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Libros o Películas?

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La polémica entre la literatura, concebida como un arte, y el cine, calificado de espectáculo, es igual de antigua que la primera adaptación realizada en cine, es decir, igual de vieja que el propio cine.

De alguna manera, estas dos disciplinas tienen un mismo objetivo: contar historias, y uno de sus elementos básicos ha sido el mismo: la palabra. Si recordamos, el lenguaje cinematográfico se desarrolló ante el reto de narrar con claridad una historia en un tiempo determinado, sintetizando en una hora de proyección, cientos de páginas que constituyen un guión.

A través de los años, hemos sido testigos de múltiples cintas, que basadas en grandes obras de la literatura, han evidenciado la difícil tarea de representar para la pantalla, las imágenes literarias; esto sin duda, ha resultado en aciertos y decepciones, sin embargo, resulta primordial reconocer, que si bien son dos medios distintos, esto no los hace incompatibles, sino complementarios.

Hoy, del mismo modo que a principios del siglo XX, hay quienes consideran que el cine es un modo de expresión tan nuevo que, necesariamente debe ser diferente de la literatura, con expresividad distinta, lenguaje diferente, que aporta nueva terminología y enfoque al arte. Otros, por el contrario, cada vez menos, consideran que el cine es un producto de la literatura, una nueva expresión de ella. En cualquier caso, cine y literatura está íntimamente unidas y condenadas a encontrarse. El cine ha recibido de la literatura relatos, argumentos, formas y estilos. La literatura, en todo el último siglo, va recibiendo del cine diferentes modos de mirar, una concepción narrativa distinta, que acomoda en los autores literarios, en ocasiones, su mirada y su estilo.

Razón tiene el cubano Luis Rogelio Noguera cuando afirma que “ni el cine ni la literatura necesitan hoy el uno del otro para existir: el cine ha creado su propia dramaturgia y ha generado una manera particular de estructurar ‘literariamente’ los acontecimientos narrativos que luego pasarán ante el ojo de la cámara: el guión”. Esa “dramaturgia” es lo que uno de los más brillantes representantes del formalismo ruso de los años treinta, Viktor Sklovski, llama la “cinematografización” de la literatura, que no es otra cosa que la profunda modificación de los argumentos literarios, o mejor, “la poética del cine es la poética del puro ‘argumento’, connatural al propio carácter de la toma cinematográfica”.

La película es a la representación teatral lo que el libro fue al manuscrito. Pone a disposición de muchos en muchos momentos y lugares lo que de otro modo quedaría restringido a unos pocos y a pocos momentos y lugares. La película, igual que el libro, es un mecanismo de duplicación» (de El aula sin muros, McLuhan)

http://www.uhu.es/cine.educacion/cineyeducacion/literatura.htm

Entre cine y literatura es posible encontrar diversos puntos de contacto, préstamos, paralelismos y diferencias infranqueables, incluso malentendidos y mutuos prejuicios. El estudio de esta relación es un amplio campo aún no cubierto por completo y todavía no se sabe con exactitud a quién compete. Con el tiempo el cine adquiere su propio lenguaje y se aleja de la literatura como su referente primero. El ejemplo más simple de estas grandes diferencias que se establecen entre ambos medios es la capacidad de síntesis del cinematógrafo, ya que puede cubrir en una sola secuencia lo que a una novela normalmente le llevaría páginas enteras.

El arte y la literatura, que desde hacía mucho tiempo buscaban la mejor forma de expresar el movimiento, encontraron soluciones definitivas y nuevas posibilidades con el advenimiento del cine. Pero evidentemente los resultados nunca serán los mismos, dadas las particularidades de cada forma de expresión, así pues, como lo explicara Jean Mitry, si el arte y la literatura traducen el movimiento, lo significan más de lo que lo expresan, esto debido a que no lo poseen. El cine, en cambio, no lo significa sino que lo representa, y si lo significa es con el movimiento mismo o por medio de éste.

