René Guénon y Carlos Marx. I

Ananda Kentish Coomaraswamy insistía en que el hombre de la tradición y el teórico marxista tenían mucho más en común de lo que podían imaginar, el Ayatollah Khomeini insistió en lo mismo, y André Bretón se columpió entre René Guénon y Trosky. Emilio Courbiere , el infatigable estudioso masón argentino, ha trazado una formidable plancha sobre el tema que aquí comparto:

FUENTE: http://es.scribd.com/doc/37008079/El-Hilo-de-Ariadna-Revista-online-5-1

René Guénon y Carlos Marx
críticos de la modernidad burguesa Por Emilio J. Corbière*

Señoras y Señores: Estudiar los escritos, ideas y concepciones de René Guénon y Carlos Marx parece una osadía, ya que a primera vista se trataría de proyectos raigalmente diferentes, uno espiritualista y el otro, materialista. Sin embargo ésta es una interpretación sumaria y un estudio metodológico permite encontrar aspectos que se escapan a las visiones dogmáticas.El pensador francés René Allau fue el primero que intentó una aproximación al tema en su ensayo De Marx a Guénon: de un “crítico radical” a un “crítico de principios” de las sociedades modernas, en el libro de homenaje a Guénon, en “Les Dossier H”, compilación dirigida por Pierre-Marie Sigaud, en la colección “L’Age d’Homme”, publicado en París en 1984. Pero hay otros elementos que ayudan al investigador a efectuar un estudio
comparativo de las ideas de ambos pensadores. Fue el filósofo italiano Rodolfo Mondolfo en su obra Marx y marxismo. Estudio histórico-crítico, quien destacó la influencia en Marx y Engels, especialmente en Marx y, anteriormente, en los socialistas utópicos, de pensadores antiguos y modernos, en cuanto a la formulación del materialismo dialéctico e histórico y a propósito de la enunciación de un concepto de la historia, particularmente los filósofos jónicos (Heráclito, Demócrito y Leucipo), en pensadores romanos como Lucrecio, y especialmente en escritores herméticos como Giordano Bruno, Francis Bacon y Baruch Spinoza. Silvio Frondizi aportará otro elemento que conocí cuando realicé el curso sobre historia de las ideas en la Facultad de Derecho de La Plata en 1962, como se verá en este trabajo, la formulación de la dialéctica de la naturaleza en Marx y Engels que fue tributaria del teósofo y místico alemán del siglo XVI, Jacobo Böehme. Marx murió en 1883, en Londres, y tres años después, nacía René Jean Marie Joseph Guénon, en Blois, Anjou, en el apacible Valle del Loira. Seguramente, en el caso de Guénon tuvo referencia sobre las ideas de Marx y Engels, aunque su camino cultural-espiritual fue distinto, diferente, al de los comunistas. En ambos casos, Guénon y Marx condenaron la modernidad burguesa de la que fueron críticos especialmente por sus deformaciones cientificistas, tecnocráticas y manipuladoras de la persona humana. También rechazaron el positivismo, el cientificismo, el consumismo, el lucro y la alienación de los seres humanos en el trabajo y por la explotación del hombre por el hombre, en lo material y en lo cultural-espiritual. Otro error muy común al abordar la metafísica guenoniana es creer que esta metafísica tiene raíces teológicas o religiosas exotéricas. Trataré de explicar que lo de Guénon tiene como fundamento dos cuestiones esenciales: su carácter iniciático y su explicación del simbolismo porque el mundo y la vida humana se desarrollan en un contexto simbólico sobre lo cual Ernest Cassirer se refirió en sus estudios Filosofía de la Ilustración y Antropología filosófica (Introducción a una filosofía de la cultura). Prueba de ello es que hoy cuando el mundo académico, las ciencias oficiales, la filosofía y la teología, miran con despreocupación los textos antiguos, es decir, los escritos hermético- alejandrinos y otros linderos o signos que vienen de edades pretéritas, incluso desde Sumeria y aún antes, sin embargo reconocen que no se puede explicar la matemática filosófica, la lingüística, la cibernética, la semiótica, las ecuaciones infinitesimales o la física nuclear y quántica, si no se recurre a la explicación simbólica, a una explicación de sus símbolos. En la búsqueda de las esencias El objetivo central de Guénon, de sus escritos, es llevar al hombre y la mujer al término de su destino verdadero, a su identificación con su propia esencia, la realización espiritual que consiste en la toma de conciencia efectiva de la realida del Espíritu. Probablemente su principal escrito en este sentido sea Los estados múltiples del ser. Pero ello se realiza a partir de una vía iniciática activa que se logrará por un camino distinto de las religiones exotéricas o del conocimiento filosófico o metafísico académicos. Desde luego ese método tampoco se encuentra en los pseudoespiritualismos y el llamado ocultismo,
