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(OT) Arrebatos superclásicos
Arrebatos superclásicos
Salas hizo su primer gol en River en la Bombonera. Acá, lo manotea el Negro Cáceres.
River y Boca ya pelearon otras veces por jugadores. En la memoria han quedado las disputas por los pases de Salas y de Palermo. Fue empate: uno para cada lado.
La ucronía es un género novelesco que cuenta la historia de lo que podría haber ocurrido si un acontecimiento del pasado se hubiera desarrolado de una manera diferente. Son memorias de lo posible. O de lo imposible. Por ejemplo, hoy podríamos pensar en la notable huella que Marcelo Salas dejó en Boca. También, en la adoración de River hacia la deidad de Martín Palermo, un delantero que le discutió a Angelito Labruna la tabla histórica del gol hasta el día de su retiro en el Monumental. ¿Una locura? Sí. Aunque ambas situaciones pudieron ser reales. Pudieron, simplemente. En el medio sobrevinieron otros arrebatos superclásicos que anticiparon a este nuevo sainete alrededor del pase de Guillermo Burdisso.
Es la tarde del 16 de agosto de 1996. Salas lleva un traje cruzado, una corbata a la que ni siquiera se le hubiese animado Ante Garmaz y la sonrisita de quien está a punto de ganar la lotería. “Tengo muy en claro que es un paso previo para ir a Europa”, dice el Matador en las oficinas de Boca. Hay un preacuerdo con la U de Chile. Salas volverá tres días después para firmar su contrato. Bilardo lo espera. Y lo sigue esperando. Algunos dicen que la operación se cayó porque el jugador pidió en su club de origen el 15%. Otros aseguran que detrás hubo una mano millonaria. A las dos semanas, Salas se pondría la camiseta de River. Estaba escrito: su primer gol se lo haría a Boca.
Es la noche de un 28 de agosto de 1997. Palermo lleva el pelo oxigenado, una camisa blanca y la mano caliente tras la firma del contrato en Boca. Es el final de una larga negociación. Los capítulos se pueden resumir en un par de líneas: un grupo empresario adelantó 1.000.000 de dólares por su pase y se lo ofreció a Boca; Estudiantes estaba inhibido, de modo que fue imposible formalizar el negocio; Gustavo Mascardi, al ver que el equipo del Bambino Veira ya sumó a Caniggia y al Pájaro Hernández, lo ofreció a River; River se acercó; Boca redobló la apuesta y sacó 4.000.000 de dólares. Así, el Loco llegó a pasarse a través del cuello, por primera vez, una tela de color azul y amarilla.
Olé estaba ahí: “Nunca dudé en venir a este club. No le tengo miedo a nada”.
En las memorias quedan otros cruces entre River y Boca por cuestiones de refuerzos. Un caso siglo XXI es el de Fernando Belluschi: López le había dado una prioridad a Macri, pero finalmente lo compraron en Núñez (fue antes de que lo descubrieran, por cierto, los “detectores” de talento del Locarno). Roberto Trotta, la Bruja Berti, Américo Rubén Gallego en aquellos años 70, Roberto Ayala y... Y la lista sigue. Pero, ¿qué hubiera pasado sin esos arrebatos superclásicos?
La ucronía es un género novelesco que cuenta la historia de lo que podría haber ocurrido si un acontecimiento del pasado se hubiera desarrolado de una manera diferente. Son memorias de lo posible. O de lo imposible. Por ejemplo, hoy podríamos pensar en la notable huella que Marcelo Salas dejó en Boca. También, en la adoración de River hacia la deidad de Martín Palermo, un delantero que le discutió a Angelito Labruna la tabla histórica del gol hasta el día de su retiro en el Monumental. ¿Una locura? Sí. Aunque ambas situaciones pudieron ser reales. Pudieron, simplemente. En el medio sobrevinieron otros arrebatos superclásicos que anticiparon a este nuevo sainete alrededor del pase de Guillermo Burdisso.
Es la tarde del 16 de agosto de 1996. Salas lleva un traje cruzado, una corbata a la que ni siquiera se le hubiese animado Ante Garmaz y la sonrisita de quien está a punto de ganar la lotería. “Tengo muy en claro que es un paso previo para ir a Europa”, dice el Matador en las oficinas de Boca. Hay un preacuerdo con la U de Chile. Salas volverá tres días después para firmar su contrato. Bilardo lo espera. Y lo sigue esperando. Algunos dicen que la operación se cayó porque el jugador pidió en su club de origen el 15%. Otros aseguran que detrás hubo una mano millonaria. A las dos semanas, Salas se pondría la camiseta de River. Estaba escrito: su primer gol se lo haría a Boca.
Es la noche de un 28 de agosto de 1997. Palermo lleva el pelo oxigenado, una camisa blanca y la mano caliente tras la firma del contrato en Boca. Es el final de una larga negociación. Los capítulos se pueden resumir en un par de líneas: un grupo empresario adelantó 1.000.000 de dólares por su pase y se lo ofreció a Boca; Estudiantes estaba inhibido, de modo que fue imposible formalizar el negocio; Gustavo Mascardi, al ver que el equipo del Bambino Veira ya sumó a Caniggia y al Pájaro Hernández, lo ofreció a River; River se acercó; Boca redobló la apuesta y sacó 4.000.000 de dólares. Así, el Loco llegó a pasarse a través del cuello, por primera vez, una tela de color azul y amarilla.
Olé estaba ahí: “Nunca dudé en venir a este club. No le tengo miedo a nada”.
En las memorias quedan otros cruces entre River y Boca por cuestiones de refuerzos. Un caso siglo XXI es el de Fernando Belluschi: López le había dado una prioridad a Macri, pero finalmente lo compraron en Núñez (fue antes de que lo descubrieran, por cierto, los “detectores” de talento del Locarno). Roberto Trotta, la Bruja Berti, Américo Rubén Gallego en aquellos años 70, Roberto Ayala y... Y la lista sigue. Pero, ¿qué hubiera pasado sin esos arrebatos superclásicos?
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5 comentarios
ja!
Que asco me dan estos 2
Pelotudo.
1-No parece que hayas entendido, o leído al menos... la nota habla de cuando River y Boca se disputan un jugador en un mercado de pases por contratarlo!
2-La verdad me resbala lo que hagan ese cáceres y el muerto de figueroa que anda pidiendo limosnas en el ¡fútbol de ecuador!... me dolería que un Aimar o Saviola o alguno nuestro se ponga el trapo sucio ese...
No viví para contarlo, pero x lo que escuché dicen que fue así como vos decís.. como que en ese momento los presis hicieron un "acuerdo tácito", dejame ese a mi y vos llevate el otro. Es más, leí tmb que eran muy cercanos macri y davicce, que se reunían 1 vez por semana para hablar de sus negociados mutuos... no digo que esté mal, al contrario, es una forma de coexistir en paz sin tirarse tierra como en estos días...