Poesia que cuestiona la existencia de DIOS

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CÉSAR VALLEJO Y LA NEGACIÓN DE DIOS

Por: Carlos Bellatín Ramos


La entidad de Dios, y en mayor medida su inexistencia, se desprenden reiteradamente de la poesía vallejiana. Las páginas del vate están llenas del concepto “Dios”...

Es algo complejo obtener una lectura acertada de muchos de sus versos; ¡hay algunos que incluso a él mismo le costaba entender!, eso es algo que el propio poeta reconoció alguna vez. Sin embargo, parte grande de su obra se presta ampliamente a ser interpretada. Vallejo es filósofo en su poesía y es preciso entenderle filosóficamente. Y aunque interpretar a fondo el contenido de un poema es, a mi parecer, de alguna manera desatender la riqueza poética, es preciso hacerlo y tratar de llegar a un equilibrio que permita abarcar ambos aspectos en su plenitud.


En “Los heraldos negros”, primera composición del poemario del mismo nombre, se habla ya de la inmisericordia de Dios.

Hay golpes en la vida, tan fuertes… Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma… Yo no sé!

Para el poeta que redactó esa estrofa no puede haber peor cosa que el odio de Dios. Y aunque no se podría afirmar que el poeta haya dado por hecho que Dios odiara, pues usa la imagen del odio de Dios generando un efecto hiperbólico; vislumbra la posibilidad de que Dios no sea ese ser bondadoso que en sus catequesis le habrían dicho que era, posibilidad que va a ser atendida palmariamente en poemas posteriores de la misma obra de un modo más reflexivo.

Vamos a desmenuzar, pues, esos poemas que cuestionan la divinidad. De ellos los más importantes son “Los dados eternos” y “Dios”. En este último se dirige nuestro primer poeta a Dios con una fe inquebrantable:

Siento a Dios que camina
tan en mí, con la tarde y con el mar

Incluso en “Los dados eternos”, composición en que cuestiona acremente a ese dios, dice:

Dios mío, estoy llorando el ser que vivo.

Se ve una arraigada devoción que entra en contradicción con las claras negaciones de Dios que encontraremos en los mismos poemas. El caso es que nuestro poeta, ya adulto, siempre se mantuvo aprehendido a su infancia en Santiago de Chuco y a los sentimientos que durante aquélla forjó, época en que asumió la religión tradicional, la católica, como sólo una persona de tamaña sensibilidad podía: con totales entrega y amor, con cuánta entrega que no pudo abandonar su fe cuando adoptó como doctrina filosófica el marxismo que niega rotundamente toda divinidad. Vallejo era consciente de la artificialidad del dios católico y de su antagonismo con la razón; pero arrancarse al amado Dios del pecho me parece que hubiese sido derrumbar su mundo: él no podía abandonar su fe. Y efectivamente ello se nota en el poema “Dios”, en el que a pesar de haberlo reducido ontológicamente, lo asume nuevamente con total devoción, como veremos más adelante.



Vallejo retratado por Picasso en ambas imágenes

Volvamos a “Los dados eternos”:

Dios mío, estoy llorando el ser que vivo
me pesa haber tomádote tu pan
pero este pobre barro pensativo
no es costra fermentada en tu costado

Empieza a cuestionar a Dios tácitamente con la magnífica metáfora del pobre barro pensativo: embebido de dialéctica materialista reivindica a la idea como una función de la materia organizada: cualidad de ese barro es ser pensativo. Tal concepción materialista de la idea ya está dando pie a poner sobre el tapete la idea de la existencia de Dios en la poesía vallejiana. En las primeras líneas del poema se puede apreciar a un Vallejo intemperante que percibe febrilmente la imperfección del Universo en lo humano y es desgarrado cada vez que la descubre cuando pretende abrazar al mundo. Se siente un ser más imperfecto aun porque no puede incorporarse anímicamente a la imperfección, es decir, no la acepta, no la tolera; y se aparta con la angustia de seguir siendo parte de lo que ante sus ojos es algo monstruoso: obrar para sí propio: me pesa haber tomádote tu pan, naturaleza humana, pero fallida. Aunque nos desviemos un poco del tema, vale la pena mencionar otro poema: “El pan nuestro”, de la misma obra, que manifiesta en su plenitud este sentimiento; pero que a la larga va a convergir en la misma visión del mundo de la que se desprende la negación de Dios:

Yo vine a darme lo que acaso estuvo
asignado para otro;
y pienso que, si no hubiera nacido,
otro pobre tomara este café!
Yo soy un mal ladrón… A donde iré!

