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Colores... Un arcoíris en la Tierra

Colores... Un arcoíris en la Tierra


6


Un Arcoíris en la Tierra



Gustavo guardaba celosamente la rosa negra entre su playera y su suéter, sabía
que sería penoso que lo descubrieran en su salón. Y más que decir de las
gemelas que le harían un sinfín de preguntas. De la rosa solo sabían Max y él.

Así debía ser. Las horas se comieron en un parpadeo la clase de la señorita
Fuentes y por fin llegó el receso. Pero extrañamente no iba a ver a Colores,
sino a Susana.

Ya había pasado suficiente tiempo para que el distanciamiento entre ellos
producto del orgullo se esfumara.

Llegó a su salón, aún el maestro no dejaba salir. Gustavo vio a Mónica, la
amiga de Susana, pero ella no estaba. Volvió a revisar, fila por fila, pero a la
cuarta vez, ya estaba seguro. Susana no había ido a la escuela.

Gustavo no se molestó en preguntarle a Mónica sobre Susana, se dirigió al
salón de Colores, cuando se topó con René.
- Ya sé que me vas a preguntar – dijo René – y qué bueno que eres tú a
quien me encuentro primero

Gustavo vio extrañado a René. Se veía confundido, incluso se podía decir que
estaba curioso e impaciente – Me vas a decir loco – comentaba René – pero
Esfinge trama algo, no sé qué, pero hay algo de trasfondo dentro de esta
“apuesta”
- ¿Pues qué pasó?
- Verás – Era como si él estuviera esperando a que le preguntara – Aquel
día estaba en una fuente de sodas con Olivia, mi elegida, cuando entró
Esfinge, venía acompañado de un chavo mayor, supongo que es al que
le dicen la locura Speed – y es que todos saben que Esfinge tiene
negocios con Speed y su pandilla – se sentaron justo delante de nosotros
y por lo visto, no se dieron cuenta de nuestra presencia, y como que no
quiere la cosa, pues me puse a escuchar lo que decían. Estaban
platicando acerca del progreso del “secreto”, así dijo Esfinge. Cristian le
dijo a Speed que si seguía en pie su apoyo para ayudarte
- ¿A mí?
- Sí, mencionaron tu nombre, era algo acerca de ti, de Susana y no sé qué
más – Gustavo ya sabía de lo que se trataba – se levantaron a comprar
algo y fue ahí cuando Esfinge me vio, se puso nervioso y ni siquiera me
habló, fue algo raro. Una hora más tarde, me mandó un mensaje
diciéndome que quedaba fuera de la apuesta ya que sabía que le estaba
ayudando a Alfonso y que eso era trampa. Como sea voy a hablar con él
para saber en detalles todo y a ti solo te puedo decir que tengas cuidado,
quién sabe que estará tramando
- No te preocupes – dijo Gustavo – yo me encargo de Esfinge, pero tú...
¿Qué vas a hacer con Olivia?
- ¿Hacer? Seguir con ella. Me la pasé tan bien con ella que no quiero que
esto haya sido un desperdicio de tiempo

Al menos Gustavo sabía que no era el único que se sentía un poco atraído por
su elegida. Cada vez que pensaba eso, Gustavo se concentraba en la imagen de
Susana para que la imagen de Colores se desvaneciera. Era algo cursi pero le
funcionaba. Ahora sí iba en dirección al salón de Linda, iba a entregar la rosa
negra. Tienen derecho a decirle hipócrita.

Minutos después había convencido a Colores de acompañarlo a la cafetería I,
una vez estando ahí, le dijo que cerrara los ojos, extendiera la mano derecha y
esperara su premio. Ella así lo hizo, como un niño en navidad esperando su
regalo. Gustavo nunca había visto a alguien tan feliz por recibir algo. Linda
incluso soltó un pequeño grito de felicidad cuando vio la rosa negra ¡Estaba
tocando una rosa negra natural!
- Son raras – le dijo Gustavo - y muy difíciles de cultivar

Colores no dejaba de ver su rosa - ¡Gracias, gracias, gracias! – De pronto
Linda se aproximó a Gustavo y le dio un beso en la mejilla en agradecimiento.

Gustavo sintió el beso más tierno que le habían dado en toda su vida. Si bien
con Susana se habían besado, era algo diferente, algo especial, algo único. Él
tardó varios segundos en decir algo. Aquel beso lo dejó ido. - ¿Te gustó?
- Cómo no ha de gustarme, ¡es una rosa negra natural!

