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Gerard de Nerval vida y obra.

Gérard de Nerval

Nombre de nacimiento Gérard Labrunie
Nacimiento 22 de mayo de 1808
Bandera de Francia París, Francia
Defunción 26 de enero de 1855
(46 años)
París, Francia
Nacionalidad Francesa
Ocupación Poeta

Gérard de Nerval (22 de mayo de 1808 – 26 de enero de 1855) era el seudónimo literario del poeta, ensayista y traductor francés Gérard Labrunie, el más esencialmente romántico de los poetas franceses.

Índice

1 Biografía
2 Final
3 El escritor
4 Eco
5 Obras
6 Versiones recientes al español
7 Fragmento del soneto El Desdichado
8 Véase también
9 Notas
10 Enlaces externos

Biografía

Nació en París en 1808. La muerte de su madre, Marie Antoniette Marguerite Laurent, cuando aún era un niño, marcó no sólo su vida sino también su obra. Murió de meningitis en Silesia cuando acompañaba a su marido Etienne, doctor al servicio de la Grande Armée. Fue educado por su tío-abuelo en la campiña de Valois hasta 1814, cuando fue enviado a París. Durante las vacaciones visitaba Valois y escribió su libro Canciones y leyendas de Valois.

En 1826-1827, tradujo del alemán el Fausto, de un modo muy personal (inexacto pero creativo), lo que propició el conocimiento de Friedrich Schiller y Heinrich Heine, con el cual inició una amistad y del que tradujo poemas. Ejerció diversos trabajos: periodista, aprendiz de imprenta, ayudante de notario. Escribió varias obras dramáticas en colaboración con Alexandre Dumas, además de ser gran amigo de Théophile Gautier (con el cual se reunía en el "club de los hachisianos" y Victor Hugo.

En enero de 1834, recibe una herencia de su abuela materna, y se dirige al sur de Francia; pasa la frontera y llega a Florencia, Roma y Nápoles. En 1835, se instala en casa del pintor Camille Rogier, en donde se reúne el grupo romántico, y funda Monde dramatique, revista lujosa en la que gasta todo su dinero; la vende en 1836. Se inicia ahora en el periodismo; está en Bélgica con Gautier durante tres meses; al finalizar el año, firma por vez primera como «Gérard de Nerval» en Le Figaro.

En 1837, al escribir la ópera cómica Piquillo, conoce a la actriz y cantante Jenny Colon, por la que siente una atracción fatal, y a quien dedica un culto idólatra. Volverá a verla en 1840, antes de su muerte en 1842, que le trastorna. En el verano de 1838, viaja a Alemania, su destino soñado, con Dumas. En noviembre irá a Viena, donde conoce a la pianista Marie Pleyel.
Final

Primera crisis de locura: el 23 de febrero de 1841. Le cuida Marie de Sainte-Colombe, de la casa de salud Sainte-Colombe (fundada en 1785). El día 1 de marzo, Jules Janin publica un artículo necrológico sobre él, en Les Débats (lo que le dolerá mucho). Tiene una segunda crisis el 21 marzo, y le internan en la clínica del idoctor Blanche.

A finales de 1842, Nerval va a Oriente, pasando por Alejandría, Cairo, Beirut, Constantinopla, Malta y Napoles. Los reportajes que hace los publica en 1844, y los reúne en Voyage en Orient (1851]). En Siria estuvo a apunto de casarse con la hija de un jeque y en Beirut se enamoró de la muchacha drusa Salerna. Por el norte de África, en El Cairo compró una esclava javanesa. Su salud se vio deteriorada al parecer por estos exóticos viajes.

Sigue luego su continuo peregrinar: entre 1844 y 1847, Nerval viaja a Bélgica, los Países-Bajos, y Londres, donde conoce a Dickens.

En la bohemia parisina se convirtió en una persona extravagante, como partido en dos, escindido de sí mismo: la realidad y el otro lado. Todo esto se refleja en la continua tensión de contrarios que manifiesta su obra. Vive en la miseria, pero escribe sus obras maestras: Les Filles du feu, Aurélia ou le rêve et la vie.

Gérard de Nerval fue durante toda su vida un espíritu atormentado, que en los últimos años de su vida, los más fecundos, sufrió graves trastornos nerviosos, depresión, sonambulismo y esquizofrenia, lo que le llevó a temporadas en varios hospitales psiquiátricos, en donde, lejos de curarse, aumentaba su locura leyendo libros de ocultismo, cábala y magia, pero también escribiendo. Una de las situaciones que provocó su internamiento fue el pasear a una langosta con una cinta azul.

Tales sucesos, unidos a sus problemas económicos, le llevaron a suicidarse ahorcándose de una farola en rue de la Vieille-Lanterne, de París, en 1855. Lo hizo para «librar su alma en la calle más oscura que pudo encontrar.1

Este trágico evento inspiró una litografía de Gustave Doré, quizás la mejor de su obra. Está enterrado en el famoso cementerio parisino de Père-Lachaise.
El escritor

Dejó una obra no muy extensa pero aquilatada y misteriosa que, a pesar de su carácter atormentado, refleja fielmente las inquietudes del alma humana.

Entre sus libros capitales se cuenta Viaje a Oriente (1851); allí relata las leyendas oídas por los caminos durante sus viajes por Europa (Italia, Inglaterra, Alemania, Austria, Holanda, Bélgica) y norte de África.

Les Illuminés, ou les precurseurs du socialisme (1852), fue una colección de relatos y retratos en la que habla sobre Nicolás Edme Restif de la Bretonne, Cagliostro y otros. Las hijas del fuego (1854) es una galería de retratos femeninos en los que invoca el amor.

