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OTAN: Operacion Gladio (1era Parte)
En agosto de 1990 Giulio Andreotti, el Primer Ministro italiano, confirmó que durante el periodo de la Guerra Fría había existido en Italia un ejército secreto, bajo el nombre clave de Gladio. Sus revelaciones condujeron a un escándalo, no sólo por admitir algo que se había sido desmentido por tanto tiempo (por incluso el mismo Andreotti cuando respondía a una investigación judicial en 1974 en calidad de Ministro de Defensa de Italia), sino porque agregó además que se había organizado una red de ejércitos “de reserva” secretos a lo largo de los países adherentes a la Organización del Tratado del Atlántico Norte. En resumen, éste era un tema que involucraba a países más países que Italia.
A medida que los detalles se fueron publicando, la historia se fue tornando cada vez más increíble. En pos de la Segunda Guerra Mundial, al comienzo de la Guerra Fría, agencias de inteligencia dirigidas principalmente por EE.UU. y el Reino Unido establecieron una red de agentes y depósitos secretos de armas a través de Europa, una red que permanecería secreta pero activa durante la duración de la Guerra Fría: una red militar no regularizada y en gran medida armada.
El escándalo subsiguiente que estalló por toda Europa se vio limitado por el comienzo de la primera Guerra del Golfo (Saddam Hussein invadió Kuwait en agosto de 1990). Quince años después de la confirmación de Andreotti la Gladio, así como además la red de ejércitos de reserva de la OTAN, siguen siendo en gran parte el tema de una gran cantidad de preguntas que han quedado sin responder. ¿Por qué, se preguntará el lector, tendría uno que interesarse por una estructura secreta de la Guerra Fría? En parte porque han quedado tantas preguntas sin responder, y la existencia de la red es un hecho. A esta altura ha sido ya confirmada por numerosos jefes de estado, por tres investigaciones parlamentarias (de Italia, Bélgica y Suiza), y en especial por una extraña* denegación y subsiguiente confirmación de existencia por parte de la misma OTAN en 1990. Aún así, aparte de aquellos involucrados en la red, muy pocas personas saben con certeza cómo funcionaba la misma, o cómo definía su propio rol. Existen suficientes evidencia y testimonios personales que sugieren, en el mejor de los casos, vínculos informales con grupos terroristas de extrema derecha, activos en las décadas de los setenta y ochenta, y en el peor de los casos que la red misma fue responsable de la implementación de la famosa "estrategia de la tensión"; que el uso premeditado de terrorismo para infundir temor entre el padrón electoral de un país determinado para así lograr un desplazamiento hacia la derecha, hacia un estilo gubernamental de "ley y orden". Las preguntas han quedado sin responder porque, aún en el caso de las investigaciones parlamentarias, cuando uno investiga sobre el tema se topa tarde o temprano con reglamentaciones oficiales de secreto. Haciendo hincapié sobre la naturaleza limitada del tema, un diplomático de la OTAN comentó que “No esperaría que se respondan muchas preguntas, aunque la Guerra Fría haya terminado. En el caso de que hayan habido vínculos a organizaciones terroristas, se habrá enterrado ese tipo de información bien profundamente” [Reuters 15 de noviembre de 1990].
Entre aquellos que buscan respuestas está el Dr. Daniele Ganser, un historiador suizo e investigador senior del Centro de Estudios para la Seguridad de la Escuela Politécnica Federal de Zurich (ETH), y autor de NATO's Secret Armies - Operation Gladio and Terrorism in Western Europe [Publicado en inglés por Frank Cass].
Una de las cosas que Ganser señala rápidamente, cuando se refiere a los orígenes de la red, es que uno necesita tomar en cuenta la atmósfera de posguerra para comprender los motivos detrás de la red. “Hay que destacar que algunos de éstos eran hombres muy decentes” comenta sobre los agentes de inteligencia quienes desde 1945 en adelante acordaron que (a) la Unión Soviética era el nuevo enemigo, y (b) había que aprender de las lecciones dejadas por la destrucción nazi. “La organización de operaciones clandestinas en territorio enemigo es sumamente problemática”, continúa Ganser, “se estaban preparando para el peor de los casos, por lo que decidieron armar los ejércitos secretos”. Investigaciones llevadas a cabo en Bélgica durante la década de los noventa descubrieron valiosos detalles sobre la estructura de la red. En el caso de Bélgica, como así muchos otros países de la OTAN, el primer paso fue dado con la fundación de un comité tripartito entre el país anfitrión, el Reino Unido y EEUU. Más tarde, en 1948 se creó un organismo general para coordinar los varios países de Europa Occidental, conocido como Comité Clandestino de la Unión Occidental [Western Union Clandestine Committee]. El WUCC fue, en 1951, subsumido en la OTAN, y pasó a llamarse Comité de Planeamiento Clandestino [Clandestine Planning Committee]. Se fundó además un segundo organismo: el Comité Clandestino Aliado [Allied Clandestine Committee]. Luego que Francia abandonara la OTAN, los cuarteles generales de estos comités fueron trasladados a Bruselas. “En todos los casos estas redes se levantaron en forma clandestina”, comenta Ganser, “y en algunos casos se reclutó gente de extrema derecha, porque se quería tener la certeza de que se comprometerían ideológicamente contra el comunismo. En Alemania, por ejemplo, se reclutaron algunos miembros de la red nazi”.
Los ejércitos secretos funcionaban como parte de la Guerra Fría, pero la presencia de los antiguos nazis, los fascistas y los adherentes a la extrema derecha hizo que saltara la problemática pregunta de qué enemigo tenían en mente estos soldados secretos: era una invasión soviética, o era la expansión de un comunismo doméstico y apoyado por la democracia. “No es un fenómeno que se pueda definir como blanco o negro”, asiente Ganser. “Cuando fueron descubiertos por vez primera, la prensa preguntó si eran “una red de seguridad o una fuente del terror”, y es ahí donde está el problema. Una red de seguridad es algo positivo, algo que todo el mundo desea. Es algo inteligente, y todos los que estén involucrados en la misma recibirían elogios por organizarla. Una fuente de terrorismo es obviamente algo muy negativo, que nadie quiere. Lo que se necesita es la misma herramienta: un par de hombres entrenados, armamentos y explosivos escondidos y una red internacional, que puede ser utilizada ya sea como red de seguridad en el caso de una invasión soviética, lo que haría quedar todo esto como gran previsión, o a falta de una invasión, algo que se pueda utilizar para las operaciones a escala doméstica. Los países que llegaron a efectuar investigaciones parlamentarias llegaron al punto de descubrir enlaces criminales en varios casos, pero no lograron llegar al fondo del tema a causa de leyes oficiales de secrecía, por lo que en general debemos referirnos a Gladio como algo que todavía no se ha abordado en términos de justicia y procesos criminales. Es demasiado grande…”.
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