Esto nos lleva diferencias insalvables entre los elementos constitutivos de cada medio y a su lenguaje mismo. El lenguaje de la literatura, por ejemplo, es arbitrario. “La palabra revólver no dispara”, decía el semántico Kuroda. El cine, por su parte, también tiene sus limitaciones frente a la literatura. Una de las principales es que siempre se mueve en un perspectiva unidemensional con respecto al tiempo. En el cine todo está en presente, incluso los flashbacks, pues lo que vemos en ellos siempre nos es mostrado en presente, no es posible de otra forma. Por eso, el cine carece de los matices sicológicos que brinda el lenguaje mediante los modos y tiempos verbales. Entonces, así como la palabra revólver no dispara, el cine nunca podrá traducir a su lenguaje aquella metáfora poética del verso de Vallejo: “El traje que vestí mañana”. Es un reto que el cine no puede vencer. Sería como “cinematografíar” ese ya mítico párrafo de Cien años de soledad, en el que se habla en presente, pero luego en pasado y después en futuro que hace una nueva alusión al pasado.

Por razones como éstas, la literatura siempre ha estado más abocada y ha tenido mayores recursos para recrear mundos interiores y hacer grandes reflexiones, y el cine se ha centrado más en la acción y en las anécdotas. Claro que después de la llegada del cine sonoro, el séptimo arte comienza a buscar estas formas de expresión, reservadas hasta entonces para la literatura, y los resultados son evidentes, primero de forma muy incipiente, pero luego, con autores como Ingmar Bergman o Michelangelo Antonioni, por sólo mencionar dos de ellos, el cine puede discutir y hacer interrogantes acerca de los temas más profundos.

El maridaje entre ambos medios, entonces, también crea un campo de convivencia, no sólo con el préstamo en doble vía de descripciones, ordenación de elementos narrativos o articulación de puntos de vista, sino también con la aceptación de similitudes como la que se presenta entre la sucesión de las imágenes en el cine y la de palabras en la literatura, propiedades que llevan a pensar en rasgos comunes como la secuencialidad y la temporalidad, o dicho de otra forma, es posible ver que el encadenamiento de los planos obedece al orden del discurso. Es bueno aclarar también, que muchos de estos elementos fueron originados en la literatura y luego retomados y perfeccionados por el cine, para después ser devueltos de nuevo a su medio original. En este sentido también funciona la figura de los espejos de que hablaba al inicio de este texto, y su mejor ejemplo, es la dependencia del cine negro con la novela negra de los años treina y cuarenta, y luego su posterior influjo sobre ésta.

Por otra parte, nos encontramos con la incursión cada vez más activa de escritores en el mundo del cine, una incursión que se inició cuando autores como Scott Fitzgerald, William Faulkner o John Steinbeck aceptaron el llamado de Hollywood para escribir los guiones de muchas de sus películas. Incluso ha llegado a haber una interdependencia, la cual contempla una serie de obras literarias o cinematográficas en las que se produce una fusión de los dos lenguajes. Tendríamos como ejemplo aquellos textos “bastardos” etiquetados como ciné-romans; algunas obras de difícil catalogación como las novelas-filmes El poeta y la princesa o El cabaret de la cotorra verde, ambas de Pío Baroja; el cinedrama Vidas cruzadas de Jacinto Benavente o el poema cinematográfico La manzana de León Felipe.

Igualmente, han existido estrechas colaboraciones entre guionistas y directores, o escritores que se han decidido a dirigir, como Jean Cocteau, Jean Genet, André Malraux, Susan Sontag o Marguerite Duras. También habría que anotar el acercamiento de algunos escritores al cine en la década del sesenta, movimientos como Angry young man o Noveau roman, tuvieron fructíferos contactos, con coincidencias ideológicas y estéticas, con el free cinema inglés y la nueva ola francesa, respectivamente. En este mismo orden de ideas, es preciso hablar de convergencias entre cine y literatura, como fue el caso de la concepción existencialista del hombre presente en la novela de Jean Paul Sartre o Albert Camus, así como en el cine negro norteamericano o en los filmes de Michelangelo Antonioni o Jean-Luc Godard.

http://www.cinefagos.net/index.php?Itemid=3&id=279&option=com_content&task=view (De Cómo el Cine se Convirtió en el Padre de los Escritores Por Oswaldo Osorio

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1 comentario - Libros o Películas?

Lucas_600
gracias campeon, me salvaste. la relacion entre estos dos no la podia encontrar en ningun lado! +10