atajo intelectual producto de la precariedad cultural o de las perversiones del pensamiento. En Occidente, donde Guénon cree que las formas tradicionales se han perdido, considera que las únicas organizaciones que siguieron siendo iniciáticas son la Francmasonería y el Compagnonnage. Así lo afirma en Aproximación a la iniciación. Para ello, el metafísico francés estudia la manifestación universal o macrocosmo, que siempre es una manifestación y no una creación y el hombre: centro y microcosmo. Así lo había hecho Cornelio Agripa. ¿No fue acaso testimoniado en los escritos alejandrinos y en la Tabla de esmeralda? Para lograr el estudio del mundo simbólico y la verdadera iniciación, Guénon realizó un esfuerzo intelectual enorme penetrando en el corazón de las tradiciones más misteriosas de la humanidad. “Aquello de lo que nos hablan las leyendas -dice Jean Borella especie de milagro, adquiere sentido y se torna posiblemente verdadero. Leer esta obra es, en cierto aspecto, reencontrar la infancia perdida de las primeras edades”.
Para ello Guénon dice que es necesaria una reforma intelectual, una crítica del mundo moderno burgués y un replanteo de la metafísica y el simbolismo. Tradición quiere decir transmisión. Se logra como decían los viejos alquimistas medievales, mediante una “transmutación psicológica” que se alcanza por la interpretación del mundo simbólico. Ese mundo simbólico contiene los símbolos, las pistas, los landmarks, de la conciencia de la especie. Para lograr la comprensión del mundo simbólico y del acceso a una filosofía perenne o
primordial considera Guénon que es necesario someter a la crítica la modernidad y el racionalismo, entendido como un dogma que no debe ser confundido con la razón intelectiva.Allí es donde encuentra limitada la razón científica transformada en tecnocracia manipuladora de la persona humana, no cuestiona la ciencia como saber práctico, él mismo participaba de ella como matemático, tema que dejótestimoniado en su obra Los principios del cálculo infinitesimal. Lo que cuestionó Guénon es lo mismo que cuestionó la Escuela de Frankfurt en su misma época: la “razón científica” elevada a dogma impide el desarrollo de todas las condiciones intelectuales. Así lo señalaron Herbert Marcuse en Razón y Revolución y Theodor Adorno y Max Horkheimer en Dialéctica del Iluminismo. Guénon no menospreciaba la inteligencia sino que buscaba un acto intelectual, una intuición intelectual que revelara lo metafísico al intelecto. Eso se logra mediante la comprensión de los símbolos y la iniciación. Para Guénon, los símbolos y la iniciación, producen en el intelecto, una
concentración pura sobre el Absoluto, y se llega a ese conocimiento, independientemente de todo medio revelado. Por eso creía que las grandes revelaciones religiosas o de otro tipo no son más que cristalizaciones formales de una Realidad en sí informal. Tanto Marx y como Guénon enseñaron que hay que pensar de otra manera y no continuar repitiendo los pensamientos aprendidos. En el caso de Guénon, es allí, en la iniciación donde reside la verdadera función de lo que denominé “transmutación psicológica”. Lo de Guénon se distingue de las filosofías contemporáneas como también de los sistemas occidentales clásicos. Es importante no confundir la “realización metafísica” en el sentido guenoniano, con una “metafísica” tal como la entienden los historiadores de la filosofía. Por eso no se puede equiparar la metafísica con la ideología porque esta, para Guénon, sería solamente una consecuencia de aquella. Es por eso que rechaza la religiosidad externa o exotérica. Y también la idea de progreso lineal, salvo en el plano de la fuerza material. Rechaza la superstición
