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libro: Evangelio según Mateo (completo)

No hay nada que decir, lean y saquen sus conclusiones:

MATEO

EVANGELIO SEGUN SAN MATEO

¿Quién era Mateo, llamado también Leví? Lo dice el Evangelio: ver Mt 9,9 y Mc 2,13.
El propósito del Evangelio de Mateo fue presentar la enseñanza de Jesús en forma ordenada. Suprimió los detalles cuando relataba los hechos; en cambio, realzó las palabras de Jesús.
Se notan cinco partes; cada una de ellas empieza con hechos de Jesús y termina con un discurso. Estos cinco discursos son:
- el Sermón en el Monte: cap. 5-7;
- la instrucción a los Misioneros: cap. 10;
- las Parábolas del Reino: cap. 13;
- las palabras sobre la Convivencia en la Iglesia: cap. 18;
- el Porvenir de la Iglesia: cap. 23-25.
Mateo introdujo su Evangelio con unos relatos de la infancia de Jesús. Ahí nos encontramos con un estilo muy particular: es una forma de literatura entonces muy apreciada de los judíos, en que es difícil distinguir lo que es historia y lo que es forma figurada de expresarse (los Magos, por ejemplo).
El Evangelio de Mateo se escribió para el uso de comunidades cristianas en que eran numerosos los creyentes de origen judío. Por eso insiste en que Jesús cumple las profecías de la Biblia (Mt 4,14; 8,17; 12,17…). También vuelve a menudo sobre el tema siguiente: el Reino de Dios ha sido predicado a los judíos, pero Jesús sabía que iban a rechazarlo y que, debido a esto, la Iglesia se dirigiría a los pueblos paganos.
El Evangelio de Mateo ve en Jesús al Maestro de la humanidad. Sus parábolas y sus discursos nos enseñan un camino de perfección y dan la pauta para nuestra convivencia en una Iglesia pobre e igualitaria.
No comentamos aquí muchas páginas que se encuentran casi idénticas en Marcos y tienen allí su comentario.


Los antepasados de Jesús

o 1 1 Estos fueron los antepasados de Jesús, hijo de David e hijo de Abraham.
2 Abraham fue padre de Isaac, y éste de Jacob. Jacob fue padre de Judá y de sus hermanos.
3 De la unión de Judá y Tamar nacieron Farés y Zera. Farés fue padre de Esrón.
4 Luego encontramos a Aram, Aminadab, Naasón y Salmón.
5 Salmón fue padre de Booz y Rahab fue la madre. Booz y Rut fueron padres de Obed. 6 Obed fue padre de Jesé y éste del rey David.
David y la que había sido esposa de Urías fueron los padres de Salomón. 7 Salomón fue padre de Roboam, que fue padre de Abías, y luego vienen los reyes Asá, 8 Josafat, Joram, Ocías, 9 Joatán, Ajaz, Ezequías, 10 Manasés, Amón y Josías.
11 Josías fue padre de Jeconías y de sus hermanos, en tiempo del destierro a Babilonia.
12 Y, después del destierro a Babilonia, Jeconías fue padre de Salatiel y éste de Zorobabel.
13 A continuación vienen Abiud, Eliacim, Azor, 14 Sadoc, Aquim, Eliud, 15 Eleazar, Matán y Jacob.
16 Jacob fue padre de José, esposo de María, y de María nació Jesús, llamado también Cristo.
17 De modo que las generaciones desde Abraham a David son catorce, catorce las de David hasta el destierro de Babilonia y catorce desde este destierro hasta Cristo.

o El Salvador ha brotado de nuestra tierra y de la raza escogida (Is 45,8). Esta lista contiene 42 nombres, ordenados en tres series de catorce, cifra simbólica: no es una lista completa.
Jesús es hijo de Abraham, padre de los creyentes, a quien Dios prometió que todas las naciones se reunirían en torno a su raza. La primera serie de nombres están en Rut 4,18.
Jesús es hijo de David, como debía de ser el Salvador prometido a Israel. Los reyes hijos de David ocupan un lugar en la Historia Sagrada. Unos dejaron un buen recuerdo, otros fueron pésimos. Luego, referente a los descendientes de Zorobabel (Esdras 3 y 4), la Biblia no dice nada.
Esta lista llega hasta José, que solamente fue padre adoptivo de Jesús (v. 17). Pero esto era suficiente para que Jesús fuera considerado, como José, hijo de David.
Cuatro mujeres se nombran, mencionadas las cuatro en la Biblia. Tamar (Gén 38), que dio todo para no perder las bendiciones divinas. Rahab, una prostituta extranjera que la Biblia elogia (Josué 2). Rut, otra extranjera de vida ejemplar. La viuda de Urías, la bella Betsabé, compartió el pecado de David. Todo esto nos anuncia discretamente al que vino a salvar a los pecadores y para abrir el reino de Israel a las muchedumbres venidas de los demás pueblos.
Esta nómina representa la herencia que José transmitió a Jesús.
Jesús se arraiga en la humanidad al cabo de siglos de una historia marcada por el pecado y también por la esperanza. En la venida del Salvador culmina la larga y lenta promoción del pueblo judío. Entendamos que todos somos solidarios de Cristo por la sangre, antes de serlo por la fe. La historia de nuestro tiempo, tanto como la vida de cada familia, prepara la segunda venida de Cristo.
Estos fueron los antepasados… Traducimos libremente el texto que dice: Este es el libro de los orígenes de Jesús… Esta expresión solemne, inspirada por Gén 2,4 y 5,1 da a entender que Jesús abre una nueva época de la historia: el Nuevo Testamento.


Jesús nace de una madre virgen

 18 El nacimiento de Jesucristo fue así. Su madre María estaba comprometida con José. Pero, antes de que vivieran juntos, quedó esperando por obra del Espíritu Santo.
19 José, su esposo, era un hombre excelente, y no queriendo desacreditarla, pensó firmarle en secreto un acta de divorcio.
20 Estaba pensando en esto, cuando el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: <<José, descendiente de David, no temas llevar a tu casa a María, tu esposa, porque la criatura que espera es obra del Espíritu Santo.
21 Y dará a luz un hijo, al que pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados. 22 Todo esto ha pasado para que se cumpliera lo que había dicho el Señor por boca del profeta Isaías:
23 Sepan que una virgen concebirá y dará a luz un hijo y los hombres lo llamarán Emmanuel, que significa: Dios-con-nosotros.>>
24 Con esto, al despertarse José, hizo lo que el Ángel del Señor le había ordenado y recibió en su casa a su esposa.
25 Y sin que tuvieran relaciones dio a luz un hijo al que José puso el nombre de Jesús.