Aurelia (1855), es un clásico de nuestro tiempo que influyó grandemente a los surrealistas. El autor nos narra aquí su particular viaje vital del brazo de la locura, que es al mismo tiempo la primera mirada moderna a esas profundidades.

El su poemario Las Quimeras (1854), contiene el célebre soneto "El Desdichado". En uno de sus últimos poemas, "Epitafio", ya intuyó su inminente muerte:

A ratos vivo alegre igual que un lirón este poeta loco, amador e indolente, y otras veces sombrío cual Clitandro doliente... cierto día una mano llamó a su habitación. ¡Era la muerte! Entonces él suspiró: "Señora, dejadme urdir las rimas de mi último soneto". Después cerró los ojos -acaso un poco inquieto ante el frío enigma -para aguardar su hora... Dicen que fue holgazán, errátil e ilusorio, que dejaba secar la tinta en su escritorio. Lo quiso saber todo y al final nada ha sabido. Y una noche de invierno, cansado de la vida, dejó escapar el alma de la carne podrida y se fue preguntando: ¿Para qué habré venido?

Debajo de un pequeño retrato suyo, Gérard de Nerval escribió : «Je suis l'autre».
Eco

Ejerció posteriormente influencia sobre Marcel Proust, René Daumal y Antonin Artaud. Proust leyó profundamente su obra; y algo de la sonoridad de Nerval se oye en su Recherche. Los surrealistas nunca lo olvidaron:

Con mayor justicia todavía, hubiéramos podido apropiarnos del término surrealismo, empleado por Gérard de Nerval en la dedicatoria de Les Filles du feu. Efectivamente, parece que Nerval conoció a maravilla el espíritu de nuestra doctrina, en tanto que Guillaume Apollinaire conocía tan sólo la letra.
André Breton en el Primer Manifiesto Surrealista (1924)

Ramón Gómez de la Serna escribió un retrato del autor.2

Entre la biliografía francesa destacan: Albert Béguin, Gérard de Nerval, Corti, 1945; Georges Poulet, Les métamorphoses du cercle, Plon, 1961; Raymond Jean, Nerval par lui-même, Le Seuil, 1964; Gérard Macé, Je suis l'autre, Le Promeneur, 2007, que es un ensayo de interpretación.


A Luisa D'or, reina
[Poema: Texto completo]

Gérard de Nerval
El patriarca temblando sacudía el universo.
Isis, la Madre, al fin se levantó del lecho,
hizo un gesto de odio a su feroz esposo,
y el ardor de otros tiempos brilló en sus ojos verdes.

"Miradle", dice, "duerme ese viejo perverso,
todo el hielo del mundo por su boca ha pasado.
Cuidado con su pie, apagad su ojo bizco,
es rey de los volcanes y dios de los inviernos".

"El águila ha pasado: Napoleón me llama;
he vestido por él el manto de Cibeles,
soy esposa de Hermes, soy hermana de Osiris..."

La diosa había escapado en su concha dorada;
el mar nos devolvía su idolatrada imagen,
e irradiaban los cielos bajo el echarpe de Iris.


A Madame Aguado
[Poema: Texto completo]

Gérard de Nerval
¡Columna de zafiro, bordada de arabescos,
reaparece! Se vuelan los remeros del nido;
de tu frente ceñida de azur hasta tu planta
de granito la púrpura de Judea se despliega.

Si ves a Benarés acodada en su río,
desata con tu arco de oro bruñido el torso
pues soy el buitre que vuela sobre Patani,
y el mar está inundado de mariposas blancas.

¡Lanasá! ¡haz que flote en las aguas tu velo!
Da las flores de púrpura al curso del arroyo.
La nieve del Catay ya cae sobre el Atlántico.

Mientras, la del bermejo rostro sacerdotisa
bajo el arco del sol todavía duerme,
y nada ha molestado al pórtico severo.


Anteros
[Poema: Texto completo]

Gérard de Nerval
Por qué en mi corazón hay tanta rabia, dices,
y en mi cuello flexible una cabeza indómita;
es porque yo provengo de la raza de Anteo
y hago volver los dardos contra el dios vencedor.

Yo soy de aquéllos, sí, que el Vengador alienta,
él me marcó la frente con su boca irritada,
bajo la palidez de Abel, llena de sangre,
lel rubor implacable de Caín tengo a veces!

Jehovah, aquél que, vencido por tu genio, el postrero,
del fondo del infierno gritaba: "¡Oh tiranía!"
es mi abuelo Belús o mi padre Dagón...

Tres veces me bañaron en las aguas del Cócito,
y, único protector de mi madre Amalécita,
siempre a sus pies los dientes del viejo dragón, siembro.


El desdichado
[Poema: Texto completo]

Gérard de Nerval
Yo soy el Tenebroso, -el viudo-, el Sin Consuelo,
Principe de Aquitania de la Torre abolida:
Mi única estrella ha muerto, y mi laúd constelado
lleva en sí el negro sol de la Melancolía.

En la Tumba nocturna, Tú que me has consolado,
devuélveme el Pausílipo y el mar de Italia, aquella
flor que tanto gustaba a mi alma desolada,
y la parra do el Pámpano a la Rosa se alía.

¿Soy Amor o soy Febo?.. Soy Lusignan o ¿Biron?
Mi frente aún enrojece del beso de la Reina;
he soñado en la Gruta do nada la Sirena...

He, doble vencedor, traspuesto el Aqueronte:
Modulando unas veces en la lira de Orfeo
suspiros de la Santa y, otras, gritos del Hada.


Gerard de Nerval vida y obra.

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