El post que buscas se encuentra eliminado, pero este también te puede interesar

Cuento de Fútbol

En este espacio, aparte de escribir algunas cositas mias, la intención tambien es poner lo que me gusta y como a mi me gusta el futbol y toda la literatura que con ese tema se escriba, aqui posteo un cuento de mi amigo y compañero de futbol de todos los miércoles, Claudio Tófolo.

Cuento de Fútbol

Que con mis amigos somos unos apasionados por el fútbol no es ninguna novedad para los que nos conocen. Hablamos constantemente con términos futboleros, le ponemos nombres de jugadores a las novias o mujeres que han pasado por nuestras vidas por similitud de estilos, por el “número de camiseta/ puntaje”, por alguna característica en su físico o por la zona geográfica de la que es oriunda, y otros detalles que me llevaría páginas y páginas enumerar. Pero creo que el fin de semana dimos una demostración que supera cualquier explicación de la atracción que genera en nosotros la pelota.

El Negro me llamó para fin de año y me propuso irnos a Carlos Paz el primer fin de semana de 2006 junto con Dani y un cuarto que no estaba confirmado así nos salía más barato el viaje a todos ya que íbamos con Román (nombre del auto del Negro, en homenaje a Riquelme). Pensamos en Maurito pero está “encajetado” con San Pedro. Se va todos los fines de semana. Hernán se bajó (fue acusado de no ir por “pecho frío”) pero otro leproso amigo de Dani —Juan Pablo, (lo conocí en el viaje)— salvó el honor de los rojinegros y completó el equipo.

A la hora de armar el bolso pensé en alguna camiseta extraña de las que tengo y cargué la de Excursionistas que me regaló el Rusito más una que me hice fabricar que es blanca con el escudo de All Boys (mi equipo favorito) del lado del corazón, Maradona con la camiseta argentina en el medio con su clásico saltito en el festejo de uno de sus goles y el Flaco Menotti del lado derecho, mi ícono futbolístico. Trabajé en mi raro pero cómodo horario nocturno y viajé a Rosario a las 8 de la mañana del viernes llegando a la ciudad del Negro Fontanarrosa y de Olmedo, entre otros talentosos, al mediodía. Rosario me recibió con mucho calor. Fui a almorzar a El Cairo y luego a dormir la siesta a lo del Negro que, al igual que Dani y Juan Pablo, trabajaban hasta las 5.

Compramos un par de Quilmes para el viaje y partimos rumbo a Carlitos Paz. En el camino le contamos a Juan Pablo la manía que tenemos con el Negro de ponerle nombre de jugadores a las chicas. Entonces se enteró que el Negro está con la brujita Verón (por su consulta a brujos), y que a veces se ve con Puchero Donet (porque cuando el Negro le dice que no se pueden ver, ella le hace un pucherito, que, según el telebeam, sobresale dos centímetros el labio inferior), que yo me peleé hace poco con el melli Guillermo (una 7 talentosa pero muy protestona, insoportable y “sisañera”, como la definió Hernán), que hace un tiempo andábamos con Quintanita (por su estatura) y el Chapu Braña (por la chuequera y la altura) y así sucesivamente. Que lo mejor que tuve fue un Batistuta (un 9 potente y de selección, con experiencia) y lo más flojo, un 4 de Laferrere (que también podía jugar de 3). Entonces el Negro que conoce a la novia de Dani y a la candidata de Juan Pablo empezó a pensar qué jugadores serían mientras me pedía ayuda a mí dándome algunas características. Finalmente llegamos a la conclusión de que Dani está con Diego Mateo (un volante rendidor, tranquilito, callado pero que no se guarda nada, primero pasamos por Teté González pero no nos conformaba) y Juan sale con Cissé, el delantero francés que juega en el fútbol inglés (porque es oscurita de piel pero con claritos, como el joven punta del Liverpool).