de la ciencia transformada en dogma tecnocrático y llama a superar la “vida corriente” de la sociedad de consumo. Dice Borella con acierto que rechazó “la ideología capitalista de la civilización anglosajona”. Cuando mencioné la conciencia de la especie he querido significar la conciencia del pasado, que no es para nada, inmobilista, como algunos creen, ya que se renueva, momento a momento, en el iniciado que vive en sus mínimos detalles, reiterpreta incansablemente, revisa, intuye, los signos que se transforman en sentidos, en inferencias, en evidencias, en tejidos del tiempo. Las civilizaciones tradicionales tuvieron cronistas pero no historiadores, porque como dijo Lao Tse, “el hábil caminante no deja vestigios”. El iniciado, entonces, debe encontrar esa filosofía perenne que forma parte de la conciencia de la especie. Y eso, repito, no tiene nada de inmobilidad. Por el contrario, es todo actividad. Lo expresó claramente Ibn Arabi, el sufí nacido en Murcia, en el siglo XII, en su bella obra Las revelaciones de la Meca: “la conducción divina consiste en que el hombre sea llevado a la perplejidad; ahora bien, la perplejidad es no-inercia, inestabilidad, movimiento, y el movimiento es vida, de
manera que no hay inercia ni muerte, sino existencia pura sin ausencia. Tal es también la naturaleza del agua, que comunica vida a la tierra y provoca el movimiento, de acuerdo a la palabra del Corán: «Y tu ves la tierra desierta, y cuando Nosotros descendemos sobre ella del agua, ella tiembla y concibe, y produce todo tipo de parejas bellas» (Corán, VI, 122). Es posible, entonces, que se comprenda dentro de un siglo que todo el desarrollo del análisis crítico de las sociedades modernas estuvo marcado por dos enfoques metódicos, no menos rigurosos uno que el otro, uno “radical”, el de Marx, el otro “de principios”, el de Guénon, y bien dice René Alleu que “a
pesar de estar situados en las antípodas uno de otro, han aclarado de alguna manera las bases «terrestres» y las cúspides «celestes» de las sociedades «modernas» y «tradicionales». Es así que más allá de una oposición bastante evidente, el historiador futuro percibirá mejor que nosotros la profunda complementariedad de dos rebeliones de estos dos exiliados que fueron, con bases muy diversas, Marx y Guénon. A través de ellos, pueden oírse dos grandes voces: la de un proletariado aún oprimido al este y al oeste; la de un Tercer Mundo culturalmente devastado y económicamente esclavizado por la sociedad industrial occidental”. Castas, artesanos, trabajadores Guénon trató de comprender, desde el punto de vista tradicional, a su tiempo. Mostró que los conflictos entre la casta real y la casta sacerdotal (conflictos fundados en el orgullo del rango y sobre la lucha por el poder) han jugado un rol fundamental en la historia de las civilizaciones. Dice René Alleau que “la aparición de estas divisiones corresponde precisamente al desarrollo cíclico de la teoría tradicional de las cuatro edades de oro, plata, bronce y hierro, y esta última está marcada por una «lucha final» entre la casta de los comerciantes y las clases populares”.La interpretación tradicional no tiene nada de místico ni de abstracto. Guénon se pronunció claramente en el campo económico, por ejemplo, con respecto a la moneda, al artesano y a las condiciones del trabajo. La tecnificación y la mecanización de la mano de obra dividió a los trabajadores en dos clases más alejadas una de otra, al mismo tiempo que la máquina reemplazó la herramienta, mientras que la fábrica reemplazó al taller.Advierte Guénon que la desaparición del artesanado eliminó el carácter conscientemente creador, personal y cualitativo del trabajo artesanal colocando el conjunto de la producción industrial bajo sistemas abstractos administrativos burocráticos y tecnocráticos, que no tienen el más mínimo interés por el trabajador. La sociedad tradicional, dice Guénon, no diferencia entre arte y oficio, entre artista y artesano ya que no existe una sola actividad humana, aún entre las más humildes, que no estuviesen relacionadas con principios superiores metafísicos, teológicos o cosmológicos. La actividad del trabajador
