Alternativa al neoliberalismo

Aportes y limitaciones en las teorizaciones de Ralph Dahrendorf



El pensamiento político contemporáneo está necesariamente influido por toda una serie de corrientes anteriores que han venido a moldear, en relación con los momentos históricos precisos, la presente configuración de los sistemas políticos y su caracterización ideológica actual. Simultáneamente, estas corrientes de antaño son interrogadas, reformuladas, reencausadas y/o realimentadas en el marco de un mapa cognitivo que se nutre continuamente en la producción científica y filosófica.

Nos encontramos frente a una paradoja que encierra en si misma el sentido de la producción intelectual, el fin y el principio de una relación dialéctica que descansa sobre los hombros de la posibilidad hermenéutica.
Lo antedicho, nos obliga a tratar de evitar un análisis lineal o determinista, a tratar de entender la causalidad en su interrelación de forma circular, es decir, entendiendo que los efectos repercuten a su vez sobre las causas, lo cual es lo mismo que decir que pasado y presente se influyen entre sí respectivamente.

Es así, como nos encontramos frente al paradigma liberal. Una usina del pensamiento moderno, un taller de continua producción científica y filosófica, que ha influido, quizás como ningún otro, en el pensamiento político, económico y social de la modernidad. Desde Smith, Ricardo, Locke, Hume, Bentham, Spencer, Stuart Mill, Voltaire, Rousseau, Montesquieu, Toqueville o Weber, hasta Dahl, Hayek, Friedman, Easton, Parsons o Dahrendorf, solo por citar algunos, el liberalismo ha dejado una marca indeleble en el devenir histórico de la humanidad.

Ahora bien, es indudable que cada uno de estos autores ha contribuido al crecimiento del bagaje teórico del paradigma liberal, sin embargo, no todos ellos han compartido, o confluido, en los mismos postulados. De esta forma, parece difícil englobar las proposiciones de Hayek y Dahrendorf, o colocar, bajo los mismos axiomas, las teorizaciones de Locke y/o Smith con las de Rousseau.

Sin embargo, todos ellos son parte del paradigma liberal, y todos, repito, todos ellos, han sido influenciados por la producción de conocimiento intelectual acumulada bajo los preceptos de la tradición liberal de pensamiento.
De este modo, al interrogarnos sobre las innovaciones introducidas por Ralph Dahrendorf al paradigma liberal veremos como el mismo paradigma, condiciona, y a veces limita, los postulados de dicho autor. Es decir, debemos preguntarnos de que forma el paradigma liberal influye y encausa el pensamiento de Dahrendorf mientras descubrimos, y desciframos, que innovaciones introduce este pensador al paradigma mencionado.

Liberal y escéptico, crítico del blairismo, siempre en guardia contra el optimismo de la globalización, Ralph Dahrendorf nos acerca a un liberalismo unido al empirismo y a la tradición crítica que va de Kant a Popper, critico de los aspectos metafísicos del marxismo y del estructural funcionalismo americano y del carácter conservador de una teoría liberal limitada y trunca.

En su conceptualización, el liberalismo debe superar la defensa de la sociedad abierta, de las reglas de juego que garantizan la posibilidad de una pluralidad de respuestas. El estado de derecho, bajo el gobierno de la ley, si bien es una principio esencial en el liberalismo, es algo que en si mismo no basta. “es la condición necesaria, pero no suficiente, del liberalismo.”

En este aspecto, el liberalismo de Dahrendorf se nos presenta como superador de los presupuestos del liberalismo ingles del siglo XIX. En efecto, el liberalismo político del siglo XIX surgió como defensa de la libertad de los burgueses contra el poder absoluto del Estado. Trató, pues, de limitar dicho poder y proclamar los derechos y libertades personales: la igualdad jurídica, la libertad de residencia, de empresa, de circulación, etc. Al Estado sólo le correspondía actuar en el ámbito político, no en el ámbito social o económico, lo que se expresa en el conocido lema "Laissez faire" o “dejad hacer, dejad pasar”. La Sociedad debía ser autónoma. El desarrollo del capitalismo suponía la aparición de un ámbito autónomo, donde las relaciones sociales se autorregularan sin necesidad del Estado. Es así, como a través de la "Mano Invisible" del mercado, el interés individual se encargaría de organizar las relaciones sociales de una forma natural; los individuos, al defender su interés, conseguirían de forma natural defender el interés colectivo.

