muerte de kirchner. vida de una plaza

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Una plaza sin tiempo
Por I.M.F
Quería decirte tantas cosas, pero apenas pude mirarte. Todo pasó tan rápido, tan fugaz. Como la vida. Como la muerte. Yo, caminaba lento, entre cuadros de patriotas latinoamericanos hacia un cuerpo que yace y ahí estuve, casi de golpe me encontré ahí, frente al cajón, frente a vos. Apenas pude mirarte, detrás de esos lentes oscuros como la muerte, de cara hacia mí, hacia nosotros. De brazos abiertos pero cansados, con el deber intacto, con el dolor en la piel. Lánguida y casi sin ganas, pero entera. Quería darte mi fuerza, decirte que ahí yacía un cuerpo pero que frente a vos estaba la vida, la de un pueblo que está dispuesto a ser hoy tu contención y sostén; y mañana tu energía, tu poder.
Todo pasó tan rápido, sin embargo las huellas ya están marcadas e indelebles “¡ni un paso atrás!” pensé y… apenas pude mirarte.
De nuevo en la plaza, quiero volver a esa sala, abrazarte, que llores en mi hombro y yo hacerlo en el tuyo…
La noche del 27 me fui a dormir lagrimeando y hoy, me había despertado igual, angustiado, con el mañana seco y oscuro, con miedo por lo que pueda pasar. Y sin embargo.
La plaza vibra, tiene vida, color, mañanas, convicción, militancia. El calor me reconfortó, tanta gente coreando, esparciendo vida. Sí, acá hay vida. Acá, en la Plaza de Mayo, Néstor vive. Su muerte no está, hay un pueblo vivo que da vida a un país. No quiero irme de acá, no quiero que hoy termine. De verdad, acá, por este instante, no hay muerte. En el aire del pueblo, Kirchner está vivo. Hay Lulas, Chávez, Evos, Correas… En esta plaza tan argentina hay vida, gritos de vida, llantos de vida, carteles eternos. Hay energía ¿qué somos sino energía?
Quiero entrar otra vez en esa sala y decirte tanto. Y apenas pude mirarte. Estabas ahí, con los brazos abiertos sobre tus piernas, sentada, parecías sostenida por el deber. Yo quería que te quebraras sobre mí, que descargaras todo tu pesar en mi hombro, que vinieras a la plaza y sintieras lo que sentí. Que por un instante, no debas ser. Que se apagaran las cámaras. Que puedas ser, simplemente una mujer que llora.
Tu grandeza está ahí, junto al cajón y vive en vos. Y yo, apenas pude mirarte. Y vos, te levantaste y abrazaste a una mujer que lloraba a los gritos detrás de mí. Y vos, la viuda, la consolaste.
La vuelta es vacía, fría, en un tren desganado que me lleva otra vez a Tigre, al trabajo, a la rutina ¿a la realidad? Quiero permanecer en esa plaza vigorosa, enérgica, inmortal. Una plaza sin tiempo, un pueblo dispuesto a profundizar un camino, una bandera por encima de otras tantas. Una nación, diversa pero unida. Somos pueblo. Somos tuyos y vos, y tu marido, son nuestros.
I.M.F

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