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Conceptos Básicos de Anatomía

CONCEPTOS BÁSICOS DE ANATOMÍA
Conceptos Básicos de Anatomía

El acto de tocar el violín es un ejercicio físico que requiere una actividad muscular importante. Debemos tender siempre hacia la búsqueda de la relajación, en una perpetua tensión-relajación que se corresponde con movimientos muy precisos del acto instrumental, una especie de economía de la tensión muscular, o de gestión permanente de la misma.

Hay que desarrollar esta disponibilidad muscular a la relajación en cada instante.

No apretar el violín, no crisparse sobre el mango, pues esto generará una ejecución brusca y dura, así como desplazamientos más lentos.

No debemos apretar demasiado el arco, pero tampoco dejar la mano blanda, sin fuerza. La fuerza debe proceder del peso del brazo.

La sujección del violín debe conseguirse de modo que se disponga siempre de la máxima libertad de movimiento sobre todo el diapasón. Hasta que aprendamos a relajar y desarrollar el pulgar, no tocaremos el violín perfectamente.

Necesitamos dos puntos de apoyo para sujetar correctamente el violín: uno pasivo, la clavícula, que es relativamente fijo, y el otro activo, la mano izquierda, que está constantemente en movimiento o preparada para moverse. El hombro es relevado de la responsabilidad de sujetar el violín, la posición ha de ser normal y relajada. Con o sin almohadilla la sujección debe ser agradable, sin presión.

Para la correcta sujección del violín con la cabeza y la clavícula realizaremos el siguiente ejercicio: comenzamos con el violín colgando en la posición entre la cabeza y la clavícula, con ambos brazos colgando relajadamente a los lados. En esta posición el violín se halla inclinado hacia abajo y apuntando al suelo, y evitaremos que se deslice mediante el peso de la cabeza y tirando un poco hacia atrás con la barbilla sobre la barbada. El hombro debe estar relajado. Seguidamente colocamos la yema del pulgar izquierda en el lado del mango del instrumento y el segundo dedo en la mitad de la cuerda la. La cabeza, que debe estar tirando hacia atrás lo justo para sostener el violín, reposa ahora ligeramente sobre la barbada. Elevaremos el violín a una posición aproximadamente paralela al suelo ajustando la cabeza al nuevo ángulo del violín.
El instrumento así sujeto no debe crear ningún tipo de tensión ni de contracción, y debe dejar libre a la mano izquierda para realizar todos los movimientos necesarios por el diapasón.

Una de la mayores dificultades de la práctica del violín es que sólo el hecho de mantenerlo en posición de tocar puede inhibir la facilidad de movimientos y favorecer una postura antinatural. El violín no está destinado a estar sostenido, sino a ser llevado encima y a tocar con él. Debemos desarrollar la habilidad para ajustar continuamente los movimientos de modo que la posición sea siempre lo más natural posible.

En la posición correcta, con el mentón depositado ligeramente encima de la barbada, el violín debe descansar encima de la clavícula, en un plano horizontal, de forma que el clavijero venga a parar efrente de la cara y a la altura de los ojos. El sostenimiento del violín lo produce el hueso de la clavícula con algo de la espalda, la cabeza solamente mantiene la estabilidad del instrumento e impide con el mentón que el violín tienda a inclinarse hacia delante, pero sin aplicarle ninguna fuerza para constreñirlo. La postura de la cabeza debe mantenerse cómoda, nunca forzada. La barbada debe coincidir perfectamente con el perfil del mentón. Si se utiliza almohadilla, su diseño debe escogerse cuiodadosamente para que quede bien ajustada y a la altutra apropiada para que la cabeza no deba inclinarse lo más mínimo para mantener su contacto con la barbada. De esta forma las vértebras de la espina dorsal, especialmente las cervicales, no sufren deformación alguna y los huesos de la espalda y los omoplatos se mantienen libres para moverse con normalidad.

Tanto si tocamos de pie como sentados, nuestro equilibrio se crea a partir de la verticalidad del cuerpo, y nuestro objetivo será establecer un eje sólido de la cabeza a los pies.

Conocer mejor nuestro cuerpo nos ayudará a ser conscientes de las partes implicadas, reconocer la posición más adecuada e influir notablemente en la ejecución artística.

El aparato locomotor está formado por diversas estructuras anatómicas que actúan coordinadamente entre sí, que son los huesos y articulaciones, es decir, el esqueleto, y los músculos necesarios para que se muevan los distintos segmentos corporales. El sistema nervioso es una red de estructuras que regulan el funcnamiento de los órganos y la estructura corporales y coordinan su interrelación y su relación con el entorno. Por último, el sistema respiratorio es el conjunto de estructuras que permiten al individuo obtener oxígeno, vital para la actividad celular de todos tejidos corporales, y eliminar dióxido de carbono, producto residual de dicha actividad.

