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Reflexiones sobre la argentinidad y los festejos

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Reflexiones sobre la argentinidad y los festejos del bicentenario


Teniendo en cuenta la cantidad de gente presente en los festejos del Bicentenario me pregunté, qué efectos tuvieron aquellos en mí; en un principio sentí que no estaba implicada, dado que no me había interesado la participación activa en los festejos, y además aproveché el fin de semana largo para viajar, distenderse, visitar a la familia, etc. Sin embargo, a partir de la lectura del texto “Implicación y Sobreimplicación” de René Lourau, nos dimos cuenta que ésta no participación, que se expresa como resistencia, es en realidad una implicación, porque como dice Lourau “... las implicaciones del no participacionista no son menos fuertes que las del participacionista (…) el ausentismo y el abstencionismo no son formas de no implicación, son actos, comportamientos, tomas de posición ética, política.” (René Lourau,1987-1990).
Tratando de pensar mi resistencia, llegué a un punto en común: se pusieron en juego cuestiones políticas, como pensar que esto de los festejos tenía que ver con una estrategia política, o también me pregunté: ¿que estábamos festejando? ¿la independencia de un pueblo?, ya que muchas veces nos sentimos dependientes en distintos aspectos, o ¿cuánto de estos festejos se mezclaron con el furor por el mundial?, dado que ambos acontecimientos coincidieron temporalmente. Me dí cuenta, entonces, que todas estas cuestiones fueron las que me hicieron no interesarme demasiado por los festejos, al considerar que había muchas cuestiones engañosas detrás de éstos.
Ahora bien, tomando en cuenta los festejos del Bicentenario como un hecho histórico-social relevante para la sociedad en general, me propongo pensar las significaciones imaginarias que se pusieron en juego en éste acontecimiento: la patria, la independencia, la historicidad, la cultura, la nación, la tradición, etc. Particularmente me interesa abordar la “argentinidad” como analizador institucional a trabajar, como aquello que hace hablar a la sociedad argentina.
Me atrajo este concepto dado que, a raíz de los festejos, me pregunté ¿qué es ser argentino?, ¿cuando y cómo surgió este concepto?, y ¿qué implica actualmente?.
Tomé la “argentinidad”, entonces, como una de las tantas significaciones imaginarias sociales que aparecieron en los festejos; considerando, además, que ha sido objeto de muchas campañas publicitarias de distintos productos en este año del Bicentenario.
Remitiéndome a Castoriadis, las significaciones imaginarias sociales las encontramos encarnadas en las instituciones, en el hombre mismo como institución, las cuales instituyen un mundo dado para cada sociedad; son imaginarias porque no están dadas por elementos racionales, sino que surgen por creación (surgimiento de nuevas formas) y son sociales porque solo existen estando instituidas y siendo objeto de participación de un ente colectivo. Éstas significaciones son las que mantienen unida a la sociedad. Distintos cambios histórico-sociales, pueden repercutir, y producir modificaciones en las significaciones imaginarias sociales.

