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Oración monológica II-

Oración monológica II-











Según hemos visto, la ‘oración a Jesús’ responde a un largo proceso que se extendería desde los ambientes del monacato primitivo, hacia el siglo IV, hasta nuestros días. Baldomero Jiménez Duque afirma que: «en el Oriente cristiano se llega así a un método de orar, al margen de lo estrictamente litúrgico, con una estratificación a ultranza, que comporta sus ventajas y sus riesgos». En verdad se trata de todo un método con sus ejercicios y disposiciones preparatorias; con sus grados: vocal, mental, cordial-espiritual; con una teología subyacente, y con una clara meta: la unión con Dios, descrita como «zeosis», deificación.

LA ORACION A JESUS EN OCCIDENTE
Si bien la difusión en occidente de la ‘oración’ se ha producido, principalmente, a través de las sucesivas ediciones de los 'Relatos de un peregrino ruso' y de las traducciones de la 'Filocalia' selección de textos sobre la ‘oración a Jesús’ y el hesicasmo, hay algunas anotaciones finales que hacer.

No parece equivocarse el trapense Basil Pennington cuando afirma: «la expresión oración a Jesús es un paraguas que cubre una variedad de métodos». Habría una sencilla práctica devocional de repetir el nombre del Señor. También se daría el uso de jaculatorias con amplia libertad. Y finalmente el método fijado por el neo-hesicasmo con la fórmula y las prácticas psico-físicas, en diverso grado.

En relación a lo primero, en occidente existe también una gran devoción al nombre de Jesús. San Ambrosio de Milán (333-397), San Agustín de Hipona (354-430), San Pedro Crisólogo (c.406-450), San Beda el Venerable (673-735), son tempranos testigos de ello. En los siglos XI y XII, San Anselmo de Cantorbery (1033-1109) y los autores de la escuela cisterciense expresan frecuentemente una afectiva devoción al nombre del Señor Jesús. También los franciscanos, tras las huellas de San Francisco de Asís (1181-1226), manifiestan una notable piedad hacia el nombre de Jesús. Las 'fraternidades de Jesús' o del 'Buen Jesús' son un testimonio más. El apasionado místico inglés Ricardo Rolle (1300-c.1349) y el Beato germano Enrique Suso (c.1295-1365) difunden con sus escritos la devoción al nombre del Señor. Esto ocurre en el mismo siglo en que, al parecer en Suecia, surgió una «orden del Nombre de Jesús». Un testimonio particularmente significativo es la difusión hacia el siglo XIV del 'Anima Christi' con la invocación '¡Oh buen Jesús, óyeme!' En el siglo XV, bastaría citar a San Bernardino de Siena (1380-1444), el famoso predicador franciscano que difundió, en medio de polémicos esclarecimientos, la devoción al santo nombre de Jesús, que gustaba representar con el trigrama IHS, desarrollando la 'h' en forma de cruz 9 . En el mismo siglo la Iglesia, con la intervención del Papa Sixto IV (del 1471 al 1484), aprobó la fiesta del Santo Nombre de Jesús que, aunque en forma restringida, aún se celebra hoy.

Más adelante, y por si fuera poco, Fray Luis de León (1527-1591), en su clásico 'De los nombres de Cristo', culmina su enumeración de los nombres del Señor con: Jesús. En el marco de una teología del nombre' el preclaro agustino del Siglo de Oro español, escribe: «El nombre de Jesús... es el propio nombre de Christo, porque los demás que se han dicho hasta agora, y otros muchos que se pueden dezir, son nombres comunes suyos, que se dicen dél por alguna semejança que tiene con otras cosas de las quales también se dizen los mismos nombres». Otro agustino español, el valenciano Jerónimo Cantón (1555-1636), escribió hacia principios del siglo XVII una obra titulada 'Excelencias del Nombre de Jesús, según ambas naturalezas' , por encargo de una cofradía de Tarragona, dedicada al Santísimo Nombre de Jesús. Estas pocas referencias —entre las muchas que se podrían mencionar— dan una idea suficiente de la explícita importancia devocional que en occidente se le ha venido dando al nombre del Señor Jesús.

