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-- | Homenaje al Dr. Illia a 29 años de su fallecimiento

Hace 29 años nos dejaba uno de los ultimos proceres que ha dejado la politica Argentina. Hace 29 años nos dejaba el Dr Arturo Illia.

Comparto con ustedes dialogos, entrevistas y frases para recordarlo.

Gracias Don Arturo por enseñarnos que la honestidad y la politica pueden ir de la mano.






DIALOGO DE ILLIA CON LOS MILITARES QUE FUERON A DESTITUIRLO


Alsogaray: -Vengo a cumplir órdenes del comandante en jefe...

Illia: -El comandante en jefe de las Fuerzas Armadas soy yo. (Señalando un libro que está a un costado de su mesa). Mi autoridad emana de esa Constitución que nosotros hemos cumplido y que usted también ha jurado cumplir. A lo sumo, Usted es un general sublevado que engaña a sus soldados.

Alsogaray: -En representación de las Fuerzas Armadas vengo a pedirle que abandone este despacho. La escolta de granaderos lo acompañará.

Illia: -Usted no representa a las Fuerzas Armadas, sino tan sólo a un grupo de insurrectos. Usted y quienes lo acompañan actúan como salteadores nocturnos...

Alsogaray: -Señor Presid... (rectificándose) doctor Illia...

Varias voces: -¡Señor Presidente!

Alsogaray: con el fin de evitar actos de violencia, lo invito nuevamente a que abandone esta casa.

Illia: -Son Ustedes quienes están provocando la violencia. Ustedes no tienen nada que ver con el Ejército
de San Martín y de Belgrano. Le han causado mucho mal a la patria y lo seguirán causando. El país los condenará por esta usurpación...

Alsogaray: -Usted está llevando las cosas a un terreno que no le corresponde, doctor IIlia; le garantizamos su traslado a la residencia de Olivos. Su integridad física está asegurada.

Illia: -Mi bienestar personal no me interesa. Me quedo trabajando en el lugar que me indica la ley y mi deber: Como comandante en jefe, le ordeno que se retire.

AIsogaray: -Yo sólo recibo órdenes del comandante en jefe del Ejército.

IIlia: -El único jefe supremo de las Fuerzas Armadas soy yo. Ustedes son los insurrectos. i Retírense!

Los jefes militares abandonan el despacho presidencial. A las seis, retorna el coronel Perlinger en compañía
de oficiales subalternos. Perlinger se acerca por la izquierda hasta la mesa de llIia y le dice en tono firme:

Perlinger: -Doctor Illia, en nombre de las Fuerzas Armadas, vengo a decirle que ha sido destituido.

Illia: -Ya le he dicho al general Alsogaray que ustedes no representan a las Fuerzas Armadas.

Perlinger: -Me rectifico. En nombre de las fuerzas que poseo...

Illia: -Traiga esas fuerzas.

Perlinger: -No lleguemos a eso...

Illia: -Son ustedes los que emplean la fuerza, no yo.

Perlinger y sus acompañantes se retiran. A las 7.25 vuelve Perlinger está vez al frente de un grupo de efectivos de la guardia de infantería de la Policía Federal, portando pistolas lanzagases.

Perlinger: -Doctor llIia, su integridad física está plenamente asegurada, pero no puedo decir lo mismo a las personas que se encuentran con usted. Ellos serán desalojados por la fuerza.

IIlia: -Su conciencia le va a reprochar lo que esté haciendo. (dirigiéndose a la tropa policial). A muchos de Ustedes les dará vergüenza cumplir estas órdenes indignas de quien ni siquiera es su jefe. Acuérdense: cuando cuenten a sus hijos lo que hicieron en este momento, sentirán vergüenza...

Perlinger: Dr Illia tendremos que usar la fuerza...

Illia: -Es lo único que tienen...

Perlinger: (Con tono enérgico, a sus subordinados): -Dos oficiales a custodiar al doctor Illia, los demás avancen y desalojen el salón.

