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Las Aventuras de Ezilda

Las Aventuras de Ezilda

EL COMIENZO DEL VIAJE


Las 6 sombras permanecían quietas en el cielo. Contemplaban cuidadosamente su objetivo; junto a ellas, enormes y malignas criaturas esperaban la orden para atacar. Ella jamás en su vida había visto bestias como esas. Los perros gigantes con ojos rojos tenían sed de sangre; asesinar era su deber y lo debían de hacer muy bien pues contaban con enormes mandíbulas para ello. Además de los gigantes canes, también habían aves esqueléticas y muchas otras más, que ella no supo identificar; solo era consciente de que sus intenciones para con ella no eran para nada buenas. Sudaba y temblaba pues la diabólica mirada de todas las criaturas que flotaban en el cielo se posaban sobre ella. De pronto una de las 6 sombras hizo un movimiento con una mano y todos los demonios se abalanzaron sobre la joven hechicera.
-¡No! –grito con todas sus fuerzas.
-¡Es una pesadilla Ezilda! –le contesto una voz muy preocupada.
-¡Ah! ¡Otra vez! –sintió alivio al percatarse de que solo era un mal sueño. Aunque en realidad lo que la llenaba de tranquilidad era escuchar a su gran amigo.
-Libro, he tenido la misma pesadilla. Cada vez que veo esas cosas en mi sueño, las siento muy reales; además la condición de mi cuerpo está empeorando.
-Tu maestro Gaia cree que se debe al hechizo de purificación que empleaste, usaste mucho poder para derrotar a la malvada bruja–respondió su fiel amigo con tristeza.
“Cierto” –dijo con la mente. Ella fue quien derroto a Misha la bruja que había aterrorizado a todas las criaturas del bosque, pero el precio fue alto; perdió su nombre y su cuerpo parecía estar perdiéndose también. Manchas oscuras comenzaban a formarse en este y sorprendentemente lo que detenía dicho mal era la compañía de su amigo.
-“Creo que mientras estés conmigo nada saldrá mal” –dijo con una sonrisa.
-Bueno Ezilda es momento de salir, Gaia te espera.
-Tienes razón, me alistare en un momento, espérame fuera.
Su rutina habitual consistía en elegir su traje de bruja para el día, luego solo bastaba con un conjuro para que este se uniera a su cuerpo. Debido al desorden de su hogar otra tarea que tenía día a día era encontrar su varita, frecuentemente perdía su valioso artilugio hecho de dioxita. ”Siempre se escabulle ella sola” –se decía.
Además de realizar los quehaceres de su casa; Ezilda, como una distinguida hechicera tenía como labor crear nuevos hechizos, últimamente no tenía tiempo para ello pues estaba más preocupada por sanarse. Debido a que fue maldecida en el pasado, la joven bruja no necesitaba alimentos, su lengua había perdido cualquier sensación de gusto, todo le sabía igual… a nada.
-“¡Date prisa Ezilda! ¡Que me aburro!” –grito el libro.
-“¡Ya voy!” –le contesto molesta.
-Bien vamos, Gaia nos espera en la casa donde una vez vivió la malvada bruja –le informo su amigo cuando le encontró fuera.
Ezilda recorrió el camino con nostalgia, muchos recuerdos le venían a su mente. La imagen de la niña granjera que una vez fue, las experiencias que compartió con su amada abuela a quien perdió tiempo atrás. Quizás el recuerdo más molesto que tenía, era el de la malvada hechicera que fue el motivo para aprender magia. Ezilda había sido engañada por la malvada bruja a quien libero de su confinamiento sin desearlo, luego tuvo que luchar con ella y destruirla.
-Buenos días Ezilda. Te he estado esperando –dijo su maestro.
-Buenos días. Dígame maestro ¿Para qué me llamo?
-He descubierto el motivo por el que tu cuerpo se llena de manchas oscuras –comento el árbol.
-¡Por fin! –suspiro Ezilda.
-Veras en tu lucha con la malvada bruja parte de su oscuridad se transfirió a ti; tu amigo libro está hecho de luz es por ello que cuando él se te acerca, tu cuerpo sana. Sin embargo si tu amigo desapareciese será una tragedia para ti pues la oscuridad se apoderara de ti.
-¡Entonces solo debo estar cerca de ti amigo libro! –dijo viendo a su gran amigo y este mostro una sonrisa de oreja a oreja.
-No, si esta situación continua tarde o temprano tu cuerpo cederá a la oscuridad, debes encontrar una forma de revertir esto.
-¿Cómo lo hare?, no puedo salir del bosque, tendría que encontrar una solución aquí.
-Exacto, debes recorrer el bosque en busca de ayuda, aunque es muy extenso sé que podrás hacerlo. Eres muy fuerte tengo fe en que lo conseguirás. –concluyo el viejo árbol.
El bosque era uno de los 6 reinos que existían en el mundo. Estaba habitado por innumerables criaturas; hadas, ogros, duendes, fantasmas, enanos, algunos gigantes y diversos animales mágicos. Deambular sin cuidado podría ser fatal, era debido a ello que muy pocas personas se aventuraban a entrar en él.
-Ya que no tengo otra opción, lo hare –contestó resignada.
Al día siguiente Ezilda alisto lo indispensable para su nueva aventura. No era necesario empacar nada pues al salir de la casa le bastó con recitar un conjuro y su humilde morada se hizo tan pequeña que cabía en un bolsillo. Para aquel viaje, cualquier otro habría llevado todo un séquito, pero la única compañía que ella quería y necesitaba era su inestimable amigo libro.
Ambos recorrieron el inmenso bosque en busca de ayuda. Conocieron fascinantes lugares e hicieron innumerables amigos en su viaje; sin embargo cada vez que preguntaban por algún remedio para la maldición que Ezilda sufría, ningún habitante del bosque les daba respuesta alguna. Habían viajado por 2 meses, cuando por fin solo les quedaba un último lugar por visitar.
