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Colores... La Fiesta

Colores... La Fiesta


7


La Fiesta



Lo que había en el jardín no se comparaba al interior de la mansión. Había
tanta gente que apenas se podía pasar. Gustavo recordaba algunas de las
fiestas de Esfinge, pero no podía mencionar una que se le pareciera a la actual.

Era una verdadera discoteca. Colores agarró la mano de Gustavo, sentía cierto
temor ante tal gentío. Siguieron caminando hasta llegar a lo que sería la sala
principal, que ahora no se podía reconocer. Solo se podía ver el DJ que estaba
en una mini-tarima al fondo de la sala – quiero bailar – dijo Colores a lo que
Gustavo se negó.
- Tengo que encontrar a Esfinge, bueno. Cristian.

Siguieron hasta llegar al comedor (hay que recordar que Cristian tiene una
mansión por lo tanto todas las habitaciones son enormes). Ahí Gustavo se
encontró con una grata sorpresa. Máximo estaba bailando con Irma; ella
reconoció a Gustavo y lo saludó, eso sí, sin dejar de bailar.
- Al menos se llevan mejor que la última vez que los vi – dijo Gustavo,
una vez que se acercó
- Ya ves, como son las cosas – dijo Irma – Me hizo reír mucho cuando
casi se muere de nervios cuando me invitó a la fiesta, hubieras visto
- Cálmate Irmo – contestó Max
- ¡No me digas así!

Gustavo y Linda se fueron sin despedirse, él no quería causar más conflictos
entre ellos.
- ¿Ya podemos bailar? – preguntó Colores
- No, debo encontrar a Cristian.

De pronto le vino a la mente el lugar donde podría estar Esfinge: El salón de
los placeres. Volvió a tomar la mano de Colores y se dirigieron al segundo
piso. En las escaleras encontraron a Don Chava, el mayordomo, con un gesto
que denotaba su poco gusto por las fiestas extravagantes y locas de Cristian.

Llevaba consigo una charola repleta de botanas, sin duda ese día iba ser un día
muy complicado para el pobre Don Chava

Llegaron a la puerta que conducía al salón de los placeres. La placa “favor de
no ensuciar” seguía ahí, contrastando con el ambiente que se encontraba
en la parte inferior de la mansión. Gustavo le pidió a Linda que se
quedara fuera. Linda aceptó de mala gana. Él tocó la puerta y de adentro
se escuchó la voz de Cristian - ¿Quién se atreve a molestar?
- Don Quijote de la Mancha
- Ah, eres tú, pasa, la contraseña de la puerta “Necesito una jaula”

Colores no pudo evitar reírse por la manera de comunicarse entre Esfinge y
Gustavo, lo cual él lo notó pero no le dijo nada, miró el panel que indicaba “Es
mejor tener un pájaro en mano que cientos volando”, tecleó la contraseña y la
puerta se abrió. El interior estaba perfectamente conservado. No había rastros
de ninguna fiesta. Gustavo entró sigilosamente, como esperando que algo lo
fuera a atacar de un momento a otro.
- Estamos aquí – dijo la voz de Cristian – en el sofá

Al decir “estamos”, Cristian se refería al hecho de que no se encontraba solo,
estaba junto a una chava muy bonita, quien no dio muestras de importarle la
presencia de Gustavo.
- Te veo allá abajo – dijo Esfinge a la chava

La muchacha se levantó del sofá y antes de salir miró a Gustavo y le dirigió
una sonrisa.
- Se llama Laura, tiene un cuerpazo
- Y que lo digas
- Al menos tuve razón
- ¿De qué?
- Hace días pensé que tú ibas a ser el único que no cumpliría el reto. Y
por lo visto no lo hiciste. No trajiste a tu elegida – Gustavo iba a decir
algo pero Esfinge lo calló – no digas nada, es natural. Los emos son
antisociales, si les gustan las fiestas, pero no una cómo estás. No te
culpo, es difícil tratar a una emo. Casi no se les puede tratar. Y más si se
trata que usen otro tipo de ropa. Es asquerosa su manera de vestir
- ¡Basta! – Gustavo tuvo un impulso al oír eso – Colores no es asquerosa,
y ni siquiera sé si es emo. Aquí está, está afuera.

Cristian no dijo nada, empezó a caminar en círculos, era normal en él. Luego
se detuvo y contempló a Gustavo.
- Yo pensé que no la habías traído, disculpa. Es que hay algo que te
puede incomodar
- ¿Qué cosa?

Esfinge le pidió que lo acompañara a la planta baja. Era necesario. No quiso
decir nada. Al salir ya no estaba Linda. Esfinge volteó a verlo como esperando
respuesta – debió bajar – dijo.

