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Radicalismo Popular

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RADICALISMO POPULAR


Democracia para siempre. Patria para todos.
Fundamentos para una Argentina industrial, soberana y solidaria


El tránsito que los argentinos iniciamos en 1983 -con sus avances y retrocesos- dejó hasta aquí un saldo de ampliación de derechos civiles, sociales, y, particularmente, en materia de derechos humanos, que ha resultado significativo e inédito a lo largo de la historia de nuestro país
Pero tal vez el balance más positivo de estos 31 años ininterrumpidos de democracia, es el aprendizaje que hicimos como sociedad. No hay duda que se elevó el nivel de conciencia y compromiso de nuestro pueblo.
No obstante, la defensa de lo ganado y, fundamentalmente, la agenda de cambios que el futuro nos demanda para consolidar y profundizar los logros, requiere que todos los actores del campo popular agudicemos nuestras capacidades de anticipación y respuesta frente a los intentos de la derecha por lograr una restauración conservadora.
Una de las enseñanzas que nos deja la experiencia recogida, es la necesidad de tomar permanentemente la iniciativa política para mantener a raya a aquellos sectores que, por efecto de su formación ideológica o por los intereses que expresan, asedian a los gobiernos populares en términos económicos, políticos y culturales de forma constante y desde los más diversos canales y medios. De allí, la necesidad de contar con un nuevo y definitivo sujeto político que se transforme en un instrumento de síntesis de históricas culturas políticas, agregación de demandas latentes y articulación de sectores afines al proyecto nacional, popular y democrático.
Durante más de medio siglo la antinomia “peronismo-antiperonismo” operó como factor de división del campo popular, posibilitándole a la oligarquía vernácula obtener beneficios y privilegios absolutamente desproporcionados con los aportes que efectivamente realizaron para el desarrollo equitativo de la sociedad. Así es como, durante décadas, se construyó una patria para pocos y una democracia restringida destinada a no avanzar en transformaciones estructurales.
La peculiaridad de contar con dos partidos con similares tensiones, conflictos y disputas internas en torno al eje de transformar sociedad o preservar el status quo, complejizo el cuadro de situación, ya que estos clivajes intestinos debilitaron notoriamente a los sectores enfrentados con las corporaciones dentro de ambas formaciones.
La implantación de la matriz de desigualdad productiva y distributiva, el alineamiento con los intereses antinacionales del establishment local y el desmantelamiento del Estado de Bienestar son algunas de las consecuencias de este divorcio. Parte de la complicidad civil en los golpes de estado de 1955, 1966 y 1976 también dan cuenta de ello.
Naturalmente, el hecho de que la derecha argentina no haya contado con una expresión política electoralmente competitiva conspiró históricamente con la posibilidad de materializar una concertación entre las culturas políticas nacionales y populares, debido a que en más de una oportunidad esa misma derecha presiono hacia el interior de las fuerzas populares para subordinarlas alternativamente como instrumento electoral y medio de expresión de sus intereses.
Con una cabal comprensión de esa historia y motivados por ambiciosos proyectos de cambio y transformación social, Raúl Alfonsín y Néstor Kirchner identificaron con suma lucidez el obstáculo que implica la división del campo popular -anidada en el antagonismo radicalismo vs. peronismo- y trataron de suturarla, apelando en reiteradas convocatorias a una articulación común de los espacios equivalentes en términos ideológicos en cada uno de los partidos populares
Los proyectos truncos del “Tercer Movimiento Histórico” y de la “Concertación” expresan la vocación de ambos liderazgos de crear un instrumento político-electoral que les permitiera tonificar el poder de la democracia, para enfrentar las tensiones provocadas por los mercados concentrados y los intentos de desestabilización de los grupos corporativos.