-Nuestro último destino será el Valle de las almas. Espero que allí si encuentre la solución a mi problema –dijo sin perder las esperanzas.
-Me da miedo el nombre ¿Hay fantasmas en ese lugar? –cuestiono su amigo.
-Bueno el sitio es famoso por tener fuerte conexión con el mundo que existe después de la muerte, pero no tendremos que lidiar con almas errantes ni nada por el estilo, solo vamos allí para hablar con Herix.
-¿Y quién es él?
-Es un médico rechazado del que se dice puede sanar incluso a los muertos. Espero que él pueda ayudarme.
Estaban cerca de su destino cuando se toparon con lo que parecía una mina bien cuidada, no le prestaron menor atención hasta que de un agujero salió un pequeño hombre. Era un nomo que sacaba los minerales de la mina, detrás de este apareció otro y se le sumo uno más, las criaturas sonreían mientras trabajaban. Los 3 notaron la presencia de la muchacha y la miraron con curiosidad.
-“¿Se ha perdido jovencita?” –pregunto el más fortachón de los 3.
-Busco la mansión de Herix ¿alguno sabe dónde está? –contesto sin pensarlo.
La mueca de los 3 pequeños cambio y se mostraban dudosos de ofrecer una respuesta a la jovencita. Los 3 conocían la fama de ese individuo y le guardaban un profundo rencor.
-“Ese malvado” –murmuro uno de ellos.
-“¿Quién eres y qué quieres con él?” –Demando el más pequeño.
-Soy Ezilda y quiero que el… -le interrumpieron.
-¡Como no pudimos reconocerte! La famosa Ezilda, venciste a la bruja oscura y ahora derrotaras al terrible Herix! –los 3 saltaron de alegría.
-¡Muchachos tómense un descanso y vengan que la famosa Ezilda nos visita! –grito uno.
De repente muchos pequeñines más salieron, contemplaban a la muchacha con entusiasmo y alegría. Todos la rodearon esperando que la figura delante de ellos fuera real. Ezilda estaba consternada, trato de retroceder y tropezó, al hacerlo parte de las manchas oscuras que tenía en el cuerpo fueron visibles.
-Esta maldita –dijo un nomo y la muchedumbre retrocedió, ahora los pequeños tenían una expresión de miedo en sus rostros.
-¡Por favor déjenme contarles porque estoy aquí! –exclamo una irritada Ezilda.
-Ezilda perdónalos, lo que sucede es que nunca te habían visto -un pequeño anciano alzo la voz.
-Mi nombre es Aarón, soy el líder de los nomos, por favor entremos a la mina allí conversaremos más a gusto.
-Por mi está bien.
-En cuanto a ustedes –hagan el favor de no causar tanto alboroto, vuelvan a trabajar, yo atenderé a Ezilda.
Todos los pequeñines dejaron el lugar, pero en su retirada no dejaron de verla, muchas miradas eran de alegría, algunas de tristeza y otras de miedo. Ya dentro de la mina, el anciano sirvió un poco de té, tanto para el como para su invitada.
-“¿Bien dime porque estás buscando a Herix?” –musito el anciano.
- Poco tiempo después vencer a la bruja oscura del bosque, mi cuerpo comenzó a presentar malestar y manchas oscuras aparecieron, he oído que Herix es un famoso médico y creo que él puede curarme.
-Es probable que ese hombre pueda ayudarte, pero ¿sabes algo acerca de él? ¿Lo has conocido en persona alguna vez? –le cuestionó.
-No, solo espero que me ayude.
-Es un hombre que ha pisado los terrenos de la muerte. Ha sacrificado a muchos inocentes para su propio beneficio, incluso empleo la vida de nomos para conseguir más poder.
-Ya veo, si es alguien malvado no tengo más opción que detenerle. Sin embargo, no sé dónde queda su hogar, si usted pudiera ayudarme a encontrarlo se lo agradeceré.
-No te preocupes por eso- sugirió el anciano.
-¡KORN! –grito y un amigable pequeñín apareció.
-Dígame, ¿que desea señor? –pregunto.
-Quiero que lleves a Ezilda al hogar de Herix.
-Está bien, pero será mejor que partamos de inmediato antes que llegue la noche –sugirió.
-Estoy de acuerdo, gracias por tu ayuda anciano, si tengo éxito te lo hare saber –se despidió Ezilda y salió rápidamente de la mina.
En el camino su nuevo acompañante no paraba de hacerle sin fin de preguntas acerca de su vida y de cómo había conseguido tanto poder. Ezilda le respondía que no era tan poderosa como se creía y que además últimamente estaba enferma. Luego de recorrer un extenso camino, su guía se detuvo en un lugar extraño. Delante de ellos solo había algunos árboles y algo que sobresalía de la tierra. Era un gran tejado con una ventana cerrada.
-“Llegamos, este es el hogar de Herix”.
-¿Es aquí donde vive? Pero solo es el tejado de la casa–dijo confusa.
Su guía se adelantó, le hizo un gesto de que se acercara para que ella misma viera lo que a simple vista no había notado.
El propietario se encuentra en el primer piso
Si desea verlo, descendía hasta el abismo
Si su anhelo es seguir vivo no se atreva a entrar.
-No entres Ezilda, la casa me da mala espina –le aconsejo su libro de hechizos.
-Si estás conmigo podre con lo que sea, además necesito hacerlo.
-Yo no entrare, sé que te tomara tiempo así que volveré aquí al amanecer –sentencio su guía.
-Gracias por la ayuda, volveré en cuanto pueda.
Su acompañante dejo el lugar a paso apresurado, se notaba que también estaba muy asustado. Pero ella no, la valiente muchacha tenia fe en su fuerza y en la de su gran amigo. Entro por la ventana del tejado. Dentro de este solo había una abertura que conducía hacia el piso debajo de ella. Era incapaz de ver lo que tenía debajo pues no había ninguna luz.
-Bueno amigo, vamos nuestra aventura comienza –Dijo y salto junto a su amigo.











