cuando la Libertad es Delito-Paraguay

Hoy en día es imposible concebir la existencia de gobiernos dictatoriales que prohíban al mundo entero vivir con absoluta libertad. Y aunque las Cruzadas cristianas o las guerras mundiales ya finalizaron hace mucho tiempo, continúan regímenes que se caracterizan por su dureza, brutalidad y oscurantismo, y otros, con la mezcla de ellos.


Este último caso, el monstruoso, es de la dictadura comunista de China.


El avance económico que experimenta el gigante asiático, desde hace tres décadas, queda relegado con sus políticas represivas estructuradas sistemáticamente por una clase de políticos socialistas de Pekín.


El ejemplo más claro fue el viernes pasado, en el cual se anunció la sentencia de 11 años de prisión para el escritor disidente Liu Xiaobo por “subversión e incitar a actividades de agitación, destinadas a derrocar al Gobierno”. Su verdadero delito fue pedir que China sea una país democrático.


Liu había sido uno de los firmantes de la “Carta 08”, que instaba a la reforma política, mayor libertad y el fin del partido único, mediante el sufragio universal de los ciudadanos.


En la República Popular China, desde que los comunistas tomaron el poder hace 60 años, la producción y acumulación de riqueza van de la mano con la bestialidad desatada a todos los opositores. Allí, no hay libertad de expresión ni de prensa, no existe la libertad religiosa, internet está limitado y, en muchos casos, censurado, y sigue en vigencia el partido único de gobierno, que controla al Poder Judicial.


Desde que cientos de estudiantes se levantaron contra la dictadura hace 20 años, en Tiananmen, se recrudecieron las restricciones y se impulsaron más castigos para aquellos que deseaban mayor apertura democrática del país.
Las condenas a varios años de cárceles se mezclaron con el confinamiento a campos de concentración, similares a los que tenían los nazis y soviéticos.


Año tras año, decenas de disidentes soportaron humillaciones, trabajos forzados, torturas físicas y sicológicas, además de exilios y ejecuciones.


Los casos emblemáticos sobran. En 1991, Wang Dan, uno de los líderes estudiantiles de Tiananmen, fue condenado a 4 años de cárcel por las manifestaciones, sumados a una nueva condena de 11 años más. En 1998 fue expulsado a Estados Unidos.


En 1992, el antiguo brazo derecho del secretario general del Partido Comunista Zhao Ziyang, Bao Tong, fue sentenciado a 7 años de reclusión por “apoyar a los manifestantes prodemocráticos”.


Los cargos parecen burlarse de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, o cartas de derechos fundamentales de varias naciones; sin embargo, los comunistas chinos siguen teniendo la figura de “crimen contrarrevolucionario”, para todo aquel que desea más libertad.


El año pasado el informático y activista de DD.HH. Hu Jia fue condenado a tres años y medio de cárcel por “tentativa de subversión”, luego de publicaciones de artículos críticos contra el régimen en internet.


La sentencia a Liu Xiaobo recibió el rechazo general de la comunidad internacional. EE.UU., Francia, Reino Unido y Alemania fueron los primeros en reaccionar ante tan grave atentado, seguidos de la Organización de Naciones Unidas.

Lamentablemente, ningún país amenazó con imponer sanciones si no liberan al escritor.


Todavía existen dictaduras crueles en casi todos los continentes, que persisten no solo por su bestialidad con sus ciudadanos, sino por la indiferencia o reacción tibia de otros gobiernos que permiten que la libertad individual sea solo un sueño para muchos habitantes del planeta, a 10 años de la entrada al nuevo milenio caracterizado por la era del conocimiento.

agradezco a eduardo quintana por ayudar a resumir

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