Llegamos a eso de las diez de la noche al hostel. La verdad que está lindo. Un chalet con varias habitaciones y una gran pileta. Estábamos cansados pero obviamente salimos igual. Antes de salir “jugó Duscher” (por la ducha), player que, en la suma del fin de semana, le tendríamos que haber dado más minutos en cancha, y en la charla táctica antes de salir les advertí a los chicos que tengan cuidado a la vuelta con “Scaloni” por un gran escalón que había en la entrada de la habitación. Fuimos a Zebra, donde la gente del hostel tenía entrada gratis. Nos guió el Tolo Gallego (por su parecido físico se ganó el apodo al toque). El lugar está bueno pero la marcha nos espantó. Encima pedimos un fernet pero en ese boliche lo hacían con Pepsi. La desafectación de “Diego Cocca” fue otro duro golpe para el equipo Un fernet se hace con coca. No se negocia eso. Dimos unas vueltas y nos fuimos a dormir a las 5.30.

La ansiedad por aprovechar el día nos hizo levantar cerca de las diez y a las once, después de que “Diego Garay” (no era un diez pero era un fiel exponente de Córdoba, morocha, retacona pero interesantísimo valor) nos hiciera el desayuno, ya estábamos en la pileta escuchando Kapanga. El Negro picó en punta con Garay. Parece que hay onda. Los encargados del hostel son de Etruria, provincia de Córdoba, les nombré jugadores de la zona cuando me ubicaron donde quedaba, cerca de Villa María. Les nombré a Lucas Giovini que es de La Laguna y ataja en Acassuso, ellos me nombraron a Bizarri de Etruria y a Baralle que jugó en Instituto y Racing de Córdoba. Agregamos a “Pirulo” Rivarola de Santa Eufemia, Jorgito Vázquez (ex River) de Pascana, yo nombré a mi amigo el “Chango” Salgado que juega en Villa María pero no lo conocían y así el fútbol seguía dando vueltas en todas las charlas.

A la tarde nos fuimos a Icho Cruz con Juancito y Seba que nos vinieron a visitar de Córdoba capital. Volvimos al anochecer. Con Dani y Juan Pablo nos fuimos a hacer una siestita de 9 a 10 y el Negro se quedó solo con “Garay” pero le pegó el sueño y se fue cuando estaban solos en el parque (jugó Gianluigi Lentini, el ex volante del Milan… ¿o Kaká?). Nos habíamos hecho amigos de tres chicas que se juntaron con nosotros a tomar unos melones con vino. Luego se acercó un flaco de Banfield que nos dio la noticia de que Garrafa Sánchez se había accidentado esa noche. Nos puso triste todos ya que los amantes del fútbol de cualquier equipo tenemos simpatía por los “locos lindos” que encima juegan bien a la pelota como es el caso de este número diez calvo que tanto admiré. Pero tampoco sabíamos la gravedad de lo que había pasado y recién nos enteramos del deceso el domingo cuando volvíamos en la ruta. Salimos todos juntos con las chicas, fuimos al boliche y volvimos con algunos intereses ya definidos. A mi me gustó mucho Daichu que el Negro definió muy bien como Abraham (el zaguero de Independiente, porque es un 6 con proyección internacional, bien plantada y buen físico) y con mucha maldad definió a la de Juan Pablo como Arzuaga (el delantero medio deforme del Junior de Barranquilla que alguna vez complicó a Boca en la Copa y ahora recaló en Central), aunque para mí era Cozzoni pero en su mejor momento, tan malo no soy.