La oración mediante jaculatorias es conocida en occidente, por lo menos, desde tiempos de San Agustín y Casiano, como se ha señalado. Las aspiraciones o piadosas invocaciones que elevan a la persona a Dios y recuerdan su presencia forman parte de la espiritualidad carmelitana, entre otras. Al presentar los Abecedarios espirituales de uno de los grandes maestros de la oración aspirativa en el Carmelo, Juan Sanz (1557-1608), el estudioso carmelita Rafael López Mélus, escribe: «La oración de jaculatorias nació, sobre todo, por obra de San Agustín, pero es la Orden del Carmen quien parece se ha apropiado de ella, y trabaja por llegar a la cumbre practicándola y dándola a conocer entre las almas» 10 . La tradición oriental traída por Casiano se mantuvo a lo largo de los siglos en medios monásticos y piadosos. Por ejemplo, la hermana Kunne Ginnekins (m. 1398), discípula del fundador de la 'Devotio Moderna', Gerardo Groote (1340-1384), repetía incesantemente esta o una jaculatoria similar: «¿Querido Señor Jesús, cuándo vendrás a mi casa?» En su larga agonía, hay testimonios que así lo indican, San Francisco Javier (m. 1552) repetía incansable: '¡Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí! ¡Oh Virgen, Madre de Dios, acuérdate de mí!' La oración por jaculatorias y aspirativa ha sido muy alabada y alentada en un receptivo occidente. Habría incluso que decir que la vida espiritual en occidente, a lo largo de los siglos, está regada de oraciones breves y fervientes 11 .

El padre Hausherr, en su obra El Nombre de Jesús, refiere algunos datos, verdaderamente inverosímiles, de unos campeones occidentales de la oración por jaculatorias en este siglo XX. El jesuita William Doyle que apuntaría a cien mil (sic) repeticiones diarias, superado por un lasallista, el hermano Mutien-Marie, de quien se decía efectuaba unas trescientos setenta mil (sic) aspiraciones al día. Juan Bautista Reus (m. 1947), otro jesuita, quizá siguiendo tradiciones que se remontan al tiempo del fundador San Ignacio de Loyola (1491-1556) o atento a las orientaciones del quinto General de la Compañía de Jesús, el napolitano Claudio Aquaviva (1545-1615), quien recomendaba «volar mentalmente hacia Dios por medio de frecuentes aspiraciones y así encontrar a Dios presente en todo lugar», repetía unas doce mil veces al día la jaculatoria: «Jesús, José y María». Obviamente no se trata de una competencia, pero estos testimonios, más allá de las asombrosas cifras, claramente dejan sentado que también en occidente se practica el ejercicio de breves oraciones dirigidas a Dios como saetas de amor 12 , en cuya trayectoria surgió la ‘oración a Jesús’.

En relación a la práctica de ejercicios corporales en la oración, basten dos testimonios. El primero es de Santo Domingo de Guzmán (1170-1221), de quien se recogen, en Las nueve maneras de orar de Santo Domingo, diversas posturas y ejercicios corporales para favorecer la oración. Por la coincidencia con el tema de la ‘oración’ recogemos parcialmente un relato del Segundo modo de orar. «También Santo Domingo con frecuencia solía rezar echándose al suelo, el cuerpo estirado y apoyada la cara sobre el piso. Entonces con el corazón compungido decía las palabras del Evangelio, a veces lo suficientemente alto como para ser escuchado, 'Señor, ten piedad de mí pecador'. No era la única cita que usaba, ni tampoco era la única postura que asumía en oración. El otro testimonio es el de San Ignacio de Loyola, quien en sus Ejercicios espirituales da diversas orientaciones sobre varias posturas corporales, ambientes, uso de potencias, y ritmos respiratorios. Así, por ejemplo, sobre esto último dice: «El tercero modo de orar es, que con cada un anhélito o resollo se ha de orar mentalmente diciendo una palabra del Pater noster o de otra oración que se rece, de manera que una sóla palabra se diga entre un anhélito y otro».

El ejercicio de la ‘oración a Jesús’ del neo-hesicasmo, con las características con que se ha venido dando en el oriente no se ha dado en occidente, salvo como un trasplante en los últimos tiempos. Sin embargo, los elementos que aparecen bajo ese amplio 'paraguas' que es la ‘oración’, la devoción al nombre de Jesús, la práctica de jaculatorias, incluso incesantemente repetidas, y la intervención de ciertos ejercicios corporales en la oración, sí se encuentran en la tradición occidental, aunque no con idénticas características que en aquella tradición que nació y se fortaleció en tierras de Egipto, Palestina, Siria y Grecia.