es no solamente útil, como plantea la sociedad burguesa, sino que está revestida de una belleza y de una dignidad sagrada. Por eso, sostiene Guénon que se debe encontrar la armonía entre la tierra y el cielo, entre la naturaleza y la cultura, entre la fe y la razón y toda civilización futura deberá encontrar las llaves de una tarea más importante que la transformación del mundo y de la sociedad por la historia y en la historia; debe encontrar la transfiguración de la vida cotidiana de cada hombre y mujer, aquí y ahora. Tradición y ciclos Guénon confirió a las palabras tradición e iniciación un sentido riguroso. Es lo que el hombre y la mujer reciben y lo identifican con el Logos de la humanidad. Ese despliegue no se produce por un progreso lineal. Repito, lo sabía Hegel cuando habló de los cambios dialécticos superando el racionalismo aristotélico. Cambios cuantitativos o cualitativos. Para Guénon su doctrina cíclica, que extrae de la tradición de la India, excluye toda repetición, ya que los cambios se producen agotándose en cada período sucesivo. Lo ejemplifica con la sucesión de las cuatro edades mencionadas, oro, plata, bronce y hierro, proveniente de la tradición de Hesíodo y Platón. Nos encontraríamos, según la India, al final de la edad de hierro o de los conflictos (el Kali-Yuga) de acuerdo a la terminología hindú, período al que le seguirá un cambio cualitativo. Fue Heráclito de Éfeso, quien planteó una teoría de los ciclos, según lo han desarrollado Oswald Spengler, Theodor Gomperz y Rodolfo Mondolfo. Decía mi maestro Mondolfo en su Heráclito. Textos y problemas de su interpretación:
“El principio universal divino representa para Heráclito la inteligencia y la vida manifiestan como ciclos incesantes de construcción y destrucción, que se han realizado y se realizarán infinitas veces en el curso infinito del tiempo. La teoría de los ciclos cósmicos se asocia a la del flujo universal de la materia ‘eternamente viviente’, comparable con el fluir de un río cuyas aguas cambian sin cesar. Todo se mueve y cambia incesantemente, aun cuando sus transformaciones escapan a nuestra percepción, lo que le parece a Gomperz
una anticipación heraclítea del descubrimiento de los movimientos invisibles, que explicará más tarde la teoría atomista”. “Sin embargo -agrega Mondolfo- Heráclito nos reserva una sorpresa aún mayor con la intuición de una ley única que domina en la vida de la naturaleza tal como en la de los hombres: ley de medida, ley divina, logos eterno, cuyo imperio sustituye a la multiplicidad arbitraria de los dioses del politeísmo. Gomperz juzga semejante idea inspirada a Heráclito por los descubrimientos pitagóricos de la ley del número en la astronomía y en la acústica”. Sigue Mondolfo expresando que Heráclito “Esta impelido hacia la intuición de la ley universal por la exigencia de una permanencia eterna frente al flujo universal de las cosas; esta permanencia la encuentra en la ley inmutable que
se unifica con la materia animada e inteligente, en la concepción mística de la razón universal. No es fácil de reconocer esta ley o razón universal, porque la naturaleza ama ocultarse; pero (agrega Heráclito) hay que esperar lo inesperado y ver, aun en las leyes humanas, la ley divina que lo domina todo”. Concluye aquí Mondolfo: “Por esta idea de una ley eterna inmutable -dice Gomperz- Heráclito pudo ser fuente de una corriente religiosa y conservadora; por el principio de la relatividad, en cambio, fue iniciador de una corriente escéptica y revolucionaria. De él procede, por un lado, el fatalismo resignado de los estoicos y la identidad hegeliana entre real y racional; por otro lado, el radicalismo de la izquierda hegeliana y Proudhon. Puede decirse, según Gomperz, que Heráclito es conservador porque ve en toda negación el elemento positivo y es revolucionario porque en toda afirmación ve el elemento negativo. La relatividad le inspira la justicia de sus valoraciones históricas, pero le impide considerar como definitiva cualquier institución existente”. Es que en Heráclito no solo se presenta el naturalismo jónico sino también la influencia pitagórica y de Orfeo, el orfismo iniciático