Una vez estando en la parte baja de la mansión Esfinge no hacía cosa alguna
más que voltear para todos lados. Luego se detuvo.
- Ahora, ¿Qué pasa? – preguntó Gustavo
- Antes debo preguntarte algo – Esfinge sonaba misterioso - ¿Eres feliz?
- ¿A qué te refieres?
- Con la emo, ¿Eres feliz? ¿Y Susana?

Gustavo no quería que le recordaran a Susana. Gustavo se había enamorado de
Linda y quería olvidar a Susana. Tal vez debido a que llevaba un mes sin
verla, tal vez por la sencillez de Colores.
- Sí, soy feliz con ella, mejor que con Susana – Esfinge se quedó callado
por unos momentos
- Es que creí que no la ibas a traer – murmuró – quiero que voltees hacia
ese lado, allá por donde está un grupito de chavas.

Gustavo volteó lentamente hacia la dirección que le había dicho Esfinge. Vio
a tres chavas, una rubia, una pelirroja y para su maldita suerte, una de cabello
castaño con unos ojos azules hermosos.
- ¡Invitaste a Susana! – gritó Gustavo - ¡estás loco!
- Tú eras quién quería saber todo sobre el otro, pues me dije: “que va,
invítala”, ahí la tienes, le puedes preguntar todo directamente

Gustavo no podía manejar la situación; en solo unos instantes recordó muchas
de las cosas vividas junto a ella: cuando se conocieron, cuando la invitó a
salir, cuando le pidió que fueran novios, su noviazgo, la noche en que
terminaron...

De pronto todo eso se conjugó en un solo sentido: el orgullo. Debía saber
quién era el “otro” y si eso significaba tener que reclamarle en persona, lo
tenía que hacer.
- ¿Qué piensas hacer? – preguntó Esfinge
- Pues irle a reclamar, a decirle las cosas que he querido decirle
- Pues yo te espero, es más, estoy viendo a quien será la próxima en
entrar al salón de los placeres – Esfinge parecía emocionado - aquella
chava de vestido rosa que está hermosa

Gustavo se distrajo con el comentario de Esfinge, volteó a ver a la chava en
cuestión y después se empezó a reír, Cristian se lo quedó viendo.
- Dirás emosa – dijo Gustavo
- ¿A qué te refieres?
- La chava que dices es Colores. Mi elegida.

Cristian no podía creer lo que miraba, hace tan solo unos minutos pensaba que
Gustavo había sido quien no pudo cumplir su reto y ahora sabía que era el que
mejor “avances” tenía, ya que Colores con el atuendo que llevaba ese día, no
parecía en nada a una emo (o darketa) - ¿Estás bromeando? – preguntó
Cristian a lo cual Gustavo negó con la cabeza.
- Es más – dijo Gustavo – te voy a pedir el enorme favor de entretener a
Colores mientras yo voy tras Susana ¿Te parece?
- Claro – Esfinge no parecía del todo convencido

Gustavo se dirigió a donde estaba Susana. Ella al verlo se paró
instantáneamente de su lugar y salió huyendo. Gustavo no parecía
sorprendido, sabía que Susana haría eso.

Mientras tanto Esfinge fue a platicar con Colores. Linda estaba tratando de
localizar a Gustavo cuando Cristian le tocó el hombro.
- Así que tú eres Linda, Gustavo me ha platicado mucho sobre ti
- ¡Tú eres Cristian Carmona! ¡Dueño de casi media ciudad!
- Deja eso para otra ocasión
- ¿Y Gustavo?
- Eso mismo te iba a preguntar, salimos de allá arriba pero al bajar se me
perdió, pensé que iba a estar contigo, pero al parecer también lo estás
buscando
- Así parece

Gustavo seguía persiguiendo a Susana que había aprovechado la cantidad de
gente reunida para escapársele de vista. Vio a Adolfo y decidió preguntarle
sobre Susana
- Hola Adolfo, ¿es tu elegida? – dijo señalando a la chica que tenía al
lado
- Sí, es Tamara
- Hola – dijo Tamara - ¿Tú también viniste a la convención sobre conejos
voladores? – Gustavo frunció el ceño, a lo cual Adolfo se limitó a reírse
- Está loca, es su defecto – dijo Adolfo – y por lo que ves no he podido
hacerle un cambio, pero así me gusta y creo que por nada en el mundo
la voy a cambiar y por cierto dime, a ti te tocó la emo ¿Dónde está?
- Está platicando con Esfinge, creo. ¿Has visto a Susana?
- Susana Bueno Espinoza. Sí, acaba de pasar por aquí, parecía
preocupada
- Bueno, te dejo, tengo que alcanzarla

Adolfo se quedó con un gesto que denotaba que quería seguir platicando,
abrazó a Tamara quien parecía estar buscando con la mirada algún conejo
volador que se paseara por el techo.