EL EGOISTA

Luego de saltar empleo un hechizo para flotar, tardo varios minutos en descender hasta tocar el piso. El lugar era oscuro y solitario. Su vista tardo unos minutos en acostumbrarse al lúgubre ambiente, pero al fin pudo distinguir algo que la congelo. Delante de ella una enorme figura murmuraba en la oscuridad, era un gigante.
-“Es mío, nadie más lo puede tener. Matare al que lo quiera” –repetía la enorme figura.
El gigante sostenía algo que parecía una llave y tenía la vista clavada en esta. El objeto lo mantenía hipnotizado, no parecía notar la presencia de Ezilda, de hecho no era consiente de nada a su alrededor.
Ezilda sentía temor del único habitante de la habitación, sin embargo luego de la primera impresión decidió que lo mejor sería entablar una conversación.
-Hola, mi nombre es Ezilda! –grito. Pero no le escucho. Trato de llamar la atención de la criatura, pero esta seguía viendo el objeto que poseía en sus manos.
-¿Hay alguien más aquí? –gritaba sin cesar pero no obtenía respuesta alguna.
Cansada de ser ignorada, la muchacha decidió que era momento de verle la cara al gigante “¡Volare!” –recito el conjuro y se elevó en frente del gigante.
-¿Oye que pasa? ¿¡Por qué no me escuchas!?
-¡Es mío, no te lo daré!
-No quiero lo que tienes, solo deseo que me expliques lo que ocurre aquí.
-¡No te lo daré! –le grito.
-¡Bien! ¡Lo averiguare yo misma!
Ezilda descendió y comenzó a buscar una forma de bajar al siguiente piso pero solo encontró una puerta en el piso que decía:
“Se abre con la llave del egoísta”
-Bueno, ya que no hay otra opción, tendré que quitársela –suspiro.
-Creo que será peligroso ¡mejor nos volvemos por donde vinimos! –sugirió su amigo.
-¡No! tengo que seguir adelante. Creo que será sencillo quitarle la llave, primero lo convertiré en un ratón y luego tomare la llave –sentencio.
-¡BERI BERI ratón! –recito el conjuro pero nada ocurrió.
-Para que ese hechizo funcione, la persona que lo recibe debe poder escucharte. Y de seguro el gigante ha de ser sordo.
-¡Ya lo sé! Revisare sus orejas de seguro hay algo que le impide escuchar –contesto molesta, la situación ya comenzaba a sacarla de sus casillas.
Se elevó y vio que en efecto las orejas del gigante estaban demasiado sucias como para que este siquiera escuchara sus propios pensamientos.
-Tersus Sursum –dijo y las orejas quedaron relucientes. Luego de limpiarlas, pensó que en vez de convertirlo en un ratón, debía razonar con él.
-¿Ahora si me escuchas? –ante esto el gigante giro brevemente su atención hacia ella y le grito: ¡Es mío! No te lo daré.
Ezilda pensó mucho en cómo lograr que el único habitante de la habitación le diera la llave, era cierto que en un primer momento pensó en convertirlo en un ratón, pero era ella quien entro sin permiso, además sentía un poco de lastima por la pobre criatura, por lo menos no debía lastimarlo.
-Oye préstame la llave un momento, para que no desconfíes de mí, te daré la joya más preciosa que poseo como garantía. Una vez que abra la puerta te regresare tu llave ¿aceptas?
-“quizás vale la pena ver la joya, además si es muy valiosa me la quedare” pensaba el gigante.
-Está bien acepto el trato ¡Pero antes debes mostrarme la joya!
Ezilda tomo su varita, la apunto a su pecho y grito “chrysolitus” y de su pecho salió una hermosa gema, muy brillante y muy hermosa, esta joya era su corazón. El gigante estaba fascinado, nunca en su vida contemplo nada parecido.
-¡alto! ¿No pensaras de veras en dársela verdad? –dijo el libro.
-Se lo daré por un momento solo hasta que pueda abrir la puerta, si te tranquiliza, puedes vigilar la joya.
-¡Espero que sepas lo que haces! –le regaño su amigo.
El intercambio se realizó; Ezilda tomo la llave y el gigante cogió su corazón. Se dirigía a la puerta que encontró pero sintió algo inesperado, las marcas de su cuerpo comenzaron a multiplicarse. Su corazón era su fuente de luz y sin él, la maldición de su cuerpo comenzaba a consumirla. Al no poder controlar su cuerpo, este se desplomo justo antes de llegar a la puerta. Comenzó a quejarse de un fuerte dolor en el pecho.
El gigante no solo sentía calidez al tocar la joya, sentía que en su interior algo había cambiado. Al observar a la pequeña delante de él, se asombró mucho, ella era consciente de lo que le esperaba y aun así le dio su corazón.
-¡Regrésaselo de inmediato! –le grito el libro.
El gigante dudo un momento pero luego se levantó y puso la joya en el pecho de Ezilda. La joya se unió a su cuerpo, Ezilda esta tardo un poco en incorporarse y cuando lo hizo le pregunto:
-¿Por qué no tomaste la llave?
-Comprendí tus intenciones, no me había dado cuenta que mi egoísmo podía herir tanto a otros. Quédate con la llave y como muestra de mi agradecimiento te explicare lo que sucede aquí.
-Bien, cuéntame todo.
-Esta casa fue creada por Herix o es lo que se cree, el me encerró aquí para que cuidara la llave que conduce al 6to piso, sin embargo pase tanto tiempo cuidando la llave que llegue a quererla. Si alguien desea llegar donde se encuentra Herix debe cumplir fielmente con cada reto, si pasas de largo morirás.
-Vaya y yo que pensé que solo tenía que bajar.
-Tú superaste este reto, así que debo añadir que yo tenía 2 llaves. Una es la que te di, la otra me la quito un dragón el cual reside en uno de los pisos inferiores, debes conseguirla. Ambas llaves te serán de mucha utilidad.
-Muchas gracias, ahora continuare bajando.
-Oye, estoy en deuda contigo por librarme del deseo hacia la llave, si necesitaras algo más házmelo saber.
-Pues hay una cosa… ¿te gustaría ser mi amigo?
-¡Por supuesto! –respondió alegre.
-Bien, cuando suba, te sacare de aquí.
-Esperare ansioso tu regreso –sonrió.
-¡Nos vemos!
Ezilda tomo la llave y con ella abrió la puerta que había en el piso. Pudo ver que la habitación de abajo estaba iluminada, sin embargo no parecía habitada.
-Bueno amigo libro ¡continuemos!
-Está bien, pero si es peligroso nos volvemos.
-No te preocupes, todo irá bien –dijo a la vez que saltaba.