MÉTODO DE ORACIÓN
'ORACIÓN DEL NOMBRE DE JESÚS'
PREPARACIÓN REMOTA

1. Vida cristiana activa en la Iglesia.

2. Obediencia y pureza de mente y corazón.

3. Tranquilidad de conciencia.

4. Humildad.

PREPARACIÓN INMEDIATA

1. Relajación del cuerpo, asumiendo la postura más adecuada.

2. Calmar toda emoción.

3. Eliminar toda actividad mental discursiva o imaginativa.

4. Recogerse en el interior.

5. Ponerse confiadamente en la presencia de Dios.

6. Implorar la ayuda del Espíritu Santo (1Cor 12, 3).

CUERPO

1. Concentrar la atención en el lugar del corazón 13 , manteniéndose en paz y en reverencia.

2. Al ritmo de la respiración (inspiración-espiración) repetir (oral o mentalmente) por un determinado número de veces: «Señor Jesucristo, Hijo de Dios,/ ten piedad de mí, pecador». En todo momento deberá mantenerse un reverente y vigilante recogimiento 14 .

BIBLIOGRAFÍA
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1

La mayoría de las traducciones y obras que de ella tratan la llaman ’oración de Jesús’ Sin embargo algunos, con acierto, han señalado que la preposición ‘de’ en castellano implica el posesivo por lo que parece que se trata de la oración ’de’ Jesús, es decir hecha por Jesús. He seguido este parecer, por lo cual la llamo ‘oración a Jesús’, incluso adecuando alguna cita para dar uniformidad al texto.
2

En su famosa carta 130 A Proba , 20, San Agustín de Hipona escribe: «Se dice que los hermanos de Egipto se ejercitan en oraciones frecuentes, pero muy breves y como lanzadas en un abrir y cerrar de ojos ( et raptim quodammodo iaculatas )».
3

En el mundo latino también se da importancia a la ‘oración del publicano’, así por ejemplo, San Cipriano de Cartago (m. 258), quien en su tratado La Oración del Señor , se refiere a ella como paradigma de cómo acercarse a la oración (ver párr. 6). En San Cipriano también se descubren referencias a temas que se encontrarán en los Padres del desierto, como a la ’oración secreta’ prece oculta , y cordial: «en lo íntimo de su corazón», «rezaba...con el corazón» (ver párr. 5); así como a la vigilancia y la atención: «Mas cuando estamos en oración, hermanos carísimos, debemos vigilar y dedicarnos a la plegaria con todo el corazón. Aléjese cualquier pensamiento carnal y mundano, y no piense el alma en otra cosa a no ser en lo que reza» (párr. 31); y a la oración vigilante y continua: «el cristiano aún cuando duerma con los ojos, debe vigilar con el corazón» (ig.); «los que estamos siempre en Cristo... ni de noche abandonemos la plegaria... consideremos la noche como si fuera el día... no sufran menoscabo las preces en las horas nocturnas... allí siempre oraremos y daremos gracias a Dios, aquí, por lo tanto, tampoco cesemos de orar y de dar gracias a Dios» (párr. 36).
4

Contribuye a confundir las investigaciones sobre la identidad y obras de este Macario el que la palabra en griego significa bienaventurado y solía ser de uso común llamar “macarioi” —bienaventurados— a los Padres del yermo. Ver p. ej. “On Macarius of Alexandria” en The Lives of the Desert Fathers , p. 112. Parece bien establecido que al menos dos Padres de nombre Macario vivieron en el siglo IV uno, ’el Grande’ o ’el Egipcio’(c. 300-390) —quien parece haber vivido cerca de San Antonio Abad—, y el otro, Macario de Alejandría —quien habría conocido y formado a Paladio, autor de la Historia Lausiaca —. La atribución a uno u otro de sentencias u homilías no siempre es clara, y menos aún la atribución efectiva a uno de ellos de los apotegmas del Ciclo Copto . El asunto, pues, permanece abierto.
5

Para ahondar en la vida y trabajos del traductor de la Filocalia eslava puede verse Russian Mystics de S. Bolshakoff, pp. 79 ss.
6