 <<Frases escuetas, casi tímidas, no osan deshojar el ministerio de María, la mujer Virgen a través de
la cual la vida de la tierra sube hasta Dios para ofrecerse como un obsequio. Un enviado atraviesa la noche y dialoga con palabras calladas. Sugerencia de un mundo abierto a presencias activas de Dios.>>
Respecto a la virginidad de María, ver comentario de Lc 1,26.
María está comprometida. En el pueblo judío esta situación daba prácticamente los derechos del matrimonio, especialmente los de la vida conyugal, solamente que la mujer seguía viviendo en casa de su padre y bajo su autoridad. La sociedad judía era tremendamente machista. Una mujer debía pertenecer a un hombre, ya fuera su padre, su esposo o su hijo. María ya es esposa de José, pero él no dispone totalmente de ella hasta que la reciba en su casa (v. 20 y 24).
La inmensa mayoría de los que interiorizaron la actitud de María, llega a la conclusión de que desde siempre se había reservado para Dios. Pero una tal decisión, tan frecuente en ambientes profundamente cristianos, era inaudita en un ambiente judío. Y si Dios había inspirado a María, ella debía haber encontrado un hombre que, respetando su virginidad, le diera una situación legal de casada.
Si la virginidad de María era cosa muy rara, no lo era tanto que José entrara en ese camino de castidad, pues sabemos que, en aquellos años, varios judíos del grupo de los esenios vivían en unos como conventos en lugares apartados y practicaban la castidad, esperando la venida del Salvador. En eso, José no había de ser un obstáculo para María, sino más bien un apoyo.
José pensó firmarle en secreto un acta de divorcio. El Evangelio nos dice que lo hacía conforme a la Ley (Dt 24,1) para no desacreditarla, pero no aclara las razones por las cuales quería separarse de ella:
- Tal vez porque, al verla embarazada, sospecha algo misterioso y, porque María no se lo comunicó, no tiene otra solución que renunciar a ella.
- Tal vez porque ha aprendido de María lo que sucedió y piensa que no debe estorbar una obra tan grande.
En el primer caso, es difícil pensar que se haya detenido en las dudas respecto a su fidelidad: ni ella ni él eran de los que pueden traicionar, y él lo sabía.
En el segundo caso, según algunos biblistas, la frase debería traducirse: Si bien la criatura que concibió procede del Espíritu Santo, tú eres el que pondrás el nombre de Jesús al hijo que va a nacer.
En realidad, la intervención del ángel no es tanto para dar la explicación del embarazo de María (la criatura que concibió es obra del Espíritu Santo), como para indicar a José el papel que le corresponde en el plan de Dios. Tú le pondrás el nombre de Jesús; o sea, tú lo recibirás como hijo tuyo.
José, descendiente de David. Los profetas afirmaban que el Salvador sería un descendiente del rey David, de la tribu de Judá. Muy posiblemente María no pertenecía a dicha tribu, sino que era, como su prima Isabel, de una familia de sacerdotes (Lc 1,5), o sea, de la tribu de Leví. Dios ha dispuesto que, gracias a José, descendiente de David y padre adoptivo del niño, se realizaran las profecías: Isaías 7,14.
Le pondrás el nombre de Jesús. Jesús es la forma castellana de Jechuá, nombre que significa Salvador.
¡Cuántos varones se quedan en la duda al terminar esta página! ¡Si ni siquiera Dios puede prescindir de ellos!... Pero precisamente se trata de esto. No cabe lugar para dos padres, porque Jesús, que nace de María en el tiempo, es el propio Hijo Único del Padre, nacido de Dios desde la eternidad.
Milagro hay, por supuesto, pero los que tienen algún conocimiento de las investigaciones actuales en biología saben que este milagro no tiene nada de antinatural.


Del Oriente vienen unos Magos

2 1 Habiendo nacido Jesús en Belén de Judá, durante el reinado de Herodes, vinieron unos Magos de Oriente a Jerusalén, 2 y preguntaron: <<¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto su estrella en Oriente y venimos a adorarlo.>>
3 Herodes y todo Jerusalén quedaron muy intranquilos por la noticia. 4 Reunió a todos los sacerdotes principales y a los maestros de la Ley para preguntarles dónde debía nacer el Cristo. 5 Ellos le contestaron que en Belén de Judá, ya que así lo anunció el profeta:
6 Belén, en la tierra de Judá, tú no eres más pequeño entre los principales pueblos de Judá, porque de ti saldrá un jefe, el pastor de mi pueblo, Israel.
7 Herodes, entonces, llamó privadamente a los Magos para saber la fecha exacta en que se les había aparecido la estrella. 8 Encaminándolos a Belén les dijo: <<Vallan y averigüen bien lo que se refiere a este niño. Cuando lo hayan encontrado avísenme para ir yo también a adorarlo.>>
9 Después de esta entrevista, los Magos prosiguieron su camino. La estrella que habían visto en Oriente iba delante de ellos, hasta que se paró sobre el lugar en que estaba el niño. 10 Al ver la estrella se alegraron mucho, y, habiendo entrado en la casa, 11 hallaron al niño que estaba con María, su madre. Se postraron para adorarlo y, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.
12 Luego regresaron a su país por otro camino, porque se les avisó en sueños que no volvieran donde Herodes.

 Para entender bien este capitulo 2 de Mateo, debemos saber que pertenece a un tipo de literatura muy en boga entre los judíos de aquel tiempo, en que la historia se mezclaba a la ficción, y que pretende antes que nada enseñarnos mediante figuras.
Los Magos no eran reyes, sino adivinos y sacerdotes de una religión pagana. Así, pues, mientras los sacerdotes de los judíos, jefes del pueblo de Dios, no reciben aviso del nacimiento de Jesús, Dios lo participa a algunos de esos amigos suyos que están muy lejos de la fe verdadera. Esta lección vale para todos los tiempos: Jesús es el Salvador de todos los hombres y no solamente de los que se ubican en su Iglesia.
Así Dios sabe hablar a todos los hombres por medio de los acontecimientos y de sus propios ideales, que los guían a manera de estrellas. ¿Cómo descubrirá a Cristo el que no busca la verdad, la justicia, el perdón?


La huida a Egipto

o 13 Después que partieron los Magos, el Ángel del Señor se le apareció en sueños a José y le dijo:
<<Levántate, toma al niño y a su madre, y huye a Egipto. Quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes buscará al niño para matarlo.>>
14 José se levantó, tomó de noche al niño y a su madre y se retiró a Egipto.
15 Permaneció allí hasta la muerte de Herodes. De este modo se cumplió lo que había dicho el Señor por boca del profeta: Yo llamé de Egipto a mi hijo.
16 Entre tanto Herodes, al ver que los Magos lo habían engañado, se enojó muchísimo y mandó matar a todos los niños menores de dos años que había en Belén y sus alrededores, de a cuerdo con los datos que le habían proporcionado los Magos.
17 Entonces se vio realizado lo que anunció el profeta Jeremías: 18 En Ramá se oyeron gritos, grandes sollozos y lamentos. Es Raquel que llora a sus hijos muertos.

o Al narrar la matanza de los inocentes y la huida a Egipto, Mateo cita dos palabras de los profetas Oseas y Jeremías referentes a las pruebas que soportó el pueblo de Dios en el pasado. Jesús ha de vivir en el desierto y en la angustia, como sus antepasados. Empieza la persecución cuando nace, y lo acompañará hasta la muerte.
¡Cuántos inocentes han sido muertos a lo largo de la historia! No es que los olvide Dios: les envía un Salvador crucificado que les abrirá las puertas del Paraíso.
Herodes es el modelo de muchos gobiernos más celosos de su poder que deseosos de servir. Pero los enemigos del Evangelio, por más que derramen la sangre inocente, no pueden ahogar a la Iglesia ni contrarrestar los planes de Dios.


José y María vuelven a Nazaret

+ 19 Después de la muerte de Herodes, el Ángel del Señor se apareció en sueños a José, en Egipto. Le dijo: 20 <<Levántate y regresa con el niño y su madre a la tierra de Israel, porque ya han muerto los que querían matar al niño.>>

+ Tendría Jesús dos años cuando José volvió a Nazaret, su patria. En este pueblo Jesús va a vivir treinta años trabajando como artesano, mientras el mundo espera su salvación; pero, con su vida silenciosa totalmente ofrecida al Padre, ya está salvando al mundo.

 21 José, pues, se levantó, tomó al niño y a su madre, y se vino a la tierra de Israel. 22 Pero temió ir a
Judea, sabiendo que allí reinaba Arquelao en lugar de Herodes, su padre. Siguiendo un aviso que recibió en sueños, se retiró a Galilea 23 y fue a vivir en un pueblo llamado Nazaret. Así había de cumplirse lo que dijeron los profetas: Lo llamarán Nazoreo.

