vivienda de la prehistoria

Cuevas, refugio de los hombres prehistóricos
Siempre sentimos necesidad de querer conocer un poco más la forma de vida del hombre prehistórico, cómo vivían, que hacían y también por qué no, dónde vivían. Y a esta última interrogante nos abocaremos hoy pues es un tema por demás interesante.
Si bien sabemos cómo era la vivienda en la Prehistoria, pocos restos hay de los mismos pues se empleaban para su construcción muchos elementos y materiales naturales, es decir biodegradables, por lo que el paso del tiempo los ha hecho desaparecer y con ello gran oportunidad de conocerles más en profundidad.
Pero esto no es impedimento para saber que los primeros homínidos, los famosos Homo Erectus, habrían vivido bajo diversas estructuras de ramas y piedras como hemos visto en diversos dibujos y revistas, o simplemente como nos los solemos imaginar. Más que decir vivían, deberíamos decir se refugiaban pues, esa es la realidad.


Esto lo sabemos gracias a las huellas encontradas en un yacimiento arqueológico en Tanzania, más precisamente en el yacimiento de Olduvai, uno de los más importantes del período Paleolítico. Y dentro de este período es que encontramos, en las zonas geográficas donde predomina la caliza, las célebres cuevas.
Siempre hemos sospechado que los hombres prehistóricos se refugiaban y vivían en las cuevas, algo que si bien es verdad y ha servido desde los comienzos hasta el período Neolítico, no es tan asiduo como imaginamos, sino que por el contrario era un recurso muy poco empleado, siendo de uso principal para rituales y enterramientos.

Garganta de Olduvai en Tanzania
Pero vamos a no adelantarnos mucho en el tiempo y hablemos un poco de los Neandertales, quienes sabemos que llegaron hasta Siberia y estaban acostumbrados a habitar en zonas completamente abiertas, por lo que necesitaron un refugio un poco más abrigado que sus predecesores precisamente por las condiciones climáticas a las que estaban expuestos.
Así es como surgen las viviendas de huesos de mamut, a las cuales recubrían con pieles para mantener el ambiente cálido en su interior. Además de ello, no debemos olvidar que eran nómades, por lo que se supone debían ser tiendas ligeras que facilitara su transporte, sobre todo de las pieles que no eran muy fáciles de conseguir.
Una vez ingresado el Mesolítico, ya podemos hablar con un poco más de propiedad pues existen vestigios de viviendas en piedra, o parte de las mismas en este material. Esto se debe a que comienzan, paulatinamente a afincarse en determinadas zonas específicas, generalmente cerca de ríos o lagos, donde el alimento derivado de la pesca era más sencillo de obtener.

Cueva del Moro
Ahora si, retomando el Neolítico, es aquí donde comienza a descubrirse la agricultura, por lo que la sedentarización se acentúa aún más, con varias diferencias a los anteriores pues, por ejemplo, dejan de instalarse en superficies aptas para el cultivo.
Así aparecen viviendas en sitios de más difícil acceso, como también realizados en piedra con un muro artificial rodeándolo, generalmente de piedra. Si el techado pasa a ser de elementos orgánicos como puede ser la paja, pero indudablemente se convierten en los primeros antecedentes básicos de lo que es nuestra vivienda actual.
Así ha sido la evolución de la vivienda en la Prehistoria, pasando de los primeros asentamientos en cavernas y muy humildes, hasta la protección y resguardo de la piedra, siendo una prueba de cómo logró el hombre prehistórico, evolucionar en un período de tiempo, dejándonos algunas pruebas muy interesantes.

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