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Los hombres que no aman a las mujeres... fueron educados

Al fin alguién esta aplicando el axioma incomprensible de Pitágoras!


Los hombres que no aman a las mujeres... fueron educados para eso


Eduquemos a nuestros niños y evitaremos castigar a los hombres. Pitágoras

TONY PORTER Y VIOLENCIA DE GÉNERO

Los hombres que no aman a las mujeres... fueron educados

S. PAULO (Época). El activista estadounidense Tony Porter, que lucha por el fin de la violencia contra las mujeres dice que en el momento de educar a los niños las familias deberían hacerse una simple pregunta: ¿qué tipo de hombre vos querrías para tu familia?

Tony Porter es un señor negro y alto, con una poderosa voz y acento marcado. Creció en los suburbios de Nueva York, entre el Bronx y el Harlem, barrios conocidos por los altos índices de violencia. El cargo de consejero en la Casa Blanca, en la Comisión sobre violencia contras las mujeres y niñas es solo unas de sus actividades. Porter fundó la organización no gubernamental A Call to Men (“Un llamado a los hombres”) que convoca a los hombres a un cambio cultural para redefinir el concepto de masculinidad. El objetivo es que ellos se comprometan y no solo asistan al debate promovido por las mujeres. La primera misión que el proyecto propone es romper con los estereotipos impuestos por la sociedad. Los hombres no necesitan ser valientes ni esconder sus emociones, dice. Activista internacionalmente reconocido, dio conferencias sobre el tema en TED (plataforma digital que reúne millones de video con personalidades y activistas). En el día a día, Porter lleva su discurso a colegios, universidades, comunidades, empresas y toda especie de evento. Actúa también como consultor de la serie de televisión “Law & Order: Special Victims Unit”, cuyo guión tiene tramas policiales con historias de abuso sexual y violencia contra las mujeres, gentil y espiritual. Porter tiene 60 años, está casado y tiene dos hijos adolescentes. Porter conversó con ÉPOCA sobre su proyecto de vida en prol de las mujeres. “Siempre fui el nene de mamá”.


-Ud. creció en la periferia de Nueva York ¿Qué fue lo que la comunidad y su familia le enseñaron sobre ser hombre?

-Aprendí lo que la mayoría de los hombres aprende: las mujeres deben obedecernos, ellas son débiles y tienen menos valor. Vivi en los barrios Harlem y Bronx, donde había mucha violencia doméstica. Todo el mundo sabía que el vecino agredía a la mujer, pero nadie “lo tenía en cuenta”. Era común la idea de que cada uno actua como quiere dentro de la casa, con la propia familia. Yo escuchaba comentario del tipo: “si la está golpeando, algo debe haber hecho”. Crecí rodeado de hombres buenos, que amaban a sus mujeres, pero que no se daban cuenta de que su comportamiento de inferiorizarlas, perpetuaba la violencia. Ellos solo estaban haciendo lo que los hombres siempre hicieron.

-¿Eso que Ud. llama “rol” “caja del hombre”?

-Exactamente. Desde niños, se les enseña a los hombres a ser agresivos, dominadores, protectores, poderosos, fuertes, valientes. A no demostrar sentimientos y emociones. Nunca vemos hombres diciendo que le temen a algo. Como máximo, él está “preocupado”. ¡Es una tontería! Es obvio que también nos sentimos intimidados, pero es como si el mundo no pudiera desconfiar. No podemos mostrar tristeza o frustración. Esa idea de que no debemos temer es devastadora para la salud mental de los hombres. Se nos enseña a no dejar ver y nos estresamos por eso. No es porque sí que vivimos menos años que las mujeres.

-¿Cómo reaccionaba su papá cuando Ud. lloraba?

-¡No recuerdo! (risas), porque yo no podía llorar mucho. Siempre fui en nene de mamá, pude alimentar el lado gentil y amoroso. La única vez que vi a mi padre llorar fue con la muerte de mi hermano, que aún era adolescente. Estábamos solos cuando sucedió, él no se permitió llorar frente a mi madre y a mis hermanas, se sintió tan avergonzado que se disculpó conmigo. Él me aplaudía por no estar llorando, decía que yo era muy fuerte. Pero yo lloré después, sí, escondidito.

-¿Cuándo se volvió activista en contra de la violencia sufrida por las mujeres?

–Hace unos veinte años, cuando era director de un programa de tratamiento de alcohol y drogas en un hospital. Las mujeres de la comunidad sufrían violencia doméstica, hablaban de sus problemas y buscaba abrigo. Resolví trabajar voluntariamente con hombres que golpeaban a sus mujeres en sus casas. Entendí que necesitábamos educarlos, que ellos estaban funcionando de acuerdo con la definición de masculinidad aprendida en la sociedad. Comencé a reflexionar: ¿Por qué estábamos tratando sólo a hombres malos? Al percibir que todos los hombres necesitaban tener otra mentalidad y propagar una idea de mundo más justo, fundé con un amigo el proyecto “A Call to Men” (“Un llamado para los hombres”).