IGNORANCIA

Tanto el piso como las paredes eran blancas como la nieve, pero la habitación estaba completamente vacía. Los muebles brillaban por su ausencia al igual que cualquier rastro de vida.
-Qué raro, con tanta pulcritud, alguien debería estar aquí ¿no crees? –pregunto pero no hubo respuesta. Fue entonces que entendió su situación, ella estaba sola en la habitación, su amigo libro ya no la acompañaba.
-¿Dónde está? ¿Te estas escondiendo? –y el silencio le contesto con su indiferencia. Pensó en volver, quizá su amigo se había quedado en el piso superior. Vio hacia arriba, pero fue incapaz de encontrar la puerta por donde bajo.
Estaba asustada, no podía encontrar a su amigo, y no podía salir de la habitación, pues esta no tenía ninguna abertura, ninguna puerta, ninguna salida.
-Hola –resonó una voz familiar detrás de ella. Giro y reconoció inmediatamente esa figura. Era imposible, la persona que tenía delante debía ser una ilusión. Llevaba la misma vestimenta que ella, poseía una varita y un sombrero de bruja. Esa persona era idéntica a Ezilda incluso en la voz.
-Tu… ¿quién eres? –pregunto molesta.
-Pues mi nombre es Ezilda –se rio.
-¡No juegues conmigo! ¡Ese es mi nombre!
-Y también el mío –se rio nuevamente.
Apunto su varita hacia la falsa Ezilda y exclamo “¡BERI BERI gusano!” pero nada ocurrió.
-Tonta, ese hechizo no sirve conmigo, yo lo conozco a la perfección, porque yo soy Ezilda la bruja bondadosa del bosque mágico, soy quien derroto a la malvada Misha.
-¡Y un cuerno! deja de burlarte de mí ¿quién eres? ¿Y qué haces aquí? ¿Tú sabes dónde está mi amigo?
-Vaya lanzas muchas preguntas. Como ya te dije mi nombre es Ezilda y soy la protectora de este lugar yo no sé dónde está tu amigo. Sin embargo si quieres salir de aquí debes contestar cada una de las preguntas que te haga.
-¡Bien! ¡Lo hare, pero date prisa! –grito confiada.
-Comencemos, dime muchacha ¿quién eres tú?
-Yo soy Ezilda –le dijo mostrándole la lengua.
-Genial pero… ¿podrías decirme más acerca de ti?
-Como desees… yo solía vivir en una granja con mi abuela, así mismo solía pasar tiempo con mis amigos los animales mágicos, sin embargo una vez cometí un error y libere a la malvada bruja Misha. Para corregir esto, me convertí en una hechicera y la derrote, la transforme en piedra y la hice mil pedazos –le dijo en tono amenazante.
-Y dime ¿tu sabias quien era Misha? –la inquisidora ahora tenía voz colérica.
-Era una malvada bruja que aterrorizaba a todos.
-¡NO SIEMPRE LO FUE! –la voz ahora era de rabia profunda.
-Eso no es…
-¡SIMPLEMENTE NO LO SABIAS! –la figura delante de ella había perdido los estribos.
El inquisidor tenía razón, Ezilda no conoció la vida de la bruja, solo se topó con ella cuando esta era malvada. Alguna vez debió haber sido buena… pero aun si eso fuera cierto, no tuvo más opción que acabar con ella –pensaba.
-¡No es cierto! ¡Pudiste averiguar más de ella, pero no lo hiciste!
-¿Puedes leer mi mente?
-¿Dónde crees que estamos mocosa? –la figura cambio, ahora delante de ella tenía a la malvada bruja.
Ezilda lo comprendió su situación y noto el gran error que había cometido “Esto debe ser mi mente” –concluyo.
-Responde ¿por qué no averiguaste más sobre Misha?
-No pude hacerlo.
-Déjame mostrarte el pasado de “Misha”.
La habitación delante de ella desapareció, ahora se encontraba al aire libre. Se formaron nuevas figuras y un nuevo escenario salió a relucir. Una hermosa niña estaba delante de un dragón, ella le estaba protegiendo.
-No lo mates por favor, es mi amigo –suplicaba a una mujer que por sus facciones debía ser la madre de la niña.
-No me agrada que una criatura como esa merodee por aquí, debe desaparecer –la mujer hizo a un lado a la niña, en su mano derecha portaba una espada, pero antes de acertar el golpe…
-Lo siento madre “debilitat” –dijo la niña y la mujer se congelo.
-Vete Fafny, huye rápido –el dragón soltó unas lágrimas y se alejó volando rápidamente.
Cuando la mujer finalmente pudo librarse del hechizo tomo a la pequeña del cuello y la elevo por encima de ella.
-Vaya sabes un poco de hechicería, pero usarla contra mí es imperdonable –parecía querer asesinarla, pero solo la arrojó al suelo sin el menor reparo.
-Misha, tú eres mi hija y aun así te revelas, ya sabes lo que te espera. Un mes de encierro en el calabozo. Espero que luego de este castigo seas más respetuosa conmigo. –le dijo.
La habitación volvió a cambiar, Ezilda solo podía ver oscuridad.
-Y dime ¿has aprendido algo? La voz correspondía a una Misha anciana.
-Ella debió de sufrir mucho, pero yo no tuve opción. Si alguien te ataca es normal devolvérselo sin preguntar.
-Déjame mostrarte más de ella –con estas palabras, el entorno se convirtió en un calabozo.
Ezilda observo a una Misha ya joven, parecía estar hablando con un libro dorado.
-“Perdón por los inconvenientes Fafny, pero si te ven se armara un gran problema”.
-“No te preocupes, aunque tal como están las cosas, no creo poderlas empeorar” –contestó el libro.
-Dime ¿qué averiguaste acerca del poder de mi madre? –le susurró.
-“Tu madre era una elegida para proteger al mundo, pero decidió tomar el poder que se le concedió para ella misma. Sin embargo…”.
-¿Sin embargo qué?
-Otra persona puede arrebatárselo pagando ello con su vida o con algo peor… puede que esa persona quede maldita.
-Lo tomare sin importar el precio ¿dónde está la fuente de su poder?
-Debajo de este castillo. Misha… sé que la situación actual requiere medidas desesperadas, no me queda más que contemplar todo lo que sucede y desearte la mejor de las suertes. La única persona que puede cumplir esta tarea, eres tu–concluyo el libro en tono triste.
La imagen volvió a cambiar, esta vez Ezilda reconoció a la perfección el lugar pues antes había estado allí. El nuevo escenario era la casa de la “malvada bruja” que ella derroto.
El ambiente era deprimente, Misha estaba recostada en una cama y alrededor de ella había distintas personas que la miraban con horror. Su cuerpo estaba cubierto por marcas oscuras, pero eran diferente a las de Ezilda, se podía sentir cierta energía emergiendo de ellas.
-Váyanse por favor, ahora estoy consiente pero no se cuanto pueda mantenerme así. No quiero lastimarlos –termino la frase con un gemido de agonía.
-Misha no pudimos encontrar una cura, se necesita de mucho poder para sanarte. Lo siento –se lamentó un triste mago.
-¿Merlín eres tú? –dijo insegura. Ezilda no lo noto hasta entonces, pero lo cierto era que Misha estaba ciega.
-Así es niña, perdón, no puedo ayudarte.
-Dígame maestro ¿le cause problemas?
-Sí, eres muy fuerte –tenía una sonrisa forzada.
-Maestro sé que esto no tiene arreglo… solo deseo pedirle un último favor.
Misha hizo un gesto y el anciano se acercó, Misha le susurró algo que le dejo helado.
-Por favor hágalo maestro, luego termine conmigo.
-Está bien… -exclamo.
El anciano poseía 2 cosas que Ezilda supo reconocer, en la izquierda tenía un libro con el título “el manual de la bruja buena” y en la derecha una varita hecha de dioxita. Apunto su varita al pecho de Misha y dijo “Chrysolitus”. El dolor debía ser demasiado pues Misha no paraba de gritar. Sus gritos eran tan desgarradores que todos los presentes dejaron la casa, del pecho de Misha broto una gran gema; el mago unió la joya con el libro y le dijo “ábrete cuando alguien digno te toque”. En el instante que el mago concluyo su labor, Misha le ataco, repentinamente su ceguera había desaparecido. Merlín tropezó y dejo caer tanto el libro como su varita pero pudo salir de la casa. Al cerrar la puerta murmuro algo.
“Hoy eres juzgada injustamente. Algún día serás liberada, hasta que ese día llegue, purifica tu alma.”
El escenario fue renovado una vez más. Ezilda se encontraba en aquella blanca habitación junto a su acompañante quien poseía la forma de la niña que vio anteriormente.
-Misha fue una heroína, salvo a muchas personas, pero el destino quiso que se convirtiera una malévola bruja.
-Yo no sabía nada de eso, solo me enfrente a ella –respondió con lamento.
-En tu interior lo sabias. Debías conocer más de ella, pero tenías miedo de encontrar algo bueno en su pasado, tú simplemente te aferraste a tu ignorancia.
-Entonces ¿estás aquí para reprenderme? –cuestiono Ezilda.
Su acompañante no pudo responder pues comenzó a convulsionarse. De pronto delante de Ezilda apareció una pequeña hada.
-Vaya… tu sí que debes ser alguien especial –dijo cansada.
-¿eh? –respondió una confusa Ezilda.
-Déjame presentarme, yo soy Clau. Hace un tiempo vine a esta casa junto a un gran amigo. Lamentablemente al parecer el no sobrevivió. Antes que yo llegara a este lugar, aquí había un demonio que volvía locos a quienes se atrevieron a enfrentarlo.
-Ya veo… ¿por qué dijiste q era especial?
-Yo luche con ese demonio y tome su lugar. Cada vez que alguien llega aquí, yo le aconsejo que salga de inmediato pero tu… estas maldita.
-Estas en lo correcto, ese es el motivo por el que vine en primer lugar, pensé en pedirle a Herix que me ayude. Sin embargo me entere que es un malvado. De ser eso cierto tendré que vencerle.
-Bueno… en realidad nunca lo conocí, pero también escuche cosas horribles de él. Si de verdad puedes ganarle, desciende. Pero te advierto que más adelante te encontraras con cosas muy horribles.
-¿Cómo salgo de aquí?
-No te preocupes, yo te liberare. Sera como si nunca hubieras estado aquí. El hada dio un chasquido con sus dedos y lo siguiente que escucho fue la voz de su amigo.
-¡Oye despierta! ¿Por qué te duermes?- Le preguntaba su amigo. Ezilda al verlo, lo abrazo.
-¿Qué te ocurre?-pregunto su amigo
-Nada, no me lo creerías.
Los dos habían descendido, sin embargo ella se quedo dormida al instante en que toco el piso. El cuarto era muy amplio pero no había nada, solo una llave en el centro junto a una puerta en el piso. La tomo y abrió la puerta que los conduciría a la siguiente habitación.
A través de la puerta que conectaba al siguiente piso, pudo ver a una jovencita. La reconoció, aunque ella sabía que solo debía ser una ilusión, bajo sin pensarlo. Tenía que verla, al parecer la jovencita quería decirle algo, pero debido a la distancia, no la podía oír.
-¡No bajes! –escucho y la puerta que estaba arriba de ella y su amigo, desapareció.