 Lo llamarán Nazoreo. Mateo juega con las palabras nazareno (de Nazaret) y nazoreo, la cual se refería a grupos judíos que predicaban y bautizaban. Jesús era a la vez nazoreo (Jn 3,22-26) y nazareno.
Toda esta historia figura de antemano la suerte trágica de Cristo: Salvador desconocido por las élites religiosas de los judíos (los sacerdotes de Jerusalén), perseguido por el poder, Jesús se dirigirá a las naciones paganas para darles el Evangelio (pues Galilea era considerada por los judíos como una provincia medio extranjera y pagana: 4,15).
Muchos se preguntan qué hizo Jesús entre los doce años, edad que tenía cuando se quedó en el Templo (Lc 2,41-51), y los treinta años, edad aproximada de Jesús cuando empezó su ministerio público. Incluso farsantes se autorizan de este silencio del Evangelio para imaginar que Jesús fue a ver a los brujos de India o que estuvo con los extraterrestres…
Conviene, primero, recordar que el Evangelio no es una <<Vida de Jesús>>, o sea, una historia de él desde su nacimiento hasta la muerte. El Evangelio pretende solamente comunicarnos los hechos más sobresalientes y las palabras con los cuales Jesús entregó al mundo su mensaje. Los primeros cristianos no preguntaban cómo era Jesús, si alto o macizo, rubio o moreno, ni cómo se había criado. Los primeros evangelios empezaban con el bautismo de Juan, que inició la predicación de Jesús: así lo vemos en Marcos (Mc 1,1) y Juan (Jn 1,18). Después, Mateo y Lucas pusieron algo de su niñez que ayudaba a entender su mensaje y el secreto de su persona.
Luego, leamos Mateo 13,54-56 si queremos comprobar que Jesús se crió en Nazaret. La gente que se extraña de su actuación no dice: ¡Seguramente viene de otro planeta!, o: ¡Se lo habrán enseñado los sabios extranjeros!, sino: ¿Qué le pasa al carpintero después de tantos años que lo conocemos?
Tercero, digamos que la palabra de Dios siempre es, al mismo tiempo, una palabra de hombre. Un profeta puede decir palabras de Dios por cuanto, como hombre, siente algo y ha experimentado fuertemente algo que quiere comunicar. Jesús habla de las palabras de Dios porque, como hombre, tiene un conocimiento excepcional de lo que hay en el hombre (Jn 2,2). No fueron tiempo perdido los años de Nazaret: Jesús interiorizó la cultura de su pueblo y los acontecimientos que afectaban a su nación; experimentó el trabajo, las relaciones humanas, el sufrimiento, la opresión… Todo esto debía conocerlo él para que sus palabras tuvieran el peso de verdad que hoy todavía encontramos en ellas.


Juan Bautista anuncia la venida de Jesús

o 3 1 En ese tiempo se presentó Juan Bautista en el desierto de Judea, 2 y proclamaba este mensaje: <<Cambien su vida y su corazón, porque el Reino de los Cielos se ha acercado.>> 3 De él hablaba el profeta Isaías al decir: <<Escuchen ese grito en el desierto: Preparen el camino del Señor, enderecen sus senderos.>>
4 Juan vestía un manto de pelo de camello, con un cinturón de cuero, y se alimentaba con langostas y miel de abeja silvestre. 5 Entonces iban a verlo los judíos de Jerusalén, de Judea y de toda la región del Jordán. 6 Confesaban sus pecados y Juan los bautizaba en el río Jordan.
7 Al ver que muchos fariseos y saduceos venían a bautizarse, les dijo: <<Raza de víboras, ¿acaso podrán escapar al castigo que se les viene encima? 8 Muestren, pues, los frutos de una sincera conversión, en vez de confiarse en que son los hijos de Abraham. 9 Yo les aseguro que Dios es capaz de sacar hijos de Abraham aun de estas piedras. 10 Fíjense que el hacha llega a la raíz. Ya están cortando a todo árbol que no da buen fruto y lo arrojan al fuego.
11 Mi bautismo es bautismo de agua y significa un cambio de vida. Pero otro viene después de mí y más poderoso que yo y ¿quién soy yo para sacarle el zapato? El los bautizará en el fuego, o sea, en el soplo del Espíritu Santo. 12 El tiene en sus manos el harnero y limpiará su trigo, que guardará en sus bodegas; pero la paja la quemará en el fuego que no se apaga.>>

Jesús recibe el bautismo de Juan

13 Por ese tiempo vino Jesús de Galilea al río Jordan en busca de Juan para que lo bautizara. 14 Pero Juan se oponía, diciendo: <<Yo soy el que necesito tu bautismo ¿y tú quieres que yo te bautice?>>
15 Jesús le respondió: <<Déjame hacer por el momento; porque es necesario que así cumplamos lo ordenado por Dios.>> Entonces Juan aceptó.
16 Una vez bautizado, Jesús salió del río. De repente se le abrieron los Cielos y vio al Espíritu de Dios que bajaba como paloma y venía sobre él. 17 Y se oyó una voz celestial que decía. <<Este es mi Hijo, el Amado; éste es mi Elegido.>>

o Ver el comentario de Mc 1,1 y de Lc 3.

Jesús es tentado en el desierto

+ 4 1 Luego el Espíritu Santo condujo a Jesús al desierto para que fuera tentado por el diablo. 2 Y después de estar sin comer cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre.
3 Entonces se le acercó el tentador y le dijo: <<Si eres Hijo de Dios, ordena que esas piedras se conviertan en pan.>> 4 Pero Jesús respondió: <<Dice la Escritura que el hombre no vive solamente de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.>>
5 Después de esto, el diablo lo llevó a la Ciudad Santa, y lo puso en la parte más alta del Templo, 6 y le dijo: <<Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí para abajo. Puesto que la Escritura dice: Dios ordenará a sus ángeles que te lleven en sus manos para que tus pies no tropiecen en piedra alguna.>> 7 Jesús replicó:
<<Dice también la Escritura: No tentarás al Señor tu Dios.>>
8 En seguida lo llevó el diablo a un cerro muy alto, le mostró todas las naciones del mundo con todas sus riquezas 9 y le dijo: <<Te daré todo esto si te hincas delante de mí y me adoras.>> 10 Entonces Jesús le respondió: <<Aléjate de mí, Satanás, porque dice la Escritura: Adorarás al Señor tu Dios, a él solo servirás.>>
11 Entonces lo dejó el diablo y acercándose los ángeles se pusieron a servir a Jesús.
12 Oyó Jesús que habían encarcelado a Juan, por lo que se alejó, volviendo a Galilea. 13 Allí, dejando la ciudad de Nazaret, fue a vivir a Cafarnaún, cerca del lago, en los límites de Zabulón y Neftalí.
14 Así se cumplió lo que dijo el profeta Isaías:
15 <<Oigan, territorios de Zabulón y Neftalí y los de las orillas del Mar y de más allá del Jordán; escúchame, Galilea, tierra de paganos.
16 A tus habitantes postrados en tinieblas los iluminó una luz grande. Estaban sentados en la región sombría de la muerte, pero apareció para ellos la luz.>>