14 comentarios - René Guénon y Carlos Marx. I

@ingeneratus +1
Te felicito y agradezco por el aporte: recomendado, agregado, compartido y mañana van los 10---
@Mudanzasya +1
Taringuero querido, el pueblo está contigo. Buen post!

René Guénon y Carlos Marx. I
@ramaob +1
Te pasaste, qué temazo para profundizar...
@nihilismus +1
!0. Posteadores como vos no deberían ser novatos...
@ingeneratus +1
Aigrob : Te felicito y agradezco que agregués estos leñazos a la hoguera de develar los nexos entre la Tradición y lo que parecía su contrario. Antonín Artaud repudió a los surrealistas por su adhesión al marxismo en nombre de la Tradición; Bretón le arrancó una "ventanita" a la Tradición a Trosky (Según algunos el ruso lo forreó pero quedó el detalle metahistórico, poético)...Es larga esta historia...pero , en parte se reduce a la paráfrasis a superadora que le hace Rimbaud a Marx: No se trata de cambiar al mundo sino de cambiar la vida ( Un amigo , Ricardo Iribarren, nos ha recordado una posibilidad también tradicional: La de cambiar DE mundo. Yo he encontrado indicios de esto en la obra de Cortázar)
@ramaob
ingeneratus dijo:Aigrob : Te felicito y agradezco que agregués estos leñazos a la hoguera de develar los nexos entre la Tradición y lo que parecía su contrario. Antonín Artaud repudió a los surrealistas por su adhesión al marxismo en nombre de la Tradición; Bretón le arrancó una "ventanita" a la Tradición a Trosky (Según algunos el ruso lo forreó pero quedó el detalle metahistórico, poético)...Es larga esta historia...pero , en parte se reduce a la paráfrasis a superadora que le hace Rimbaud a Marx: No se trata de cambiar al mundo sino de cambiar la vida ( Un amigo , Ricardo Iribarren, nos ha recordado una posibilidad también tradicional: La de cambiar DE mundo. Yo he encontrado indicios de esto en la obra de Cortázar)
@acacia33 +1
Hace muchos años me sorprendí viendo tantos movimientos marxistas, neomarxistas y anarquistas ¡guenonianos! Aparte de que Gueón DA PARA TODO porque ha reunido lo disperso, como dice ingeneratus resulta OXIMORÓNICO, ejemplo: HAKIM BEY, ese inglés guenoniano, musulmán, faquir o derviche terrorista poético, gurú de los terroristas poéticos internáuticos homenajeado de la película EL CLUB DE LA PELEA...
@acacia33
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Andre Guenon-Rene Breton
03/Febrero/2010 - 20:29
Dejo aquí un fragmento de un bello poema para el gozo de Surrealistas (creo que el libro que le voló la cabeza a Breton fue "los estados multiples del ser&quot