- Así que tú eres emo – preguntaba Esfinge a Colores
- ¡No! No soy emo ¿Acaso los emos visten de rosa?
- ¿El hábito hace al monje? – Colores no supo que responder – Te voy a
hacer una pregunta – dijo Esfinge – y quiero que me la contestes con
sinceridad ¿Eres feliz con Gustavo?
- Somos amigos. Si a eso te refieres – Colores se quedó pensando – Digo,
aún no somos novios pero yo creo que sí, si soy feliz con él, a mí me
agrada y creo que yo le agrado también. Sí. ¿Por qué preguntas?

Esfinge volteó en todas direcciones cómo esperando que nadie estuviera
oyendo.
- Pues verás. Veo que eres bonita – Colores se lo agradeció – y digo, es
injusto que una niña especial como tú esté sola. Ve a tu alrededor.
¿Dónde está Gustavo? No crees que debería estar junto a ti, digo, él te
invitó, lo menos que debería hacer es bailar contigo
- Quiero bailar

Esfinge volteó hacia otro lado. Era obvio que no quería bailar con ella.
- Eso sí, si algún día llegas a estar mal con él, quiero hacerte saber que
contaras con un amigo, está es tu casa.

Gustavo llegó con Ignacio. Ignacio estaba sentado con su elegida, Bárbara. Lo
primero que hizo Gustavo era preguntar sobre Susana. Ignacio no supo darle
razón de ella.
- Para qué la quieres ver. Ya tenemos a nuestras elegidas – le dijo en voz
baja – en mi caso, estoy más que contento con ella. Es única.
- No eres el primero que dice eso, todos estamos iguales
- Exacto – Ignacio sonrió – yo creo que esta era la idea original de
Esfinge, y que bueno que haya pensado así

Gustavo iba a responderle cuando lo abrazaron por detrás. Lentamente volteó
para ver de quién se trataba cuando descubrió unos ojos azules.
- Necesitaba que llegaras a esta parte de la mansión para poder decirte
algo – le dijo Susana
- Estás loca, te he estado siguiendo
- Lo sé, pero no podía platicar contigo. ¿Me lo prestas? – Susana se
dirigió a Ignacio – Ahorita te lo devuelvo

Susana seguía abrazando a Gustavo mientras lo conducía hasta la puerta. No
decía nada, parecía muy sospechosa. Al llegar a la puerta lo soltó y se lo
quedó viendo como nunca antes lo había visto.
- No tengo mucho tiempo así que lo diré rápido. Si quieres saber todo
sobre mí y mi comportamiento este último tiempo, veme mañana a las 7
en Tacos Locos, ahí te diré todo lo que sé
- ¿Y por qué no lo haces ahorita?
- No puedo. Ya lo sabrás, por el momento me voy. Te veo mañana.
Repite dónde de acabo de decir.
- A las 7 de la tarde. En Tacos Locos – él solo repetía lo que Susana le
había dicho.

Susana se fue de la fiesta sin más preámbulo. Gustavo se la quedó viendo
hasta que ella desapareció de su vista. Al menos se sentía más tranquilo
consigo mismo. En eso, oyó una voz familiar que lo llamaba desde atrás
- Ahí estás – le gritó Colores - ¿Dónde te metiste?
- Yo...
- Ni me preguntes que hice para deshacerme de tu amigo que ya me traía
harta, el colmo fue que me empezó a contar sobre el escudo de su
familia que según tiene en la puerta
- Esfinge siempre hace eso y si existe ese escudo
- ¡No me intentes distraer que estoy enojada contigo! Primero me invitas
y luego te desapareces. Me quiero ir. Vámonos
- Perdón... Tenía que hacer algo ¿Cómo puedo reponerte este día?
- Me lo vas a reponer – Colores se veía irritada – Mañana. Quiero que me
lleves a La Flor de Trigo
- ¡Mañana! – Gustavo no lo podía creer
- Sí. Mañana a las 5. Pasas por mí. Eso por no portarte bien conmigo hoy.
Niño malo


Colores... La Fiesta



6. Un Arcoíris en la Tierra

8. Tacos Locos




(R) D.R 2010
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4 comentarios

@humarba
asu en un ratin lo leo mientras te dejo +1
@pocho1c
Bien, sigue la trama
@celuchido
ssssss
uuyyyyy
que aprieto
una a las 5y la otra a las 7
uuuyyyy!!!!
jajajajajajajaja
excelente chico
sigue asi

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