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Borges, el más grande y punto

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Borges, el más grande y punto, el escritor que no es cuestión de gustos. Por Néstor Luis González

Borges, el más grande y punto
Menotti, que es todo un catedrático del fútbol, se la pasa diciendo que es mejor evitar la comparación Pelé-Maradona-Messi porque los tres fueron los mejores del tiempo que les tocó jugar y punto. Pero los fanáticos quieren una respuesta, y nada les evitará seguir sacando cuentas y viendo videos hasta tenerla.

En literatura la cosa es un poco diferente. Quien se ponga a preguntar por “el mejor escritor” escuchará irremediablemente que “todo es cuestión de gustos”, sentencia que mete en el mismo saco a la señora que escribió Harry Potter, a García Márquez y a algún japonés autor de haikus, como si escribir fuera cualquier vaina.

Pero aparte de representar palabras o ideas con letras, escribir es –decía Fernández Santos– proyectar mundos a la medida propia o –como pensaba Paul Auster– crear otra realidad.

Si partimos de esos dos últimos conceptos, advertimos que las invenciones sí se pueden juzgar hasta darnos el entretenimiento inútil de buscar al mejor escritor. ¿Cuál mundo está más completo? ¿Cuál realidad está mejor elaborada?

Esta semana estamos celebrando el 116 aniversario de Jorge Luis Borges y la fecha es propicia para explicar por qué fue el más grande escritor del siglo XX y punto.

Lo primero que le ocurre a quien lee a Borges es la perplejidad. ¿Qué es esto? ¿Cómo se le ocurrió? Incluso si al lector no le gustó el texto, sabrá que está delante de algo superior. Como un hincha del Real Madrid que ve jugar a Messi y debe aceptar con rabia que es el más grande, Borges no es cuestión de gustos.

Dueño de la capacidad narrativa de alterar el tiempo, el espacio, las matemáticas y la lógica; capaz de producir auténticos “escándalos para la razón” de los lectores, su figura se llenó tanto de mito que en algún momento se llegó a especular sobre la posibilidad de que nunca había existido y que más bien había sido la invención de un grupo de escritores argentinos que le pagaron a un actor para hacerse pasar por aquel erudito total de voz lenta y gastada.

Pero Borges sí existió. A los 4 años de edad ya sabía leer y escribir, a los 7 escribió su primer cuento, “La visera fatal”, y un ensayo en inglés de la mitología griega; a los 9 tradujo al español “El príncipe feliz” de Oscar Wilde… y así se le fue la vida leyendo.

Nunca escribió una novela. Solo cuentos breves, ensayos y poemas. Borges creía que era innecesario estirar una historia que fácilmente se podía contar en unas cuantas páginas. Por eso, por la rara temática de su obra, y a lo mejor por su posición política, los premios y los halagos le llegaron tarde.

Pocos escritores han logrado analizar el alcance de la obra de Jorge Luis Borges tan bien como Ricardo Piglia, quien sostiene que en el siglo XX hubo dos escritores fundamentales: Borges y Kafka, y que por eso existen lo borgiano y lo kafkiano por encima de todo.

Julio Cortazar

Según Piglia, sin Borges no habría existido, por ejemplo, la “Lolita” de Navokov porque las contradicciones del protagonista están planteadas en el cuento “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius” del argentino.

Pero Piglia también cree que Borges inventó la literatura fantástica de una forma que no existía en el siglo XX, y que por eso Cortázar, Sabato, Onetti y muchos otros no habrían existido como grandes escritores sin la dirección de Borges como maestro esencial, como el que abrió el camino.

Sabemos entonces que estamos ante el principal cuando los demás lo usan como ejemplo para desarrollar sus propias obras. Pasan los años y con Borges muerto ya no hay disimulos. El escritor dejó de ser hombre para trocarse en tema de conversación. Todos tienen algo que decir, casi todos coinciden.

“Borges es superior a todos, y lo sigo leyendo con el mismo placer de antes porque, cónchale, lograr en un idioma tan pobre como el español –comparado con el inglés- esa fluidez… hay que echarle”, espetó el venezolano Ednodio Quintero durante una entrevista para Nalgas y Libros.

“Borges es el escritor de los adjetivos definitivos. En su poema “Ajedrez” dice: rey postrero y oblicuo alfil. Tú no puedes decir más nada sobre el rey ni el alfil. Borges agota la posibilidad de adjetivar”, le dijo Gabriel García Márquez a su amigo Rodolfo Terragno.

El otro es Cortázar. Los periodistas siempre quisieron ponerlos a pelear porque uno era de izquierda y el otro de derecha, y porque ambos escribían literatura fantástica, pero el autor de Rayuela sabía que no tenía nada que hacer en esa discusión. “Lo primero que me sorprendió leyendo los cuentos de Borges fue una impresión de sequedad. Yo me preguntaba: “¿Qué pasa aquí? Esto está admirablemente dicho”.

César Aira, quien cree que el mejor Cortázar es un mal Borges, sostiene que el autor de “Ficciones” fue “casi demasiado grande para la Argentina, y una especie de sombra paterna que ocupó toda la literatura del siglo XX”.

Es que sí, era demasiado. Un día le preguntaron si era cierto que hablaba finlandés y dijo que apenas “el finlandés que habla todo el mundo en la calle. Además, a través de dos cuentos, “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius” y “El aleph”, Borges le pidió disimuladamente a la humanidad que creara la Internet, y en el relato “La biblioteca de Babel” hay explicaciones para las paradojas de los conjuntos infinitos y la geometría fractal.

Borges

Pero hay más: Su cuento “El idioma analítico de John Wilkins” es una joya para los lingüistas y neurocientíficos del mundo, y los artículos de divulgación científica recurren cada vez más a ejemplos borgeanos para crear puentes con el entendimiento humano valiéndose de su lenguaje.

Quizá el ejemplo más loco de la penetración de Borges en la ciencia esté en “El jardín de los senderos que se bifurcan”, donde propone una solución a un problema de física cuántica que Hugh Everett resolvería en un doctorado 16 años después de publicar el cuento.

Con todo y eso a Borges no le fue bien en su patria. No lo valoraron. Le quedó grande al continente. Para humillarlo como intelectual, el peronismo lo nombró “inspector de gallinas y conejos” en los mercados.

Por cierto, a Borges nunca le gustó el fútbol.

Néstor Luis González

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7 comentarios - Borges, el más grande y punto

elemibienpio +1
me maravilla desde hace ya 5 años. y me siento identificado con él . gracias por tus obras maestro !!1
saludos
smurff
es bueno,nadie lo discute,por la inteligencia de su prosa,pero hay tantos escritores de la misma valia,y es una cosa subjetiva el calificarlos,lo mas importante es leerlos y disfrutarlos,agradeciendo que estas personas se hayan dedicado a escribir,para nuestro solaz!!!
patorojizo +1
"Me guuussstó basssstanete" más dié loco, gracias por compartir.
OscarLombas
Enorme artículo,mil gracias.
rogerbrayam
Inteligencia colectiva! gracias por pasar