Gustavo se quedó mirando a Linda. Ella estaba algo cambiada respecto a la
última vez que se habían visto. La última vez ella denotaba un aura de tristeza
y soledad, característica de una emo (o darketa), pero esta vez estaba
sonriendo, y se expresión había cambiado; antes a Gustavo le disgustaba la
idea de hacer cambiarle al menos el color de vestir a alguien que nunca iba a
ser feliz, ahora estaba viendo frente a él a una chava como cualquier otra
chava pero a la vez única, con esa sonrisa que lo había cautivado; sus ojos,
aunque no eran los de Susana (azules, azul impactante) tenían su toque, esos
ojitos negros que se veían a través de varios mechones de su cabello que
cubrían su rostro y aquel mechón rosa que la caracterizaba. Esa mirada tan
inocente que aún seguía contemplando la rosa - ¡diablos! – pensó Gustavo. Se
estaba enamorando de Colores sin siquiera notarlo. Empezó a lloviznar.
- ¡lluvia! ¡sí! – dijo Colores
- ¿Te gusta la lluvia?
- No, en sí no me gusta la lluvia, me gusta lo que viene después
- ¿Arcoíris?
- Exacto. Me gusta ver a los arcoíris. Te sonará chistoso, pero a veces
siento que soy como un arcoíris
- Eres un arcoíris en la tierra
- ¡Qué! No te escuché

Gustavo no sabía por qué había dicho eso. En ese momento sentía una gran
alegría por estar en ese lugar y en ese preciso instante. Delante tenía a la niña
más dulce y simpática que había conocido y saber que no podía tener una
relación más seria con ella ya lo estaba matando. Todo por la apuesta. Todo
por Susana.

Él insistió varias veces que se vieran en la tarde (ya que tenía que invitarla a la
fiesta y además que llevara puesta una blusa rosa), Colores aceptó de buen
grado.

Ya en la tarde, Gustavo vio por primera vez, la verdadera imagen de Linda.

Aún llevaba puesto el collar negro que la caracterizaba, llevaba una blusa
negra con la inscripción en inglés “the death world”, sus jeans color, ah,
adivinen, sí, negros. Unas pulseras y unos zapatos del mismo color terminaban
con el vestuario. Eso sin contar el delineador en los ojos.

Antes que Linda pudiera decir algo, Gustavo la tomó por la cintura y la guío
por unas tres calles – aguarda, ya sabrás el por qué – le decía. Gustavo por fin
se detuvo frente a una tienda de ropa. Una de las más populares en la ciudad.
- ¿Por qué me trajiste aquí? – le preguntó Colores
- Antes que nada, quiero invitarte a una fiesta – ella se sorprendió ante la
sencillez de Gustavo y por lo raro que lo hacía frente a una tienda – Es
en la casa de un amigo, Cristian. Bueno, en realidad es una mansión,
pero verás que te agradará, es en dos semanas
- Me parece genial, pero. ¿A qué venimos a la tienda?
- Oh sí, me pareció estupenda la idea de venir ya que quiero regalarte
unas prendas – Colores parecía confundida – digo, no creo que quieras
ir con lo mismo que traes puesto
- Qué te hace pensar que iré así. Tengo más ropa – Gustavo preguntó el
color – Negra. Solo tengo ropa negra
- Es eso
- Ah, no te gustaría que me vean usando negro
- ¡no es eso! – Gustavo no sabía que decir – Yo solo te quiero regalar
algo
- Pues no lo quiero, gracias
- Por favor.
- No.

Se enfrentaba al reto que Colores no había utilizado ropa de ningún color en
quién sabe cuánto tiempo.

Hacer que cambiara de opinión era una tarea titánica por no decir imposible.

Se enfrentaba a su verdadero reto de la apuesta. Hacer que use otro color que
no sea el negro. Vaya ironía para alguien que le guste que le digan Colores.