-Las mujeres también educan a sus hijos con base en ese concepto de masculinidad. En ese sentido, ¿ellas son responsables de la violencia de la que son víctimas?

–Responsables, no. Pero ellas contribuyen a ello. Lo que sucede es que las madren intentan criar a sus hijos basadas en aquello que los hombres repiten. Para que ese niño pueda insertarse. Los hombres no respetan llanto, se debe ser fuerte. Ellas no lo hacen de malas, pero están educando de forma equivocada.

-¿Cómo podemos cambiar ese escenario?

–Yo propongo que los hombres sean pro activos y comiencen a dar atención a las próximas generaciones de hombres. Ellos necesitan pensar en lo que es importante no a través de los ojos de nuestros niños, sino a través del de las niñas. ¿Qué tipo de hombre vos querés para tu hija? Es ese tipo de hombre que vos tenés que desarrollan en tu casa. No es un pase mágico, no basta decir “ese es el hombre que espero en el futuro” o “es así que imagino que los hombres comiencen a comportarse de aquí a algunos años”. Es un gran desafío.

-¿Qué tipo de hombre desea Ud. para su hija?

–Un hombre gentil, cariñoso, amoroso. Alguien que la respete, que considere sus opiniones. Como es eso lo que quiero para ella, hago el papel de enseñar sobre cómo es posible ser un hombre así. Este tipo de discusión no llega espontáneamente a la cabeza de los jóvenes y los niños, nosotros necesitamos con ellos acerca de ello. Fuimos educados, de muchas formas, a interesarnos poco por las experiencias y sentimientos de las mujeres. Vos no podés ser un muchacho con muchas amigas sin que eso implique sexo y y tu padre pregunte: Entonces, ¿cuál es la que te gusta? Mi trabajo es hacer que las personas reflexionen, vuelvan a casa y modifiquen la forma con la cual están educando a sus hijos.

–Además de la violencia física, las mujeres son víctimas de violencia verbal, abuso psicológico… En esos casos, ellas parecen no buscar ayuda. ¿Por qué?

–La violencia verbal, emocional o psicológica no es ilegal. Si tu marido te humilla con palabras, en casa o públicamente, no va preso. La policía no hará mucho al respecto. Entonces las mujeres no buscan ayuda porque saben que no servirá de nada. Eso contribuye aún más para que la violencia empeore y alcance el status físico.

-¿Colocar esos hombres presos es la solución?

–La cárcel no va a terminar el problema. La solución pasa por algo mucho más complejo: significa educar a los hombres para ser mejores, desafiarlos a pensar de forma diferente. La violencia es fruto de una ecuación que enseñamos a esos niños: desvalorizar a la mujer, tratarla como propiedad y objeto. Ellos no son enfermos, no necesitan tratamiento psiquiátrico, están haciendo solo lo que les enseñaron desde que eran niños. La sociedad siempre permitió que el hombre se comportara de esa manera.

-¿Cómo educarlos entonces?

–Lo primero es hacer que ellos entiendan que esa idea enferma de masculinidad es la base de la violencia doméstica y sexual. Los hombres necesitan analizar sus creencias individuales, reconocer posturas que refuerzan la desvalorización de la mujer y desafiar esos hábitos. Por ejemplo: quedarse en silencio frente a una agresión, sea cual fuere, es estar de acuerdo con ese comportamiento. La violencia no tiene relación con la enfermedad mental, falta de habilidad para lidiar con la rabia, dependencia química o estrés. Ella está relacionada al tradicional dominio masculino. Mientras los hombres no acepten eso, tomando la responsabilidad de promover un cambio cultural y social, niñas y niños continuarán siendo sus víctimas.

–En Brasil es común que las mujeres hagan la declaración solo como instrumento de amenaza. Muchas se arrepienten, retiran la denuncia en la comisaria y vuelven a ser agredidas. ¿Por qué es tan difícil dejar una pareja violenta?

–Voy a responder con otras preguntas. ¿Por qué muchas veces esa mujer pide ayuda y hacemos que ella se sienta avergonzada, en vez de darle abrigo y apoyarla? ¿Por qué ella tiene que dar explicaciones como si fuera culpable de la violencia sufrida? Le llamo “revictimizar” a la mujer. Además de la violencia vivida en casa, ella va a una institución en busca de ayuda e se vuelve víctima por segunda vez.
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2 comentarios

@Heresiarca_ Hace más de 1 año
Que interesante, la violencia contra la mujer debe terminar, y el único camino es el de la educación de los adultos y los niños...buen aporte!
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