En el concilio de la Iglesia Ortodoxa Rusa —reunido con ocasión del milenio del bautismo del príncipe Vladimiro (988), cabeza del Estado que entonces tenía como capital a Kiev—, fueron canonizados por dicha Iglesia: Velichkovsky, Briantchaninov y Teófano el Recluso.
7

Por aquel entonces otro príncipe ruso, Vladimiro Monómaco (1053-1125), en una obra sobre normas de caballería, recomienda como práctica de piedad y penitencia la repetición constante de la jaculatoria: «¡Señor, ten piedad de mí!».
8

Autores posteriores como Teófano (s. XIX) o Kallistos Ware (s. XX) reconocen la plena validez del empleo de variantes de la fórmula.
9

Retomando una idea de inspiración bizantina ya expresada por Ubertino de Casale (m. c. 1329), San Bernardino aspira a expresar gráficamente su devoción al nombre de Jesús mediante el Trigrama sobre un sol con doce rayos. El asunto suscitó una disputa entre franciscanos, que enseñaban la misma devoción que su hermano, y otros mendicantes que consideraban el asunto como una superstición o incluso idolatría, llegando a calificar al Trigrama como «signo del anticristo». La polémica terminó con la bula ‘Apostolicae Sedis’ del Papa Eugenio IV, de enero de 1432, que da su apoyo a la posición de San Bernardino y los franciscanos.
10

El entusiasmo de López Mélus le lleva a conceder incorrectamente a San Agustín la paternidad de la oración por jaculatorias. Cabe también poner de relieve, para evitar equívocos, que en occidente no sólo los carmelitas la practican.
11

Por ejemplo, en ese sentido, recientemente Jean Lafrance, en El Rosario. Un camino hacia la oración incesante, ha propuesto como una vía occidental de la oración monológica : la repetición de «Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores», del Ave María. Lafrance, autor de varios libros sobre el tema de la oración, considera también que el rezo del Rosario sería el equivalente occidental de la ‘oración a Jesús’. Piensa el autor francés que más allá de «problemas de detalles técnicos o de métodos» entre la ‘oración a Jesús’ y el Ave María habría al «nivel profundo de la oración» semejanza en la «estructura» y en «particularidades», siendo lo esencial en ambos «experimentar la misericordia a partir de nuestra condición de pecadores».
12

Un claro ejemplo del actual interés sobre la oración de jaculatorias se puede ver en un escrito del antiguo Arzobispo de Dublín, Kevin McNamara, Cuaresma, un llamado a la oración , publicado en el Japón por ’CPP’ en él se lee: «Un importante modo de practicar la oración vocal es haciendo uso de breves fórmulas verbales. Estas pueden ser textos escriturísticos o lo que comúnmente se conoce como aspiraciones»; y, «¡Que bendición es rezar por unos momentos a intérvalos frecuentes durante el día! Así estamos siempre en presencia de Dios sin importar en qué nos ocupemos. ¡Qué adecuado resulta que con frecuencia nos dirijamos a El confiada y amorosamente».
13

La práctica de esta oración puede resultar sumamente peligrosa, como se descubre por las advertencias de total abstención para aquellos que no gozan de muy buena salud. Igualmente sus difusores recomiendan insistentemente el recurso a un maestro espiritual que guíe a quien se entrega a este método de hacer oración, no sólo por la complejidad misma del método, a pesar de su aparente sencillez, y sus exigencias psico-somáticas, sino también porque el ejercicio de la ’oración del corazón ’aparece como un llamado particular.
14

La ’oración’ permite distinguir tres grados. Vocal: en el que el esfuerzo se centra en la repetición de la fórmula procurando que la actitud personal responda al sentido de lo que la boca pronuncia. Mental: cuando la atención se centra en las palabras de la invocación. Cordial: cuando la mente ora en el corazón, es decir cuando la persona es conducida a centrar la unidad de su ser en la plegaria.Inicio Autores Títulos Temas Especiales Imágenes Novedades Consultas

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© Copyright 2001. BIBLIOTECA ELECTRÓNICA CRISTIANA -BEC- VE MULTIMEDIOS™. Fuente : 'Figari, Luis Fernando, La Oración del Nombre de Jesús, en Revista VE, enero-abril, 1989, año 5, Nro.12 '. La versión electrónica de este documento ha sido realizada por VE MULTIMEDIOS - VIDA Y ESPIRITUALIDAD. Todos los derechos reservados. La -BEC- está protegida por las leyes de derechos de autor nacionales e internacionales que prescriben parámetros para su uso. Hecho el depósito legal.