La tropa avanzó mientras que los dos oficiales de policía que debían vigilar a Illia no pudieron cumplir su cometido, pues éste fue inmediatamente rodeado por sus colaboradores. Hubo forcejeos, pero en pocos minutos el despacho fue desalojado. Illia y sus colaboradores bajaron por las escaleras hasta la planta baja, seguidos de cerca por el pequeño batallón de lanzagases. Eran las 7.40 Sobre las veredas de la Plaza de Mayo y del Banco Nación, varias docenas de soldados cuerpo a tierra apuntaban hacia la Casa Rosada con sus fusiles. A las 7.45 Illia subía a un taxi, rumbo a la casa de su hermano en Martínez. "
"Somos" no reprodujo con fidelidad los diálogos. Otros testimonios nos permiten afirmar algunas expresio- nes importantes, luego de mencionar que casi todo el equipo balbinista acompañaba a Illia en la circunstancia. Alsogaray se había colocado a la izquierda del Presidente IIlia, quien sin levantar la cabeza, ni mirarlo siquiera, ni inmutarse, continuó con lo que estaba haciendo en ese momento. Eso habría molestado al militar, quien irritado pretendió arrebatarle una fotografía que en ese momento Illia firmaba para uno de sus colaboradores (un empleado de la secretaría privada, o el jefe de la misma, Miguel Angel López, o un ordenanza, según distintas versiones) Illia impidió que el militar le arrebatara la fotografía y, seguidamente, se produjo una parte del diálogo, que la citada revista no tuvo en cuenta:

Alsogaray: -Deje eso, permítame...

Illia:-cállese... Yo no lo conozco. ¿Quién es usted?

Alsogaray: -Soy el general Alsogaray:..

Illia: -Espérese. Estoy atendiendo a un ciudadano, ¿cuál es su nombre amigo?

Alsogaray: -Respéteme...

Illia: (Al concluir de firmar la fotografía) Este muchacho es más que usted. Es un ciudadano digno y noble. (Parándose y dirigiéndose al general) ¿ Qué es lo que quiere?

Alsogaray: -Vengo a cumplir órdenes del comandante en jefe. ..

Luego, sigue en líneas generales el diálogo ya reproducido, pero con una variante:

Alsogaray: -En representación de las Fuerzas Armadas le pido que abandone el despacho.

Illia: -Usted no representa a las Fuerzas Armadas, sólo representa a un grupo de insurrectos. Usted y quienes lo acompañan actúan como salteadores nocturnos, que como los bandidos aparecen de madrugada para tomar la Casa de Gobierno...

Años después, el coronel Luis C. Perlinger envió al doctor Illia la siguiente nota:


" principios de 1966 siendo usted Presidente de la Nación, tuve algunas reuniones en Mar del Plata y en Buenos Aires con generales que ocupaban altos cargos en el EMGE, a los cuales traté de convencer de no romper el orden institucional. Ante la inutilidad de mi prédica y guiado por el desconcepto de que la unidad de la fuerza amenazada por casos aislados de oposición era más importante que el respeto a la Constitución, me plegué al movimiento que estalló el 28 de junio.
Circunstancias que no se buscan, pero que se dan con frecuencia en los hombres de acción me asignaron un rol imporlante en su destitución.
En una presentación fechada en julio de 1976, que repartí profusamente y de la cual me ocupé de enviarle un ejemplar escribía: 'Hace 10 años el Ejército me ordenó que procediera a desalojar el despacho presidencial. Entonces el doctor Illia serenamente avanzó hacia mí y me repitió varias veces: Sus hijos se lo van a reprochar. ¡Tenía tanta razón! Hace tiempo que yo me lo reprocho porque entonces caí ingenuamente en la trampa de contribuir a desalojar a un movimiento auténticamente nacional.
Usted me dio esa madrugada una inolvidable lección de civismo. El público reconocimiento que en 1976 hice de mi error; si bien no pude reparar el daño causado, da a usted, uno de los grandes demócratas de nuestro país, la satisfacción de que su último acto de gobiemo fue transformar en auténtico demócrata a quien lo estaba expulsando por la fuerza de las armas de su cargo constitucional..."







link: http://www.youtube.com/watch?v=zBaJ3wavMdg








link: http://www.youtube.com/watch?v=cDuDrpX60qQ

Entrevista a Arturo Illia por Primera Plana (10 de setiembre de 1968)


El 30 de agosto, hacia el mediodía, mientras Ricardo Balbín dirigía en Buenos Aires una mini-convención del radicalismo del Litoral, a 1.700 kilómetros de allí su correligionario Arturo Illia irrumpió en el comedor del hotel Catedral, en Bariloche. Lo cruzó lentamente, acompañado de tres personas; desde los rincones partían leves aplausos; enseguida, Illia almorzó, para acercarse luego a otra mesa, donde lo aguardaba Jorge Llistosella, de Primera Plana.