+ Este suceso es comentado en el evangelio de Lucas (4,1-13).
Antes de empezar su misión, Jesús venció al espíritu malo lejos de las muchedumbres, cuando aún era desconocido. En el desierto el demonio le hizo ver en forma clarísima que salvar al mundo con los medios que Dios nos propone era aparentemente emprender una obra insensata.
Ordena que estas piedras se conviertan en pan. Jesús podría entusiasmar a la gente, darle un pan que no cueste y solucionar sus problemas económicos sin exigir la superación personal.
Tírate de aquí para abajo. También Jesús podría cautivar admiradores por la abundancia de sus milagros. En realidad, vino para convertir los corazones, y no habrá más milagros de los que sean necesarios para quienes estén dispuestos a creer.
Te daré todo esto si te hincas delante de mí. Ya que los hombres no quieren convertirse, Jesús podría decir que el menor mal es aceptar la realidad e imponerse con los recursos buenos y malos de la política, es decir, pactar con el Malo.
Jesús sale vencedor. Pero también la Iglesia, después de él, encontrará estas tentaciones. Podrá estar tentada de dar a los hombres lo que ellos desean y no la salvación verdadera. Jesús nos enseña cómo hacernos fuertes contra los engaños del Malo, usando la Palabra de Dios.
Estas tres tentaciones recuerdan las tres tentaciones del pueblo de Israel en el desierto (ver Ex 15,22 Ex 17,1 Ex 32). Empezaron a quejarse porque Dios los llevaba por un camino difícil: ¿qué he hecho yo para que Dios me trate así? Luego dudan: ¿Dios puede algo para nosotros? Y al final se apartaron de él para entregarse a un dios más humano.
Ayunó cuarenta días y cuarenta noches: Ex 24,18 y 1 Re 19,8.
Acercándose los ángeles… Después de rechazar la tentación, Jesús encuentra una plenitud. Su corazón limpio le da acceso a un mundo espiritual que existe realmente, tal como los seres y las cosas que nos rodean, pero que escapa a la mirada del hombre. Ahí, siendo el Hijo de Dios, es rey, entre los espíritus servidores de su Padre (Heb 1).


 17 Entonces fue cuando Jesús empezó a predicar. Y les decía: <<Cambien su vida y
su corazón, porque el Reino de los Cielos se ha acercado.>>
18 Caminaba Jesús a orillas del lago de Galilea y vio a dos hermanos: Simón, llamado después Pedro, y Andrés, que echaban las redes al agua porque eran pescadores. 19 Jesús les dijo: <<Síganme y los haré pescadores de hombres.>>
20 Los dos dejaron inmediatamente las redes y empezaron a seguirlo.
21 Más allá vio a otros dos hermanos: Santiago y Juan, que con Zebedeo, su padre, estaban en su barca, zurciendo las redes. Jesús los llamó, 22 y ellos también dejaron la barca y al padre y empezaron a seguirlo.
23 Jesús recorría toda la Galilea enseñando en las sinagogas. Predicaba la Buena Nueva del Reino y sanaba todas las dolencias y enfermedades de la gente. 24 Por eso se extendió su fama por toda Siria.
Le traían todos los enfermos, los aquejados por males y dolencias diversas, los endemoniados, lunáticos y paralíticos, y a todos los sanaba. 25 Lo seguía un gentío inmenso de Galilea, Decápolis, Jerusalén, Judea y del otro lado del Jordán.

 Cambien su vida y su corazón. Pusimos palabras ahí donde suele traducirse: conviértanse. Porque la palabra convertirse significa: tomar otro camino (comentario de Mc 1,14), pero suele entenderse de mil maneras. En boca de Juan Bautista significaba: apártense de sus vicios. En boca de Jesús significaba una renovación de toda la vida a partir de un cambio interior. El Evangelio mostrará que este cambio se debe a un descubrimiento de la misericordia de Dios y es obra de su Espíritu en nosotros.

Las bienaventuranzas

o 5 1 Jesús, al ver a toda esa muchedumbre, subió al monte. Allí se sentó y sus
discípulos se le acercaron. 2 Comenzó a hablar, y les enseñaba así:
3 Felices los que tienen espíritu de pobre, porque de ellos es el Reino de los Cielos.
4 Felices los que lloran, porque recibirán consuelo.
5 Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia.
6 Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.
7 Felices los compasivos, porque obtendrán misericordia.
8 Felices los de corazón limpio, porque ellos verán a Dios.
9 Felices los que trabajan por la paz, porque serán reconocidos como hijos de Dios.
10 Felices los que son perseguidos por causa del bien, porque de ellos es el Reino de los Cielos.
11 Dichosos ustedes cuando por causa mía los maldigan, los persigan y les levanten toda clase de calumnias. 12 Alégrense y muéstrense contentos, porque será grande la recompensa que recibirán en el cielo. Pues bien saben que así trataron a los profetas que hubo antes que ustedes.