Con este sentir reconoce el papel activo del hombre en el mundo: todo está vinculado en el movimiento del mundo como si éste fuera un enorme engranaje, y yo interacciono con todo indefectiblemente, de modo que lo que haga o deje de hacer ya afecta el desarrollo del orbe. Así Vallejo siente que con el solo hecho de existir y ser impotente ante la realidad ya está empeorando las cosas; y sufre porque se identifica absolutamente con el mundo representado por otro pobre, con un mundo cruel en el que el hombre está desamparado, un mundo que escapa de todo designio de la voluntad divina.

Vallejo percibe pues la imperfección del mundo y se la atribuye a Dios. Dice en “Espergesia”:

Yo nací un Día
que Dios estuvo enfermo,
grave.

E incluso en el poema “Dios” en que se dirige al Creador con ternura, se compadece de Él porque lo ve impotente, humanamente torpe, autor de un mundo en apariencia perfecto pero deleznable:

Oh, Dios mío, recién a ti me llego,
hoy que amo tanto en esta tarde; hoy
que en la falsa balanza de unos senos,
mido y lloro una frágil Creación

Es al parecer contradictorio que el bardo se haya aferrado con tanta fe a un dios al que no considera omnipotente, al que incluso ve como a un ser débil y sufriente:

Como un hospitalario, es bueno y triste;
mustia un dulce desdén de enamorado:
debe dolerle mucho el corazón.

Pero esto no hace más que confirmar lo dicho líneas arriba: que la enorme sensibilidad del poeta lo mantuvo ligado a la religión que asumió con entrega y amor totales. Véase que en el poema “Dios” está justificando su devoción sólo con el Amor, el suyo y el que confiere a su dios:

Oh, Dios mío, recién a ti me llego,
hoy que amo tanto en esta tarde; hoy …

Y líneas más abajo en el mismo poema:

Y tú cuál llorarás… tú, enamorado
de tanto enorme seno girador…
Yo te consagro Dios, porque amas tanto;
porque jamás sonríes; porque siempre
debe dolerte mucho el corazón

Es así como Vallejo, en este poema, deja las especulaciones lógicas sobre la inexistencia de Dios, a un lado de su fe; y es así como separa las dos formas de sentir, las cuales no pudieron tener mejor síntesis dialéctica que ese mismo antagonismo presentado en un nivel más elaborado de expresión: la voz poética.

En “Los dados eternos”, se enfurece con Dios, le increpa por el sufrimiento del hombre: Tú no tienes Marías que se van. Lo acusa de incuria al decir que el hombre no es costra fermentada en tu costado, y con mayor furia en tú que estuviste siempre bien, no sientes nada de tu creación. Interpretemos: si Dios existe, nada hace por el hombre; entonces no debiera existir: el hombre sí te sufre, el dios es él. Acaba nuestro bardo de negar a Dios. De toda su obra, es esta estrofa, estoy seguro, una de las que con más sobresalto escribió Vallejo; inmensa ira fue en ella derramada. Pasado el azoramiento de la estrofa anterior, el poeta reconócese exaltado al compararse con un condenado en cuyos ojos hay candelas; y a pesar de haber negado al Creador se tranquiliza y lo asume nuevamente diciendo Dios mío, prenderás todas tus velas (será entendido más adelante por qué es este una acto de pura fe). Aparecen en esta estrofa dos metáforas cuyos respectivos términos reales son: las estrellas (término figurado: las velas) y el azar (término figurado: los dados)[1]. Juntas simbolizan el papel que juega la casualidad en el desarrollo del Universo. Notemos que dice viejo dado; se trata pues, en realidad, de un dado tan viejo como el propio Universo. Subordina los fenómenos del mundo a la casualidad, que no es casualidad pura. En lo particular son cada uno de infinitud de eventos, las penas de los hombres, las miserias materiales y espirituales, las exiguas alegrías…, los que contienen a la casualidad en sus interrelaciones; pero en el plano de lo universal conducen hacia un único destino necesario y determinado: la muerte, aparentemente con un fatalismo místico:

… surgirán las ojeras de la muerte,
como dos ases fúnebres de lodo.