Mi hipótesis de trabajo será la siguiente: La argentinidad, como significación imaginaria social, ¿es productora de la subjetividad de los argentinos?.
Para comenzar a abordar el concepto de argentinidad tomé un artículo titulado “La argentinidad entre el Centenario y el Bicentenario” de Luis García Fanlo, quien reseña de donde proviene éste termino, quién lo acuñó, y qué significaba originariamente.
La argentinidad en tanto palabra es un término acuñado por un español (Miguel de Unamuno), en un momento en que se estaba produciendo una gran inmigración en el país, y por una conmemoración: el Centenario de la Revolución de Mayo. El término designaba en principio una forma de gobernar, “gobernar es poblar, gobernar es educar, gobernar es argentinizar” (Luis García Fanlo, 2009). Esto se intentó mediante tres tipos de dispositivos de poder: formación de saberes (educar), sistemas de poder (la política) y generar que lo individuos se reconozcan como sujetos de esa sociedad.
Tomando al poder, como lo plantea Foucault, éste se puede entender como una multiplicidad de procesos de fuerza, un juego de luchas, el cual se puso en evidencia cuando se quiso “argentinizar” a la masa social debido a la diversidad cultural existente.
Además, el poder hace ver y hace hablar; produce lo verdadero como problema; produce verdad . Este poder que operó a la hora de argentinizar a la población, produjo un régimen de verdad: la verdad sobré cómo debía ser el argentino.
Entre los dispositivos que se pusieron en marcha, se encuentran: educación patriótica, servicio militar obligatorio, psiquiatrización y criminalización de la protesta social, higiene pública, reforma laboral, penitenciaria y hospitalaria, asistencia social, literatura, culto a la patria, reglamentación de la vida cotidiana acorde con el ser argentino, surgimiento de ligas patrióticas, clubes deportivos autodefinidos como genuinamente argentinos, regulaciones matrimoniales, invención de tecnologías criminalísticas y sanitarias orientadas a clasificar las anormalidades físicas y psíquicas de quienes no se adaptaban al ser argentino.
El objetivo de estos dispositivos era homogeneizar a la población, tanto al nativo como al inmigrante; en Argentina la población nativa había sido estigmatizada, perseguida y casi aniquilada durante el siglo XIX (desprecio por lo español y el gaucho), lo que daba por resultado esa población cuantitativamente pequeña en relación a la masa inmigratoria. ¿Cómo evitar que la Argentina se convirtiera en una mezcla intercultural de nacionalidades? Inventando la argentinidad.
El fin era, entonces, producir una nueva clase de sujetos argentinos, logrando una determinada identidad. Esta identidad no tenía que ver con el modo y forma de ser de los argentinos, sino, como explica Fanlo, con lo que produce esos modos y formas de ser, definiendo qué es ser argentino, cómo es ser argentino y cómo se puede llegar a serlo.
Lo que estaba en juego era la construcción de una “subjetividad argentina”; esto se entiende mejor retomando lo que enuncia Silvia Bleichmar “... la subjetividad está atravesada por los modos históricos de representación con los cuales cada sociedad determina aquello que considera necesario para la conformación de sujetos aptos para desplegarse en su interior” (Silvia Bleichmar, 2004). “...La producción de subjetividad alude a los modos históricos, sociales, políticos con los que se producen sujetos sociales...” (Silvia Bleichmar, 2000)
Hoy podemos pensar que, a través de los cambios sociales-históricos que se produjeron en estos últimos cien años, la significación del término argentinidad sufrió modificaciones o transiciones, emergiendo entonces nuevas subjetividades que se establecen sobre nuevos modelos discursivos.
Los dispositivos de poder siguen siendo aquellos mismos que estaban institucionalizados en el Centenario, pero actúan de un modo distinto, y además se han incorporado, debido a los avances científicos-tecnológicos, nuevos dispositivos, los cuales siguen produciendo subjetividad, pero con una configuración diferente.
En la actualidad la argentinidad ya no tiene que ver con un mecanismo para argentinizar al pueblo, como lo fue en su origen, sino, por lo que observamos, escuchamos y leemos, con un sentimiento, con el sentimiento de nacionalidad argentina, de ser argentino. Esto no implica, aunque ya no sea una estrategia explícita para producir sujetos argentinos, que no produzca “subjetividades argentinas”.
Se destaca entonces una variación del término a lo largo del desarrollo socio-histórico, en congruencia con lo que Castoriadis ubica como movimiento instituyente; es decir que se puso en entredicho el sentido que estaba instituido inicialmente, poniéndose otra significación en juego en torno a la palabra.
¿Cómo somos hoy los argentinos? Según Fanlo, “una parte de eso que llamamos argentinidad se expresa en un marcado individualismo” (Luis García Fanlo, 2009). Creativos, arrogantes, competitivos, chantas, desorganizados, apasionados; así nos vemos, según lo que escuchamos cotidianamente en el taxi, en una charla de café, o en una canción, como la de Bersuit Vergarabat “La argentinidad al palo”: “¡Son todos una manga de garcas! ¡Este país está lleno de ladrones!... Del éxtasis a la agonía oscila nuestro historial. Podemos ser lo mejor, o también lo peor, con la misma facilidad”. (Bersuit Vergarabat, 2003).
A pesar de este individualismo, en determinados acontecimientos, como los festejos del Bicentenario, pude observar, de acuerdo a la cantidad de personas presentes, que este desaparece, emergiendo todos como una gran masa social con el mismo sentimiento: el sentimiento de pertenecer al mismo pueblo, el sentimiento de ser argentino.
Me permito pensar, entonces, los festejos del Bicentenario desde dos lugares:
A partir de lo que escuchamos de la gente que nos rodea, se podría pensar que detrás de los festejos hay una intencionalidad política; por lo tanto el festejo podría tratarse de un acto demagógico.
Por otro lado, debido a la concurrencia de la gente, ¿se podría decir que hubo una necesidad de plasmar ese sentimiento? ¿el de argentinidad?.
Nos damos cuenta que ambas cuestiones son posibles, y que nosotros mismas oscilamos entre estas dos posturas.
Creo que, si el festejo tuviera que ver con alguna intencionalidad política, eso no impide, de todas formas, que el pueblo exprese ese sentimiento de igualdad, esa felicidad y orgullo por cumplirse 200 años de un hecho histórico-social tan relevante como es la independencia de un pueblo, y un pueblo que es el nuestro, el argentino. También, por qué no, el festejo puede servir de excusa para reunirse y compartir, dado que hoy en día no se encuentran muchos espacios donde eso se haga posible.