o Dios, siglos antes, había dado su Ley por medio de Moisés en el monte Sinaí. Ahora, en otro monte, el Hijo de Dios da la nueva Ley (Ex 20).
Las bienaventuranzas están en el evangelio de Mateo y en el de Lucas, pero cada uno de ellos las trae en una forma diferente (ver Lc 6,20-26). La diferencia más grande no es que Lucas ponga cuatro bienaventuranzas: los pobres, los hambrientos, los que lloran y los perseguidos ahí donde Mateo trae ocho. Pues todas ellas no hacen más que desarrollar un solo tema: Jesús trae la felicidad a los que el mundo tiene por desdichados. Más debemos fijarnos en que las bienaventuranzas no se dirigen a las mismas personas en Mateo y en Lucas.
Lucas nos da las bienaventuranzas tales como Jesús las proclamó. El se dirige al pueblo sufrido, siendo uno de ellos, y les habla como hacían los profetas, sin entrar en distinción de personas: ustedes, los pobres, son los primeros beneficiarios de las promesas de Dios; ustedes son felices porque ahora Dios les encarga su mensaje y son ustedes los que pueden transmitir al mundo los secretos de la misericordia de Dios. Ustedes, que viven continuamente dependientes de otros y de las circunstancias, son los que pueden experimentar mejor las atenciones de Dios.
Mateo, en cambio, adapta las palabras de Jesús para sus oyentes. En su tiempo, la Iglesia se había difundido ya y, en sus comunidades, había de todo: esclavos, gente sencilla y acomodada. Y les muestra que para todos ellos el Evangelio tiene un significado. No es el solo hecho de sufrir o ser pobres lo que nos hace agradables a Dios, sino una actitud espiritual y una forma de vida. Por eso dice: Felices los que tienen espíritu de pobre. Y añade entre los felicitados a los de puro corazón, los que siembran la paz, los que son pacientes.
En resumen, Lucas dice a quiénes la evangelización se dirige en prioridad, y es al pueblo de los pobres, de los trabajadores y de los postergados. Las bienaventuranzas de Lucas son un llamado a quienes todavía no entraron al Evangelio y la Iglesia. Mateo, por su parte, expresa cómo deben ser los que están en la Iglesia, para hacerse dignos de Dios, que los llamó. Y sus bienaventuranzas son como una nueva Ley, que pide disposiciones interiores antes que actos exteriores.
Felices… porque de ellos es el Reino de los Cielos. Aquí encontramos un modo de hablar de los judíos del tiempo de Jesús. Por respeto a Dios, no querían nombrarlo y preferían designarlo con otras palabras: el Cielo, el Poder, la Gloria. El Reino de los Cielos significa exactamente: el Reino de Dios, lo mismo que el Padre que está en los Cielos significa el Padre-Dios. No se trata de la recompensa que tendremos después de la muerte, <<en el Cielo>>, sino del Reino de Dios que llega a nosotros en esta tierra con la proclamación de Jesús.
Felices… porque poseerán la tierra. ¿Será que Jesús promete a los pobres una recompensa material, o bien debemos entenderlo en forma figurada, <<espiritual>>? En ningún lugar del Evangelio se distingue lo material y lo espiritual: ni siquiera se nombra <<lo espiritual>> en todo el Evangelio. Cuando Dios hablaba, por boca de los profetas, prometía a su pueblo un mundo feliz en que verían colmadas todas sus aspiraciones: buenos banquetes con jugosos asados, larga vida, tiempo clemente en que nunca faltaría la lluvia sobre las tierras áridas, liberación del yugo de los ricos y opresores, reino de la justicia. Pero, más que todo esto, Dios se haría presente y comunicaría su Espíritu a los hombres: <<Ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios>>.
Por eso Jesús proclama las bienaventuranzas como una letanía en que las figuras más diversas cubren una misma realidad: el Reino de los Cielos es, al mismo tiempo, la tierra, o sea, la tierra de Palestina prometida a los hijos de Abraham. Los que tienen hambre de justicia recibirán a la vez el pan y la santidad de Dios, puesto que justicia significa también, en la Biblia: estar en gracia de Dios.
Felices… porque recibirán consuelo. Mientras estamos en la tierra es consuelo nuestro ver que Dios nos quiere y nos atiende. También es consuelo nuestro, cuando él no atiende nuestras peticiones, saber que nuestra cruz tiene un sentido y un valor. Es consuelo nuestro ver los pasos que se dan en el mundo para más justicia y para que se reconozca la dignidad de todos aquellos que antes fueron despreciados. También nos consuela saber claramente que Dios dará a la humanidad, en la otra vida, más de todo lo que pudimos esperar y merecer.
Felices… los que lloran. Jesús no se dirige a personas fracasadas en espera de su propio consuelo. En el idioma bíblico, los que lloran (Is 61,1), los pacientes (Sal 37,11), son personas que esperan una ciudad de justicia para todos. Porque Dios no se propone satisfacer un sinnúmero de peticiones egoístas, sino que, desde el principio de la Biblia, prometió a Abraham una bendición y salvación para toda la humanidad.
Felices… los que son perseguidos a causa del bien (o de la justicia), dice Mateo, y tanto él como Lucas traen una última bienaventuranza: Felices ustedes cuando por causa mía los maldigan, los persigan y les levanten calumnias. Pues Lucas y Mateo saben por experiencia que es imposible anunciar el Evangelio sin sufrir persecución. Bien es cierto que, en muchos lugares la sociedad acepta oficialmente las palabras que Dios dirigió en el pasado a los profetas y las del Evangelio. Estas palabras están en los libros, y hay una manera de entenderlas que no inquieta demasiado a la gente. Pero, en cuanto uno hace obra de profeta, con palabras actuales y con gestos concretos, revolucionarios, para transformar las relaciones humanas conforme al Espíritu de Jesús, inmediatamente se presenta, solapada o abierta, la persecución. Y esto pasa no solamente en el campo de la actuación política, sino en todos los sectores de la vida, y hasta en los conventos.
¡Felices!, dice Jesús. El no viene como los demás maestros en religión para recordar los mandamientos antiguos o para añadir nuevos. Su primera misión es de proclamar que se termina una etapa de la historia e iniciar la nueva era del Reino de Dios.
Se terminaba esa Historia Sagrada en que los hombres siempre estaban esperando y Dios no podía hacer otra cosa que darles ánimo, prometiendo un mundo mejor, invitándolos a trabajar por la justicia, o a esforzarse por una conducta más sincera. Este era el tiempo de los Profetas.
Pero, con Jesús, empiezan los tiempos del Reino de Dios, y somos felices porque Dios se hizo presente entre nosotros. No por esto se han terminado nuestras inquietudes o nos olvidamos del mundo presente. Y la Iglesia dejaría de ser la Iglesia si en ella no se escuchara la palabra justicia. Nuestra experiencia, sin embargo, no es la misma de los profetas, porque Dios ha llegado a los hombres y nosotros fuimos reconciliados. Y de mil maneras se verifica para nosotros lo que dice el Señor en esta página: recibirán consuelo; obtendrán misericordia; verán a Dios. Ahora entendemos la paciencia de Dios, porque experimentamos una renovación y una seguridad que no se pueden decir. Ahora sí que podemos sembrar la paz, porque ya la tenemos, y no nos angustia nuestra pequeñez frente a las fuerzas del mal, porque todo lo que podemos hacer no es nada en comparación de lo que Dios va obrando en nosotros: Felices… porque serán reconocidos como hijos de Dios. Y lo grande es que no solamente nos llamamos hijos de Dios, sino que lo somos.


Sal y luz de la tierra

 13 Ustedes son la sal de la tierra. Y si la sal se vuelve desabrida, ¿con qué se le puede devolver el
sabor? Ya no sirve para nada sino para echarla a la basura o para que la pise la gente.

 Jesús nos llama a cambiar el mundo. Esto no significa que toda la humanidad va a ser católica. Pero la Iglesia debe ser sal y luz para todo el mundo.
Los judíos no se fijaban tanto en que la sal da sabor, sino en que conserva los alimentos. Alianza de sal era la alianza de Dios con Israel, por cuanto era duradera y aseguraba la permanencia del pueblo elegido por Dios (Núm 18,19). Y las ofrendas se sazonaban para recordar dicha alianza perpetua. Por eso los discípulos de Jesús son llamados sal de la tierra: la porque ellos hacen entrar al mundo en la alianza con Dios. Son ellos los que mantienen en el mundo las inquietudes por la justicia verdadera y, con esto, impiden que la historia o la sociedad humana se estanquen en la mediocridad o a medio camino.
La Iglesia en su conjunto tiene que ser esta ciudad construida sobre un cerro, que todos pueden notar: un lugar fraternal y una casa donde se hospeda la verdad.


o 14 Ustedes son luz para el mundo. No se puede esconder una ciudad edificada sobre
un cerro. 15 No se enciende una lámpara para esconderla en un tiesto, sino para ponerla en un candelero a fin de que alumbre a todos los de la casa. 16 Así, pues, debe brillar su luz ante los hombres, para que vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre de ustedes que está en los Cielos.

o Hijos de la luz. Ef 5,8; 1 Pe 2,12; 2 Tes 5,4.

Una ley más perfecta

+ 17 No crean que yo vine a suprimir la Ley o los Profetas. No vine a suprimirla, sino para darle su forma definitiva. 18 Les aseguro que primero cambiarán el cielo y la tierra antes que una coma de la Ley: todo se cumplirá. 19 Por tanto, el que deje de cumplir uno de los mandamientos de la Ley, por insignificante que parezca, y enseñe a los hombres a desobedecerlo, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; al contrario, el que los cumpla y los enseñe será grande en el Reino de los Cielos.
20 Y les digo que si su vida no es más perfecta que la de los maestros de la Ley y los fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos.

