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Derechos e izquierdos de Autor

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Hace tiempo la polémica por internet y los derechos de autor.

La principal idea que quiero transmitir en esta breve monografía es que quienes más fuerza hacen en la puja por el copyrigth no son tanto los autores mismos
sino los empresarios que viven hace ya bastante tiempo de un negocio instalado con estos derechos; venden los productos de los autores en sus tiendas como si fueran galletitas, ellos deciden como reparten la torta de beneficios: al autor solo le queda un pequeño porcentaje (-2%).
Se pensaba hasta ahora que estos empresarios, si bien llevan la mayor parte de las ganacias, tienen cierta "utilidad"
al conectar necesariamente al autor y la gente: al producir, reproducir y vender en un soporte material
la obra del autor (editores, productoras, discográficas, etc.) Pero a su vez a través de la publicidad y otras campañas
ellos son quienes intentan determinar y orientar a la gente qué autores deben consumir; incurriendo así en la tan mentada competencia de mercado.
A los autores por otra parte
no les queda otra alternativa para existir o subsistir que tranzar con los mencionados empresarios.

Cuando aparece en determinado momento, podríamos decir mediante una maduración previsible de la tecnología, la "milagrosa" alternativa de circulación y difusión que ofrece internet sumado a la posibilidad digital de reproducir determinada información al infinito sin ningún costo material (audio, imagen, texto)

qué sucede: los principales perjudicados (los empresarios de la industria cultural) ponen el grito en el cielo: Primero con una campaña moral.
Nos quieren hacer creer que quien copia un archivo es comparable al más violento ladrón y merece una durísima pena de cárcel.
Que los autores y sus familias morirán de hambre en la más cruel de las miserias por nuestra culpa. Luego impulsan leyes prohibitivas.

Pero... esos autores a los cuales los empresarios acostumbran dejar migajas de un gigantesco negocio,
no desaparecieron por ejemplo cuando se inventó la radio en el caso de los músicos,
¿un aparato que permitía escuchar canciones y voces sin pagar la entrada a un evento? Un Crimen.
Ni las orquestas o bandas en vivo desaparecieron cuando se inventó el gramófono o tocadiscos.
Seguramente el fenómeno artístico-social muta y se transforma pero sucede que la tecnología impone fenómenos que no se pueden reprimir.

Se me ocurría una comparación: ya que hablaba del milagro de internet,
podría compararlo con el milagro bíblico de los panes y los peces:
La multitud contempla con gozoso asombro que por obra del mesías se pude multiplicar los panes y los peces
al infinito y así terminar para siempre con el hambre de la gente.
Pero... que pasa ? aparece un grupo de perjudicados,
un puñado de comerciantes se opone ruidosamente: ¡cómo! ¡Yo vendo panes!, ¡y yo peces!,
¡no puede permitirse milagro semejante, aunque beneficie a la gran mayoría de la población,
ya que nos perjudica a nosotros: una minoría de empresarios/comerciantes!

Las leyes están o deberían estar hechas para beneficio de la mayoría.
Si favorecen a un pequeño grupo de empresarios y perjudican a la mayoría
no son más que arreglos oportunos entre los legisladores e intereses económicos.
Y a mi entender la difusión libre de contenidos culturales (ya no piratería) es enormemente beneficiosa para la gente y la cultura al permitir y facilitar el acceso de las masas a información de todo tipo, sin limitaciones de accesibilidad o económicas Ahora, perjudica a un comerciante, al que le conviene que la cantidad de información que adquiere una persona sea proporcional a su capacidad de pago y/o poder adquisitivo.
¡Oh! ¡terrible pecado! ¡A Laburar señor comerciante!

Ir en contra de esas leyes retrógradas y facistas no significa que haya que estar a favor de robarle el trabajo a los autores.
Habría que dejar de perder tiempo y buscar ya la forma de que los autores sean retribuidos por su trabajo sin depender
de empresarios que se encarguen de comercializar sus obras. No es sencillo pero tampoco debe ser muy complejo: sería cuestión de legislar
adecuadamente y asegurarse que parte importante del enorme caudal dinero que genera el fenómeno de internet sea dirigido a los autores.

Cambiaría completamente la relación entre los autores y la gente, sería más directa ya que no dependería de un empresario que intermedie.
La gente tendría acceso a infinitas veces más material, como dije sin limitaciones de accesibilidad o económicas. Los autores tendrían más posibilidades de difusión y serían perfectamente remunerados.

En la selva capitalista suelen hundirse negocios que otrora fueron muy prósperos, fagocitados por nuevas tendencias o tecnologías.
Sucede hace más de dos siglos y sin embargo nadie quizo parar el mundo ni se puso a llorar.
No se prohibió el tocadiscos porque no se venderían entradas a los conciertos.
Ni se prohibió la radio porque no se venderían más discos.
Ni se prohibieron los cd porque los fabricantes de vinilo tendrían que buscar un nuevo negocio.
Ni se prohibieron los automóviles porque los herreros herrarían menos caballos.


C O N C L U S I Ó N: una cosa son los autores y otra bien distinta los empresarios.
Los autores pueden subsistir y existir perfectamente con el fenómeno de internet y hasta los beneficiaría si hubiera una legislación adecuada al respecto.
Y los empresarios... lo lamento; ya que su mundo son los negocios, ha llegado ya la hora de que se busquen un nuevo negocio. A no llorar que seguro lo encontrarán.
Y nosotros como sociedad partícipe capaz de generar algún cambio y no dispuesta a acatar como vacunos las reglas absurdas del comercio del siglo pasado, debemos pensar qué paradigma de difusión de la información queremos construir para el futuro próximo.

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