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El cadaver del hombre que nunca existio

Bueno soy nuevo en la comunidad, pero me gustan estas cositas tenebrosas y bizarras además de enigmantes.
Les contare una historia que leí hace unos años en una revista, una historia que me facino por su grado de misterio. Editado, ya encontre imágenes


El cadáver del hombre que nunca existió

"Han transcurrido ocho años y el misterio que rodea al atropello del paseante de Boisaca se mantiene. Durante meses desató conjeturas de todo tipo en la Prensa. El paso del tiempo no ha proporcionado ninguna pista acerca de la identidad y procedencia del extraño personaje".

Artículo de Iker Jiménez y Lorenzo Fernández publicado en el núm. 8 de Enigmas

Con cierta resignación, el jefe de Gabinete Técnico de la Policía Nacional confirma a Enigmas que "jamás nos hemos encontrado con un caso similar". Tras realizar todo tipo de pesquisas para saber quién es el enigmático individuo que, como surgido de la nada, se puso frente al tren aquella noche del 5 de mayo de 1988, el caso permanece tan misterioso corno al principio.

El cadaver del hombre que nunca existio


Un supuesto suicidio


El expreso Rías Altas se habla puesto en marcha. Atrás quedaba la vieja estación de Santiago de Compostela y el maquinista, José Aira Martínez, se acomodaba en la cabina de mando, consciente de que quedaban más de siete horas para llegar a su última parada: Madrid. Pero la rutina de este experimentado conductor se desvaneció al adentrarse en los boscosos parajes de San Lázaro, a unos seis kilómetros de Santiago. Al tomar la curva cercana al Puente de Paredes, una figura surgió de la nada, rompiendo la oscuridad de la noche. Espantado, el conductor activó las señales acústicas del tren ante la aparente indiferencia de aquel sujeto que caminaba entre los raíles, dando la espalda al convoy y agitando los brazos quién sabe por qué motivo.

Poco más pudo hacer. Quizá fueron milésimas de segundo, tiempo suficiente para que en la mente de este empleado de Renfe quedara graba da la mirada de aquel joven que, en el último instante, giró la cabeza para contemplar la máquina que se le echaba encima.

El atropello fue inevitable. Aira Martínez logró detener el expreso a unos cien metros del accidente y, sin dudarlo, se encaminó rápidamente hacia la cola del vagón dispuesto a auxiliar al accidentado. La esperanza de encontrarle, aunque sólo fuera con un hilo de vida, se desvaneció definitivamente al contemplar la escena que surgía ante sus ojos. En la vía se encontraban los miembros inferiores, separados del tronco, con algunos jirones de ropa. Y junto a ella, el resto del cuerpo presentaba múltiples amputaciones y deformidades como consecuencia del violento choque.

El maquinista no pudo reprimir un escalofrío al contemplar el rostro casi irreconocible del muchacho, cuyas facciones aún estaban contraídas en lo que parecía ser la expresión final de un grito de dolor.

El cadaver del hombre que nunca existio


Aira Martínez acumuló el valor necesario para, junto a su ayudante Carlos Castro, apartar el cuerpo de la vía férrea y cubrirlo con una vieja manta. Después, telefoneó a Luis Vázquez Graña, jefe de la estación de Santiago, para que informara a la Policía del suceso. Minutos más tarde, las luces de los coches patrulla iluminaban la zona. Comenzaba la investigación. La inspección ocular arrojó los siguientes datos: "El fallecido era un varón de aproximadamente 1,65 metros, raza blanca, complexión normal, pelo negro, corto y liso, ojos castaños, orejas muy separadas, rotadas hacia delante y sin circunvoluciones -pliegues del pabellón auditivo externo-". Vestía una camisa gris azulado, jersey gris con hombreras de sky, pantalón negro y zapatillas deportivas blancas del número 42, pese a que su medida de pie era un 39. La vestimenta también correspondía a varias tallas más grandes que la suya. En los bolsillos del pantalón portaba tres billetes de 5.000 pesetas cuidadosamente doblados, uno de 1.000 y dos monedas de cinco pesetas.

El cadaver del hombre que nunca existio


La autoridad judicial se desplazó al lugar del accidente, ordenó el levantamiento de¡ cadáver y su ingreso en el departamento de Medicina Legal del Instituto Anatómico Forense de Santiago de Compostela.

Todo parecía indicar que se trataba de un caso de suicidio. Una vez realizadas las diligencias pertinentes, el expreso Rías Altas continuó su marcha hacia Madrid.