+ Les aseguro que primero cambiarán el Cielo y la tierra… todo se cumplirá. La Ley es una expresión que, en el tiempo de Jesús, tenía varias significaciones:
1. Designaba el conjunto de mandamientos y prácticas ordenados por la religión judía. En este sentido, Pablo afirma que los
cristianos procedentes de otro pueblo y otra cultura que el pueblo judío no tienen por qué observarlos (Gál 2,14-16).
2. También la Ley, o la Ley y los Profetas era una manera de designar el Libro Sagrado.
3. En varios lugares, la Ley pasa a designar toda la religión judía basada en la Biblia, y es el sentido que Jesús le da en este lugar.
Pero luego (19) viene otra palabra de Jesús: el que deje de cumplir…, y también está: si su vida no es más perfecta. (20). La primera se refiere a los mandamientos de la Ley, y la otra a su espíritu.
Las leyes de Israel se debían, en parte, a los fundadores de este pueblo: Moisés, Josué, Samuel. Luego los profetas habían propiciado una legislación social. Más tarde los sacerdotes presentaron en otra forma las leyes de Israel, insistiendo en las prácticas religiosas. Todas estas leyes están en la Biblia; a veces nos cuesta establecer un orden entre tantas prescripciones, que no siempre se compaginan.
Por eso, antes que viniera Jesús, los maestros de la Ley empezaron a multiplicar los comentarios para precisar todo lo que se entendía difícilmente y para adaptar las leyes de la Biblia para gente que vivía en un mundo diferente.
Era útil este trabajo de los maestros de la Ley, pero había algo mejor que hacer. Cuando Jesús propone una ley más perfecta, no se trata de renovar las leyes religiosas o de dar más mandamientos; nos invita más bien a interiorizar el espíritu de la Ley.
Imitar a Dios (5,48), éste es el espíritu de la ley, y más importa fijarse en la misericordia del Padre que recorrer sus mandamientos. El que piensa de Dios como hijo suyo, lleva vida mucho más perfecta que la de los fariseos, que solamente se preocupan por cumplir bien sus deberes. Este ya ha entrado en el Reino de los Cielos )20).
Jesús nos enseña al Padre, y con esto le da su forma definitiva a la Ley o enseñanza de Dios.
En realidad, muchas personas podrían aprovecharse de las palabras de Jesús y decir: <<¡Menos mal! Ya no hay tanto que cumplir; la religión va a ser más fácil!>> Por eso Jesús precisa: El que no cumpla hasta lo más mínimo de la Ley no entrará al Reino. No entrarán aquellos que siempre tienen pretextos para disculpar su dejación: <<Estos mandamientos no son muy importantes.>> Hay otros, en cambio, que fueron cumplidores de la Ley hasta el día en que Jesús les mostró que lo más importante no era la Ley, sino su espíritu. Estos, al seguir a Cristo, no pensarán haber encontrado un camino más fácil, sino el llamado a una vida más perfecta.


 21 Ustedes han escuchado que se les dijo a sus antepasados: <<No matarás, y el que mate deberá
responder ante la justicia.>> 22 Yo les digo más: Cualquiera que se enoje contra su hermano comete un delito, y el que lo trate de tonto merecería responder ante el Tribunal Supremo, y el que lo trate de renegado de la fe es digno del infierno. 23 Por eso, cuando presentes una ofrenda al altar, si recuerdas allí que tu hermano tiene alguna queja en contra tuya, 24 deja ahí tu ofrenda ante el altar, anda primero a hacer las paces con tu hermano y entonces vuelve a presentarla. 25 Llega a un acuerdo con tu enemigo mientras van de camino, no sea que tu enemigo te entregue al juez y el juez al carcelero y te echen al calabozo. 26 Te aseguro que no saldrás de ahí sino cuando hayas pagado hasta el último centavo.

SER RESPONSABLES.-EL PURGATORIO

 La palabra responsable viene de responder. Es persona responsable la que puede responder de sus actos en cada momento.
Vamos a responder de nuestra vida ante Dios, que es la Verdad. Dejemos, pues, de llamar solamente pecado a aquello que los hombres notan y condenan. Mi pecado es el odio que tengo a mi hermano o el rencor que guardo vivo dentro de mí y que me lleva a desearle el mal: el que le trate de tonto… (22).
La comparación de los dos adversarios que caminan juntos nos enseña que no debemos aplazar constantemente el momento en que nos pondremos a arreglar las cuentas y a enderezar nuestra vida. Mejor vale hoy que mañana. La cuestión no es solamente de arrepentirnos sino también de reparar el mal que hemos hecho. Reparar el mal no es solamente devolver a mi prójimo su martillo que me había llevado. También es ver por qué tengo una personalidad tan poco firme que me dejo llevar por cualquier deseo. También es fortalecer mi conciencia débil con la oración y la meditación de la palabra de Dios.
A menudo reconocemos que somos fríos para amar a Dios, poco perseverantes en el camino del bien. La razón de esto se debe a que desde años hemos cometido muchos pecados y maldades: logramos olvidarlos, pero no hemos reparado los daños que hicieron a nuestra conciencia. Y mientras andamos sonrientes e irresponsables, arrastramos estas torpezas y tonterías como otras tantas cuentas no arregladas.
No saldrás de ahí hasta que hayas pagado el último centavo. Todo el mal enterrado en nuestra conciencia deberá ser sacado a la luz antes de que entremos a la Verdad, que es Dios. Si no nos purificamos en la presente vida, seremos purificados después de la muerte, y la Iglesia usa la palabra Purgatorio para designar esta purificación dolorosa.


 27 Se dijo a los antepasados: <<No cometerás adulterio.>> 28 Ahora yo les digo que
quien mira con malos deseos a una mujer, ya cometió adulterio en su interior. 29 Por eso, si tu ojo derecho es ocasión de pecado para ti, sácatelo y tíralo lejos; porque es más provechoso para ti perder una parte de tu cuerpo que no seas arrojado entero al infierno. 30 Y si tu mano es para ti ocasión de pecado, córtatela; porque es mejor perder una parte de tu cuerpo y no que vayas entero a parar al infierno.

 Si tu ojo derecho… El cristiano no ha de vivir aparte de los demás: debe imponerse de la cultura moderna, participar en lo gremial, buscar una superación… Sin embargo, si sabe que tal amistad, tal costumbre, tal ambición lo llevarán poco a poco a una traición, entonces no ha de presumir de sus fuerzas: corta tu mano.

+ 31 Se dijo también: <<El que despida a su mujer le dará un certificado de divorcio.>> 32 Pero yo les digo que el que la despide -fuera del caso de infidelidad- la empuja al adulterio. Y también el que se case con esa mujer divorciada comete adulterio.

+ El que despide a su mujer: Ver Mc 10,1; Mt 19,2.
Fuera del caso de infidelidad. En este caso, el esposo traicionado, ¿puede casarse con otra, o solamente debe separarse? Uno de los escritos cristianos más antiguos, el Pastor, de Hermas (año 140), parece dar la respuesta precisa cuando dice en forma de diálogo:
<<Señor, si uno tiene esposa creyente y descubre que es adúltera, ¿cometerá algún pecado al seguir viviendo con ella?>> - <<Hasta que el marido no lo sabe, no comete pecado; pero si advierte el pecado de su esposa, y ella no se arrepiente, al seguir viviendo con ella compartiría su falta y adulterio.>> - <<¿Qué hará, pues, el marido?>> - <<Que la despida y se quede solo. Porque si después de despedirla se casa con otra, él también se hace adultero.>>
Todo esto vale igualmente cuando el adúltero es el marido, pues la mujer tiene los mismos derechos que el hombre, especialmente en el matrimonio (Mc 10,11).
Nótese, sin embargo, que donde leemos: fuera del caso de infidelidad, tal vez se deba traducir: fuera del caso de unión ilegítima, pues el texto es muy equívoco. En ese caso, Mateo se refería al problema de numerosos cristianos de su tiempo, convertidos del paganismo, que al entrar a la Iglesia rompían uniones ilegítimas (1 Cor 7,12-16).


No jurar

o 33 Ustedes aprendieron también lo dicho a sus antepasados: <<No jurarás en falso, sino que
cumplirás lo que has prometido al Señor.>> 34 Ahora yo digo: No juren nunca: ni por el cielo, porque es el trono de Dios; 35 ni por la tierra, que es la tarima de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del Gran Rey; 36 ni por tu cabeza, porque no puedes hacer blanco o negro ni uno solo de tus cabellos. 37 Digan sí cuando es sí, y no cuando es no, porque lo que se añade lo dicta el demonio.

o Son muchos los que hablan de Dios en cualquier momento. ¿Será porque lo conocen de verdad? Los judíos hacían juramentos con cualquier motivo, y jurar es siempre una manera de invocar el Nombre de Dios. Jesús muestras que si lo nombramos tan fácilmente es porque no sentimos el peso de su presencia. ¡Qué cosa más irreligiosa es hacerlo testigo de nuestras sinceridad cuando ni siquiera sabemos lo que hay en nosotros, y nuestra conciencia todavía es impura!
Lo que se añade lo dicta el demonio. Porque procede de una preocupación inquieta por defendernos y justificarnos o porque dudamos de ser creídos, y es que nosotros mismo no sabemos creer a los demás. Los hijos de Dios dejan al Padre, en cuanto lo pueden, el cuidado de su reputación y de su persona. Ver también Mt 23,16 y Stgo 5,12.


