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4 cuentos escritos por mí

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4 CUENTOS ESCRITOS POR MÍ



Hola taringueros, hace rato que me dedico a escribir alguna que otra barbaridad, y me parece prudente, si esto en realidad es inteligencia colectiva, compartir un poco con ustedes.


Ahí les va:


1. El bote pesquero

Había una vez un hombre (probablemente se llamaba Raúl o Ramiro) que iba caminando por la playa. La playa era su lugar favorito, lo que más le gustaba estando ahí era recorrer descalzo la arena, lo hacía por horas y horas, disfrutando de las diminutas olas golpeándole los pies, y de la casual roca que se clavaba en su planta. si llegaba a un acantilado o a un paso imposible, se daba vuelta y seguía caminan en sentido opuesto. Le encantaba también, ver como el sol se escondía en el horizonte, y coloreaba con sanguina las nubes, haciendo que todo el mundo se viera amarillo o rojo o púrpura, poco a poco transmutando el cielo para revelar las estrellas.

Justamente este día se encontró en la orilla un bote de madera suspendido, tenía una red de pescar y un remo. Como no vio a nadie cerca, decidió montarlo. Se fue remando mar adentro, no muy lejos, claro está, no quería perder de vista la isla. Cuando estuvo en un punto que le pareció apropiado, tiró la redecilla, se puso en una posición cómoda y se quedó observando cómo el Sol enrojecido se ocultaba detrás del velo del océano. A medida que eso sucedía, él se iba relajando más y más, cerrando de a poquitos sus pesados párpados...

A punto de dormirse, una sacudida lo despertó, volvió en sí para darse cuenta de que todo el cielo estaba azul ¿a dónde ha ido el sol? preguntó incapaz de hallarse a sí mismo, pero no tardó en reaccionar y ubicarse en esa balsa en medio del mar, miró abajo y vio que la red se estaba moviendo y el bote iba de un lado a otro.

Entonces, se le aceleró el corazón y se le enfrió todo el cuerpo, algo había picado, algo grande. Trató con todas las fuerzas que tenía, de halar la red, pero lo que sea que allí estaba le respondía con un ímpetu aun mayor. Tiró y tiró, hasta que a punto de voltear su nave pudo sacar la red.

Al escurrirse el agua que le cubría la cara, vio en medio del bote, enredado entre los resistentes hilos, al Sol, empapado y muerto del susto, el pobrecito parecía agonizante. Nuestro protagonista, al ver lo que se retorcía entre sus piernas, se conmovió y no lo pensó dos veces. Con el mango del remo (buscando no quemarse) lanzó el Sol de regreso al agua, y retornó a la orilla.

Nunca volvió a coger botes prestados.




2. El estudiante de dibujo

Una noche iba él caminando, como siempre, rumbo a su casa desde la academia, se trataba de la misma ruta que antes había tomado con total seguridad. De repente, de la nada salta un hombre, se le para en frente y apuntándole con una pistola le dice: "Dame tu maletín, inmediatamente".

Él, que no sabía cómo defenderse, le contó su historia, que salía de sus clases de dibujo, que tenía unos trabajos importantes y herramientas en el maletín, etc. El misterioso hombre no demostró interés en creer la historia, pero al parecer tenía un cínico sentido del humor, así que le propuso el siguiente trato, lo dejaría ir si dibujaba algo que le pudiera salvar la vida en ese momento.

Entonces, el estudiante sacó un pedazo de papel y un lápiz de su maletín, en poco más de cinco minutos, esbozó un revolver particularmente realista, lo tomó por el mango y le apuntó al ladrón. Apretó el gatillo y vació el cargador, matando al asaltante con 6 disparos en el pecho.




3. Hamburguesas de dragón

--¡Hamburguesa de dragón!-- gritaba por última vez al rostro de la chica, el enorme sujeto peludo de casco encuernado y barba roja con blanco.

--Ya le dije señor, Mc Donald's no vende hamburguesas de dragón-- respondió ella.

Su nerviosismo era más que evidente, una gota de sudor frío le recorrió la frente, sus piernas se agitaban como las cuerdas de una guitara que resuena un mí. Y no sólo era ella, todos a su lado, las personitas de uniforme azul, atrapadas en la laberíntica cocineta temían por el aceite caliente, los cuchillos colgantes y las parrillas hirvientes que yacían en el recinto.

Atrás del descontextualizado bárbaro, algunas familias habían comenzado a salir huyendo, los que quedaban, sentados con los ojos abiertos, y un personaje recién lavado pegado de la puerta del baño, escuchando el alboroto.

Hubo un largo silencio.

