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Jean-Luc Godard

Jean-Luc Godard,
la revolución



Una encuesta de la revista Entertainment Weekly lo proclamó “el más importante realizador cinematográfico de todos los tiempos”, aunque cinco minutos después de que esa afirmación fue impresa surgieron las discrepancias. En todo caso, se trata apenas de una más de las polémicas que Jean-Luc Godard ha podido provocar a lo largo de su trayectoria, una de las más variadas, creativas, desparejas, contradictorias y por cierto discutidas de la historia del cine. Los períodos de esplendor y de eclipse se han alternado en el correr de esa trayectoria, que incluyó un comienzo como crítico, la confección de un cine muy personal, una ruptura con el establishment y una opción por el cine militante, el posterior desencanto de esos radicalismos, la vuelta a un cine (digamos) “normal” y algunos vaivenes más recientes.
A mediados de los años ochenta volvió a salir de un relativo anonimato cuando hizo Yo te saludo María (1985), una paráfrasis moderna de la Natividad que fue tachado de obsceno y blasfemo por sectores del catolicismo europeo, aunque quienes se molestaron en verla saben que era más bien un inofensivo fastidio con pretensiones. Antes y después Godard hizo por cierto cosas más importantes que han tenido a veces menos repercusión mediática.
Denostado por algunos, aclamado como un genio por otro sector de la crítica, su talento inquieto, contradictorio, fascinante, discutible y con frecuencia irritante está en el centro de muchas transformaciones en el universo del cine del último medio siglo. Puede no gustar, pero es difícil librarse de él. Nacido en París en 1930, cursó estudios en Suiza y en el Liceo Buffon de París. Diplomado en Etnología, pronto comprendería empero que el cine era su verdadera vocación. En la Cinemateca Francesa conoció a André Bazin, François Truffaut, Jacques Rivette y Eric Rohmer, y en 1950 comenzó a colaborar como crítico (bajo el seudónimo de Hans Lucas) en la Gazette du Cinéma. Tras un viaje por América trabajó como obrero en Suiza y desempeñó pequeños papeles en cortometrajes dirigidos por sus amigos Rivette y Rohmer, antes de comenzar una obra propia que dio inicio en 1954 con el cortometraje Operation Béton, al que seguirían otros (Une femme coquette, 1955; Tous les garçons s’appellent Patrick, 1957; Une histoire d’eau, 1958, este último dirigido en colaboración con François Truffaut). Paralelamente desarrolló en Cahiers du Cinéma una labor crítica de particular agresividad. En 1959 saltó al largometraje con Sin aliento, un título mayor que lo colocó junto a Truffaut (que hizo al mismo tiempo
Los cuatrocientos golpes) a la cabeza del movimiento conocido como Nouvelle Vague, una tendencia de ruptura alimentada fundamentalmente por los jóvenes críticos de Cahiers. Seguirían El soldadito (1960, pero demorada por la censura hasta 1963), Una mujer es una mujer (1961), Vivir su vida (1962), el episodio El nuevo mundo de RoGoPag (1962), Los carabineros (1963), El desprecio (1963), Asalto frustrado (1964), La mujer casada (1964),
Alphaville (1965), Pierrot le fou (1965), Dos o tres cosas que sé de ella (1966), La chinoise (1967). En ese momento, uno de sus exégetas pudo definirlo así: “Cineasta del instante, sus films fueron el resultado de la yuxtaposición de una serie de “momentos de verdad” privilegiados, obtenidos a través de una técnica de improvisación que tiende a confundir a sus actores con los personajes, cuyo lenguaje deja de ser un medio de comunicación para convertirse en un elemento expresivo. Su síntesis se llevó a cabo a través de un verdadero collage dialéctico, a medio camino entre el montaje de atracciones de Eisenstein y la estética del pop art, hecha de la unión de los elementos más dispares (ruptura del tono de la comedia a la tragedia y viceversa, citas de todas clases), en busca de la representación de un equilibrio inestable entre el personaje y el mundo que lo rodea, y del incesante devenir de ambos”. En 1968 Godard rompió con el cine que había hecho y con la vida que había llevado y se fue con los guerrilleros palestinos, y como documentalista de movimientos sindicales y manifestaciones de protesta en Inglaterra, Estados Unidos, Italia y Francia. Una década más tarde, desencantado del maoísmo y la Revolución Cultural, volvería al redil con films como Passion, Prénom Carmen o Nouvelle Vague. Esta primera entrega de un ciclo que se extenderá en ulteriores programaciones se ocupa de la zona inicial y acaso más famosa de la obra de Godard, la de su vinculación con la Nouvelle Vague, antes de sus estallidos militantes. A seguir.


http://www.cinemateca.org.uy/archivodeprogramas.html

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