La semana siguiente fue un verdadero martirio para él. En principio de
cuentas, era algo de preocupar el hecho que Susana haría el mes que no se
aparecía en la escuela, sumado a que Esfinge tampoco iba, pero al parecer
eran por motivos ya conocidos (viajes a Europa, promoción de los programas
de caridad de su familia, etc.). Gustavo salía solo a visitar a Colores, ya no
hacía caso alguno a las gemelas. Solían almorzar juntos y platican de todo un
poco, y todo les causaba risa como dos... a no, esa es una canción. Todo iba
bien hasta que él tocaba el asunto de la prenda rosa, Colores lo ignoraba o
incluso llegó a irse sin decirle nada. Al parecer eso le molestaba mucho.
- Dime qué hacer – Colores le pidió consejos a su hermano
- Hay que poner las cartas sobre la mesa – Alex estaba serio – te invitó a
una fiesta, pero quiere que vayas con un color de ropa específico ¿no te
parece raro?
- Ya lo sé, al principio creí que eso no me molestaría, pero últimamente
he estado pensado que quizás necesite cambiar. ¡Solo tengo ropa negra
en mi clóset!
- Tienes una blusa café
- Se despintó. Era negra. No cuenta. Tal vez si tenga que vestirme de otro
color, como dice él, debo hacer honor a mi pseudónimo
- ¿Te piensas vestir de rosa solo para complacer a un chico?
- ¡No sé! ¡No sé! – Colores ahogó su grito de frustración con la almohada
de su cama.

Por su parte, Gustavo lo único que podía planear en ese momento era cómo
poder contactar a Susana. Le marcaba a su celular (no tenía teléfono de casa),
le escribía correos electrónicos, dejaba mensajes en todos sus blogs, myspace,
facebook, twitter, metro, etc. Nada. Susana no respondía ni contestaba. Era
como si la tierra se la hubiese tragado. La única forma de hablarle era ir
directamente a su casa, cosa que nunca hizo mientras eran novios, ya que
sentía un poco de pena y no le gustaba mucho tener que irla a verla hasta allá,
ya que vivía muy lejos de la casa de Gustavo.

Ahora él empezaba a preguntarse cómo hacía Esfinge para seguir a Susana, ya
que según él, aún le tenía un ojo puesto, y a Gustavo lo mantenía al tanto.

Cuando hablaba con Cristian sobre eso, siempre era para decirle que Susana
no había ello nada importante ni había visto a nadie.

Gustavo también aprovechó la vez que Esfinge le contó eso para preguntarle
sobre René y Alfonso. Esfinge le comentó que por medio de Speed supo lo
que tramaban ellos dos y que por eso ya no tenían derecho a reclamar los diez
mil pesos. Gustavo no estaba de acuerdo con él, pero tampoco lo desaprobó.

Así pasaron las dos semanas y llegó el día de la fiesta en la mansión Carmona,
Linda le dijo que se verían en la entrada a la mansión (puesto que ya sabía
dónde era). Gustavo llegó 20 minutos antes de lo que había acordado con
Colores. Se sorprendió al ver cómo la mansión había sido decorada con la
intención de llamar la atención. Unas luces de neón que se veían desde cinco
cuadras a la redonda y otras luces destellantes, completaban el juego. El jardín
estaba reluciente, a pesar de ser de noche; incluso estaba ahí, cómo por
capricho de la naturaleza, una fuente adornada de las más espectaculares
estatuas. Todo era digno de ser de Esfinge.

Gustavo estaba atónito por el conjunto de adornos que no se dio cuenta
cuando Linda llegó. Le tocó el hombro ya que estaba de espaldas.

Gustavo olvidó por completo la mansión decorada cuando volteó a ver a
Linda.

Colores estaba vestida muy diferente a lo habitual. Peinada de otra forma, con
maquillaje, una sonrisa muy cambiada y lo que había maravillado a Gustavo:
Colores llevaba puesto un vestido color rosa hermoso, que le llegaba casi a las
rodillas, con escote, que combinaba perfectamente con el flequillo rosa que le
caracterizaba. Gustavo se quedó boquiabierto, cosa que Linda notó
- ¿Entramos?
- Claro – dijo Gustavo, que no podía dar crédito a lo que veía.


Colores... Un arcoíris en la Tierra



5. Una Rosa Negra

7. La Fiesta




(R) D.R 2010
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5 comentarios

@guandalupita Hace más de 3 años
hermosos colore
@luthienyberen Hace más de 3 años
Me perdí...tendré que leer todos los anteriores...

Colores... Un arcoíris en la Tierra
@VIERONA Hace más de 3 años
muy bonito
+1
@ihvela Hace más de 3 años
lindisimo post!

comento desde un cafe internet en el highway a Rio, regreso a comentar seguido ya pronto a MET
@celuchido Hace más de 3 años
que linda debio de haberse visto
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