El cuerpo del invasor estaba constituido por enormes músculos que se entrecruzaban dándole un aspecto aterrador, tenía una capa de pronunciadísimas vellosidades en brazos y piernas. La ira ya se había apoderado de él, como el temor en su interlocutor, se rascó la barba como atando cabos en su mente. Emitió un grito de hipopótamo en celo y con el mismo ímpetu animal llevó su mano a la espalda, alcanzó un garrote de acero y piedra que le colgaba de correas, y en un movimiento certero lo abalanzó contra la barra, produciendo un sonido atroz y provocando que todos los presentes gritasen entrando en pánico primitivo. Una nube de polvo se levantó obstaculizando la luz y por un instante no se vio nada.

A medida que el viento despejó el edificio, se pudieron ver los rostros de la gente espantada, todos abrazados con todos, un par de niños llorando en la esquina, y el enorme agujero causado por el extraño visitante. Los que habían alcanzado a salir dijeron verlo caminar calle arriba y nadie nunca volvió a dar testimonio de su existencia.

El local se vació rápidamente. El gerente reunió a sus empleados buscando clausurar el incidente y al oír las diferentes versiones, decidió ahorrarse procedimientos, cerró por el resto de jornada y puso a todos a limpiar. Los días siguientes, atendieron con una tabla improvisada en el mesón mientras llegaba de la capital una comisión a repararlo.

A las dos semanas del evento, la anécdota estaba casi olvidada, nadie le daba mayor relevancia y la catastrófica evidencia había desaparecido. La chica de la caja estaba tomando el pedido cuando se abre la puerta y todos los comensales se voltean a ver lo que entra por ella.

Primero, un gigantesco cráneo reptiliano con brillantes ojos amarillos y dientes ennegrecidos, cinco cuernos largos y puntiagudos y un par de barbas milenarias. Detrás, un extenso cuello escamado, dos brazos proporcionalmente pequeños pero del tamaño de una persona, que introducían un cuerpo sólido y dos patas traseras prominentes. Quienes observaron el grácil espectáculo de su entrada, también notaron una cola monumental que se quedó fuera del establecimiento.

Estupefactos, atónitos, todos volvieron la mirada a la cajera, ella ni siquiera parpadeaba, "a penas llevo un mes en el trabajo", era lo único que se pasaba por su mente, tenía sus tímidos ojos azules clavados en los más prominentes de la bestia.

Hubo un silencio abismal acompañado de la exhalación carburante del extraño visitante.

--¡Hamburguesa de Vikingo!-- exclamó ese ser, con calma, pero produciendo espantosos sonidos.

--Lo siento señor, Mc Donald's no vende hamburguesas de vikingo-- respondió ella...


McDonald's. ¡me encanta!




4. Cuidado donde dejas tu cerebro

Pacho estaba a punto de salir, ya era hora de ir a la compañía que administraba, pero no podía encontrar las llaves de su casa, por más que se rascaba la cabeza no lograba conseguir la ubicación de las llaves. Se puso, entonces, a buscar en su armario, en el estudio, en los cajones, y justo buscando entre tantos papeles que guardaba, encontró su cerebro.

Estaba debajo de una especie de calendarios, lo desempolvó un poco, lo frotó con el antebrazo y se lo introdujo en la cabeza. Al instante, centenares de pensamientos se le ocurrieron, recordó todo lo que se le había perdido, a los 3 años su perro, a los 8, unos cuadernos, a los 12 un dinero.

También recordó que a los 15 perdió su voz de niño, a los 18 la virginidad, a los 22 al amor de su vida, a los 25 los escrúpulos y montó su compañia de telecominucaciones llamada movistar.

Esos recuerdos y pensamientos le trajeron tanto alegría como tristeza, pero eran mucho para él, así que sacó una caja, se quitó el cerebro de nuevo y lo puso ahí, escribió encima con marcador, y bien grande: "3-feb-2010 No abrir hasta dentro de 30 años."





Bueno, eso es todo. Si les gustó, pueden pasarse por mi blog:
http://memoriasdeunhombreinnecesario.blogspot.com

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6 comentarios - 4 cuentos escritos por mí

@DrakeAkady +1
Sin animo de ofender, son malisimos.
@geeseel
DrakeAkady dijo:Sin animo de ofender, son malisimos.


Encerio, son malos, pero puede mejorar por ahi este empezando _(espero)
@cutronio
A mi me gustaron. Es limpia tu escritura y además aprecio tu buena ortografía. Te dejo puntos en tu otro post.
@alfluna5
A mi también me gustaron, exhibís mucha imaginación y manejás bien los climas y el humor absurdo. Dale para adelante.
@AMO56
JURARIA QUE YA LOS LEÍ, LOS PUBLICASTE ANTES?