Más en la última estrofa se manifiesta la dialéctica del pensamiento de Vallejo: la unidad entre lo casual y lo necesario. La imagen de la tierra entendida como un dado romo que perdió las aristas encaminándose hacia un destino final, es símbolo de dos cosas. Primero, la Tierra es el dado: materia y azar inseparables; el marxismo en su filosofía de la naturaleza declara que las categorías de lo casual y lo necesario son intrínsecas de la materia, viva o inanimada; los dados que la rigen son impulsados por el mismo devenir de aquélla. Y, segundo, merced al azar y a través de él se llega a un nivel más general de desarrollo en que el azar se pierde, nivel que escapa del poder del propio Dios: ya no podrás jugar, un Dios que en realidad nunca tomó determinación alguna, sólo tiraba los dados, ¿habría tenido entonces algún papel fundamental para con la existencia y desarrollo del Universo? Algún suspicaz diría que sí: tirar los dados, pues si no Dios, ¿quién los va a tirar?, que Él permite el libre albedrío. Pero el poeta ni siquiera le confiere el papel de única fuerza impulsora de ese azar; así, al decir jugaremos con el viejo dado, asume que el hombre, parte de la Creación, también tira los dados; entonces, si la Creación por sí misma es capaz de tirar los dados que determinan su destino… ¿necesitó la Creación al Creador? Nuestro suspicaz amigo diría que el hombre ayuda a tirar los dados por ser consciente a imagen de Dios, pero que el resto de la materia no, de modo que el dado que la rige sería tirado por Dios, y que como el hombre vino “del polvo”… Ante este argumento sólo cabría recordarle el significado de la identidad Tierra-dado visto líneas arriba. Seamos más suspicaces que él: dice el poema ya no podrás jugar en singular, mientras que la Tierra no ha de parar sino en un hueco. No dice que ya no podremos jugar, en plural: Dios pierde el poder, el eterno devenir se lo queda. El propio título del poema, que confiere a los dados la cualidad que es normalmente atribuida a Dios, ya estuvo esto diciendo. Volvamos a preguntarnos si necesita al Creador la Creación. Resulta claro que sólo es mencionado aquél por un acto de fe. Y debió de ser esta pregunta de obvia respuesta uno de los motivos por los que el gran maestro Manuel González Prada, ferviente impío, aplaudiera con más entusiasmo esta emoción bravía y selecta del Vate Peruano (por antonomasia).

Veamos unas líneas de “Los anillos fatigados” que plantean, aunque desde un ángulo menos radical, esta idea:

La primavera vuelve, vuelve y se irá. Y Dios,
curvado en tiempo, se repite, y pasa, pasa
a cuestas con la espina dorsal del Universo.

Ya no es el Todopoderoso que existe por sobre todas las cosas: el tiempo le afecta, le choca como a un hombre que envejece; la naturaleza funciona por sí propia y Dios es un ente más de ella, que pasa y pasa, que nada puede hacer más que cargar el peso de ser el dios de una “Creación” que escapó de sus manos. Pero si acaso Dios decidiera no seguir más ¿dónde acabaría la espina dorsal del Universo?... La idea de un dios necesario e imprescindible, aunque endeble, ha sido pues el numen de esos versos en "Los anillos fatigados".

La Tierra, desgastada después de tanto juego del azar, da sus últimos estertores en los versos finales de “Los dados eternos”. A este punto ha llegado el planeta sólo a través de concatenados eventos casuales y causales, y hasta se podría decir que en líneas generales es un movimiento simple y natural: un rodamiento, un rodamiento que sigue una vertiente. No se trata pues de un fatalismo místico sino del destino natural de todo cuanto está impregnado de movimiento: el hueco de la inmensa sepultura.[/color]

2 comentarios - Poesia que cuestiona la existencia de DIOS

@hectordylan
dios no existe es un invento del pensamiento, dios existe en el pensamiento del hombre nada mas. o lean el discurso del metodo de rene descartes
@SONNENSCHEIN
Yo nací un Día
que Dios estuvo enfermo,
grave.
Con esa frase está aceptando que existe