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Mi novela. El Encuentro [Cap. 1] Parte II

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Bueno gente, acá continúo con mi novela, espero que les guste. Ya saben, si la pueden recomendar, si pueden comentar haciendo alguna critica (constructiva, por supuesto), y si quieren dejar puntos, déjenlos. Pero sepan que lo que mas me importa es su opinión: un comentario constructivo o alentador vale mas que 1000 puntos.

Muchísimas gracias a todos lo que se pasaron y comentaron y agregaron mi 1er post a favoritos, y muchas gracias por los que lo harán con este. Bueno, basta de cháchara, allá vamos.





II

La luz de la luna entraba por mi ventana semiabierta. Mi mamá, que me tenía tomado de los hombros, me preguntó qué me estaba pasando.
—Nada mamá, solo tuve una pesadilla fea.— respondí mientras sollozaba, ahora sentado contra el respaldar con mis piernas estiradas hacia un costado, dando lugar para que ella se sentara.
Acarició suavemente mi frente y luego fue deslizando su mano derecha hacia mi mejilla izquierda. Ver su rostro, incluso a la luz de la luna, me provocaba una serenidad total, me hacía olvidar todo lo que había sucedido momentos anteriores. Ella, que estaba sentada en un borde de la cama, extendió sus brazos hacia mí y yo respondí intercambiando un fuerte abrazo.
—Ahora tenés que seguir durmiendo, que mañana hay escuela.

La escuela. La maldita escuela.

Aunque quisiera, aunque lo intentara, sabía muy yo (para mis fueros internos) que no iba a poder descansar luego de aquella pesadilla, y especialmente del susto final. Intente dormir con la luz encendida, pero nunca se me había dado eso de descansar en un ambiente iluminado. Escarbé en el cajón de mi mesa de luz y extraje de allí mi reproductor de música MP4 con los auriculares negros. Coloqué una canción Enya llamada "Watermark" y seleccioné la opción Repetir. Mientras la música se reproducía mi mente esta volando, no estaba reposando en la cama. Imaginé que caminaba en un verde prado, colmado de flores amarillas, rojas y violetas, bajo un cielo azul que carecía de nube alguna. Caminaba de aquí para allá, colmada de felicidad y tranquilidad.

De pronto me quedé dormida, pero el paisaje seguía allí.

—Laura—. Giré sobre mi misma, intentando ver de donde provenía aquella voz.
—Laura, por aquí—. A pesar de que esa voz (que era poco mas fuerte que un susurro) parecía estar muy cerca de mí, no podía ver de que ser provenía.
Casi como si me hubiera leído la mente, la voz dijo
—Aquí estoy, de las Violetas y los Alelíes amarillos.
Volví a girar en 360º, y observé las flores que ahora se hallaban delante de mí, y pude ver, efectivamente, que había entre un grupo de violetas y alelíes (y seguramente algún otro tipo de flores), y que algo se movía entre ellas, a pesar de no haber mucho viento.
Me comencé a acercar lentamente, paso a paso, mirando atentamente al conjunto de flores. De pronto, casi como si una verdad se hubiera revelado ante mí, me dí cuenta que me hallaba dentro de la casa de campo de mi abuela.
Hacía tiempo que no visitaba aquella viviendo. Esa casa era de ensueños, ya que además de tener una casa propio, tenía a su disposición doce hectáreas. Todo aquello lo había heredado directamente de mi Tatara—abuelo, un inmigrante español que vino con la gran ola de inmigración europea, en el año 1920. A pesar de que yo no la llegué a conocer, dicen que era un hombre muy trabajador que conocía muchas técnicas de cultivo, y que rápidamente se adaptó a la vida en Argentina.
Estaba ya junto a las primeras flores. Cuando comencé a revolver con mis manos las flores, el cielo fue sucediendo sus colores muy rápidamente. Primero, el firmamento estaba en todo su esplendor con su celeste característico. Pero luego se fue tornando cada vez más oscuro. Del celeste pasó a un azul claro, luego a un azul mas oscuro. El sol se puso a la carrera y así el cielo quedo cubierto por un violeta que se tornaba cromáticamente a un negro puro en todos sus extremos. Sentí que la respiración se me cortaba y por más que intentaba no lograba respirar. Comencé a agonizar rápidamente mientras mis pulsaciones se hacían cada vez más y más rápidas. Me acosté en el suelo estirando mi brazo izquierdo mientras mi mano derecha se apoyaba en mi corazón, tratando de que mis pulmones funcionen y que mi sangre fluyera por todo mi cuerpo con normalidad.

Cerré mis ojos y esperé.

Débil y en la crítica situación en que me hallaba, reposando sobre mi lecho de muerte con mis párpados cerrados, sentí sus manos posarse en mi cuello firmemente, sin vacilar. No me resistí, todo era inútil. Y antes de que cruzara la línea, otra voz, una voz hambrienta, sedienta de muerte, de sangre, de venganza, susurró frías palabras en mi oído.

—Buenas noches, princesa.
Parecía una voz proveniente de ultratumba. Comencé a ser conciente de que todo esto era un sueño, entonces lo dejé fluir.
“¿Quién diablos eres?” me dije en mis pensamientos. Quería comprobar si, como la vez pasada, podía saber lo que pensaba.
—Soy tu peor pesadilla— respondió en mi oído izquierdo. Yo seguía yaciendo en el suelo, pero ya había logrado disuadir gran parte del miedo que había en mi. Debido a que yo nunca vi quesi alguien se moría en un sueño, muriera en la realidad, lo deje fluir.

Y sí que fluyo.

—Yo puedo ser muchas cosas para ti— continuó la Cosa. Por un momento, a pesar de que tenía mis ojos cerrados, podía sentir una sonrisa malévola dibujada en su boca. — Si sigues jugando así, perderás. “La curiosidad mató al gato” dice un viejo proverbio, querida. Esto es muy simple— estiró la u y sonó como “uuuu”. Continuó.
—Dejas que me acerque a mi tiempo, lo dejas fluir y no te molestaré mas; no me sigues, impides el contacto, apresuras el contacto o algo así, y simplemente mueres. Yo estoy a tu lado ahora. Pero en la realidad, también. Me sería sumamente fácil matarte una noche o un día de estos.
Si lo dejas fluir, luego tendrás recompensas. Te daré un par de trabajos a cambio de algunos regalitos míos. Recuerda que nada es gratis en la vida. —
Sentí que sus manos soltaron mi cuello, y abrí los ojos. Me frote con ambas manos el cuello, adolorida todavía. Intenté encontrar a algo, o a alguien con mi vista, pero ya estaba lejos, ya se había ido. En ese momento comenzó a formarse un hueco debajo de mi, que ya me encontraba de pié. La tierra no se partió a la mitad, sino que se formó un hoyo que terminaba en punta, como si se tratara de un cubo de helado.

Caí. Caí. Y seguí cayendo.

Cuando abrí mis ojos, que habían sido cerrados (por instinto creo) mientras caía, me encontraba acostada en mi cama temblando, destapada (debe ser que en alguna parte del sueño pateé las sábanas) y a mi lado, en la mesa de luz, sonaba el despertador.

La escuela. La maldita escuela.

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