Sin embargo, para Dahrendorf, “…los presupuestos de la teoría económica librecambista no son una descripción correcta de lo que efectivamente sucede en las sociedades avanzadas. Una economía de libre mercado presupone, en cierto sentido, que en cada campo existe un gran numero de sujetos que tienen la misma chance y que, a través de “la mano invisible del mercado” (dicho sea para citar a Adam Smith), producen los mejores resultados en términos de bienestar, en el sentido de bienestar económico para el mayor numero de personas. En realidad, en la mayor parte de los sectores no tenemos de hecho un gran numero de sujetos económicos, sino que tenemos en su lugar, un pequeño numero de sujetos, porque la misma lógica de mercado, unida a las intervenciones gubernativas, ha dado lugar a una enorme concentración en los mayores sectores industriales. No tenemos, además, un sistema de información que sea completamente transparente, en el sentido de que el sistema de información de que dispone el consumidor esta influido, en gran medida por el pool de los intereses organizados, por la publicidad, por la manipulación de las noticias. En consecuencia, por una serie de razones, no existe la “mano invisible del mercado” .En el proceso económico tenemos manos muy visibles y podemos ver sus efectos.”

“A mi modo de ver, el liberalismo contiene dos elementos fundamentales y ambos se refieren a la esfera individual y a las que definiré como “life chances” del individuo. El primero de estos elementos se refiere a la protección del individuo y de sus chances con respecto a cualquier limitación arbitraria. Este es el aspecto negativo o pasivo del liberalismo, aunque es precisamente este aspecto el que frecuentemente anima a los hombres a actuar y, sobre todo, los incita a la protesta. El segundo elemento del liberalismo, igualmente importante, esta en el esfuerzo incesante por ampliar las oportunidades de vida de los individuos: es decir el esfuerzo de cambiar las condiciones de la sociedad en la cual viven los individuos, de modo que un numero siempre mayor de personas goce de chances de vida siempre mejores. Este es el elemento activo del liberalismo, y quisiera subrayar que es indispensable. El liberalismo no es de ninguna manera la teoría Política del statu quo.”

Dahrendorf no nos esta hablando del mero desarrollo económico, sino de un desarrollo de signos políticos y sociales; un desarrollo que puede y debería ser planificado para que todos los hombres se beneficiaran de él.
Se trata de inyectar a la sociedad civil de una política de reformas que generen lazos, que a su vez permitan, a los individuos, dar un sentido concreto a sus elecciones. La implementación de una política social seria, en la visión de Dahrendorf, terminaría con una sociedad anómica, desarticulada y disuelta en individuos aislados.

En suma, para Dahrendorf, “…no bastan los derechos constitucionalmente garantizados si no van acompañados por una política social que haga activo al liberalismo.”

Hasta aquí hemos visto de qué forma Dahrendorf supera los postulados del liberalismo clásico bregando por una mejora de las chances de vida del individuo. Ahora bien, ¿quien debería hacer efectiva aquella política social seria que haga activa al liberalismo? ¿De que forma la política puede influir sobre esta sociedad anémica que Dahrendorf describe?, o mejor dicho, ¿no es el Estado moderno quien debe poner en marcha políticas activas que inyecten y promuevan la consecución de una sociedad mas equitativa?

A estos interrogantes Dahrendorf nos responde que “Mientras era necesario dar una sustancia, una concreción a los derechos elementales de todos, en el ultimo siglo, ha sido indudablemente necesario enriquecer considerablemente las tareas del gobierno, dar al gobierno un poder mas amplio sobre la vida de los hombres y abandonar, por tanto, en un cierto sentido, una visión restringida y formalista del Estado y la ley.” Sin embargo, paradójicamente, Dahrendorf, se interroga sobre si el proseguir en ese camino es en interés de la libertad, advirtiéndonos, sobre el peligro que supone la intromisión de la esfera pública en el ámbito de lo privado.
Cuando Dahrendorf señala este último punto no hace más que remitirnos al Max Weber que describe la jaula o la esclavitud de la burocracia planteando una serie de objeciones fundamentales contra la reclusión del individuo “…en esa prisión que es la organización del Estado moderno racional-legal.”