Al sentarse, el ex Presidente, de 68 años, ordenó una infusión de boldo y bromeó: "Ya ve usted por qué se me caracteriza como a un viejo médico cordobés que atendía a sus pacientes montado en un burro y tomando té de peperina".

—Es cierto que se tenía esa imagen de usted, ¿Era la correcta?

—Vea, hijo, a los porteños es muy fácil venderles un tranvía porque son muy ingenuos, y a mí nunca me preocupó cambiar esa idea. Me dediqué a realizar mi trabajo dejándoles que pensaran lo que quisieran. Yo sé que hoy se utiliza la propaganda para magnificar cualquier hecho de gobierno. A mí, hasta llegaron a criticarme porque no manejaba la publicidad acertadamente. Es que yo respeto a este pueblo que tanto conozco: siempre consideré necesario un diálogo, y no un monólogo. ¿Y dónde se puede producir ese diálogo sino en el Congreso?

—¿Entiende usted que hoy el país está bien informado?

—No, está mal informado. Durante mi presidencia, lo reconozco, la Secretaría de Prensa nunca estuvo bien organizada. Es que soy enemigo de la mistificación, de la distorsión en lo que se le dice al pueblo. Yo viví en Alemania durante 1934, conocí el fascismo en Italia y el comunismo en Rusia, Sé cómo se puede crear conciencia de algo, por más falso que sea.

—¿Usted no cree en la capacidad de la gente para discernir?
—A la gente se la puede obligar a pensar lo que uno quiera mediante sistemas organizados; se puede anular su capacidad de razonamiento.

El veterano Illia habla sin cesar. Al cumplirse una hora de charla pide "un té de té", para distinguirlo de las otras hierbas; en los 150 minutos que duró la entrevista fumó cinco cigarrillos que le alcanzaban sus amigos.

—¿Qué hace usted en Bariloche?
—Estuve en General Roca, provincia del Río Negro, en una reunión con gente partidaria. Allí se trataron asuntos referidos a la economía del Alto Valle: posibilidades de mejorar la producción de frutas, conseguir una mayor industrialización para la; zona y un incremento en las exportaciones.

—Sin embargo, ahora que usted no tiene el Gobierno, ¿cómo pretende que se alcancen esos objetivos?
—Bueno, las personas con las que traté, al menos, son factores de poder económico. Además, formar conciencias progresistas no es poca cosa.

—¿Por qué vino a Bariloche?
—Me invitaron a conversar sobre las posibilidades turísticas del Sur.

—¿Usted es un hombre de fortuna?
—Vea, joven: cuando llegué al Gobierno hice mí declaración de bienes que debe estar en poder del Escribano Garrido, Tenía una casa, un coche y 400.000 pesos. Cuando me echaron sólo me quedaba la casa; había perdido el dinero y el coche.


—¿Cómo paga estas giras?
—Se hacen cargo de mis gastos algunos correligionarios que desean mi presencia en asambleas periódicas.
El ex mandatario no usa anillo de compromiso y se queja de la ignorancia que existe entre los argentinos por la figura de sus próceres. "A Alem la gente no lo conoce, o lo recuerda como el borracho, el tabernero, el cacicón político. Sin embargo, fue uno de los más grandes hombres públicos argentinos porque luego de 78 años sus predicciones son aún notables. ¿Quién conoce hoy a fondo a Alberdi o Echeverría, que ya en su época mencionaron el problema de la centralización económica?"