LA TRISTEZA DE UN ALMA

La habitación estaba habitada por muchos espíritus, había cientos de ellos. Las almas ocupaban los muchos muebles que había alrededor. Todo parecía pacifico pero en su corazón ella comenzaba a sentir algo de pena por ellos.
-¿Misha? –pregunto Ezilda.
-No…soy Hera–le respondió. No tenía un cuerpo físico, pero si poseía una forma idéntica a la de Misha cuando era joven. Su figura era de un tono blanco transparente, Ezilda incluso podía ver a través de ella.
-¡Es un fantasma! –dijo asustado su amigo libro.
-¡Cálmate libro! ¿Qué es este lugar? –pregunto con un tono de tristeza que no pudo disimular.
-Todos residíamos en el valle de las almas, pero un hombre llamado Herix nos encerró aquí. Las paredes están hechas para retener espíritus y es por ello que ninguno de nosotros puede salir.
-Eres idéntica a alguien que conocí.
-Misha era mi hermana gemela… es raro… nosotras nacimos hace 500 años ¿cómo es que lograste conocerla? ¿Eres inmortal?
-Yo conocí a tu hermana hace poco, al parecer se volvió alguien malvada, ataco a muchas personas y yo la derrote.
-ya veo, ella se volvió inmortal…
-Me gustaría saber más sobre ustedes dos ¿cómo fue su vida?
-Ambas nacimos como humanas, pero ella era distinta. Nunca supe porque ni como pero su cuerpo era especial. Nuestra madre la detestaba y debido a esto Misha fue encerrada injustamente en muchas ocasiones. Al final Nuestra madre se volvió alguien detestable, asesino a muchas personas, llegado el momento supimos que debíamos detenerla. Yo era débil así que no podía hacerlo, pero Misha sí. Entregue mi vida a cambio de una espada la cual se la entregue a mi hermana, dicha espada era Durandal.
Con cada palabra que Hera pronunciaba Ezilda sentía que el corazón se le quebraba. Las lágrimas querían brotar, pero ella no las dejaba salir.
-¿Alguna idea de cómo puedo salir? –dijo fingiendo seguridad.
-No lo sé, todos nos resignamos a permanecer aquí hasta el fin de los tiempos.
Las lágrimas comenzaron a brotar de los ojos de Ezilda. Al parecer el lugar hacia que los habitantes de esta, se llenaran de melancolía.
-Ezilda no llores, que me haces llorar también –dijo su triste amigo.
Ezilda seguía llorando sin importarle lo que dijera su amigo. Su amigo trataba de reconfortarla pero Ezilda seguía llorando.
-¿Cómo puedo hacer para q deje de llorar? –pregunto a Hera.
-Es imposible, en este lugar todas las penas interiores son reveladas. Ella se quedara aquí para siempre. La única forma de librarla de ese trance es hacerla llorar de alegría, pero es imposible.
-Ya veo, pues yo conozco una forma. –le dijo el libro muy alegre.
El libro saco un par de manitas de su cuerpo y comenzó a hacerle cosquillas a Ezilda quien pronto dejo de llorar. Comenzó a reírse a carcajadas tanto que le salieron varias lágrimas. Luego de ello Ezilda recupero la compostura.
-Gracias libro. –dijo, pero su amigo estaba distraído viendo al piso. Las lágrimas de Ezilda se habían convertido en una llave.
Hera mostraba una expresión de sorpresa ante lo ocurrido. Nadie había logrado obtener la llave de salida, solo le quedaba encontrar la puerta. Esto no sería problema pues ella se la mostraría.
-¡Vaya! Quién lo diría, has logrado conseguir la llave –le dijo asombrada.
-Pero no veo la puerta.
-No te preocupes, yo te ayudare –Hera reunió a todos los espíritus y juntos hicieron un circulo, en medio de este se formó una puerta.
-A partir de aquí, no hay regreso. Si quieres salir de este horrendo lugar solo te queda descender.
-De ser posible me gustaría que ustedes vengan conmigo…
-Me temo que no podemos… fue Herix quien nos encerró aquí. Si quieres liberarnos debes vencerle.
-Lo hare, se los prometo. Los sacare de aquí –Ezilda abrió la puerta y bajo al siguiente piso. Al descender se dio cuenta de algo extraño, le costaba mucho moverse.




















CAOS

Los muebles se movían libremente por la habitación al igual que los libros y demás cosas que había en ese lugar. Ella no toco el piso, aunque podía volar, le era muy difícil moverse. Su amigo tenía el mismo problema. Desde donde estaba pudo ver la puerta que llevaba al siguiente piso.
-Solo nos falta encontrar la llave –con mucho esfuerzo logro bajar.
-¡Ya la vi! Está en la esquina derecha, en el suelo. Parece ser lo único que no se mueve aquí –le señalo su amigo.
Ezilda fue al lugar donde se encontraba la llave. La habitación tenía un montón de diferentes cosas flotando y chocando unas con otras. Incluso pudo ver algunas espadas flotando, así como también cuchillos y hachas.
-Esto es raro amigo libro…
-¿Qué cosa?
-Comparado con lo anterior esto luce muy sencillo –Dijo a la vez que esquivaba un cuchillo.
-Pues mejor para nosotros –contesto alegre.
Ezilda avanzo sigilosamente hasta la llave evadiendo un sinfín de cosas. “La puerta está en el centro así que completar este desafío será pan comido” –pensó.
En el momento que toco la llave, la habitación se estremeció. El alboroto que había empeoro. La velocidad con la que se movían los objetos aumento drásticamente. Ezilda utilizo su varita para defenderse, pero fueron tantos los objetos que arremetían contra ella que termino por soltar la llave. En ese instante los objetos perdieron la velocidad que habían ganado recientemente.
-Ya veo el truco. –dijo su amigo.
-¿Así, cuál es?
-Si nos llevamos la llave todo se volverá un alboroto. Debemos dejar la llave quieta. –Ambos pensaron una solución, hasta que por fin la hallaron.
-Libro hare un camino por donde pueda pasar la llave hacia la puerta. Después de eso la arrojare muy rápido. Pero para ello necesito un hechizo, ayúdame con eso. Su amigo se abrió y le mostro el que necesitaba.
“Topo mágico, topo amigo
Muéstrame la luz muéstrame el camino”
Delante de ellos apareció un rechoncho topo, al parecer era un amigo de Ezilda pues le saludo muy amigablemente.
-Hola Ezilda ¿qué deseas?
-Hola amigo, veras queremos que nos abras un camino hacia la puerta de allí- dijo señalando el objetivo.
-Dalo por hecho, destruiré todo lo que se tope conmigo. –Su amigo comenzó a trabajar y al instante cumplió su labor. La curiosa criatura desapareció después de realizar su trabajo.
-No entiendo, el camino que acaba de hacer el topo ha desaparecido –dijo el libro.
-Eso es porque todo está en movimiento, sin embargo tiene un patrón predecible, tomaría una hora esperar, pero lo acelerare. Ezilda cogió la llave y en un instante el camino volvió a formarse. Rápidamente arrojo la llavea través del camino y esta se quedó quieta encima de la puerta.
-Lo vez por fin lo conseguimos, ahora lo que falta es abrir la puerta.
Ezilda se abrió paso hacia su destino, le tomo un poco de trabajo pero por fin llego donde la llave.
-¿Qué harás? Si la tomas todo se alborotara y las cosas nos golpearan. No podrás abrir la puerta.
-Tú la abrirás. Yo nos protegeré a los dos.
-Eso será muy peligroso. En la esquina teníamos más protección, aquí recibirás ataques de todos lados.
-No te preocupes lo lograre.
-Está bien pero no me hare responsable si sales herida –Dijo su amigo a la vez que sacaba un par de manos. Tomo lo llave y de inmediato Ezilda lo defendió. A toda prisa abrió la puerta y ambos descendieron.
-vaya eso fue arriesgado… ¿estás bien? –dijo preocupado. Ezilda estaba sangrando, un cuchillo le paso cerca y le hizo un corte en el brazo. Con un conjuro cerro su herida.
-No hay problema, solo nos queda avanzar –Ambos prosiguieron hacia su siguiente parada pero incluso antes de ver lo que había debajo de ellos podían sentir un calor abrazador.


















