el otro dia fue su cumple y ninguno se rescato

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La indiscutible inteligencia de los perros.

Una mujer salió a buscar hongos acompañada por una amiga y la perra de su amiga. Fue picada por una avispa y cayó en un shock anafiláctico. Dejó de respirar y su amiga telefoneó pidiendo ayuda, pero esa ayuda tardaba en llegar porque estaban en un bosque tupido y era difícil determinar su localización exacta.

La perra – en lugar de permanecer allí, lamiendo la mano de la mujer agonizante, como su instinto le hubiera mandado – salió como un cohete, cruzó el bosque, encontró a los rescatistas y los guió hasta el lugar correcto.
El etólogo italiano Danilo Mainardi narró recientemente esta historia en el diario Corriere della Sera para ilustrar que los perros no están gobernados totalmente por el instinto y que exhiben también un comportamiento inteligente . La perra de esta anécdota no sólo hizo caso omiso de su instinto de permanecer con la persona lesionada, sino que también elaboró un plan complejo que involucraba a varios humanos.

Esta historia, y los comentarios de Mainardi, me traen a la mente la antigua y amplia literatura relacionada con la capacidad de los perros para razonar.

En particular, las obras de los filósofos griegos. Uno de los textos que ha tenido una influencia considerable en la posteridad es la Historia natural de Plinio, que también se refiere a peces, aves y otras especies, pero se enfoca extensamente en la inteligencia canina . Plinio menciona un perro que reconoció al asesino de su amo en medio de una muchedumbre.

Mordiendo y ladrando, el perro obligó al hombre a confesar su crimen.

Plinio incluye el relato de un perro cuyo dueño fue sentenciado a muerte. El perro aulló lastimeramente ante el cuerpo de su amo y cuando un espectador le arrojó un pedazo de comida, el perro lo llevó hasta la boca del hombre muerto.

Cuando el cadáver del hombre fue arrojado más tarde al Tíber, el perro se arrojó al río para tratar de rescatarlo.

Desde un punto de vista filosófico, el debate sobre la inteligencia canina ya había estado presente desde tres siglos antes de lo narrado por Plinio, entre los estoicos, académicos y epicúreos. Dentro del ámbito del debate de los estoicos aparece un argumento atribuido al filósofo Crisipo que sería retomado y popularizado casi cinco siglos después por Sexto Empírico.

Sexto, filósofo e historiador griego, sostenía que los perros son capaces de razonamiento lógico y, para probarlo, escribió que un perro, habiendo llegado a una encrucijada de tres caminos, y tras detectar, mediante su olfato, que la presa no había seguido dos de los tres senderos, corría de inmediato por la tercera ruta, sin detenerse siquiera a olisquearla. Supuestamente, el razonamiento del perro era: “La presa tomó esta ruta, o la segunda o la tercera; ahora bien, si no es la primera ni la segunda, entonces debe ser la tercera”.

Sexto dijo también que los perros poseían logos – o razón – porque comprendían cómo debían atender sus heridas : remover las astillas de sus patas, mantener inmóviles sus extremidades, encontrar las hierbas adecuadas para aliviar su sufrimiento.

Plutarco, en su ensayo Sobre la inteligencia de los animales, argumentaba que si bien el razonamiento de los animales es imperfecto comparado con el razonamiento humano, los animales exhiben razonamiento en las formas en que se adaptan y actúan . Plutarco responde a quienes piensan que es demasiado atribuirles razón a los animales – seres carentes de una noción innata de la divinidad – al señalar que tampoco todos los humanos creen en un poder divino.
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