—¿Cómo ve al país?
—Está en una etapa de tremendo retroceso. Vea, hace dos meses, en mi gira por Estados Unidos, el director del diario New York Times me preguntó lo mismo que usted. Me dio vergüenza explicarle que vivimos una dictadura y entonces le respondí: "Mire, en mi país se vive un particular estado de paz". Él me contestó: "Ya sé, es la paz de los cementerios", .

—Usted dijo que lo habían echado del Gobierno. ¿Quién lo echó?
—Usted sabe que los señores colorados fueron sacados del Ejército por un decreto-ley; yo no podía eliminar a unos, poner a otros y rodearme de un grupo militar que me apoyara. A mí me echaron los señores azules y debe haber sido porque llegué al Gobierno, expliqué mi programa al pueblo y juré respetar la Ley y la Constitución. No fue un juramentó banal: antes del 7 de julio de 1963 me propusieron que en las elecciones hubiera un único candidato [se niega a nombrarlo], pero yo no lo acepté.

—Ya me entero de quien lo echó; ahora, ¿por qué lo echaron?

—A mí no me tiró Onganía, ni el militar tal o cual; me voltearon los intereses económicos concentrados en el puerto de Buenos Aires. El desencuentro de los argentinos se debe a la centralización del poder monetario en esa zona, pero la Argentina jamás encontrará su rumbo mientras no haga participar a todo el país en el proceso de desarrollo.

—¿De qué modo el argentino puede recuperar la fe?

—Hay un descreimiento general, porque acá cualquiera saca unos tanques y anula toda buena intención. Lo importante no es cuántos estuvieron a mi lado cuando me echaron; el problema fue que, dos días más tarde, cuando este señor que está en el Gobierno juró su cargo, tuvo la plaza de Mayo vacía. ¿Cuándo se vio eso?

—¿El argentino es patriota, capaz de jugarse por una causa nacional?
—Es patriota, pero aún falta crear una conciencia nacional.

—¿Qué le recomendaría al actual Presidente, en el caso de que pudiera darle un consejo?
—Ya bastante hablé con él antes, para que no cometiese tantos errores.

—¿Sus hijos no lo reclaman?
—Mis hijos son más políticos que yo y me impulsan a continuar luchando. Cuando el general Alsogaray entró a la Casa Rosada para sacarme, mi hija Emma Silvia estaba conmigo, en mi despacho. ¿Sabe lo que me dijo? "Aquí hay que agarrar un revólver y empezar a tirarle a ese tipo".






link: http://www.youtube.com/watch?v=MQ41FZMalTU


ANECDOTA DE JAIRO SOBRE EL DR ILLIA - IMPERDIBLE


Illia en pijamas


El sábado, en su glorioso recital, Jairo contó una vivencia estremecedora de su Cruz del Eje natal. Una madrugada su hermanita no paraba de temblar mientras se iba poniendo morada. Sus padres estaban desesperados. No sabían que hacer. Temían que se les muriera y fueron a golpear la puerta de la casa del médico del pueblo. El doctor Arturo Illia se puso un sobretodo sobre el pijama , se trepó a su bicicleta y pedaleó hasta la casa de los González. Apenas vio a la nenita dijo: “Hipotermia”. “No se si mi padre entendió lo que esa palabra rara quería decir”, contó Jairo. La sabiduría del médico ordenó algo muy simple y profundo. Que el padre se sacara la camisa, el abrigo y que con su torso desnudo abrazara fuertemente a la chiquita a la que cubrieron con un par de mantas. “¿No le va a dar un remedio, doctor?”, preguntó ansiosa la madre. Y Arturo Illia le dijo que para esos temblores no había mejor medicamento que el calor del cuerpo de su padre.

A la hora la chiquita empezó a recuperar los colores. Y a las 5 de la mañana, cuando ya estaba totalmente repuesta, don Arturo se puso otra vez su gastado sobretodo, se subió a la bicicleta y se perdió en la noche. Jairo dijo que lo contó por primera vez en su vida. Tal vez esa sabiduría popular, esa actitud solidaria, esa austeridad franciscana lo marcó para siempre. El teatro se llenó de lágrimas. Los aplausos en la sala denotaron que gran parte de la gente sabía quien había sido ese médico rural que llegó a ser presidente de la Nación. Pero afuera me di cuenta que muchos jóvenes desconocían la dimensión ética de aquél hombre sencillo y patriota. Y les prometí que hoy, en esta columna les iba a contar algo de lo que fue esa leyenda republicana.