PESIMISMO

La vista delante de ellos era abrumadora. Todo estaba envuelto en llamas, en lugar de muebles en aquel lugar había rocas derretidas por el fuego. Las dos únicas criaturas que habitaban el lugar estaban dentro de una gran jaula.
-Son dos dragones –dijo su amigo.
-Qué bueno que estén encerrados, mejor busquemos la puerta sin molestarlos –le dijo ella.
Ambos iniciaron la búsqueda de la salida por separado. En su búsqueda Ezilda encontró un cadáver escondido en lo que parecía una cueva, aquel cadáver tenía en sus manos unos extraños dados. Ella los tomo, pensó que sería un buen recuerdo de su aventura, al fin y al cabo hasta el momento no había conseguido nada.
-La encontré Ezilda. –grito su alegre amigo. La puerta tenía una cerradura extraña, la cual se abría utilizando dos llaves.
-No me digas que… -Se acercó a los dragones y vio que ambos llevaban puestos cada uno un collar de acero. En cada collar había una llave. No podía acercarse y tomarlos pues ambas criaturas eran violentas y no paraban de lanzar fuego a todos lados.
-No podré hacerlo…son demasiado fuertes.
-No te rindas, hemos llegado muy lejos. Recuerda que yo tengo muchos hechizos, de seguro uno te servirá.
-¡Te digo que no lo lograre! –La muchacha corrió al lugar donde encontró el cadáver y su amigo la siguió.
-Tú venciste a la malvada bruja, eres poderosa.
-Eso solo fue suerte.
-No, no lo fue. Diste lo mejor de ti, por eso lo lograste. Siempre luchas por otros antes que por ti misma.
-No es cierto, solo quería curarme. Por eso vine, pero lo único que he conseguido a cambio son estos dados. –dijo mostrándole lo que había encontrado.
Su amigo siguió discutiendo con ella, el libro trataba de sacarla a la fuerza de la cueva pero Ezilda no colaboraba. De pronto mientras forcejeaban Ezilda soltó los dados que tenía en las manos y algo mágico ocurrió. Sus ganas de luchar volvieron.
-Tienes razón amigo libro, yo podre con esto –dijo con seguridad.
-Genial, lo primero que debemos hacer es abrir la jaula de los dragones. Una vez abierta, yo distraeré a uno de ellos, mientas tanto tu quítale la llave al otro –Sentencio su amigo.
Ezilda apunto su varita hacia los dragones, recito un conjuro y la puerta de la jaula cedió. Ambas criaturas se alborotaron al ver su prisión abierta. Se golpearon entre los dos pero al final consiguieron salir. Ezilda uso un hechizo para aturdir al más grande de ellos, este la vio y la comenzó a perseguir. Su amigo libro por su parte consiguió distraer al otro dragón.
Los hechizos normales no funcionaban con los dragones, Ezilda era consciente de ese hecho. Su estrategia consistía en hacer que su perseguidor se cayera de una u otra forma.
La habitación era tan grande que al principio no se había percatado de las enormes columnas que estaban entremezcladas con las rocas. Ezilda se dirigió hacia ellas e hizo que su perseguidor chocara contra una de las columnas. Cuando el dragón se detuvo por el golpe, la hábil hechicera derrumbo una columna, esta aplasto a su rival. El dragón quedo inerte, Ezilda tomo la llave y fue en busca de su amigo.
Cuando encontró a su amigo, este se hallaba huyendo de la malvada criatura que con muchas ansias deseaba devorarlo. Ezilda observaba como su amigo a duras penas esquivaba los ataques del dragón. Espero atentamente y en el momento apropiado creo una atadura en la boca de la criatura. Ahora que no podía lanzar fuego, sería más sencillo vencerle. Para derrotar a su adversario llevo a cabo la misma estrategia que empleo con el anterior dragón. Una vez consiguió la otra llave, ella y su amigo se dirigieron al lugar en donde se hallaba la puerta a su siguiente destino.