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Introducción a la Filocalia de la
Oración de Jesús
Ediciones Sígueme - Salamanca, 2004



Acerca de la oración de Jesús *

La invocación incesante del nombre de Jesús
xiste, en la vida de las Iglesias de oriente y de la Iglesia ortodoxa rusa en particular, una práctica espiritual de la oración muy profunda: la oración de Jesús u oración del corazón. La misma fue introducida en Rusia hacia mediados del siglo XIV y san Sergio, el fundador del monaquismo ruso, la conocía y la practicaba, así como sus discípulos. Entre ellos, Nil de la Sora es uno de los más conocidos. Otro monje muy conocido, Paisij Velitchkovsky, la difundió y popularizó en el siglo XVIII.

Pero, a través de las Iglesias de oriente, esta práctica se remonta a la tradición de los Padres griegos de la edad media bizantina: Gregorio Palamas, Simeón el Nuevo Teólogo, Máximo el Confesor, Diádoco de Fótice; así como a los Padres del desierto de los primeros siglos: Macario y Evagrio. Algunos la vinculan con los mismos apóstoles: «Esta oración, dice un texto de la Filocalia, nos viene de los santos apóstoles. Les servía para orar sin interrupción, siguiendo la exhortación de san Pablo a los cristianos de orar sin cesar».

Esta tradición espiritual tuvo sus principales focos de vida en los monasterios del Sinaí a partir del siglo XV, y en el monte Athos, especialmente en el XIV. Desde fines del siglo XVIII se expandió fuera de los monasterios gracias a una obra, la Philocalie publicada en 1782 por un monje griego, Nicodemo el Hagiorita y editada en ruso, poco después, por Paisij Velitchkovsky.

Otra más reciente la popularizó, los Relatos de un peregrino ruso (fin del siglo XIX). Ese libro está extensamente difundido en Rusia; fue traducido al francés en 1945 por Ediciones du Seuil y existen varias ediciones en castellano (Relatos de un peregrino ruso, Salamanca 31997).

La oración de Jesús es una corriente de la espiritualidad oriental, pero algunos ven en ella, además, el «tipo esencial de la mística ortodoxa» (Bulgakov). Otro autor se atreve a denominarla: «corazón de la Ortodoxia»

Esta oración consiste en una invocación incesante del nombre de Jesús, de allí su nombre: oración de Jesús. Ella encuentra su fuerza en la virtud del nombre divino, el nombre de Yahvé en el Antiguo Testamento, el nombre de Jesús en el Nuevo Testamento, particularmente en el libro de los Hechos de los apóstoles: «Aquel que invoque el nombre del Señor será salvado» (Hech 2, 21). El nombre es la persona misma. El nombre de Jesús salva, cura, arroja los espíritus impuros, purifica el corazón. Se trata de «llevar constantemente en el corazón al muy dulce Jesús, de ser inflamado por el recuerdo incesante de su nombre bienamado y por un inefable amor hacia él», así se expresa el padre Paisij Velitchkovsky .

Esta oración se apoya en las exhortaciones apostólicas: «Orad sin cesar…» (1 Tes 5, 17); «Haced en todo tiempo, mediante el Espíritu, toda clase de oraciones…» (Ef 6, 18); e incluso sobre la parábola de Jesús mostrando que «es necesario orar siempre sin descanso» (Lc 18, 1); y sobre esta palabra de orden: «Velad y orad en todo tiempo» (Lc 21, 36).

Dicha oración consiste en repetir sin cesar la fórmula: «Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí, pecador» (según Lc 18, 38). Se trata del grito del ciego de Jericó que implora a Jesús la curación, y también de la oración del publicano: «Oh Dios, compadécete de mí, que soy pecador» (Lc 18, 13). Es también el Kyrie eleison –«Señor, ten piedad de nosotros»– de la liturgia.

«La forma primitiva de la oración de Jesús, dice Meyendorf, parece ser el Kyrie eleison cuya repetición constante en las liturgias orientales se remonta también a los Padres del desierto» .

