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116 años del suicidio de Leandro N. Alem


A 116 años de su muerte


Leandro Alem, un hombre
que no se resignó a morir



Hace hoy 116 años en una fría y lluviosa mañana del 1 de julio de 1896 Leandro Alem, caudillo fundador de la Unión Cívica junto a su sobrino Hipólito Yrigoyen y a tantos otros allá por 180, se reunió en su casa con amigos a los que había convocado de carácter urgente
para hablar de temas políticos. En un momento dado interrumpió el dialogo para ingresar a buscar algo a su dormitorio, para salir al poco rato vestido con su sombrero y su tradicional poncho de vicuña en
el cuello.
Prometió volver en pocos minutos, y se subió a su carruaje rumbo hacia el club El Progreso. Durante el trayecto, el defensor de los desposeídos, se disparó un tiro en la sien que el cochero
confundió con la detonación de cohetes que se quemaban celebrando la fiesta de San Juan y San Pedro.
En su cuerpo se encontró una nota que decía "Perdónenme el mal rato, pero he querido que mi cadáver caiga en manos amigas y no en manos extrañas, en la calle o en cualquiera otra parte"
Por otra parte, en su dormitorio se encontró un sobre bajo el rótulo "Para publicar". El texto hallado en su interior dice:
"He terminado mi carrera, he concluido mi misión. Para vivir estéril, inútil y deprimido, es preferible morir. ¡Sí, que se rompa, pero que no se doble! He luchado de una manera indecible en los últimos
tiempos; pero mis fuerzas, tal vez gastadas ya, han sido incapaces para detener la montaña... ¡y la montaña me aplastó!
He dado todo lo que podía dar; todo lo que humanamente se puede exigir de un hombre, y al fin mis fuerzas se han agotado... y para vivir estéril, inútil y deprimido, es preferible morir. Entrego
decorosa y dignamente todo lo que me queda: mi última sangre, el resto de mi vida. Los sentimientos que me han impulsado, las ideas que han alumbrado mi alma, los móviles, las causas y los propósitos de mi acción y de mi lucha en general, en mi vida, son, creo, perfectamente
conocidos. Si me engaño a este respecto, será una desgracia que yo ya no podré ni sentir ni remediar...
Ahí están mi labor y mi acción desde largos años, desde muy joven, desde muy niño, luchando siempre de abajo. No es el orgullo el que me dicta estas palabras, ni es debilidad en estos momentos lo que me hace tomar esta resolución. Es un convencimiento profundo que se ha
apoderado de mi alma en el sentido que lo enuncio en los primeros párrafos, después de haberlo pensado, meditado y reflexionado en un solemne recogimiento.
Entrego, pues, mi labor y mi memoria al juicio del pueblo, por cuya noble causa he luchado constantemente. En estos momentos el partido popular se prepara para entrar
nuevamente en acción en bien de la patria. Esta es mi idea, éste es mi sentimiento, ésta es mi convicción arraigada, sin ofender a nadie. Yo mismo he dado el primer impulso, y, sin embargo, no puedo continuar.
Mis dolencias son gravísimas, necesariamente mortales. ¡Adelante los que quedan! ¡Ah, cuánto bien ha podido hacer este partido, si no hubiesen promediado ciertas causas y ciertos factores!
¡No importa! Todavía puede hacer mucho. Pertenece principalmente a las nuevas generaciones. Ellas le dieron origen y ellas sabrán consumar la obra: ¡deben consumarla!"
, ese es el testamento político de un hombre que no claudicó un centímetro a lo que pensaba, a lo que soñaba. Leandro Alem, hoy, 116 años más tarde, sigue marcando caminos, sigue enrostrandonos una manera de hacer política que caracterizó a la UCR en sus ya 121 años de historia. Hoy esta
organización política vive horas difíciles, de grandes incertidumbres, de cuestionamientos viscerales que hacen a su esencia,a sus principios fundacionales. Hoy, desde su testamento
político este "joven de largas barbas", como el mismo se definía sigue enseñandonos.
El decía, en uno de sus discursos sin tiempo: "La libertad necesita ser conquistada y conservada por la conducta digna y perseverante del mismo pueblo, y si éste en vez de merecer o exigir con entereza gobiernos libres y honrados, se presta dócilmente a la explotación de
círculos menguados o de sus gestiones personales, siempre peligrosas, tendrán el gobierno creado por su inepcia y por su cobardía; es decir, tendrán el gobierno que merezca su propia indignidad".
Tal vez sea el tiempo de mirarnos hacia adentro, de buscar dentro de cada uno de quienes nos hemos afiliado a esa fuerza política revolucionaria desde sus orígenes, beber de las fuentes de nuestra historia y comenzar de nuevo, porque la democracia nos lo exige, la
historia nos marca su huella y el país lo necesita. Hombres como Leandro Alem no pertenecen a nadie, ni siquiera a su tiempo, son los que, al igual que Juan Bautista Alberdi, Mariano
Moreno, Manuel Belgrano, Domingo Sarmiento, Alfredo Palacios, Alicia Moreau de Justo, Ricardo Balbín, y tantos otros, soñaron una nación libre y soberana, una Argentina de iguales...algunos, hasta dieron la vida por eso.
Por María Virginia Goicoechea, presidente de la Comisión de la Mujer de la Pcia. de Buenos Aires. Integrante del comité de la provincia de Buenos Aires de la UCR.
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1 comentario

@ElTuma Hace más de 10 meses
gloria al gran tribuno
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