En efecto, en la visión de Weber, la burocracia tiene una tendencia que le es inherente, que le lleva a rebasar sus funciones administrativas y asumir tareas estrictamente políticas. Se trata de evitar la posibilidad de colocar a personas con una mentalidad burocrática en posiciones de caudillaje político, y para eso es necesaria una democratización que impida a la burocracia dominar los puestos de liderazgo para los que no está preparada. “En la medida en que los votos electorales son expresiones de confianza sobre la capacidad de los individuos, la lucha democrática hace posible la elección de los líderes más capaces y se convierte así en un antídoto efectivo contra el poder de la burocracia.”

De esta forma, esta democratización en Weber no significa un mayor poder de las masas. La democracia es, en primer lugar, la posibilidad óptima para escoger a los mejores líderes mediante una competencia pública que les otorgue la legitimidad necesaria para poder imponer su propia dirección sobre la burocracia.
Se trata de una concepción elitista de la esencia del líder político, de una concepción paternalista que responde a una teoría de inspiración liberal que, fundamentándose en la creatividad histórica y en la fuerza del individuo, nos advierte del papel que las colectividades pueden tener en la frustración de la acción individual.
Esto mismo nos esta señalando Dahrendorf al advertirnos sobre el creciente papel que adoptaría el Estado si no se redujera “la autoridad central” y se encausaran los esfuerzos hacia la construcción de “…un Estado mínimo. Aunque nunca llegue a existir un Estado meramente garante y completamente “mínimo” en el sentido decimonónico del termino.”

En suma, Dahrendorf, siguiendo a Weber, rompe con los presupuestos sociológicos de la ideología del viejo liberalismo, pero se mantiene fiel al principio de que la política es un asunto de personalidades independientes, destacando la importancia de la libertad y del campo de acción de la iniciativa individual.
Es indudable el aporte de Ralph Dahrendorf al paradigma liberal. Sus innovaciones lo sitúan a la cabeza de una tradición de pensamiento, que gracias a autores como él, ha aportado al campo intelectual muchas mas teorizaciones que las ya archifamosas “recetas” neoliberales.

Pero sin embargo, aunque Dahrendorf no es Friedman, ni postula lo mismo que Alford, así como tampoco comparte el ultra conservadurismo de Hayek, sigue siendo liberal. Con esta afirmación no pretendo demonizar la figura de Dahrendorf, simplemente sostengo que el paradigma liberal es preso de sus propias limitaciones, las cuales, se encierran en un espiral de contradicciones inherentes al capitalismo.

Pasado y presente se influyen entre sí respectivamente en el marco de una causalidad interrelacionada de forma circular. Es decir, Dahrendorf no puede dar una respuesta fehaciente a la problemática social porque no puede ir contra la estructura económica debido su apego a la tradición liberal. De este modo, al cuestionarse sobre el origen de los conflictos sociales, realiza una traducción inadecuada de la teoría marxista a la sociología cuando intenta redefinir la clase social, sosteniendo que, la misma, esta mas vinculada al poder que a la propiedad, creyendo que las fuentes estructurales de los conflictos se encuentran en la desigual distribución de la autoridad, es decir, en el poder, y que la propia autoridad es la que va a hacer posible el cambio social.

“¿Salir del liberalismo? No existe tarea más urgente”


Espero que les guste!

6 comentarios - Alternativa al neoliberalismo

@BANDIDO26
falta la fuente o es tuyo???? no lo creo
@nemesisalf
esto es categoria info.....?
@inmundo
Está bien, para ver cómo las versiones sociales o bien intencionadas del liberalismo, siguen siendo representantes del status quo... ahora que está de moda Zeitgeist y la teoría del dinero como deuda...