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T!eología - La Relatividad de la omnipotencia de Dios

T!eología - La Relatividad de la omnipotencia de Dios

La Relatividad de la Omnipotencia de Dios


Muchos son quienes se cuestionan por qué Dios no actúa en el mundo previniendo destructivos y mortales fenómenos naturales, enfermedades y contiendas entre los hombres, acusándolo de indiferente e incluso de sádico a través de la más simple de las premisas: ¿por qué Dios deja que sucedan estas cosas? He aquí una explicación.

Aún cuando Dios es omnipotente, el supuesto don del libre albedrío (digo ‘supuesto’ porque quiero hacer una lectura objetiva de la terminología Cristiana) coloca nuestra voluntad por encima de la Suya, incluso cuando en el gran final prevalezca paradójicamente la voluntad de Dios. ¿Qué quiere decir esto? Que aún cuando Dios es omnipotente, la voluntad del hombre está temporalmente por encima de Dios.

La omnipotencia del Todopoderoso no admite discusión, pero sí puede decirse de ella que es relativa. El hecho de que la voluntad humana esté temporalmente sobre la Divina no significa que el hombre sea también omnipotente, por el contrario, tener una voluntad regida por el libre albedrío que nos otorga Dios implica una enorme responsabilidad, la cual pagamos con nuestras propias cabezas.
No es válido hacer responsable a Dios argumentando que Éste, omnipotente y con pleno uso de una inteligencia ilimitada, ya conoce o sospecha el camino que cada hombre toma ya sea el bien o el mal. Citemos un ejemplo sencillo: digamos que hoy tengo la fortuna de saber los números ganadores de la lotería del día de mañana: aún cuando conozco la combinación ganadora, debo esperar a que el bolillero expida las bolillas valga la redundancia para hacer efectivo el cobro de mi premio.

¿Qué significa esto? Que hay leyes regentes (paradigmas) a las que no es posible afectar determinativamente (por tanto, son casi absolutas) que me hacen esperar a que el juego se produzca para poder ganar el premio, aún cuando yo sepa de antemano el resultado del mismo. Pues bien, Dios (de quien dijimos, posee una omnipotencia sin discusión pero sí relativa) ha creado la justicia a la cual Él mismo se ha sometido para que el hombre posea la libertad necesaria que requiere la acción del mérito y por consecuencia, el recibir una recompensa por ello.

Si Dios ha elegido someterse a sí mismo a la justicia de las leyes que gobiernan el universo para glorificar el mérito humano (esto es, cuando uno se ha ganado su galardón correspondiente) no se lo puede culpar de los desastres naturales que invaden el mundo, ya que su omnipotencia es plena , como dijimos anteriormente, pero relativa en virtud de justificar el mérito del hombre, pues de actuar Dios sobre el mundo sin consentimiento de la justicia el hombre tendría derecho a reclamarle, por ejemplo, el hacerle la vida más fácil a unos que a otros si así fuere el caso.

Así pues el mundo se rige en torno a las leyes naturales (también creadas por Dios); incluso Dios ha dotado al universo de ‘cierta autonomía’ que le permite gobernar a sus ocupantes, al igual que la ‘supuesta’ autonomía (libre albedrío) que le ha otorgado al hombre; podría decirse que la tierra también constituye un gran ser vivo con una legislatura similar a la humana, que hace y deshace acorde a las leyes universales.

Por lo tanto no es correcto decir que Dios permite el mal sobre el mundo, sino más bien permite el libre albedrío. No es una justificación, sino una consecuencia de las leyes con que ha dotado al universo para que el libre albedrío pueda ejecutarse limpiamente. La muerte del hombre es un destino, uno de tantos. La muerte inducida por la voluntad (el asesinato) tiene una pena consagrada. ¿Puede entonces ser castigada la muerte natural? ¿Constituye un delito o en realidad está siendo confundida con el asesinato? O en otras palabras, ¿lo naturalmente inevitable constituye un delito?

Los más escépticos dirán que en ocasiones el mérito humano es ayudado por el proceso del milagro, y que aquellos que no han sido beneficiados con ello podrán reclamarle a Él cierta justicia al respecto; sin embargo, es sencillo entender que los milagros no constituyen una excepción a la regla de la relativa omnipotencia de Dios, pues aun cuando un milagro se produce por la intervención divina, ésta se justifica en el mérito humano según las reglas estipuladas en los libros canónicos (rezar, ayunar, en definitiva, hacer el bien).

Abundan las evidencias sobre la relatividad de la omnipotencia divina, sobre todo las citadas en el Nuevo Testamento donde Jesús instaura los mandatos divinos a los cuales él mismo se somete, por ejemplo, bautizándose aún cuando es libre de pecados, tan sólo para dar cumplimiento a lo estipulado por la ley divina refiriéndose a la obligación de todos los hombres para con el bautismo, entre otras doctrinas.

Y así como la ley religiosa fue instaurada, las leyes que gobiernan al mundo también fueron instauradas desde la creación de éste para lograr un entorno en el cual el hombre pudiese elevar sus capacidades por sus propios méritos sin tener que apelar a la omnipotencia divina, un reclamo que en definitiva y según las leyes establecidas, resultaría injusto.


Fuente: “T!eología” © Ruben V. Pranevicius (2011)
BigRub.net


P.D.: Si tienes alguna pregunta teológica de difícil solución puedes enviarme un mensaje privado y será respondida personalmente, de esa manera no generamos forobardo.-
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