3 fábulas cortitas

Estas fábulas pertenecen al libro "Camperas" de Leonardo Castellani, Santafesino, sacerdote, graduado en filosofía en la Soborna de París y en teología en la Gregoriana de Roma, periodosta y docente. Espero que les gusten ya que el libro es dificil de conseguir, de modo que transcribí solo tres fábulas cortitas, si gustan hay muchas mas.



HUIDA
Una vez atraparon a un monje que venía huyendo a toda furia mirando hacia atrás.
-¡Párese! ¡Párese, don! ¡Adonde va!
El anacoreta estaba que no lo sujetaban ni a pial doble.
-¿Qué le pasa? ¿Quién lo corre?
-¿Lo persigue alguna fiera?
-Peor- Dijo el ermitaño.
-¿Lo persigue la viuda?
-Peor.
-¿Lo persigue la muerte?
El anacoreta dio un grito:
-¡Algo peor que la demencia!- Y siguió huyendo.
Venía atrás al galope un necio con poder.



AMISTAD
Yo tenía tres amigos. Uno me regalaba plata. Era un buen amigo.
El otro una vez me puso la mano sobre la mano y me dijo:
-Si te matan, yo me haré matar por vos.
-¿Por vos o con vos?- le dije.
-Con vos- y no mentía.
El tercer amigo cuando iba a verlo se ponía alegre. Yo también me ponía alegre. Y estábamos alegres todo el tiempo.
Era mi mejor amigo.


"ES UN POCO RARO..."
La oveja y el carnero miraban el perro pastor. Dijo la oveja:
-¡Que lindo tipo!
-Es un tipo raro- dijo el carnero.
-¿Que cosa es ser raro?- preguntó ella.
- Ser raro es no ser como yo- dijo el carnero.

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3 comentarios - 3 fábulas cortitas

@ferdito
Gloria de la literatura nacional.
Pero tengo una duda: En la fábula del medio, no entiendo por qué le pregunta si se haría matar con él o por él...
¿Alguien sabe?
@lshunchi
El cicutal
Don Agapito Puentes vio una plantita de Cicuta al lado de su maizal, y díjole: -No te doy un azadonazo porque tenés florecitas blancas... y por no ir a traer la azada.
Otro día vio un Cardo y no lo cortó, porque tenía una flor azul, y para que comiesen las semillas las Cabecitas Negras. Medio poeta el viejo, cariñoso con las flores y los pájaros. Por un cardo y una cicuta no se va a hundir la tierra.
Pasaron los dos meses en que el pobre estuvo en cama con reuma, y cuando se levantó se arrancaba los pelos; había un cicutal tupido hasta la puerta de su rancho todo salpicado de cardos, de no arrancarse ni con arado; y su maíz, tan lindo y pujante, había desaparecido casi. Entonces sí que había florecitas blancas.
-¡Hay que desarraigar el mal aunque sea lindo, y cuanto más lindo sea, más pronto hay que dar la azadonada! -dijo el viejo-. Velay, a mi edad, ya debía haberlo sabido.