MIEDO

Aquel lugar estaba sumido en el silencio. Los muebles estaban muy bien acomodados, y por su aspecto, aquel piso debía de ser muy amplio. Ezilda trataba de encontrar la puerta de salida, cuando por casualidad vio que una pequeña criatura la observaba. Era un dragón. Tenía mal aspecto; su cuerpo estaba cubierto por cicatrices y era delgado. En una de sus garras sostenía una llave. Tenía sus ojos rojos clavados en Ezilda, cuando ella lo vio, la criatura soltó una sonrisa y musito “eres una chica desafortunada”.
-¿Quién eres?-respondió Ezilda.
-Puedo ver dentro tuyo “eres una chica desafortunada” –de repente aquel dragón comenzó a lanzarle muchas bolas de fuego.
Ezilda las esquivo y al hacerlo se percató que cuando las llamas alcanzaban los muebles, estos no ardían. Incluso cuando las bolas de “fuego” pasaban al lado suyo, no sentía calor.
-Esto es muy extraño, pero será mejor que esquivez todos sus ataques- dijo su amigo quien es escondió en uno de sus bolsillos.
El dragón acelero sus ataques, al punto en el que Ezilda ya no pudo esquivarlos. Al final termino recibiendo el impacto de una llama en la cabeza. En aquel momento, el dragón ceso sus ataques y permaneció quieto. Había cumplido su cometido, lo que venía a continuación era un espectáculo que disfrutaba mucho.
-“¿Qué es esto?”-dijo petrificada. En frente de ella se irguieron una colosal serpiente y una esquelética ave, ambos estaban muy ansiosos de causarle daño.
-“¿Que te sucede Ezilda?” –pregunto su amigo.
-Esas cosas las vi en mis sueños- dijo aterrada. Su amigo salió a ver al enemigo y no encontró nada.
Ella se alejó de esos demonios. Pero de pronto, en medio de su escape, un gigantesco perro le cerró el paso. Apunto sus colmillos hacia ella, pero Ezilda pudo esquivarlo.
El dragón sonreía y disfrutaba del pavor que esa pobre muchacha sufría. Todo eso que ella experimentaba solo era un espejismo. Una vez se hubiese rendido y cansado el acabaría con su miseria y se la comería.
Ella no paraba de temblar, recorría toda la habitación en busca de un lugar para esconderse, pero incluso en cada rincón se encontraba otra endemoniada bestia. Se pasó 1 hora huyendo hasta que por fin empezó a sentirse fatigada y luego se desmayó. Su amigo trato de ayudarla, pero ella seguía inmóvil. De pronto una figura apareció detrás de él, era el dragón quien apuntaba su hocico hacia el libro de hechizos. Atino una llama al libro, se alejó esperando que el espectáculo se repitiese, pero esto no sucedió.
-¿Qué sucede? –cuestiono el dragón.
-¿No te entiendo, a que refieres? –inquirió el libro curioso.
-¿Tu no le tienes miedo a nada?
-¡Por supuesto que sí! Tengo miedo a estar separado de mi gran amiga Ezilda.-le respondió calmado.
El dragón se sorprendió al oír esto; sin embargo decidió atacar al libro, después de todo acabar con la muchacha no sería problema. Su contrincante no se defendió, simplemente dejo que lo mordiera y al instante el dragón chillo de dolor, se le habían roto los dientes.
- ¿De qué estas hecho? -Le increpo molesto.
-Ya veo… eres un sirviente de la oscuridad… yo estoy hecho de luz pura. Si tratas de comerme simplemente sería un grave error para ti. El dragón aulló de ira, y sin atender la advertencia de su enemigo, se lanzó sobre el libro, este se lanzó a las fauces del dragón, quien lo engullo de un bocado.
Cuando Ezilda despertó, su amigo estaba viéndola con preocupación, el dragón había desaparecido. Su amigo le explico lo sucedido y le mostro la llave que su anterior enemigo poseía.
-Ezilda, mientras estuviste dormida, recorrí todo el piso y encontré un baúl muy viejo –Su amigo la condujo a aquel lugar.
-Esto debe ser lo que el gigante me comento –Empleo la llave del egoísta, le dio una vuelta, oyó un chasquido, pero el baúl no se abrió.
-Quizás si utilizo también la otra llave…-Introdujo la llave del dragón y por fin la cerradura cedió.
-Que será esto –dijo ella mientras observaba una fabulosa espada de madera. En la empuñadura se podía leer “Kusa”.
-Quizás me sea útil –cogió la espada y busco la salida de la habitación. Al encontrarla se percató que esta estaba abierta. Debajo de la puerta pudo leer “Debajo se encuentra el propietario, favor de no molestarlo”. Entonces descendió con la seguridad de que esa sería la última prueba.




