Amar a todos los hombres

o 38 Ustedes saben que se dijo: <<Ojo por ojo y diente por diente.>> En cambio, yo les digo: 39 No
resistan a los malvados. Preséntale la mejilla izquierda al que te abofetea la derecha, 40 y al que te arma pleito por la ropa, entrégale también el manto. 41 Si alguien te obliga a llevarle la carga, llévasela el doble más lejos. 42 Dale al que te pida algo y no le vuelvas la espalda al que te solicite algo prestado.

o Si alguien te obliga. Jesús habla a un pueblo de campesinos oprimidos y vejados por las tropas extranjeras. La reacción de ellos es, habitualmente, la sumisión callada que simula el rencor y prepara la venganza.
No resistan a los malvados… En todos los casos en que somos el único perjudicado, sería mucho mejor perdonar y poner nuestra causa en manos de Dios en vez de entrar en una lucha, aun legal y legítima, que nos hará cada día más apegados a nuestros intereses y nuestros derechos.
Pero, muchas veces, resistir al agresor es el primer paso para educarlo y obligarlo a actuar en forma más justa y responsable. Y, habitualmente, aceptar que el de arriba me atropelle es darle ánimo para que actúe igual con mis hermanos.
No resistan a los malvados. Este concejo vale para los fuertes, que han demostrado su capacidad para defenderse. Estos, al conceder más de lo que pide el adversario, lo ayudarán a convertirse. Si, en cambio, se trata de personas resignadas que callan bajo la opresión y odian secretamente, lo primero que debemos enseñarles es a que se unan para reclamar sus derechos.
Presenta la mejilla izquierda. Con este consejo tan chocante, Jesús nos ayuda a entender el mecanismo de la violencia y nos enseña el secreto de la acción no violenta. La violencia nunca es el hecho de uno solo. La violencia, igual que la codicia, se despierta al ver la violencia y la codicia de los otros. Podemos estar años sin desear cierta comodidad; a partir del momento en que otros la aprecian, casi nos morimos si no la tenemos. Asimismo, al ver que otros usan provechosamente la fuerza, queremos hacer igual. Y Jesús nos pregunta: ¿Quieren realmente la justicia, o solamente los lleva el espíritu de la rivalidad? El engranaje de la violencia no construye la justicia, y sabemos que la victoria sobre el opresor hace de la victima de ayer el aprovechador del mañana.
Jesús pues, no habla para los que buscan una solución inmediata, siempre decepcionante, sino para los que quieren aportar su piedra a la construcción laboriosa y larga del Reino. Y se nos pide inventar algo mejor que la <<guerra santa>>.
Los que practican el deporte del judo aprenden a desequilibrar al adversario. Y se les dice: Si él te empuja, tráelo en vez de resistir; si él quiere atraerte, no te echas atrás, sino tírate adelante para que vaya al suelo. Aquí Jesús dice lo mismo. Hay una manera de conceder al adversario, el doble de lo que él pide para desbaratar toda su armadura mental y, al final, reconocerá que anda errado.


+ 43 Ustedes saben que se dijo: <<Ama a tu prójimo y guarda rencor a tu enemigo.>> 44 Pero yo les digo: Amen a sus enemigos y recen por sus perseguidores. 45 Así serán hijos de su Padre que está en los cielos. El hace brillar el sol sobre malos y buenos, y caer la lluvia sobre justos y pecadores.
46 Porque si ustedes aman a los que los aman, ¿qué premio merecen?, ¿no obran así también los pecadores? 47 ¿Qué hay de nuevo si saludan a sus amigos?, ¿no lo hacen también los que no conocen a Dios? 48 Por lo tanto, sean perfectos como es perfecto su Padre que está en el Cielo.

+ Este es el único lugar del Evangelio en que Jesús habla de ser perfecto. En otros lugares nos recordó los medios necesarios para alcanzar una vida espiritual: entren por la puerta estrecha… Pero una sola vez habló de ser perfecto como el Padre, refiriéndose al esfuerzo que hacemos para no distinguir entre amigos y enemigos. Ver comentario de Lc 6,32.
No excluir a nadie de nuestra comprensión fraternal: al comienzo hacemos un esfuerzo para amar a esta persona como si no fuera contraria nuestra. Pero con el tiempo adquirimos una visión de las cosas en que comprendemos claramente que todos están en su lugar en el presente mundo, y que Dios los guía a todos. Esto será alcanzar la perfección.
Ama a tu prójimo (Lev 19,18). Al decirlo la Biblia, se refería al compatriota. Promovía la solidaridad dentro del pueblo de Israel; no se fijaba en la fraternidad universal.
Guarda rencor a tu enemigo. Esto no está en esta forma en la Biblia, pero lo equivalente se encuentra en muchas partes (Deum 7, 2-3). Refiriéndose a los pueblos enemigos, no a los enemigos personales, pedía desconfiar de ellos y no convivir con ellos para no compartir sus errores.
El amor a los enemigos: Mc 12,31; Lc 10,27; Rom 13,9; Gál 5,14; Stgo 2,8; Rom 12,20; Lc 23,34; He 7,60; Rom 12,14; 1 Cor 4,12; Ef 5,1.


Hacer el bien sin decirlo

6 1 Tengan cuidado de no hacer el bien delante de los hombres, para que los vean; de lo contrario, el Padre celestial, Padre de ustedes, no les dará ningún premio. 2 Por eso, cuando des limosna, no lo publiques al son de trompetas, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para que los hombres los alaben. Yo les digo que ya recibieron su premio.
3 Tú, en cambio, cuando das limosna, no debe saber tu mano izquierda lo que hace tu derecha; 4 cuida que tu limosna quede en secreto, y tu Padre, que ve los secretos, te premiará.
5 Cuando recen no hagan como los hipócritas, que gustan orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los hombres los vean. Ellos ya recibieron su premio.
6 Tú, cuando reces, entra en tu pieza, cierra la puerta y reza a tu Padre que comparte tus secretos, y tu Padre, que ve los secretos, te premiará. 7 Al orar no multipliquen las palabras, como hacen los paganos que piensan que por mucho hablar serán atendidos. 8 Ustedes no recen de ese modo, porque, antes que pidan, el Padre sabe lo que necesitan.

 Dios no puede premiarnos mientras buscamos nuestro propio interés y el aprecio de los demás. Empezará a escucharnos y a manifestarse a nosotros cuando lo hayamos hecho el único testigo de nuestra vida. El creyente es el que ve lo invisible, y se contenta con saber que Dios también lo ve y sabe.
Dios está en todas partes, pero no tiene oídos para escuchar nuestros <<rezos>>. Es inútil abrir la boca mientras no nos hayamos retirado de todo lo que no es él. Y ¿por qué rezamos nuestras fórmulas con una velocidad tal que ni siquiera nosotros podemos entender lo que estamos diciendo?


El Padre nuestro

+ 9 Ustedes, pues, oren de esta forma:
Padre nuestro,
Padre de los Cielos,
santificado sea tu Nombre,
10 venga tu Reino,
hágase tu voluntad
en la tierra como en el Cielo.
11 Danos hoy el pan de este día
12 y perdona nuestras deudas,
como nosotros perdonamos
a nuestros deudores,
13 y no nos dejes caer
en la prueba,
sino líbranos del Malo.

