Dos completos extraños

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Dos completos extraños

Antes que nada lo saludo, no me gustaría de ninguna manera parecer mal educado. Ahora que ya tengo su atención voy a comenzar a perderla a medida que vaya hablando. No por favor, no intente negarlo diciendo lo contrario, los dos somos concientes que esto es cierto.
Bueno aprovecharé que todavía tengo su atención para empezar por supuesto con lo mas intrascendente, las trivialidades y todos los adornos y firuletes que para nada le interesan.
Verá usted que estamos frente a frente, mirándonos a los ojos y buscándonos uno a otro algún defecto. Una mancha graciosa en la mejilla o tal vez un lunar peludo en la oreja. Pero perdemos el tiempo caballero, los dos bien sabemos que desde el momento que llegué nos estamos estudiando minuciosamente, y como también sabemos a ninguno de los dos se nos escapó ni siquiera una o un gesto de picardía, eso denota que no hemos encontrado nada raro. Tampoco sonría tanto con esta expresión narcisista y de autosatisfacción, no se confunda, no somos perfectos, ni siquiera estamos cerca de serlo. Es más, si somos mas minuciosos e inteligentes, nos daríamos cuenta que probablemente la ausencia de defectos se deba nada mas ni nada menos que a una gran falencia de nuestra pobre capacidad de observación ¡No se ponga así por favor! ¡No llore mas que esas lágrimas le resaltan las arrugas! No sea tan extremista tampoco, nadie es perfecto caballero. Bueno si lo mira desde ese punto de vista tiene razón, pero vaya uno a saber si realmente es así.
Bueno será hasta la próxima vez entonces. Tiene razón, es probable que ni siquiera nos saludemos, al fin y al cabo no somos más que dos completos extraños. Me doy vuelta porque no quiero que me vea llorando. Hasta siempre o hasta nunca porque seguramente jamás vuelva a cruzarlo.

Juan Esteban Guevara Defferrari.

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