Las palabras de la fórmula pueden variar, pero se recomienda aplicarse a una fórmula breve y fija. Esto tomará el nombre de «oración monológica». «Que vuestra oración ignore toda multiplicidad: una sola palabra bastó al publicano y al hijo pródigo para obtener el perdón de Dios. Que no exista afectación en las palabras de vuestra oración: ¡cuántas veces los balbuceos simples y monótonos de los niños conmueven a su padre! No os lancéis en largos discursos para no disipar vuestro espíritu en la búsqueda de palabras. Una sola palabra del publicano conmovió la misericordia de Dios; una sola palabra llena de fe salvó al ladrón. La prolijidad en la oración a menudo llena el espíritu de imágenes y lo disipa, mientras que a menudo una sola palabra (monología) tiene por efecto recogerlo» .

La respiración del nombre de Jesús
La oración de Jesús puede comenzar por una oración vocal recitada un cierto número de veces –con ayuda de un rosario, por ejemplo– y bajo la dirección de un guía espiritual o staretz. El rosario ortodoxo, hecho de lana negra trenzada, posee cien «nudos»; los hay más cortos. Se puede recitar uno, o dos, o varios, a ciertas horas del día. Pero éste es sólo un medio exterior que debe conducir a la oración interior. Esta debe entonces adecuarse al ritmo de la respiración. Se recomienda ser prudente y no separarse de las directrices dadas por el staretz. El staretz es un anciano, por lo general monje, que tiene experiencia en la oración y es apto para ser el «padre» o guía espiritual. Sin embargo, si se está en la imposibilidad de tener un guía semejante, «es posible dejarse guiar por la santa Escritura», dice el padre Velitchkovsky, «y por las recomendaciones de los Padres». La respiración sirve de soporte y de símbolo espiritual a la oración. «El nombre de Jesús es un perfume que se expande» (Cant 1, 4) y que se ama respirar. El soplo de Jesús es espiritual, cura, arroja los demonios, comunica el Espíritu santo (Jn 20, 22).

El Espíritu santo es soplo divino (Spiritus, spirare), espiración de amor en el seno del misterio trinitario. La respiración de Jesús, como el latido de su corazón, debía estar ligada sin cesar a ese misterio de amor, como también a los suspiros de la criatura (Mt 7, 34; 8, 12) y a las «aspiraciones» que todo corazón humano lleva en sí. «El mismo Espíritu intercede dentro de nosotros con gemidos inefables» (Rom 8, 26).

La función respiratoria, esencial para la vida del organismo, está ligada a la circulación de la sangre, al ritmo del corazón, a las fibras más profundas de nuestro ser. La respiración profunda del nombre de Jesús es vida para la criatura: «El que da a todos la vida, la respiración y todas las cosas. En él tenemos la vida, el movimiento y el ser» (Hech 17, 25-28). «En lugar de respirar al Espíritu santo, dice Gregorio el Sinaíta, estamos colmados por el soplo de los malos espíritus».

Adecuando la oración al ritmo respiratorio, el espíritu se calma, encuentra el «reposo» (hesychia, en griego; de ahí el nombre de «hesicasmo» dado a esta corriente espiritual de la oración). El espíritu se libera de la agitación del mundo exterior, abandona la multiplicidad y la dispersión, se purifica del movimiento desordenado de los pensamientos, de las imágenes, de las representaciones, de las ideas. Se interioriza y se unifica al mismo tiempo que ora con el cuerpo y se encarna. En la profundidad del corazón, el espíritu y el cuerpo reencuentran su unidad original, el ser humano recobra su «simplicidad».

Conviene buscar el silencio del espíritu, evitar todos los pensamientos, incluso aquellos que parecen lícitos, fijarse constantemente en las profundidades del corazón y decir: «Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí». A veces sólo se dirá: «Señor Jesucristo, ten piedad de mí». Luego se cambiará: «Hijo de Dios, ten piedad de mí»; esta última fórmula, según Gregorio el Sinaíta, es más fácil para los principiantes. Pero no es necesario cambiar a menudo de fórmula, aconseja, sino sólo a veces. «Recitando atentamente esta oración, permanecerás de pie o sentado, o incluso acostado, reteniendo la respiración, en la medida de lo posible, para no respirar demasiado a menudo… Invoca al Señor Jesús con un deseo ferviente y en una paciente expectativa, abandona todo pensamiento… Si ves la impureza de los malos espíritus, es decir, los pensamientos, encerrando el espíritu en el corazón, invoca al Señor Jesús sin cesar y sin distracción, y ellos huirán, invisiblemente quemados por el nombre divino. La hesychia… consiste en buscar al Señor en su corazón, es decir, guardar su corazón en la oración y encontrarse constantemente en el interior de este último…» . Sin embargo, no se trata aquí de actos meritorios: número de rosarios, cantidad de oraciones, mortificaciones en el sentido vulgar.