Llegó a la presidencia en 1963, el mismo año en que el mundo se conmovía por el asesinato de John Fitzgerald Kennedy y lloraba la muerte del Papa Bueno, Juan XXIII.

Tal vez no fue una casualidad. El mismo día que murió Juan XXIII nació Illia como un presidente bueno. Hoy todos los colocan en el altar de los próceres de la democracia.

Le doy apenas alguna cifras para tomar dimensión de lo que fue su gobierno. El Producto Bruto Interno (PBI) en 1964 creció el 10,3% y en 1965 el 9,1%. “Tasas chinas”, diríamos ahora. En los dos años anteriores, el país no había crecido, había tenido números negativos. Ese año la desocupación era del 6,1%. Asumió con 23 millones de dólares de reservas en el Banco Central y cuando se fue había 363. Parece de otro planeta. Pero quiero ser lo mas riguroso posible con la historia. Argentina tampoco era un paraíso. El gobierno tenía una gran debilidad de origen. Había asumido aquel 12 de octubre de 1963 solamente con el 25,2% de los votos y en elecciones donde el peronismo estuvo proscripto.

Le doy un dato mas: el voto en blanco rozó el 20% y por lo tanto el radicalismo no tuvo mayoría en el Congreso. Tampoco hay que olvidar el encarnizado plan del lucha que el Lobo Vandor y el sindicalismo peronista le hizo para debilitarlo sin piedad. Por supuesto que el gobierno también tenía errores como todos los gobiernos. Pero la gran verdad es que Illia fue derrocado por sus aciertos y no por sus errores. Por su historica honradez, por la autonomía frente a los poderosos de adentro y de afuera. Tuvo el coraje de meter el bisturí en los dos negocios que incluso hoy mas facturan en el planeta: los medicamentos y el petróleo. Nunca le perdonaron tanta independencia. Por eso le hicieron la cruz y le apuntaron los cañones. Por eso digo que a Illia lo voltearon los militares fascistas como Onganía que defendían los intereses económicos de los monopolios extranjeros. El lo dijo con toda claridad: a mi me derrocaron las 20 manzanas que rodean a la casa de gobierno.

Nunca más un presidente en nuestro país volvió a viajar en subte o a tomar café en los bolichones. Nunca mas un presidente hizo lo que el hizo con los fondos reservados: no los tocó. Nació en Pergamino pero se encariñó con Cruz del Eje donde ejerció su vocación de arte de curar personas con la medicina y de curar sociedades con la política. Allí conoció a don González el padre de Marito, es decir de Jairo. Atendió a los humildes y peleó por la libertad y la justicia para todos.

A Don Arturo Humberto Illia lo vamos a extrañar por el resto de nuestros días. Porque hacía sin robar. Porque se fue del gobierno mucho mas pobre de lo que entró y eso que entró pobre. Su modesta casa y el consultorio fueron donaciones de los vecinos y en los últimos días de su vida atendía en la panadería de un amigo. Fue la ética sentada en el sillón de Rivadavia. Yo tenía 11 años cuando los golpistas lo arrancaron de la casa de gobierno. Mi padre que lo había votado y lo admiraba profundamente se agarró la cabeza y me dijo:
- Pobre de nosotros los argentinos. Todavía no sabemos los dramas que nos esperan.


Y mi viejo tuvo razón. Mucha tragedia le esperaba a este bendito país. Yo tenía 11 años pero todavía recuerdo su cabeza blanca, su frente alta y su conciencia limpia.

Jairo




Hoy 17.30 horas se realizara un homenaje al ex-Presidente Arturo Illia, conmemorando el 29° aniversario de su fallecimiento. El acto sera organizado por el Comite Capital se realizara en el Cementerio de la Recoleta


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2 respuestas

@Krebshalom dijo Hace más de 4 meses:

Simplemente un grande! Un héroe del que todos los radicales deberiamos enbanderarnos.

@murphil_mendez dijo Hace más de 4 meses:

gran tema!
Illia :aklaba:

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