Cuando llegó la hora de volver –el lunes trabajábamos los cuatro-, domingo tipo 4 de la tarde, nos despedimos de todos y emprendimos el regreso. Veníamos hablando con Dani de lo lindo que es viajar escuchando partidos de fútbol, que si fuera un domingo donde está en pleno campeonato, hubiésemos escuchado el de las 17 horas y el de las 19 lo que nos hubiese llevado todo el viaje, pero también, si habría campeonato, por mi profesión de periodista en ese momento, yo estaría ligado al trabajo y no podría haber viajado. Y en cada localidad que pasábamos hacíamos memoria pensando el nombre de algún futbolista oriundo de esa ciudad. Haciendo zapping en las radios –las perdíamos a medida que “Román” eludía pueblos-, pasando Las Rosas (la tierra de Ponzio y Christian Ruffini, el ex Newell’s), agarramos un partido que atrapó la atención de todos. Jugaban Argentino de Las Parejas-Sport Cañadense de Cañada de Gómez por la revancha de la semifinal de la Liga Cañadense. El partido de ida terminó igualado 2-2 y el desquite que se jugaba en Cañada de Gómez estaba 0-0. Escuchamos algunos jugadores que conocíamos como el Chino Flores Coronel (ex Central), Juan Pablo Ruffa (inferiores de Newell’s y Argentino de Rosario), yo conocía al Pepe Maslovar un arquero que “pintaba lindo” en Newell’s pero se rompió la rodilla. El partido era malo por lo que decía el comentarista pero emotivo por lo que se estaba jugando: quién definiría el torneo contra Cremería de Carcarañá que le había ganado por penales a su clásico rival, Campaña. En un momento el relator dijo que si seguían jugando así iban indefectiblemente a los penales. Dani, que por su trabajo viaja constantemente por toda la provincia de Santa Fe, dijo que si no le fallaba la memoria la cancha quedaba sobre la ruta 9. Nos miramos y empezamos a sacar cuentas a cuántos kilómetros estábamos de Cañada de Gómez y si llegábamos para los penales. Aceleramos por la 9 (para los que dicen que Román es lento), pasamos camiones como loquitos. Íbamos “echando puta como cabaret en quiebra”, y llegamos al estadio de Sport justo cuando estaban por empezar los penales. Dejamos el auto y nos bajamos los cuatro corriendo. No habían abierto las puertas como pensábamos que iba a pasar, lo que nos obligó a treparnos al tapial como varios hinchas que no habían ingresado. El muro era bastante alto para mí por mi corta estatura (no soy petiso, soy un “hombre bajo”). Busqué unas escombros que había por ahí y llegué a asomarme por arriba de la “chino” Tapia. Le pregunté al de al lado mío —que estaba con una camiseta de Aldosivi— cual era el local, “los celestes”, me contestó. En realidad los dos son celestes pero Argentino jugó con la blanca. Los penales se patearon en el arco más lejano a nuestra posición (hubiese sido demasiado que se ejecuten en la valla en la cual estábamos nosotros). Yo apostaba por el equipo de Pepe Maslovar por las ilusiones que seguramente habrá tenido al tener condiciones y le cortaron las lesiones. Juan Pablo quería que pierda el “chino” Flores Coronel por canallón. Los otros dos sólo miraban con la atracción que despierta una definición por penales para los futboleros.

Arrancó pateando el local y Flores convirtió. Fue Bengoechea para el visitante y la clavó arriba cruzado, un golazo. Tan bien le pegó que pregunté si no era el profe Bengoechea, el uruguayo. De donde estaba ubicado alcanzaba a escuchar al relator de la radio quien hacía su trabajo al aire libre, por eso sabía quién pateaba. Fue Yánez y la picó dejando helado a medio estadio. Le tocó a Montaldi y el remate dio en el travesaño, picó y salió. ¿La serie se empezaba a definir? No señor, porque el “chino” Flores Coronel perdió con Maslovar y la cosa quedó igual ante el grito de Juan Pablo de “¡Fracasado, bien hecho por canallón!” y otras cositas que no viene al caso exponer en este relato. Fue Lucero y con justeza puso las cosas iguales. Comba también convirtió para el local y le tocó el turno a Emanuel Gorosito, el 4… ni Luisito Rubio en su personaje de Eber Ludueña le hubiese pegado tan mal. Afuera. Casi le pega al juez de línea que estaba parado a un costado para marcar el posible adelantamiento del arquero. Fue el momento de Bisconti, el capitán cañadense que convirtió el 4-2 definitivo que le dio el paso a la final a Sport. Los muchachos de Las Parejas se fueron aplaudidos igual y nosotros seguimos viaje a Rosario, felices por el regalo de haber visto un poquito de fútbol en este Enero que nos tiene huérfanos de la pelota. Andábamos como Eduardo Galeano, mendigando un pedacito de fútbol… y “el de arriba” nos tiró un centro cruzándonos esa definición en nuestro camino para ir “tirando” hasta que empiece el Clausura.

Fuente: http://fernandomoron.wordpress.com

1 comentario - Cuento de Fútbol

eduardorestiver
LUCAS GIOVINI ,ARGENTINO Y CORDOBES! LA RE P.,....