HERIX

“Quien sea que lea esto, solo espero que comprenda que como cualquier otro humano he cometido errores. Yo nací en un pueblo llamado Zilium, era muy hermoso. Contaba con bellas praderas y maravillosos paisajes, solía creer que ese lugar era el paraíso. Lo comprobé cuando un día conocí al ángel que lleno de alegría mi vida su nombre era Alicia. Crecí junto a ella, nos enamoramos. A los 25 años me case con Alicia, fuimos bendecidos con 2 maravillosos hijos; mi vida parecía una fantasía, hasta que comenzó la epidemia. Varias ciudades fueron víctimas de Fleur, así la llamábamos; atacaba solo a los niños y a los bebes. Nuestros 2 hijos murieron, sentí que el mundo se desplomaba encima nuestro; no fui capaz de murmurar palabra alguna en el funeral. Alicia no derramo ni una sola lágrima, era como si estuviera inconsciente; la persona que alguna vez ame había desaparecido. Fue muy tarde cuando entendí que para ella la perdida fue demasiado desgarradora. Un día cuando volví del trabajo, la encontré inerte suspendida de una soga, había perdido a la única mujer que amaba. Su muerte acabo conmigo. Pase muchos días en soledad, hasta que decidí que era inaceptable, y entonces emprendí un viaje por el mundo buscando a alguien que pudiera devolverme a mi familia.
Visite todos los reinos del mundo pero nadie atendía mis suplicas. Decidí entonces recurrir a la ayuda a los demonios. Abdón, el líder de ellos, me prometió que si construía una fortaleza para él, me regresaría a mi familia. Puse todo mi esfuerzo en construir lo que él deseaba, la edificación consta de 7 pisos. Este lugar no tiene como objetivo hacer frente a nadie, el único propósito de este lugar es resguardar un tesoro; desconozco el lugar donde se encuentra, solo sé que es una espada. Con tal de esconder esa espada, Abdón me ordeno construir este lugar bajo tierra. Cuando le pedí a Abdón que cumpliera nuestro acuerdo, este me maldijo. Mi cuerpo y mente han ido cambiando; me he vuelto más fuerte, Abdón solo me emplea para sanar demonios. No sé si fue un sueño pero recuerdo haber matado nomos y otras criaturas a petición del líder de los demonios. Quizás ya no pueda volver a ser lo que una vez fui… ahora solo deseo… espero que alguien simplemente me libere de esta miserable vida. ”
Ezilda cerro el diario de Herix, sentía lastima por aquel desdichado hombre. Estaba segura de lo que debía hacer, tenía que encontrarlo, ya después vería la manera de salir. El primer piso estaba iluminado por algunas lámparas, encontró unas escaleras que conducían había abajo, cuando empezó a descender, escucho el rugido de una criatura. Era Herix.
Al verlo no podía creer que “eso” alguna vez hubiera sido un hombre. Poseía garras afiladas y estaba cubierto por un pelaje marrón oscuro. Tenía colmillos afilados. Su aspecto era de pesadilla pero lo más increíble eran sus acciones. No paraba de devorar carne putrefacta y de un momento a otro comenzaba a murmurar algo en un idioma desconocido para ella. Ezilda le contemplo en silencio hasta que por fin se decidió a hablar.
-¿Herix? –pregunto y “eso” dejo de comer girándose hacia ella.
-¡Ya no más! –le respondió. La criatura movió su mano hacia la derecha y Ezilda sintió un jalón hacia esa dirección, su amigo y la espada que obtuvo salieron volando de su vestido. Comprendió al instante que esa bestia podía emplear magia.
La bestia hizo otro movimiento y ella se elevó en el cielo. La estaba manejando como si fuera un títere. Ezilda movió su varita, se apuntó a ella misma y musito “protegat”; su cuerpo dejo de moverse al compás de los deseos de su enemigo, quien con la tremenda velocidad que le daban sus 4 patas se dirigió hacia ella.
El libro de hechizos, había cogido la espada, pero cuando se disponía a entregársela a Ezilda, esta se movía constantemente, decidió esperar el momento adecuado para dársela. Se limitó a mirar con preocupación a su amiga quien a duras penas esquivaba los ataques de Herix.
Los hechizos de Ezilda no afectaban a Herix, era demasiado poderoso. Ella se concentró en esquivarlo pues lo única oportunidad real que tenía para vencerle era con la espada. Sin embargo al sentir dos rasguños en su pierna supo que estaba en desventaja. El daño la hizo tropezar y Herix aprovecho esto para cogerla del cuello. Ezilda trato de zafarse, pero le era imposible. Herix la olfateo y se sorprendió.
-Ya veo ¿estas maldita cierto?
-Así es, vine para que me ayudaras; escuche que podías curar cualquier enfermedad.-le respondió dolida.
-Tonta, solo existe una forma de curar las maldiciones. Necesitas energía pura, algunos objetos en el mundo la tienen; son tan pocos que los puedes contar con los dedos de una mano.
-Gracias por la ayuda, al parecer encontré uno hace poco. –Dijo clavándole una espada. Su amigo sigilosamente se había acercado a ellos.
-¡Idiota! ¿Qué has hecho? –grito molesto y la libero. El cuerpo de Herix comenzó a desmoronarse y al mismo instante, la casa entera comenzó a tambalearse.
-La casa está unida a mí. Si me destruyes a mí, destruyes este lugar.-le sonrió.
Herix seguía sufriendo cuando el piso encima de ella cayó. Ezilda y su amigo se elevaron del suelo y a duras penas esquivaron los escombros. Cuando el siguiente piso cedió, empleo un hechizo para sostener lo que había encima. Cuando las rocas ardientes terminaron de caer, soltó lo que sostenía. Ya no podía ver a Herix, pero estaba segura de que debía haber perecido, en realidad ya no le importaba, lo único que tenía en mente era salir de aquel lugar. En su interior era consciente que aquello que vendría a continuación seria mucho peor.
-¡Ezilda cuidado! –grito su amigo. Señalando a los 2 dragones que se dirigían hacia ella.
-¿Qué? ¿Siguen aquí? –ambas aladas criaturas lanzaron bolas de fuego hacia ella. “Blinded” grito y las bolas de fuego fueron contrarrestadas con 2 bolas de aire. Estaba dispuesta a vencer a sus oponentes cuando el siguiente piso se desplomo. Los dragones dejaron de atacarla y al igual que ella se preocuparon por sobrevivir. Ezilda sabía que no sería sencillo, después de todo, lo más peligroso vendría luego de los escombros. Todos los muebles permanecían suspendidos encima de ella, al igual que todo lo contenido en la habitación que se suponía debía haber cedido a la fuerza de la gravedad. Todo estaba contenido en una especie de cubo, al cual ella se dirigía seguida por los 2 dragones.
Lanzo un hechizo a través de las cosas y formo un camino entre las cosas suspendidas. Subió a toda velocidad sin tocar ninguna cosa. Una vez fuera del cubo, busco hábilmente con los ojos la llave que flotaba junto a las innumerables cosas que conformaban aquel piso. Cuando la localizo, espero atentamente a que los dragones entraran al cubo; en el instante en que lo hicieron, ella conjuro una bola de viento y la lanzo a la llave. Esto se tradujo en un remolino que termino por envolver a los dragones, los cuales ya no pudieron perseguirla. Ezilda pasó a través de la puerta que tenía encima a toda prisa. Subió y se topó con Hera y las muchas almas que habitaban ese piso.
-¡Lo lograste! Ahora podremos salir, pero no nos iremos sin ayudarte. Te haremos más fuerte-La sonrió Hera.
Aunque el suelo bajo ellos se tambaleaba, esto no interrumpió a los espíritus quienes la rodearon y recitaron un hermoso canto. En el corto tiempo en que los espíritus llevaron a cabo su tarea Ezilda experimento mucha vitalidad y tranquilidad. Una vez los espíritus terminaron su labor, salieron volando de la casa.
-Eres fuerte, sé que te ira bien –se despidió Hera con una sonrisa.
El piso de bajo y encima de ella cayeron al mismo instante. Consciente de que el gigante egoísta también caería, recito un conjuro poderoso para salvarlo.
“La gravedad es una fuerza abrumadora
Incluso la luz se inclina ante su envergadura
Mi alma se impondrá a esta realidad
Pues el poder más grande brota de mi voluntad”
El hechizo le confirió control sobre los objetos que la rodeaban, simplemente los elevo por los cielos, junto al egoísta y luego los soltó en un lugar seguro. Incluso con la fuerza que los espíritus le otorgaron, ella había empleado demasiado poder. Las manchas oscuras en su cuerpo comenzaron a apoderarse de ella así que antes de desplomarse, tomo la espada y se la clavó en el pecho, acto seguido quedo profundamente dormida.
Al despertarse se encontró rodeada de nomos. El gigante egoísta la había llevado con ellos por petición del libro. Todos estaban muy contentos con la noticia de que Herix había desaparecido. Luego de que los nomos la agasajaran, hablo con Aarón acerca de lo sucedido.
-¿Que opina? –le dijo enseñándole tanto la espada como los dados que había encontrado.
-Kusa… he escuchado algo de esta espada. Pero no creí que de verdad existiese –confeso Aarón.
-¿Y sabe algo de los dados?
-La espada y los dados son reliquias antiguas. Desconozco la utilidad de los dados.
-Y dígame que ha oído de Kusa?-pregunto Ezilda.
-Es muy útil para combatir demonios y además… se supone que cura maldiciones pero solo si su legítimo dueño la emplea.
-¿Qué quiere decir? –pregunto inquieta.
-Quiero decir que si las leyendas que han sido narradas por mis predecesores son ciertas… Entonces tú eres alguien muy especial.






















Epílogo

La hermosa jovencita estaba sentada mirando hacia la nada como si tratara de organizar sus pensamientos y sus deseos. Había transcurrido un año desde que ella consiguió vencer a Herix. Su cuerpo ya no presentaba malestar, de hecho sentía que le sobraban energías. Todos en el bosque mágico reconocían su poder y fue por ello que la nombraron como su soberana. Aunque no podía salir del bosque mágico, sentía mucha dicha de poder estar junto a todos sus amigos. Como nueva soberana, se la pasaba resolviendo disputas y problemas de los habitantes del bosque, su labor era un tanto tediosa, pero gracias a eso el bosque se convirtió en un lugar pacifico. Poco a poco termino por exterminar a las malvadas criaturas que habitaban su reino; esto le hizo ganar la gratitud de todos, era apreciada incluso por los residentes problemáticos del bosque mágico. Sin embargo aquella mañana estaba inquieta; le habían informado de que un invitado muy especial vendría, este solo le envió una nota que decía “Te necesitamos”. Quien sea que fuese no pertenecía al bosque mágico y eso la inquietaba.
-¡Ezilda, él ya está aquí! –sus pensamientos fueron interrumpidos por la voz de su amigo libro.
-Bien, ahora le atenderé –salió de su casa apresurada y se encontró a un anciano. Si se trataba de un humano, debía de tener al menos 100 años. Tenía cabello largo y blanco, su cara estaba adornada por innumerables arrugas al igual que sus manos y en una de estas portaba un curioso bastón.
-Buen día tenga usted, regente del bosque mágico –le saludo con una sonrisa.
-Buenos días. Veo que usted no es de por aquí… a que se debe su visita.
-Que grosero de mi parte, yo soy Rigel. Provengo de un lugar que no figura en los mapas. El motivo de mi visita es pedirle que me ayude a recobrar ciertos objetos que están dispersos por el mundo.
La muchacha quedo sorprendida por lo que el anciano le dijo. Aunque la verdad no le importaba mucho lo que siguiese, a su mente solo la poseía la idea de “Una nueva aventura”.

FIN


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