14 Queda bien claro que si ustedes perdonan las ofensas de los hombres, también el Padre celestial los perdonará. 15 En cambio, si no perdonan las ofensas de los hombres, tampoco el Padre los perdonará a ustedes.

LOS CIELOS.-EL PADRE DEL CIELO

+ Jesús entregó a sus discípulos el Padre nuestro como la oración perfecta que ha de brotar naturalmente del corazón de los hijos de Dios, porque en ella expresan éstos todos sus deseos en la forma y con el orden que corresponde. Jesús compuso el Padrenuestro en forma muy estudiada, como hacían los maestros de su tiempo, para que fuera más fácil de memorizar. En el idioma de Jesús las iniciales de los primeros versos formaban la palabra venir, la cual es la palabra clave de esta oración: ¡venga tu Reino!
Ya señalamos que los contemporáneos de Jesús decían <<el Cielo>> para designar a Dios mismo, pues, por su gran respeto, no se atrevían a nombrarlo. Por eso, también Jesús habla del Reino de los Cielos para decir el Reino de Dios, y del Padre de los Cielos para decir el Padre-Dios.
En realidad, nosotros mismo seguimos hablando del Cielo para designar otro mundo, otra realidad no material en que Dios comparte su felicidad con aquellos que lo quieren. Por eso, cuando hablamos del Padre de los Cielos, esto no significa que esté lejos o encima de nosotros. Más bien tratamos de elevar nuestro espíritu hacia él. Reconocemos que nuestras palabras no son dignas de él y que nuestras preocupaciones son muy limitadas y egoístas comparadas con la grandiosidad de sus pensamientos y la generosidad de su amor. El que podamos dirigirnos a Dios y llamarlo Padre no es cosa común y corriente sino un privilegio muy grande.
La Biblia habla de Dios y también habla del Nombre de Dios. Este término sirve para expresar que toda la creación es una manifestación de Dios y él llena su creación. A pesar de que él no se encuentra en ningún lugar determinado, su Nombre, o sea su presencia activa, su irradiación, su esplendor, está sobre toda criatura.
Santificado sea tu Nombre, es decir: ¡Manifiéstate, que tú seas reconocido conforme a tu inmensa riqueza, esplendor y generosidad! El nombre de Dios es santificado cuando recibe acogida en alguno de nosotros, según el Evangelio de Juan: <<Si alguien me ama, guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él para hacer nuestra morada en él.>> Nosotros necesitamos que venga a nosotros su Reino, pero a él no le hace falta. Lo único que quiere es irradiar su santidad y felicidad en los hijos que se ha escogido. Quiere imprimir su Nombre en nosotros para que, de día y de noche, haya una comunicación misteriosa entre él y nosotros, lo mismo que la hay entre el Padre y el Hijo y quedan unidos por su Espíritu Santo.
Venga tu Reino. El Reino de Dios ya se hizo próximo con la venida de Jesús, y Dios reino en todo lugar donde los hombres han conocido a Dios por la palabra de Jesús. Ya no lo ven como aferrado a sus derechos y soberanía, o como salvador más poderoso que los malos, sino que también lo reconocen en las humillaciones de su Hijo y en el amor que los une. Esta verdad primordial, propia del Evangelio, es de la que brotan la misericordia y la reconciliación. Pero no basta que los creyentes se hayan reconciliado en forma individual; Dios nos hizo fermento en la humanidad para que toda la realidad del hombre, con sus proyectos, sus trabajos, sus construcciones económicas y políticas se encaminara hacia una civilización comunitaria. Todo y todos han de volver al Padre.
Nos corresponde trabajar y sufrir porque llegue el Reino de justicia y verdad: hágase tu voluntad. Pero, en todo caso, no está sujeto a nuestra buena o mala voluntad, a nuestra indiferencia o flojera. El Reino de Dios vendrá con o sin nosotros, porque, en realidad, ya está.
Hágase tu voluntad. Esta palabra, que Jesús pondrá en el centro de su oración en el Huerto, condena muchas oraciones en las que queremos emplazar a Dios. Los que creen tener mucha fe porque constantemente esperan de Dios que solucione sus problemas sin preocuparse ellos por el Reino de Dios, podrían meditar el ejemplo de Jesús (Mt 27,39).
En la tierra como en el Cielo. Esta precisión vale para las tres peticiones anteriores: santificado sea tu Nombre… hágase tu voluntad. Nos recuerda que todo lo que sucede en el universo creado, sujeto al tiempo, depende de otro mundo no creado donde no corre el tiempo: éste es el Misterio del Ser Divino. El Padre, fuente del Ser Divino, goza las riquezas de su infinita perfección en la entrega mutua de las tres personas divinas. En él no hay tristeza ni enojo. Frente a él estás sus elegidos, a los que ve tales como serán después de la resurrección: su creación la ve tal como será al terminarse la historia, unificada en Cristo. Su voluntad la ve realizada y glorificada por todos. Pero somos nosotros, los que vivimos en el tiempo, a los que angustia vivir una realidad imperfecta, un mundo en parto, un triunfo aparente de las fuerzas del mal.
Por eso pedimos que todo llegue a ser conforme al proyecto inicial de Dios, que se cumplirá infaliblemente.
Pedimos al Padre el pan que se comprometió darnos si estamos atentos a su palabra. El hombre moderno cree que toda su prosperidad material depende de su solo esfuerzo. La Biblia, en cambio, afirma que todo depende a la vez de Dios y del hombre. El hombre solo puede conseguir, por un tiempo, milagros económicos, pero derrochará sin provecho las riquezas acumuladas. Solamente si se fija en la palabra de Dios (Deum 8,3) tendrá pan y sabrá distribuirlo. El que espera de Dios, no <<su>> pan, sino nuestro pan, hará uso de toda su iniciativa y empeño para conseguir trabajo, para trabajar en cosas útiles y para promover la justicia en el mundo del trabajo.
El Padrenuestro habla de las deudas que debemos perdonar (6,12). Pero, a continuación, en 6,14, leemos; las ofensas. Es claro que para Jesús, deudas y ofensas son cosas parecidas. Cuando perdonamos al que pide perdón (Lc 17,4), no le hacemos ningún regalo, ni ganamos algún mérito: solamente nos liberamos a nosotros mismos de un rencor que nos envenenaba por dentro. El apegarse a su derecho siempre es una manera de anclarse en este mundo. Dios quiere perdonarnos, o sea, acercarnos a él, pero, mientras nos aferramos a estas cosas ¿cómo lo haría él?
Jesús habla para los pobres, acostumbrados a vivir con deudas que muchas veces no pueden devolver, y también la convivencia obligada con un prójimo muchas veces pesado, multiplica las ocasiones de herirse mutuamente, por incomprensión más que por maldad. El estilo de vida independiente, promovido por la sociedad moderna, considera como un ideal el no deber nada a nadie, manteniendo al prójimo a cierta distancia; pero esta suficiencia nos hace muy difícil entender la misericordia de Dios con los pobres que somos ante él.
No nos dejes caer en la prueba. Así se expresa el que es consciente de su debilidad y de su poca fe. Por más que se sienta animado en el momento presente, sabe que si el Señor esconde su rostro, se quedará desamparado. No tiene miedo a emprender cosas difíciles si Dios se lo pide, porque el que manda también da fuerzas par a cumplir. Pero no presume de sus fuerzas.
Y será más prudente todavía al saber que el enemigo no es el mal sino el Malo. Alguien, más poderoso y más inteligente, lo está acechando para engañarlo, hacerlo desviar de la fe y luego derribarlo, por poco que se sienta seguro y descuide los medios que Jesús nos indicó para perseverar en la fe y en la Iglesia.
Ver otro texto más corto en Lc 11,1.



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