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Estamos cambiando de calzado… y no desasiéndonos del pie

Quiero referirme en esta ocasión al caso del Presidente electo de Honduras Manuel Zelaya, mismo que se presta para mucho análisis y que en mi caso a servido de aldabonazo de advertencia la floreciente nueva casta de dictadores democráticos.

No voy a dar detalles sobre su caso ya que hay mucha información al respecto en todos los medios informativos.

Si es cierto: Zelaya se nota que es un discípulo de Chávez y a su manera engañó al electorado, ya que dijo una cosa en campaña y otra al tomar el poder.

Adicional a ello está siguiendo la fórmula chavista de ganar las elecciones limpiamente; subir al poder; aplicar técnicas populistas para ganarse al pueblo; luego, aprovechando el apoyo popular, modificar la constitución; y por último perpetuase en el poder a punta de mas populismo y con el apoyo de las leyes que ha modificado a su antojo.


Para políticos oportunistas esta fórmula es muy tentadora y atractiva, ya que no implica mucho de su parte y a primeras aparenta que está con el pueblo, lo que le da un aura de servidor de las masas.

El problema es que el populismo a la larga destruye las economías de los países ya que al igual que el consumismo no propicia el ahorro sino el gasto.

Les enseña a los pueblos que las cosas tienen que dárselas y no ganárselas – produciendo – por lo que económicamente el populismo es un suicidio.
En el caso de Chávez ha habido una excepción debido a la gran cantidad de petróleo que dicho país exporta, lo cual le garantiza que aunque el bidón tenga un escape, siempre estará lleno – al menos mientras haya combustible - debido a que el dinero del presupuesto se va a chorros en medidas populistas, pero así mismo entra producto del petróleo.

Siendo así el argumento de legitimidad es válido: Zelaya es el presidente constitucional y la constitución hondureña debe señalar cuál es el procedimiento adecuado para destituir al presidente democráticamente electo.
No creo que diga que haya que sacarlo a punta de fusil de su casa y desterrarlo de su país.

Sin embargo, he aquí la paradoja: ¿Qué hacemos cuando un presidente a todas luces está conspirando contra la propia democracia que lo eligió? ¿Solo porque fue electo hay que dejarle en paz para que haga lo que le de la gana, utilizando para ello los recursos del estado, durante 5 años?


Ese es un dilema que en este caso tenía una solución simple: seguir el procedimiento establecido – no el que usaron y que solo ha servido para hacer un mártir del presidente Zelaya – o al menos nombrar a su vicepresidente como interino, mientras las cosas se arreglan.

Este caso tan polémico debería llamarnos la atención y servir para darnos cuenta de algo: poco a poco nos estamos dirigiendo todos los países de nuestra región – hablo de la latinoamericana – hacia dictaduras civiles, y nada estamos haciendo al respecto, bajo la excusa de que el presidente fue democráticamente electo.

Esta inepta OEA – o el organismo que sea – deberá desde ya empezar a tomar medidas para que sus estados miembros, todos, se empiecen a comprometer no solo a respetar los resultados de las urnas, sino también a exigirle a sus presidentes que respeten el orden democrático y cesen de acomodar las leyes de sus países a su conveniencia, ya que el poder es intoxicante y nubla la mente.

¿Quieren más ejemplos? Chávez, Evo, Correa, Fujimori, Uribe, Daniel Ortega, etc. ¿No deberíamos empezar a preocuparnos?

¿Qué estamos esperando? ¿Me importa a mí que sea una bota o un zapato el que pise mis derechos y libertades? A mí por lo menos no me importa el tipo de calzado: me importa deshacerme del pie opresor.


Ahora, ¿Quiénes son los culpables de que todos estos seudo dictadores - arropados de y por la democracia - existan y lleguen al poder?
Los culpables son todos esos políticos que surgieron después que una a una fueron cayendo las dictaduras militares y que en lugar de elevarse a las alturas de la grandeza se hundieron en la rapiña y vandalizaron las arcas de sus correspondientes países, rompiendo en pedazos las ilusiones de los pueblos que depositaron en ellos sus esperanzas.

Cuando un pueblo pierde la esperanza, se pierde todo y es muy peligroso.
Es entonces que empiezan a surgir los mesías redentores que prometen acabar con los explotadores y los corruptos, y los pueblos – en su desesperación – abrazan su mensaje y caen en la trampa.
No se dan cuenta de que no cambiaron de moneda: simplemente le dieron vuelta.

Aquí en Panamá estamos en ciernes de un nuevo gobierno el cual tiene la fe de más del 60% del electorado – incluyéndome – y que espera no ser defraudado una vez más.

En nuestro país estamos viviendo la misma historia que se ha vivido en otros países que ahora ostentan dictadores democráticos - que palabras mas contrastantes, ¿cierto? -, en el sentido de que el nuevo presidente es producto de la frustración del pueblo con los dos polos de poder que se han turnado en el poder desde que la narco dictadura cayó.
Y todos esperamos que haga honor a su palabra y propicie un cambio para mejor y sin populismo.

Los pueblos no merecen que les den migajas – y menos que los acostumbren a ellas –; lo que necesitan es educación y oportunidades: el resto déjenselo a ellos.

Voy a terminar con las palabras de José María Aznar que rezan:

Cuanto más poder se le otorga a los poderes públicos, más parcelas de vida económica y social dependen de quienes en cada momento gobiernan y eso genera favoritismo o simple y llana arbitrariedad.


Dixi

Autor: Yohel Amat V. (http://yohelyav.blogspot.com/)

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2 comentarios - Estamos cambiando de calzado… y no desasiéndonos del pie

@luigi26ayala
vamos honduras abajo zelaya viva la democracia y la constitucion politica