Concluyendo, podemos decir que la argentinidad produce sujetos argentinos y los sujetos argentinos producen argentinidad. Es decir que ambos términos, argentinidad y subjetividad, se influyen recíprocamente, se retroalimentan uno a otro. Tal vez en un inicio la argentinidad fue un intento de producir la subjetividad argentina; pero hoy ya no es así, ninguno es causa del otro; ambos son productos y productores.
¿Por qué es importante argentinidad? Porque es lo que nos funda como pueblo argentino, nos hace ser y hacer, y al estar atravesados por lo simbólico, es una forma de nombrarnos, de referirnos a nosotros mismos.
“La argentinidad no es una identidad sino una forma cuyo contenido adopta identidades”. (Luis García Fanlo, 2009).
En definitiva, no puedo dar una definición concreta de lo que es la argentinidad, ni qué tipo específico de subjetividad produce, ya que esto sería estructurarlo y clausurar su sentido, que siempre se desliza a través de los cambios histórico-sociales.
Agrego, como dato curioso, que la palabra “argentinidad” no se encuentra en el diccionario.
Además tampoco se puede decir que exista “la subjetividad argentina”, en todo caso debe hablarse de “las subjetividades argentinas”, ya que éstas varían de acuerdo a la región, costumbres y tradiciones del lugar, como de acuerdo a uno mismo. Argentina es un país de grandes diversidades culturales; ésta es, evidentemente, una marca que traemos desde el origen; más allá de que se haya intentado homogeneizar a la población, esto nunca puede lograrse del todo, persistiendo así la heterogeneidad que nos caracteriza.
En relación a las distintas subjetividades que aparecen en la población argentina, encontramos un breve cuento de Enrique Mariscal interesante para pensar lo singular:
“Había un mono corpulento, forzudo y ególatra. Se jactaba de ser buen nadador. Se acercó a un río caudaloso y se lanzó a las aguas dispuesto a llegar hasta la orilla. La corriente que no entiende de primates ni de soberbias, arrastró sin piedad al animal hasta una violenta y moral cascada. El mono luchaba valientemente con las aguas pero pronto descubrió que era inútil todo esfuerzo y se entregó a su fatal destino, resignado.
De pronto aparecieron en la correntada unas piedras salvadoras. El animal se trepó rápidamente con inmensa alegría. Era un milagro, un mensaje divino, no lo podía creer.
Un profundo sentimiento de gratitud se despertó en su interior, y quiso desde entonces ayudar, servir.
Y quedó atento mirando el río tormentoso...
Cada vez que veía pasar un pez entre las piedras y el agua, lo sacaba para que no se muriese ahogado como pudo haberle ocurrido a él.
Todavía se lo ve al mono salvador ayudando a los peces a salir del agua. Para que no se los lleve la corriente...
Lo que es bueno para uno, ¿será bueno para todos?...”

Lo que me permite reflexionar el cuento, con respecto a este tema, es que va a haber tantas subjetividades, como argentinos haya, tal es así que la argentinidad como significación imaginaria social puesta en juego en los festejos, va a desplazar su sentido en relación a lo que cada uno aporta desde su singularidad a esa significación imaginaria social. Por esta razón cada uno se vio implicado de diferentes maneras en los festejos.
Festejos que en un primer momento no me interesaron como tema para abordar un trabajo, me encontré con resistencias, rechazos, desgano. Pero, a pesar de todo, me encontré.
Comprendí que a lo que se nos invitó es al encuentro, a esa experiencia donde tiene lugar la sorpresa, con algo que parecía una extranjería; extranjería que no era tan extraña al fin.

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