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Joven sin pasado


Las huellas dactilares del joven, como dice el informe oficial del cadáver, eran la pieza clave para conseguir su identificación, ya que carecía de documentos que acreditaran su identidad.

"Mandamos las huellas a toda la región gallega con resultado negativo -afirma Doval-. Se enviaron también a la Central de la Policía Científica de Madrid, arrojando el mismo resultado negativo".

¡Aquel hombre joven no existía oficialmente!

El cadaver del hombre que nunca existio


Las informaciones aparecidas en la Prensa no arrojaban la menor pista sobre el cada vez más célebre "joven de la vía", como se le empezó a llamar. La fotografía del desfigurado rostro del supuesto suicida fue publicada por medios de comunicación regionales y nacionales. Esta iniciativa hizo albergar esperanzas sobre la obtención de pistas, pero, una vez más, el resultado fue nulo.

Incluso algunos programas de televisión de ámbito nacional divulgaron los datos sobre este joven. "Como consecuencia de uno de ellos, tuvimos cuatro llamadas. Procedían de Icod de los Vinos, en Tenerife, de Ceuta; del barrio madrileño de Carabanchel y, por último, de Filgueira, una aldea cercana a Santiago. Eran personas que decían que podría tratarse de algún familiar desaparecido -cuenta el jefe del Gabinete Técnico de la Policía Nacional-. Después de realizar un cotejo dactiloscópico con las fichas de estas personas, comprobamos, lamentablemente para la identificación y afortunadamente para estas personas, que ninguna de ellas se correspondía con las del cadáver".

Todas las investigaciones arrojaban un resultado decepcionante. El muchacho no se encontraba en el archivo oficial de desaparecídos. Parecía la versión española de Kaspar Hauser.

Su inquietante rostro añadía más incógnitas al controvertido asunto. La cabeza era muy voluminosa, poseía dentición completa con algunas piezas afiladas y salientes. Pero el dato que más llamó la atención de los especialistas fueron las orejas: las tenía absolutamente planas, rotadas hacia delante y sin pliegue alguno en el pabellón auditivo externo. Después de que prestigiosos psiquiatras analizaran la imagen del rostro del cadáver, su opinión fue unánime: los rasgos faciales y los pabellones auditivos, sin marca alguna, reflejaban primitivismo y oligofrenia propia de enfermos psí- quicos profundos.

El cadaver del hombre que nunca existio


Esta hipótesis también fue barajada por la Policía Científica, que durante años investigó la posible desaparición del joven en colegios de acogida y centros de deficientes mentales de Galicia y en todo el norte portugués, en colaboración con las Fuerzas de Seguridad Lusas.

Tras numerosas investigaciones, los reporteros de Enigmas consiguieron en exclusiva las fotografías confidenciales del cadáver. Parece casi imposible que un joven de apariencia tan extraña hubiera pasado inadvertido en los alrededores de la vía, una zona rodeada de casas que forman el núcleo rural de Boisaca.

Si se realiza el supuesto trayecto que el finado recorrió por la Rua de Boisaca aquella tarde-noche del 5 de mayo de 1988, se puede comprobar que las viviendas y poblaciones anexas al lugar del siniestro eran numerosas e incluso, que la carretera nacional hacia Lugo, muy transitada por aquellas fechas, pasa por las inmediaciones. A pesar de su extraño aspecto, nadie lo había visto, excepto María González, vecina de una casa aislada de las proximidades, quien aseguró "haber visto a un joven cerca de la vía sobre las cinco de la tarde de aquel mismo día", pero no especificó detalles concretos del muchacho.

En un lugar cercano aparecieron unos extraños círculos concéntricos formados por pequeñas piedras, presuntamente realizados por el muchacho aquella tarde. Estaban dibujados con decenas de guijarros y guardaban una simetría perfecta. Varios psicólogos consultados declararon a la Policía que podría tratarse de algo semejante a los ejercicios que realizan los deficientes psíquicos en algunos procesos de aprendizaje. ¿Se trataba de algún mensaje?

Las imágenes del archivo policial que recogían estos símbolos recuerdan a los mensajes manuscritos aparecidos sobre los cadáveres de los contactados que se suicidaron en Tarrasa en 1972 (ver Enigmas año II núm. l). ¿Podría tratarse de un caso semejante? La actitud de mantenerse erguido, aparentemente ajeno a la llegada del tren, que le venía encima a gran velocidad, suscita numerosas conjeturas. Y las incógnitas continúan.