Las urgencias propias de los ritmos vertiginosos de sus respectivos gobiernos, las presiones de los conglomerados económico-mediáticos y, por qué no decirlo, la mezquindad política de algunos dirigentes, esterilizaron esos intentos de síntesis y superación.
Desde entonces queda una asignatura pendiente en el movimiento nacional: la necesidad de encontrar un punto de contacto orgánico y sostenible en el tiempo que permita –por su conformación deliberadamente plural- incorporar los intereses de aquellos argentinos que incluso no se sienten interpelados por ninguna de estas tradiciones políticas pero que a partir de una convocatoria con este tipo de formato podrían llegar a encontrar su espacio de adscripción o militancia.
La aparición de una derecha renovada y con fuerte respaldo de los poderes fácticos con chances de disputar el poder en el 2015 aporta un desafío adicional para promover a este nuevo sujeto político, de modo de alejar cualquier posibilidad de afrontar una triple derrota electoral pero tambien política y cultural.
Para decirlo claramente, seria un error estratégico resignarse a perder el apoyo de los sectores medios, que se beneficiaron con esa ampliación de derechos lograda en los dos mejores momentos de la democracia recuperada y –particularmente- en esta última década con la expansión del consumo y el bienestar, pero seria igualmente insensato sería regalarle a la derecha valores propios de nuestras culturas políticas.
Desde nuestra mirada, el verdadero desafío consiste en volver a reunir el reconocimiento de los sectores populares a lo obtenido en estos años de inclusión, con la esperanza de cambio y progreso que históricamente avivan el espíritu de las capas medias con sentido nacional, en el marco de un proyecto de poder que, como hasta ahora, se proponga garantizar en la próxima década la continuidad de una movilidad social ascendente, la disminución de la brecha de las desigualdades aún existentes y alcanzar el desarrollo definitivamente sustentable del país.
En síntesis, es la hora de concretar un gran Frente Nacional y Social, que sea capaz de congregar las expresiones históricas del yrigoyenismo y del peronismo y las más contemporáneas del alfonsinismo y del kirchnerismo. El conflicto planteado por los ataques especulativos de los fondos buitres, las políticas de redistribución del ingreso y la decisión de fortalecer la autonomía nacional en el marco de la patria grande latinoamericana, han contribuido claramente a dividir aguas entre aquellos que defienden el interés nacional y popular respecto de aquellos otros que se alinean con los intereses antinacionales y antipopulares. Es un escenario sobre el cual se puede y se debe trabajar y militar para generar un proceso de acumulación político, social y electoral.
Es el momento histórico para que la Democracia para Siempre –consolidada por el alfonsinismo- y la Patria para Todos -inspirada por el kirchnerismo- se articulen en ese nuevo sujeto político capaz de llevarnos hacia una Argentina industrial, soberana y solidaria.
Apoyados en nuestras convicciones, rescatando la identidad nacional, popular y democrática de nuestro origen y leyendo las claves de cuál es el camino a seguir -no sólo para impedir una restauración conservadora, sino para extender aun mas los beneficios de la riqueza nacional a la totalidad de nuestro pueblo- es que asumimos el compromiso de bregar para que el movimiento popular argentino encuentre, por fin, una expresión mayoritaria y única donde expresarse.
Raúl Alfonsín terminó con el tabú de que era imposible consolidar la democracia en nuestra patria y así fue como dejamos atrás definitivamente el autoritarismo. Néstor y Cristina Kirchner pusieron en debate las políticas de redistribución del ingreso y terminaron con el fatalismo del condicionamiento y las restricciones que al bienestar de nuestro pueblo y al desarrollo nacional imponía la deuda externa, contribuyendo a dejar atrás la pesadilla del neoliberalismo.
Estas son las razones y fundamentos que animan a este Congreso Nacional del Radicalismo Popular a declarar su decisión de promover un acuerdo estratégico con el Frente para la Victoria, que abra un nuevo ciclo histórico que, en el marco democrático, permita a las mayorías populares seguir gobernando su propio destino y el de la patria.

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