La noción de mérito está ausente de la teología oriental. «No os inquietéis por el número de oraciones a recitar. Que vuestra sola preocupación sea que la oración brote de vuestro corazón, viviente como una fuente de agua viva. Arrojad enteramente de vuestro espíritu la idea de cantidad» 6. No se trata de un ejercicio mecánico, o de una técnica psico-somática, emparentada con la de otras religiones orientales. Se trata de un ejercicio, ciertamente sostenido, que es llamado «atención», o incluso «sobriedad», o «trabajo espiritual», o «guardia del corazón». Es una vigilancia de la oración que quiere ser y devenir incesante y penetrante en las fuentes mismas del corazón.

La oración del corazón
La oración de Jesús es también llamada oración del corazón.

Esta noción del corazón es esencial en la espiritualidad oriental y, en particular, la rusa. Se podría decir que en este aspecto la tradición oriental no se ha dejado subyugar por las nociones de la filosofía grecolatina y que ha permanecido mucho más cerca de las fuentes bíblicas y semitas.

Existe, en efecto, una teología del corazón en el Antiguo Testamento, al igual que en el Nuevo, que es la llave de la antropología bíblica.

Se puede distinguir –y oponer– el corazón y la cabeza. La cabeza sería el dominio de lo cerebral, de lo mental, de lo intelectual, de lo lógico, de lo racional… Pero el corazón no debe ser reducido únicamente al dominio de lo afectivo, del sentimiento.

«Es un hombre de corazón», se dice a veces, o bien: «es una mujer de cabeza». El corazón es una dimensión espiritual, donde el cuerpo tanto como el alma entremezclan sus raíces. El corazón es la fuente vital del ser.

«El corazón, en efecto, es el amo y el rey de todo el organismo corporal, y cuando la gracia se apodera de las praderas del corazón, reina sobre todos los miembros y todos los pensamientos del alma, y es de allí de donde ella espera el bien» .

«Algunos colocan el espíritu en el cerebro, como en una especie de acrópolis; otros le atribuyen la región central del corazón, aquélla que está libre de todo soplo animal. En cuanto a nosotros, sabemos a ciencia cierta que nuestra alma razonable no está dentro de nosotros como estaría en un vaso –puesto que es incorpórea– y tampoco fuera –puesto que está unida al cuerpo– sino que ella está en el corazón como en su órgano» .

«En cuanto al corazón, designa en la tradición oriental el centro del ser humano, la raíz de las facultades activas del intelecto y de la voluntad, el punto de donde proviene y hacia el cual converge toda la vida espiritual. Es la fuente, oscura y profunda, de donde brota toda la virtud psíquica y espiritual del hombre y por la cual éste está próximo y se comunica con la fuente misma de la vida» .

La oración de Jesús, con su aspecto de técnica espiritual y su ritmo respiratorio, consiste en el descenso del espíritu –o de la inteligencia–al corazón.

«Conviene descender desde el cerebro al corazón. Por el momento, dice Teófano el Recluso, no hay en vosotros más que reflexiones totalmente cerebrales sobre Dios, pero el mismo Dios permanece en el exterior» .

«Ontológicamente, la consecuencia esencial de la caída, para el hombre, es precisamente esta disgregación espiritual por la cual su personalidad está privada de su centro y su inteligencia se dispersa en el mundo exterior. El lugar donde se produce esta dispersión de la personalidad en el mundo de las cosas es la cabeza, el cerebro; allí los pensamientos forman remolinos, como copos de nieve, como enjambres de moscardones en el verano.

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2 comentarios - Oración monológica II-

Logaritmo +3
Si alguien llega a leer esto completo, me hago cura