Llamamos gesto musical al conjunto de movimientos y posturas que realiza un músico durante la interpretación de una pieza musical. En el gesto musical intervienen diferentes aspectos, y el sistema nervioso central, orquestado por el cerebro, coordina cada una de las partes. El sistema musculotendinoso se encarga de la postura, el sistema osteoarticular proporciona estabilidad y movilidad a los segmentos corporales, así como su participación en el mantenimiento de la postura, el sistema auditivo permite relacionar al individuo con su propia música y con los demás instrumentos, el sistema visual permite la relación con el instrumento, con la partitura y con los demás participantes. El gesto musical no es estático, sino que se produce en movimiento. Dentro del sistema dinámico en que consiste el gesto musical de cada instrumento en particular, encontramos una característica común a todos los instrumentos, ya que por lo general se trata casi siempre de movimientos repetitivos, rápidos, precisos y mantenidos durante largos periodos de tiempo. Parte de los problemas funcionales que puede presentar un músico derivan de esta condición repetitiva del movimiento. Por otra parte, el cuerpo humano presenta una gran capacidad de adaptación a la función, por lo que el músico que lleva tiempo practicando su instrumento se acostumbra a la postura, desarrollando en ocasiones más un brazo que otro, o un determinado movimiento.

El equilibrio corporal de un músico se basa en una parte estática, que permite mantener la postura y otra dinámica, que permite la libertad de movimiento.

Inicialmente parece que el gasto energético es mayor de pie, pero se ha demostrado que estar sentado comporta una mayor solicitación de los músculos de la espalda.

Debemos tener en cuenta las superficies o puntos de contacto, tanto de pie como sentado, buscando siempre un equilibrio estable, así como el mínimo gasto energético. Desarrollaremos el control postural estático para tomar conciencia de estos apoyos, y combinaremos ambas posiciones, de pie y sentado, para estar preparado para tocar de las dos maneras.

Es recomendable practicar frente a un espejo para observar la postura, así como concienciar al músico de su apoyo podal, repartiendo el peso entre ambos pies manteniendo siempre la sensación de equilibrio. En posición sedente el apoyo podal nos permite el contacto con el suelo y proporciona estabilidad. Para practicar esta postura se puede trabajar primero sin instrumento para posteriormente integrarlo.

La pelvis debe colocarse en una posición de equilibrio que respete las curvas de la columna vertebral y haga trabajar por igual a la musculatura abdominal y a la musción paravertebral. La cabeza estará alineada con eje corporal sin perder su curvatura fisiológica. La columna vertebral tiene el papel de mediador entre los elementos estáticos y dinámicos, hasta el punto de que la toma de conciencia de su posición y verticalidad constitutye uno de los pilares del control postural. Su función es mantener la posición erguida y proteger la médula espinal. Las extremidades superiores son también elemetos dinámicos del gesto muical.

En ocasiones los músicos presentan dolores de espalda, que en general están directamente relacionados con la falta de condición física, o con muchas horas de mantenimiento de la postura en posiciones nocivas o poco fisiolígicas. Los ejercicios encaminados a concienciar al músico de la posición de la columna vertebral permiten modificar progresivamente las posiciones no fisiológicas y reducen la aparición de problemas funcionales. Para fortalecer la columna vertebral podemos realizar el siguiente ejercicio: nos colocaremos estirados boca arriba en una colchoneta con las rodillas flexionadas y los pies apoyados en el suelo, de modo que notemos el apoyo de la zona lumbar en el suelo, así como el apoyo de la cabeza sin aumentar la curvatura cervical, desde esta posición pasaremos a la posición sedente y a bipedestación con el fin de mantener los mismos principios de respeto de las curvas fisiológicas y la sensación de verticalidad.

Para una práctica musical adecuada, el instrumentista debe considerar el cuerpo como su principal herramienta, lo cual le obligará a su conocimiento mediante el trabajo de los elementos estáticos y dinámicos. La mejora de la condición física reduce la fatiga que sobreviene en la actividad musical, incidiendo directamente en su rendimiento artístico y disminuyendo los problemas funcionales que se puedan derivar de su actividad.
Diariamente, antes de comenzar la práctica instrumental, se deben realizar ejercicios de calentamento, sin instrumento, para preparar el cuerpo para la actividad que se llevará a cabo. Posteriormente iniciaremos la actividad con el instrumento por medio de escalas y de ejercicios suaves, entre los cuales podemos inncluir ejercicios de respiración. El control de la respiración es básico en cualquier actividad, ha de ser suave y no forzada, incluso durante movimientos complicados, y para controlarla deberemos entrenarla y adquirir un alto grado de concentración. Debemos dedicar tiempos de descanso durante la práctica diaria, así como repartir las horas de estudio siempre que sea posible. Tras un periodo de descanso realizaremos un incremento progresivo de la práctica artística, e interaremos que la incorporación de cualquier cambio, como el tipo de silla, la técnica, la adaptación al instrumento, o el repertorio, se realice siempre de forma progresiva. Se debe evitar encallarse en un fragmento musical, pues la actividad muscular continuada en un músculo aislado provoca fatiga, la cual se puede mostrar como un fracaso parcial o completo del mismo para responder a estuimulaciones. Al finalizar la sesión realizaremos unos ejercicios de estiramientos.

Es muy recomendable para un instrumentista practicar de forma regular una actividad física, así como seguir una alimentación equilibrada, mantener una hidratación corporal óptima, y respetar un mínimo de horas de descanso.

Asímismo, deberemos acudir a un profesional especializado ante molestias o afecciones que se deriven o se manifiesten durante la práctica musical.

fuente http://www.elviolin.com

Plagio de barras de diego_v55
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2 comentarios

@za_ZEN Hace más de 3 años
muchas gracias!
Buenas Noches!
@bosbie Hace más de 3 años
buenisimo!!!!!
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