(...) "Si el individuo que sueña toma al mismo tiempo, en el curso de este sueño, una parte activa en los acontecimientos que se desarrollan en él por el efecto de su facultad imaginativa, es decir, si desempeña un papel determinado en la modalidad extracorporal de su ser que corresponde actualmente al estado de su consciencia claramente manifestada, o a lo que se podría llamar la zona central de esta consciencia, por eso no es menos necesario admitir que, simultáneamente, todos los demás papeles son igualmente «actuados» por él, ya sea en otras modalidades, ya sea al menos en diferentes modificaciones secundarias de la misma modalidad, perteneciente también a su consciencia individual, sino en su estado actual, restringido, de manifestación en tanto que consciencia, si al menos en una cualquiera de sus posibilidades de manifestación, las cuales, en su conjunto, abarcan un campo indefinidamente más extenso. Todos estos papeles aparecen naturalmente como secundarios en relación al que es el principal para el individuo, es decir, a aquel donde su consciencia actual está directamente interesada, y, puesto que todos los elementos del sueño no existen más que por él, se puede decir que no son reales sino en tanto que participan en su propia existencia: es él mismo el que los realiza como otras tantas modificaciones de sí mismo, sin dejar por eso de ser él mismo independientemente de estas modificaciones que no afectan en nada a lo que constituye la esencia propia de su individualidad. Además, si el individuo es consciente de que sueña, es decir, de que todos los acontecimientos que se desarrollan en ese estado no tienen verdaderamente más que la realidad que les da él mismo, no será afectado de ninguna manera por ellos mientras será su actor al tiempo que su espectador, y precisamente porque no dejará de ser espectador para devenir actor, puesto que la concepción y la realización no estarán ya separadas para su consciencia individual llegada a un grado de desarrollo suficiente como para abarcar sintéticamente todas las modificaciones actuales de la individualidad. Si ello fuera de otro modo, las mismas modificaciones pueden realizarse también, pero, puesto que la consciencia no liga ya directamente esta realización a la concepción de la cual es un efecto, el individuo es llevado a atribuir a los acontecimientos una realidad exterior a él mismo, y, en la medida en la que se la atribuye efectivamente, está sometido a una ilusión cuya causa está en él, ilusión que consiste en separar la multiplicidad de esos acontecimientos de lo que es su principio inmediato, es decir, de su propia unidad individual.

Este es un ejemplo muy claro de una multiplicidad existiendo en una unidad sin que ésta sea afectada por ello; aunque la unidad de que se trata no sea más que una unidad completamente relativa, la de un individuo, por eso no juega menos, en relación a esta multiplicidad, un papel análogo al de la unidad verdadera y primordial en relación a la manifestación universal". (...)(RENE GUENON; "los estados multiples del ser&quot.

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Pueden hacerse igualmente las mismas precisiones en el caso de la alucinación, en la cual el error no consiste, como se dice de ordinario, en atribuir una realidad al objeto percibido, ya que sería evidentemente imposible percibir algo que no existiera de ninguna manera, sino más bien en atribuirle un modo de realidad diferente del que es verdaderamente el suyo: es en suma una confusión entre el orden de la manifestación sutil y el de la manifestación corporal.
@sancherman +1
No puedo creer que te falten 10 para ser nfu, asi que Welcome. +10
@innatoinclonable
Las aguas falsas e infieles del hegelianismo y el marxismo.

Entregados , en cuerpo y alma, y sin ningún pudor, aun con la obscenidad de una inocente ignorancia, tanto cristianos como musulmanes, explícita o implícitamente, anegan su alma y abortan su espíritu en las ciénagas de las peores herejías y desviaciones, principalmente la HEGELIANA y la MARXISTA. El socialismo no ha tenido el monopolio ni la bondad ni la justicia, por el contrario, él ha sido el que derrotó el código napoleónico que defendía al individuo contra la corporación, institución o estado y no bastaba una rúbrica para agilitar pagarés. cheques, etc. Se discutían , indefinidamente, la génesis y el contexto. El socialismo, el marxismo, con el argumento de la fluidez para el bien del cooperativismo y la sociedad impuso la tremenda injusticia y el nuevo sentido común (Cfr: "CUANDO LAS AGUAS FUERON CAMBIADAS" de la ejecución inmediata o más o menos inmediata de los documentos rubricados. Tampoco el marxismo, el socialismo nos augura justicias ni bondades sino cada vez más iniquidades dictatoriales. También repugna escuchar a tantos "guenonianos" del 80 y otros tradicionalistas, que fueron agentes intelectuales o materiales de las desaparición, tortura y asesinato de personas; muy instalados , ahora, después del balnqueo e infiltración general, en sus puestos masónicos, o zawias o tekias, o funciones de mukadam o sheiks, postular que ¡GUÉNON se equivocó para lo terrestre y que el que tenía la razón es MARX! No hay que confundir las analogías y concilicaiones que pudiesen esbozar un ANANDA KENTISH COOMARASWAMY o las eruditas y especulativas de EMILIO COURBIERE hermano y amigo de otro hermano y amigo, ALFREDO VILLAFAÑE, SIDI HARUM.







http://www.taringa.net/posts/apuntes-y-monografias/11647762/Rene-Guenon-y-Carlos-Marx-I.html