿Cómo es posible entonces (os preguntaréis) que se vendan en las farmacias?” Bien, muy sencillo. Principalmente porque la gente los compra. Son un negocio suculento que mueve millones de euros al año. Por ley todos los medicamentos de venta al público deben cumplir el Real Decreto 1345/2007, que obligan a que cualquier tratamiento demuestre su eficacia para que se autorice su comercialización.Si embargo las propias normas establecen una única excepción: los productos homeopáticos pueden ser autorizados sin necesidad de demostrar eficacia alguna. Es decir: los remedios homeopáticos no están obligados a demostrar que funcionan, sólo tienen que demostrar que son inocuos. Se trata de una alteración de la normativa de la Unión Europea que permitió este régimen excepcional debido a las presiones de la industria homeopática, que de otro modo hubiese tenido que retirar del mercado sus productos ante la imposibilidad de demostrar que sirvan para algo. A pesar de que este trato de favor se introdujo en España en 1994, la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) no ha autorizado aún ni un solo producto homeopático, si bien hace la vista gorda en cuanto a su venta. Los tratamientos homeopáticos se agrupan en una de estas dos categorías: los que no se ha demostrado que funcionen y los que se ha demostrado que no funcionan.

¿Homeopatía? No, gracias.


“Bueno, pero si la homeopatía no tiene efectos secundarios y a alguna gente le funciona mediante el efecto placebo, ¿qué tienen de malo?“, quizá os preguntéis algunos. El hecho de que a algunas personas sientan mejoría a traves del efecto placebo no es justificación para engañar y mentir a la gente. No nos pueden vender (y bastante caro, por cierto) algo que dicen que hace lo que no hace. Eso es un fraude. “Pero si los tratamientos homeopáticos no contienen medicamento alguno son inocuos, ¿no? La homeopatía es inofensiva.” No. Ni la homeopatía, ni ninguna otra pseudo-medicina alternativa de efecto nulo, es inofensiva, sencillamente porque puede conseguir, y de hecho consigue, que personas enfermas dejen de ir al médico de verdad a recibir un tratamiento adecuado para su enfermedad, poniendo sus esperanzas en la homeopatía, que no funciona en absoluto. Es decir, los homeópatas y los tratamientos homeopáticos están jugando con la salud de la gente, y en ocasiones hasta jugando con sus vidas. Os voy a poner como ejemplo uno de los casos que más me impactaron a mí. El de Gloria Thomas Sam, una niña nacida en Sídney, Australia, en 2001, a la que le fue diagnosticado un eccema convencional del que se habría recuperado completamente si hubiera recibido el tratamiento correcto. Pero su padre, de profesión homeópata y profesor en homeopatía, se negó a darle a su hija ningún remedio que no fuera homeopático. Gloria murió de sepsis 5 meses después del diagnóstico con a penas año y medio de edad. Sus padres fueron declarados culpables de homicidio y actualmente se encuentran en prisión. Y este no es un caso aislado. Hay más de 40 casos registrados de muertes de personas que dejaron los tratamientos reales en favor de la homeopatía, y más de 400 casos de empeoramientos y secuelas graves por este mismo motivo. La homeopatía no es inocua. De hecho confiar en que la homeopatía funciona puede matar. Los homeópatas (profesión para la que no hace falta tener ningún conocimiento sobre medicina o salud, y cuyo título de Especialista en Homeopatía puede ser conseguido por cualquiera gratuitamente en 3 minutos por internet) muy astutamente tratan de curarse en salud advirtiendo que la homeopatía no es una terapia alternativa, sino complementaria a la medicina convencional. Y cuando las cosas se ponen feas no dudan un instante en mandar a sus pacientes al médico de verdad, para que este haga lo que ellos no pueden. Pero eso no evita que personas con pocos conocimientos científicos den de lado tratamientos reales en la esperanza de que la homeopatía les vaya a curar, o que cuando acudan al médico ya sea demasiado tarde.De modo que la homeopatía no es más que un timo, un fraude peligroso disfrazado de terapia médica, que adornado con un buen marketing y grandes dosis de desconocimiento por parte del público, se ha puesto muy de moda y pone en peligro la salud. No es de extrañar pues que a los que intentamos luchar contra la superchería y la sinrazón (y que nos hemos intentado suicidar publicamente mediante sobredosis homeopáticas para demostrar que no funciona) nos lleven los demonios al ver cómo las leyes son permisivas, cómo las autoridades se unen a la moda, como cuando la presidenta de la comunidad de Madrid inauguro un hospital homeopático en la capital pagado con dinero público, o cómo las universidades públicas abren cátedras sobre homeopatía, como la de la Universidad de Zaragoza, impulsada y financiada precisamente por laboratorios de fabricacion de remedios homeopáticos. A finales de 2011 el Ministerio de Sanidad emitió un estudio, encargado por el congreso, que concluía que la homeopatía no tiene efecto alguno más allá del placebo. Aunque de poco ha servido, porque las leyes sobre fabricación de medicamentos y regulación de titulaciones sanitarias siguen mirando hacia otro lado.Concluyendo, que la homeopatía no funciona, que los preparados homeopáticos no son mas que agua (o bolitas de azúcar), y que “especialista en homeopatía” no es un título sanitario, ni de ninguna clase, ni su poseedor tiene por qué tener ni idea de salud. Pero en esto, como en todo, igual que no tenéis que creer a los charlatanes, tampoco tenéis por qué creer a esta simple escéptica. Informaos vosotros mismos, escuchad los argumentos a favor y en contra, y examinad las pruebas con objetividad. Y si tenéis ocasión de debatir con un homeópata, o con alguno de sus defensores, pedidles que os muestre un solo estudio científico serio, bien hecho e independiente (no patrocinado por industrias homeopáticas) que demuestre que la homeopatía funciona. Y recordad que testimonios personales (“a mi primo le funcionó”) no son pruebas científicas.

Quisiera terminar con este vídeo, que subtitulé hace algún tiempo, de un fragmento de una conferencia del gran James Randi sobre la homeopatía:




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7 comentarios

@Xagoro Hace más de 2 años
+10 y reco
@Ateo_555 Hace más de 2 años
Mañana los puntos.
¿Homeopatía? No, gracias.
Qué grosa imagen. +1
@John0126 Hace más de 2 años
Es como una anología de las religiones, donde Dios son los remedios homeopáticos y las enfermedades son los problemas de la vida.
@C0l0r4d0 Hace más de 2 años
Copado, +1/+10, me guardo el post para leerlo bien mas tarde.
@komodiemo Hace más de 2 años
hahahahhaah jajajajjajajajajajaja ese video hay que difundirlo por todos los medios , que graciosa suedociencia , wow la gente como cree en eso tan riduculo de mientras mas diluido mejor .
@gabba000 Hace más de 2 años
que buen post tengo imagenes graciosas sobre la ho9meopatia pero me da vagancia a esta hora subirlas XD
@ZeroDs111 Hace más de 1 año

C0l0r4d0 dijo:Copado, +1/+10, me guardo el post para leerlo bien mas tarde.



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