El cadaver del hombre que nunca existio


La sepultura número 7621


"Es una cosa rarísima, rara, muy rara...", asegura Antolín Doval cuando hace balance del caso Boisaca. Nunca se habían topado con un suceso semejante. Este dato lo corroboró el popular criminalista y ex director de El Caso Juan Ignacio Blanco, para quien "nunca se ha dado un suceso de aparición repentina y muerte de estas características en la que no se ha llegado a identificar completamente a la víctima. Es, sin lugar a dudas, muy extraño, único..."

Según nuestras pesquisas, el cadáver había sido enterrado en el cementerio de Boisaca. Sin embargo, apenas nadie sabía el lugar exacto donde reposaban los restos de este aparecido. En los archivos del cementerio figura la orden de entrada del cuerpo de un varón sin identificar, fechada el día 25 de mayo de 1988 -veinte días después del suceso-. Una tardanza excesiva entre la fecha del levantamiento del cadáver y su orden de enterramiento, como ratifican los médicos. La sepultura municipal de beneficencia de segunda clase número 7621 había sido su última morada. El registro del municipio mantiene que los restos mortales fueron trasladados el 14 de septiembre de 1995 a la fosa común tras prescribir el plazo asignado a las sepulturas de este tipo. Sin embargo, según aseguró el sepulturero municipal, la única persona que realiza los traslados en dicho campo santo desde hace más de treinta años y que ayudó a localizar la tumba, 'jamás se habían movido aquellos restos".

¿Por qué, oficialmente, ya no estaba el cuerpo en aquel lugar? En esas mismas páginas, aparecía una frase que añade más misterio al caso: "No se puede consultar". Esto es algo que ni el sorprendido funcionario logró comprender. En el viejo cementerio municipal, distante varios kilómetros de la ciudad y con los planos de las tumbas, no hay rastro de la losa, debajo de la cual están los restos de aquel joven. Se había perdido toda referencia acerca de la sepultura 7621. Finalmente, Enigmas descubrió la pequeña parcela de terreno donde reposaban los restos del cadáver de Boisaca. En aquel pedazo de terreno no había lápida, numeración ni señal que indicara que allí yacía el difunto. Pero según corroboró el sepulturero: "Aquí está". No son muchas las hipótesis que restan para dar una explicación convencional a este intrigante enigma. Las más lógicas quedan descartadas tras realizar un análisis minucioso de las características del caso. La Policía y la investigación oficial han eliminado las más lógicas acerca del origen del paseante de Boisaca y del móvil que desencadenó el atropello en la vía férrea.

La investigación conjunta, realizada con la Policía portuguesa, descartó la posibilidad de que el sujeto hubiera huido de algún centro psiquiátrico o de acogida de personas con deficiencias. Queda también descartado que pudiera tratarse de algún mendigo. Sus manos finas, cuidadas y sin callosidades, además del cuerpo aseado y la ropa de marca, no dejan lugar a dudas sobre esta cuestión. ¿Quizá un sordomudo extraviado en alguna visita a Santiago y accidentalmente arrollado? En ese caso existiría una denuncia de desaparición y una reclamación del cuerpo, tras ser publicadas las fotografías del cadáver. Además de éstas, surgen muchas más incógnitas: ¿Por qué caminaba de espaldas al tren? ¿Desconocía acaso el peligro que entraña un expreso a toda velocidad? Si esta fuera la hipótesis acertada, se trataría de un joven recluido durante dos décadas en algún habitáculo familiar, ajeno al rodar del tiempo, como también ha supuesto la Policía. Desgraciadamente, en algunos ambientes aislados y de bajo nivel cultural, el temor a la respuesta de la vecindad ha provocado la ocultación por la propia familia de algunos bebés con deformaciones. Quizá alguna de estas familias decidió abandonar al joven junto a la vía del ferrocarril, lo que explicaría que, escondido durante años, no llevara documentación ni estuviera filiado oficialmente. También sería lógico que dichos familiares no realizaran jamás reclamación de ningún tipo al saber del trágico desenlace.

Pero incluso esta posibilidad no aclara infinidad de puntos oscuros. La ropa cara y poco usada que llevaba el individuo, y aún más las 16.010 pesetas que portaba cuidadosamente dobladas en uno de sus bolsillos, dinamitan por completo la teoría del secuestro familiar.

