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La desagradable sociedad rusa

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En nuestro reino de Moscú del Gran Soberano y el la Siberia, los siervos de todo rango sirven al Gran Soberano de esta tierra, y los campesinos labran los campos del diezmo y pagan el censo, y ninguno posee tierras libremente.


Pedro El Grande


La desagradable sociedad rusa

Los rusos han sido esclavizados por el zarismo, para luego serlo por el comunismo, y actualmente por el putinismo.


Con anterioridad a 1991, los rusos y los pueblos que controlaban gozaban de escasos derechos civiles y (con la sola excepción de la década que va desde 1906 a 1917) de ningún derecho político. En la era del absolutismo, los soberanos de Rusia ejercieron la autoridad de una manera más absoluta que sus homólogos occidentales; en la era de la democracia, Rusia se aferró al absolutismo durante más tiempo que ningún otro país europeo. Y durante las siete décadas del comunismo, produjo un régimen que privó al pueblo de sus libertades hasta un punto nunca visto en la historia del mundo. Durante dos siglos y medio (c. 1600 hasta 1861) la inmensa mayoría de los rusos vivió como siervos del Estado o de los terratenientes, atados al suelo y sin recursos legales para protegerse de sus amos y de los funcionarios del gobierno.

¿Por qué esta divergencia con respecto al patrón seguido por la Europa occidental, a la cual Rusia pertenece en virtud de su raza y religión, así como por su proximidad geográfica?


comunismo


La tendencia rusa a un gobierno autoritario no puede atribuirse a factores genéticos. La ciudad-Estado de Novgorod, que en su momento de esplendor durante los siglos XIV y XV abarcó la mayor parte del norte de Rusia, otorgó a sus ciudadanos derechos que igualaban y en algunos aspectos sobrepasaban los que en la actualidad disfrutaban los europeos occidentales. Las causas del fenómeno deben hallarse, por tanto, en otro lugar. Es nuestra opinión que el factor crítico del fracaso de Rusia en la creación de derechos y libertades fue la erradicación de la propiedad sobre la tierra en el Gran Ducado de Moscú, el principado que finalmente conquistó toda Rusia y la sometió a un régimen bajo el cual el monarca no sólo gobernaba al reno y a sus habitantes, sino que literalmente los poseía. Esta fusión de soberanía y posesión, un tipo de gobierno conocido como patrimonial, dejaba todos los derechos sobre la tierra en manos del monarca y le permitía exigir servicios ilimitados a sus siervos,nobles y plebeyos por igual. En un marcado contrasto con el resto de la Europa occidental, donde la autoridad de los reyes se detenía en la frontera de la propiedad privada, en Rusia (al menos hasta finales del Siglo XVIII) esta restricción del poder real era desconocida y, ciertamente, impensable. Y cuando, cerca ya del fin del Siglo XVIII, el zarismo reconoció tardíamente la propiedad privada sobre la tierra, encontró una gran hostilidad tanto entre la élite ilustrada como entre las masas campesinas.

totalitarismo


La ausencia de propiedad sobre la tierra privó a los rusos de todos esos mecanismos mediante los cuales los ingleses lograron limitar el poder de sus reyes. Al no requerir impuestos, dado que toda la tierra les proporcionaba rentas y estaba a su servicio, los zares no necesitaban convocar parlamentos. Las instituciones legales que en todas partes acompañan a la propiedad eran rudimentarias y servían fundamentalmente como instrumento de administración. La noción de derechos individuales se hallaba totalmente velada por la noción de deberes hacia el monarca. La Corona rusa no eximió a las clases altas de su obligatoria servidumbre hacia el Estado hasta 1762, y sólo en 1785 les concedió los títulos de propiedad sobre sus haciendas. Hasta 1861 los campesinos rusos no se libraron de su condición de siervos. Y hubo que esperar a los años 1905 y 1906 para que se otorgaran derechos civiles a los súbditos rusos y tuvieron voz en la actividad legislativa.

Así pues la historia de Rusia ofrece un excelente ejemplo del papel que representa la propiedad en el desarrollo de los derechos civiles y políticos, y demuestra cómo su ausencia posibilita la perpetuación de gobiernos autoritarios y despóticos.


Autoritarismo


Extracto del libro Propiedad y Libertad, de Richard Pipes.

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