Las hipótesis lógicas faltan en su totalidad y muchas personas conocedoras del caso, se han planteado otras que pudieran parecer más fantásticas. La posibilidad de que un muchacho en estado semisalvaje fuera arrollado por el tren pasó también por un riguroso análisis. La ropa, varias tallas mayor, podría ser robada, como el dinero. Sin embargo, un atraco no se corresponde, según los psicólogos consultados, con los parámetros de comportamiento de un ser irracional. La ropa y el dinero tampoco figuran en la denuncia que el afectado debiera haber cursado, con más motivo aún dada la divulgación que se dio al asunto y la constante petición de ayuda por parte de la Policía.

Viajero del espacio y del tiempo


Ante todas estas preguntas sin respuesta "en un caso único por sus características", como ratificó el mismo agente de Policía que investigó el asunto, no podemos reprimir la tentación de añadir una hipótesis más por aventurada que parezca: se trata de un salto en el tiempo y en el espacio, ya que no son pocos los sucesos que se cuentan de personas aparecidas repentinamente en un lugar sin saber ni de dónde ni cómo han llegado hasta allí y algunos de ellos también han muerto como consecuencia de un accidente.

Un caso clave, parecido a éste y muy bien documentado, fue el protagonizado durante el verano de 1950 por el comerciante norteamericano Rudolf Fenz.

La Policía encontró varias tarjetas y documentos pertenecientes a este individuo en los bolsillos después de ser arrollado por un furgón en plena Quinta Avenida neoyorquina. Era un hombre de mediana edad. Vestía traje impecable y muy anticuado, de telas demasiado gruesas para ser verano. La levita negra y los puntiagudos zapatos de hebilla le daban un aspecto de lord británico del pasado siglo. En el interior de los bolsillos, los agentes hallaron, además, varios billetes ya retirados de la circulación, y una carta perfectamente conservada dirigida a Rudolf Fenz con un matasellos ¡de 1876!

Las autoridades investigaron el caso y las conclusiones fueron sobrecogedoras. Se localizó el nombre de Rudolf Fenz Jr. en un antiguo listín telefónico, pero este hombre había muerto varios años atrás. Era el hijo de una persona del mismo nombre desaparecida inexplicablemente mientras paseaba por una vereda próxima a su domicilio. La sorpresa de las autoridades judiciales fue extrema al verificar la existencia en las listas de desaparecidos de Norteamérica, en 1876, de un nombre, el de Rudolf Fenz.

Los testigos del accidente aseguraron que aquel individuo apareció casi instantáneamente ante el automóvil, sin dar tiempo a reaccionar al conductor. Para muchos, era como si en la calzada hubiera surgido un despistado, que daba la espalda al intenso tráfico de la Quinta Avenida. ¿Era aquel Rudolf Fenz de 1876 el infortunado difunto de 1950? ¿Podría tratarse de un salto de semejantes características el que provocó el accidente de Boisaca?

De momento, es una de las pocas hipótesis aún no descartadas. Y es que el paseante de la vía, llegado quién sabe de dónde o abandonado quién sabe por quién, dejó su último mensaje sobre la piedra y no se movió ante la presencia del expreso Rías Altas.

Los investigadores tienen la esperanza de que alguien, en algún lugar, pueda todavía arrojar luz sobre el extraño muchacho que nunca existió

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9 comentarios

@fckrtaj Hace más de 3 años
ooooo
demaciado extraño, el suceso del joven y tambien el de rudolf fenz, no sabia ninguno, muy interesante
@MK314 Hace más de 3 años
fckrtaj dijo:ooooo
demaciado extraño, el suceso del joven y tambien el de rudolf fenz, no sabia ninguno, muy interesante

sin duda un capricho interesante
@samiraa Hace más de 3 años
Gracias MK314 por la Recomendación, entretenida lectura... +1
@zamuel5 Hace más de 3 años
WENISIMO TU APORTE ya lo habia leido en otra parte..,. pero realmente se me habia olvidado... voy a buscar lo demas, si te hcieras un post mis puntos fueran para vos

z s h
@zamuel5 Hace más de 3 años
PUES QUE ESPERAS PARA HACER EL POST???????????????

Z S H
@MK314 Hace más de 3 años
creo que cuando me enviaste un mp diciendome que le habias agregado imagenes, me gano una mescla entre morbo y deseos de leer denuevo el texto por que me parecio tan interesante el fenomeno antropologico que nos presentaste que bueno aqui me tienes denuevo comentando....
gracias amigo
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